LeccióN 1: dios autor del evangelismo






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¡
NO TENDRÁN SED JAMÁS...!


Un desafió bíblico a la evangelización a través de los Grupos de Amor y Vida; (Jn. 4:5-15)


Por

ISMAEL QUINTERO ROJAS

Magíster en Divinidades y

Estudiante de Doctorado en Ministerio

Curso de Ministerio Pastoral

para estudiantes de Licenciatura y Maestría


SEMINARIO INTERNACIONAL DE MIAMI

Bogotá – Colombia, agosto de 2005

C
ONTENIDO


INTRODUCCIÓN
LECCIÓN 1: DIOS AUTOR DEL EVANGELISMO

    1. MISIÓN EVANGELÍSTICA DEL PADRE

1.2. MISIÓN EVANGELÍSTICA DEL HIJO

    1. MISIÓN EVANGELÍSTICA DEL ESPÍRITU SANTO



LECCIÓN 2: CONDICIÓN CAÍDA Y EVANGELIO


    1. TODOS MUERTOS EN PECADOS

    2. TODOS ESCLAVOS DEL PECADO

    3. TODOS SEPARADOS DE DIOS

LECCIÓN 3: CARÁCTER BÍBLICO DEL EVANGELIO


    1. SU AUTORIDAD

    2. SU PODER

    3. SU EFICACIA


LECCIÓN 4: JESÚS Y EL EVANGELIO

    1. CARÁCTER Y COMPASIÓN

    2. CONOCIMIENTO Y SABIDURÍA

    3. CRECIMIENTO Y VIDA


LECCIÓN 5: CONTENIDO DEL EVANGELIO

        1. DIOS: ORIGEN (TEO CÉNTRICO)

        2. JESÚS: MENSAJE (CRISTO CÉNTRICO)

        3. BIBLIA: FUENTE (BIBLIO CÉNTRICO)


L
ECCIÓN 6: EVANGELIO: PROPÓSITO Y MÉTODOS


  1. ESTABLECIDO POR DIOS

  2. EMPLEADO POR JESÚS

  3. USADO POR LOS APÓSTOLES

LECCIÓN 7: COMPROMISO FAMILIAR Y EVANGELIO


  1. EVANGELIZACIÓN Y TESTIMONIO

  2. COMUNIÓN Y FRATERNIDAD

  3. DISCIPULADO Y CRECIMIENTO

LECCIÓN 8: EVANGELIZANDO EN LOS HOGARES


  1. METODOLOGÍA: GRUPOS

  2. MOTIVACIÓN: AMOR

  3. FINALIDAD: VIDA


CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

GUÍA DEL ESTUDIANTE Y FACILITADOR

ANEXOS


I
NTRODUCCIÓN


.
Los creyentes en Cristo, somos grandemente bendecidos. Después de estar perdidos, separados, enemistados de Dios, por el pecado; hemos sido reconciliados con Dios, por medio de Jesús. Su perfecto sacrificio, fue suficiente, para darnos vida abundante, amistarnos con el dador de la vida y asegurarnos la vida eterna. Por lo cual debemos estar eternamente agradecidos con aquel por nos manifestó su infinita gracia.
Una de las formas de servir a Jesús y manifestarle nuestra gratitud y compromiso, es mediante el evangelismo. Además, este es un encargo imperativo, que se ha hecho a todo creyente. En consecuencia, somos responsables de anunciar las buenas noticias de salvación a toda persona. Nos corresponde como iglesia en general, como creyentes en particular, levantar nuestra voz y presentar la maravillosa obra de Cristo para los elegidos.
Por lo tanto, en este libro, se hace un desafió especial a toda la iglesia para cumplir la gran comisión. Se presenta de manera sencilla, amena y práctica las bases bíblicas y teológicas que dan razón de ser a la misión de Dios, en la cual estamos comprometidos. Además, se motiva desde la Escritura, a los cristianos a disponer su vida, casa y todo su ser, para la expansión del reino. Se comenta a nivel bíblico, la responsabilidad en la predicación, desde una óptica reformada; es decir, buscando dar la honra sólo a Dios en la evangelización.
Como la iglesia no tiene misión propia, le corresponde seguir la misión de Dios, dada a los apóstoles y trasmitida invariablemente a sus hijos de generación en generación. De esta manera, debemos permitir ser instrumentos en las manos de Dios, para la extensión de su maravilloso plan redentor. En este sentido, es imprescindible comprender, que no depende de nosotros, si no de quien desde la eternidad determinó todas las cosas según su voluntad.
Se pretende con este estudio, que cada creyente establezca su compromiso evangelizador en los hogares. Propongo el establecimiento de un ministerio organizado para la realización de la evangelización a nivel eclesial. El ministerio Grupos de Amor y Vida, pretende ser una respuesta a esta necesidad de anunciar las buenas nuevas. Además, su metodología permite el crecimiento, discipulado y testimonio de Cristo a quienes nos rodean. Mediante reuniones semanales para estudiar una lección de un tema bíblico de interés especial a los asistentes, buscamos ser de ayuda y respuesta a la misión evangelística.
Cada lección será autoevaluada por medio de un taller. En cada una de las preguntas buscamos reflexionar, interiorizar y asimilar los contenidos de la lección. Por consiguiente, quienes realicen el estudio de este libro, se verán permanentemente desafiados a meditar, considerar y asumir responsabilidades ante la tarea evangelizadora. Es nuestro deseo que quienes hagan este curso, cumplan su responsabilidad misionera.
Para el curso se ha usado el método, Histórico redentivo. En el cual nos acogemos a la doctrina bíblica rescatada audazmente por los reformadores en el siglo XVI. Además, de las 8 lecciones, se anexan las 52 lecciones para un año de trabajo con los Grupos de Amor y Vida, al igual que las Guías para los facilitadores y los recursos necesarios para la implantación de este ministerio en la iglesia local.



El evangelio es un hecho;

Contadlo simplemente.

El evangelio es un hecho gozoso;

Contadlo con alegría.

El evangelio es un hecho real;

Contadlo con confianza.

El evangelio es un hecho de infinita importancia;

Contadlo con ardor.

El evangelio es un hecho de infinito amor;

Contadlo con sentimiento.

El evangelio es para muchos difícil de comprender;

Ilustradlo con ejemplos hasta hacerlