Selección de textos comentados desde romanticismo al siglo XX






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SELECCIÓN DE TEXTOS COMENTADOS DESDE ROMANTICISMO AL SIGLO XX

ROMANTICISMO siglo XIX

RIMA LXVI, Gustavo Adolfo Bécquer

¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.
1. Localización

El texto propuesto corresponde a la rima LXVI del poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, recogida en su obra Rimas. Dentro de las series en que suelen agruparse los poemas de Bécquer, corresponde a la cuarta, serie que abarca desde la rima LII hasta la LXXIX, en la que el sentimiento de dolor y angustia se proyecta sobre la condición humana, la muerte y las preguntas sobre la inmortalidad.

La obra de Bécquer se sitúa en la corriente posromántica caracterizada por la sencillez, la melancolía… observable en los temas y en el vocabulario utilizado.

2. Tema

Reflexión acerca del sufrimiento y la soledad de la existencia humana.

3. Argumento

El poeta se pregunta por su origen y su destino ¿de dónde vengo?... ¿a dónde voy? Y articula con tono desoldado las respuestas. Es un camino intransitable, plagado de dificultades y dolor dede su nacimiento. Su existencia, de modo similar, la simboliza un páramo helado y oscuro. La patética alusión a la soledad de su tumba cierra dramáticamente el poema.

4. Estructura

a) Externa

Texto en verso. Lo componen 16 versos divididos en dos estrofas con ocho versos cada una. Rima asonante en los versos pares, dejando libres los impares: -a-a-a-a… Combinación de versos endecasílabos y heptasílabos hasta el verso 13 y solamente heptasílabos los tres últimos (silva arromanzada). Se trata de una métrica peculiar, muy común entre los poetas románticos y en especial Bécquer.

Las dos estrofas poseen una métrica y una rima similar, dando a la composición un ritmo externo e interno muy acentuado. Hay que destacar el ritmo descendente del poema, como se puede observar en los tres últimos versos de cada estrofa, utilizados a modo de clímax y donde se concentra el mayor interés del poema.

El poema se divide en dos partes bien diferenciadas:

  • La primera se corresponde con la primera estrofa: el poeta se pregunta sobre el origen del dolor

  • La segunda corresponde a la segunda estrofa: el poeta se pregunta sobre el destino. De los versos 9-12 da una respuesta parcial sobre la existencia al olvido y de los versos 13-16 se desarrolla la segunda parte de la respuesta y evoca la tumba solitaria.

b) Análisis del contenido

Lo primero que llama la atención es el tratamiento del ambiente en que sitúa el poema: un paisaje típicamente romántico en el que la naturaleza aparece personificada (zarzas agudas, piedra solitaria…), incluso podríamos pensar que se trata de un paisaje nórdico (valle de eternas nieves; sombrío y triste páramo…), algo que no es de extrañar debido a la influencia que los románticos alemanes tuvieron en Bécquer (Heine).

Los elementos de la realidad seleccionados hacen referencia a la existencia humana concebida como camino que finaliza en la muerte. Los adjetivos le dan la nota de tristeza, dolor y soledad. Los campos semánticos utilizados están directamente relacionados con el tema.

Hay que destacar la estructura paralelística y metafórica a través de la cual el poeta crea dos estrofas simétricas. Mediante la pregunta retórica del primer verso introduce el tema magistralmente sin ningún rodeo e, igualmente desde el comienzo, aparece el yo poético, típico del Romanticismo, pero no parece dirigirse a un que represente a la amada, sino es un genérico, quizás el propio autor desdoblado, quizás el lector a quien ese tú conmueve de forma especial.

Sobre la estructura simétrica se articula el contenido en forma de antítesis: el primer y último verso de cada estrofa así lo confirma: ¿De dónde vengo…/ Adónde voy? / mi cuna…/ mi tumba, es decir, contrapone el origen (venir, cuna) y el destino (voy, tumba).

Los finales de cada estrofa, categóricos y rotundos, pretenden evocar el principio y el fin de cada una de las cosas que habitan en el universo.

5. Conclusión

Se trata de una de las Rimas más importantes de la obra de Bécquer debido a su originalidad y precisión a la hora de describir y comparar el comienzo y el final de la vida de cada persona. El contenido recuerda la antítesis barroca de la “cuna y la sepultura” de la que ya hablaba Quevedo, metáforas que muestran el lado más negativo de la vida y una visión pesimista (tema fundamental de los románticos).

Como anécdota, señalamos que el verso 15 donde habite el olvido, sirvió de título a una de las obras de Luis Cernuda, autor de la Generación del 27. (Ver más adelante)

El rayo de luna (fragmento) Leyendas, Gustavo Adolfo Bécquer

La noche estaba serena y hermosa, la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo, y el viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles.

Manrique llegó al claustro, tendió la vista por su recinto y miró a través de las macizas columnas de sus arcadas... Estaba desierto.

Salió de él, encaminó sus pasos hacia la oscura alameda que conduce al Duero, y aún no había penetrado en ella, cuando de sus labios se escapó un grito de júbilo.

Había visto flotar un instante y desaparecer el extremo del traje blanco, del traje blanco de la mujer de sus sueños, de la mujer que ya amaba como un loco.

Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible.

Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante.

Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas.

*************************************************************************************

Habían pasado algunos años. Manrique, sentado en un sitial junto a la alta chimenea gótica de su castillo, inmóvil casi y con una mirada vaga e inquieta como la de un idiota, apenas prestaba atención ni a las caricias de su madre, ni a los consuelos de sus servidores.

-Tú eres joven, tú eres hermoso -le decía aquélla;- ¿por qué te consumes en la soledad? ¿Por qué no buscas una mujer a quien ames, y que amándote pueda hacerte feliz?

-¡El amor!... El amor es un rayo de luna -murmuraba el joven.

-¿Por qué no despertáis de ese letargo? -le decía uno de sus escuderos;- os vestís de hierro de pies a cabeza, mandáis desplegar al aire vuestro pendón de ricohombre, y marchamos a la guerra: en la guerra se encuentra la gloria.

-¡La gloria!... La gloria es un rayo de luna.

-¿Queréis que os diga una cantiga, la última que ha compuesto mosén Arnaldo, el trovador provenzal?

-¡No! ¡No! -exclamó el joven incorporándose colérico en su sitial-; no quiero nada... es decir, sí quiero... quiero que me dejéis solo... Cantigas... mujeres... glorias... felicidad... mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, ¿para qué?, para encontrar un rayo de luna.

Manrique estaba loco: por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figuraba que lo que había hecho era recuperar el juicio.

Se trata solamente de un esquema-guión que os puede ayudar tanto para el comentario (se hace igual que la poesía excepto el análisis métrico) como para repasar las características y los temas del Romanticismo.

1. Intenta explicar por qué las siguientes frases, extraídas del texto, son propias del romanticismo:

a) Manrique estaba loco; por lo menos, todo el mundo lo creía así.

b) El amor es un rayo de luna

c) Manrique, sentado en un sitial junto a la alta chimenea gótica de su castillo…

2. Busca ahora en el texto otros ejemplos que respondan a estas características románticas:

a) Se recrean escenas fantasmagóricas

b) El héroe es un ser misterioso, solitario, proscrito.

c) El paisaje es un espejo de los sentimientos del protagonista.

3. ¿Es romántica la ideología del narrador cuando dice en la última frase del texto A mí por el contrario, se me figura que lo que había hecho era recuperar el juicio?

4. ¿Qué colores aparecen en el texto? ¿Contribuyen a crear una atmósfera determinada?

5. ¿Crees verdaderamente que Manrique estaba loco? Intenta razonar la respuesta en unas cuantas líneas.

REALISMO siglo XIX

La Regenta, Leopoldo “Alas” Clarín (Fragmento)

Echó a correr monte arriba.

« ¡Pero ese hombre está loco!», pensaba Quintanar, que le seguía jadeante, con un palmo de lengua colgando y a veinte pasos otra vez.

El Magistral procuraba orientarse, recordar por dónde había bajado pocas horas antes de la casa del leñador. Se perdía, confundía las señales, iba y venía... y don Víctor detrás, librándose de las arañas como de leones, de sus hilos como de cadenas.

«Lo mejor es subir por la máxima pendiente, ello está hacia lo más alto... pero arriba hay meseta, vaya usted a buscar...».

Se detuvo. Como si nada hubiera dicho don Víctor, con cara amable y voz dulce y suplicante advirtió:

-Señor Quintanar, si queremos dar con ellos tenemos que separarnos; hágame usted el favor de subir por ahí, por la derecha...

Don Víctor se negó, pero el Magistral insistiendo, y con alusiones embozadas al miedo positivo de su compañero, logró picar otra vez su amor propio y le obligó a torcer por la derecha.

Entonces, en cuanto se vio solo, De Pas subió corriendo cuanto podía, tropezando con troncos y zarzas, ramas caídas y ramas pendientes... Iba ciego; le daba el corazón, que reventaba de celos, de cólera, que iba a sorprender a don Álvaro y a la Regenta en coloquio amoroso cuando menos. «¿Por qué? ¿No era lo probable que estuvieran con ellos Paco, Joaquín, Visita, Obdulia y los demás que habían subido al bosque?». No, no, gritaba el presentimiento. Y razonaba diciendo: don Álvaro sabe mucho de estas aventuras, ya habrá él aprovechado la ocasión, ya se habrá dado trazas para quedarse a solas con ella. Paco y Joaquín no habrán puesto obstáculos, habrán procurado lo mismo para quedarse con Obdulia y Edelmira respectivamente. Visitación los habrá ayudado. Bermúdez es un idiota... de fijo están solos. Y vuelta a correr cuanto podía, tropezando sin cesar, arrastrando con dificultad el balandrán empapado que pesaba arrobas, la sotana desgarrada a trechos y cubierta de lodo y telarañas mojadas. También él llevaba la boca y los ojos envueltos en hilos pegajosos, tenues, entremetidos.

Llegó a lo más alto, a lo más espeso. Los truenos, todavía formidables, retumbaban ya más lejos. Se había equivocado, no estaba hacia aquel lado la cabaña. Siguió hacia la derecha, separando con dificultad las espinas de cien plantas ariscas, que le cerraban el paso. Al fin vio entre las ramas la caseta rústica... Alguien se movía dentro... Corrió como un loco, sin saber lo que iba a hacer si encontraba allí lo que esperaba..., dispuesto a matar si era preciso... ciego...

-¡Jinojo! que me ha dado usted un susto... -gritó don Víctor, que descansaba allí dentro, sobre un banco rústico, mientras retorcía con fuerza el sombrero flexible que chorreaba una catarata de agua clara.

-¡No están! -dijo el Magistral sin pensar en la sospecha que podían despertar su aspecto, su conducta, su voz trémula, todo lo que delataba a voces su pasión, sus celos, su indignación de marido ultrajado, absurda en él.

Pero don Víctor también estaba preocupado. No le faltaba motivo.

-Mire usted lo que me encontrado aquí -dijo y sacó del bolsillo, entre dos dedos, una liga de seda roja con hebilla de plata.

-¿Qué es eso? -preguntó De Pas, sin poder ocultar su ansiedad.

-¡Una liga de mi mujer! -contestó aquel marido tranquilo como tal, pero sorprendido con el hallazgo por lo raro.

-¡Una liga de su mujer!

El Magistral abrió la boca estupefacto, admirando la estupidez de aquel hombre que aún no sospechaba nada.

-Es decir -continuó Quintanar- una liga que fue de mi mujer, pero que me consta que ya no es suya... Sé que no le sirven... desde que ha engordado con los aires de la aldea... con la leche... etc., y que se las ha regalado a su doncella... a Petra. De modo que esta liga... es de Petra. Petra ha estado aquí. Esto es lo que me preocupa... ¿A qué ha venido Petra aquí... a perder las ligas? Por esto estoy preocupado, y he creído oportuno dar a usted estas explicaciones... Al fin es de mi casa, está a mi servicio y me importa su honra... Y estoy seguro, esta liga es de Petra.

Don Fermín estaba rojo de vergüenza, lo sentía él. Todo aquello, que había podido ser trágico, se había convertido en una aventura cómica, ridícula, y el remordimiento de lo grotesco empezó a pincharle el cerebro con botonazos de jaqueca... Por fortuna don Víctor, según observó también De Pas, no estaba para atender a la vergüenza de los demás, pensaba en la suya; se había puesto también muy colorado. Comprendió el Magistral por qué torcidos senderos conocía el ex-regente las ligas de su mujer.

También Quintanar tenía, además de vergüenza, celos.

No podía saber De Pas hasta qué punto había llegado la debilidad de don Víctor, que se decía a sí mismo: «Probablemente este clérigo, malicioso como todos, estará sospechando... lo que no ha habido».

Lo cierto era que don Víctor, al cabo, había cedido hasta cierto punto a las insinuaciones de Petra.

Pero acordándose de lo que debía a su esposa, de lo que se debía a sí mismo, de lo que debía a sus años, y de otra porción de deudas, y sobre todo, por fatalidad de su destino que nunca le había permitido llevar a término natural cierta clase de empresas, era lo cierto que había retrocedido en aquel camino de perdición desde el día en que una tentativa de seducción se le frustró, por fingido pudor de la criada. «No había, en suma, llegado a ser dueño de los encantos de su doncella, pero en aquellos primeros y últimos escarceos amorosos había podido adquirir la convicción de que la Regenta le había regalado a Petra unas ligas que el amante esposo le había regalado a ella».

«¿Por qué se le había ido la lengua delante del Magistral?».

«No podía explicárselo, los celos, si así podían llamarse, le habían hecho hablar alto. Por lo demás, él despreciaba a la rubia lúbrica en el fondo del alma... y sólo en un momento de exaltación... de la mente, había podido...».

La tempestad ya estaba lejos... los árboles continuaban chorreando el agua de las nubes, pero el cielo empezaba a llenarse de azul.

Por decir algo, don Víctor dijo:

-Verá usted como esto repite a la noche... Por allá abajo viene otro mal semblante... mire usted por entre aquellas ramas...

Vamos a bajar antes que vuelva el agua -advirtió De Pas, que hubiera querido estar cinco estados bajo tierra.

Los dos se tenían miedo.

Los dos bajaron silenciosos, pensando en la liga de Petra.

Antes de llegar a la huerta se encontraron con Pepe el casero que los llamó de lejos, entre los árboles.

-Don Víctor, don Víctor... eh, don Víctor... por aquí.

-¿Qué pasa? ¿Han parecido? ¿Alguna desgracia?

-¿Qué desgracia? no señor, que los señoritos y las señoritas ya estaban en casa muy tranquilos cuando ustedes estarían llegando a mitad del monte... apenas se han mojado... Yo salí, por orden de la señora Marquesa, en su busca apenas comenzó a llover... Fui con el carro y el toldo encerado a la calleja de Arreo donde sabía yo que el señorito Paco había de parecer, porque aquel es el camino más corto y la casa de Chinto está allí, a los cuatro pasos... En casa de Chinto estaban todas las señoritas, que no se habían mojado apenas... porque en el monte cuando empieza el chaparrón se está como a techo... De modo que todos están en casa muertos de risa, menos la señora doña Anita que teme por usted y... por este señor cura...

(…)

Don Fermín llevaba el alma sofocada de hastío, de desprecio de sí mismo. ¡Qué jornada! pensaba, ¡qué jornada! No le quedaba ni el consuelo de compadecerse; merecido tenía todo aquello; el mundo era como el confesonario lo mostraba, un montón de basura; las pasiones nobles, grandes, sueños, aprensiones, hipocresía del vicio... Buena prueba era él mismo, que a pesar de sentirse enamorado por modo angélico, caía una y otra vez en groseras aventuras, y satisfacía como un miserable los apetitos más bajos. Y al fin Teresina... era de su casa, pero Petra era de la otra, de Ana. Ya no se disculpaba con los sofismas del maquiavelismo, de la conveniencia de tener de su parte a la criada. «Con unas cuantas monedas de oro hubiera conseguido lo mismo». «¿Y don Víctor? Otro miserable y además un estúpido que merecía cuanto mal le viniera encima, como él, como Ana lo merecían también, como lo merecía el mundo entero que era un lodazal... ¡Oh, aquellos relámpagos debían quemar el mundo entero si se quería hacer justicia de una vez!».

Para entender el texto:

En un día de excursión, una tormenta sorprende a los excursionistas, gentes de la buena sociedad de Vetusta. Entre ellos se encuentra Ana Ozores, la Regenta, y el tenorio vetustense don Álvaro Mesía, que la pretende. El confesor de la Regenta, el Magistral don Fermín de Pas, y su marido, don Víctor Quintanar, salen en su busca. Don Fermín, también enamorado secretamente de Ana, es el más interesado en encontrarlos.

1º LOCALIZACIÓN: AUTOR, OBRA Y ÉPOCA.
El texto que vamos a comentar pertenece a Clarín, concretamente a su obra La Regenta. Clarín fue un intelectual de ideas liberales que denunció en sus obras, sobre todo en La Regenta, la corrupción política y la hipocresía de la sociedad de la Restauración. Participa de los principios del Realismo y del Naturalismo, pero, además, con esta obra pone en práctica su concepción reformista de la literatura, según la cual ésta ha de servir para mejorar el mundo.
2º TEMA DEL TEXTO Y ARGUMENTO.
Al tratarse de un fragmento, el texto se sitúa en un momento del argumento en el que la confianza de la Regenta en Don Fermín se ha quebrado y comienza la seducción de Álvaro Mesía hacia Ana. El Magistral, celoso, intenta sorprender a los supuestos amantes durante esta excursión.
El tema del texto es la ira y frustración del Magistral ante los devaneos de la Regenta con Álvaro y la reflexión sobre la hipocresía y la falsedad de una sociedad que vive de cara a las apariencias.
               

3º ESTRUCTURA DE CONTENIDO…
(En cuántas partes se divide el texto y contad: la intención del autor; si hay una crítica de la sociedad burguesa o no; si hay una crítica de personajes determinados por el ambiente social o no, y otras características del Realismo =>)
El texto se divide en dos partes:
En la primera parte se nos cuenta la búsqueda de los supuestos amantes por Fermín de Pas. En la segunda parte se nos presenta la reflexión de Fermín de Pas sobre la hipocresía de la Iglesia Católica y de la sociedad respecto a la moral sexual y amorosa. (La intención del autor =>) Una de las intenciones principales del autor en esta obra es la crítica anticlerical, esta crítica anticlerical es mucho más efectiva si se pone en boca del Magistral, miembro de la Iglesia Católica y uno de los personajes más corruptos moral y materialmente de la obra.
Por otra parte, el cuadro de la sociedad que se nos presenta no es menos corrupto, puesto que la promiscuidad y la ocultación son conductas habituales en la sociedad de la Restauración vetustense.
En este fragmento se nos demuestra la falsedad del Magistral como miembro de la Iglesia Católica, ya que está celoso de la Regenta.
…Y FORMA (Son los rasgos lingüísticos bajo los que se manifiesta el Realismo: abundantes descripciones (=>reflejo minucioso de la realidad social); presencia del narrador que domina toda la trama (=>narrador omnisciente: estilo directo, indirecto e indirecto libre, caracterización meticulosa de los personajes, etc.). Se trata de analizar los rasgos característicos del Realismo en este texto.
En la primera parte encontramos una de las características principales del Realismo es la presencia del narrador omnisciente. Una de las marcas lingüísticas típicas del narrador omnisciente es el uso de la 3ª persona del singular en los verbos: en las dos primeras líneas ya vemos ese uso de la 3ªps en “De Pas subió corriendo”; y el conocimiento que tiene de los pensamientos y sentimientos más íntimos de los personajes: “Iba ciego; le daba el corazón, que reventaba de celos…”
El uso del estilo directo (líneas 5, 6, 7, 8, 9 y 10) que se mezcla con la narración en 3ªps, denota la presencia de este tipo de narrador.

Otro rasgo típico del Realismo son las descripciones minuciosas. Ya las encontramos en el final de la primera línea y la segunda: “tropezando con troncos y zarzas, ramas caídas y ramas pendientes…”. También es una descripción minuciosa, en la que predomina el polisíndeton, el asíndeton y la enumeración, el final de esta primera parte: “Y vuelta a correr cuanto podía, tropezando sin cesar, arrastrando con dificultad el balandrán empapado que pesaba arrobas, la sotana desgarrada a trechos y cubierta de lodo y telarañas mojadas.”
Aunque la técnica literaria del Realismo pretende ser objetiva y verosímil, no por ello deja de utilizar el lenguaje metafórico: “iba ciego”, “reventaba de celos”, “gritaba el presentimiento”. Además está presente la hipérbole: “pesaba arrobas”.
En la segunda parte el narrador y Fermín se funden en el estilo indirecto libre, rasgo típico del Realismo y de Clarín, cuando en las dos primeras líneas aparece: “¡Qué jornada! pensaba, ¡qué jornada!”.

Pero lo más destacable de esta segunda parte son la hipérbole y la metáfora que el autor maneja con maestría para criticar la sociedad de su época: “el mundo era […] un montón de basura, […] era un lodazal, […] todo era pequeño, asqueroso, bajo… y él como todo”; “las pasiones nobles […] hipocresía del vicio”.
También la descripción de las conductas inmorales se pone de manifiesto en el uso de la antítesis: “a pesar de sentirse enamorado de modo angélico, <=> caía una y otra vez en groseras aventuras”.
4º CONCLUSIÓN.
Como hemos visto, este texto es representativo de La Regenta, puesto que en él se plasma la aguda visión irónica del autor en la demoledora crítica de la sociedad hipócrita y mediocre de la Restauración.
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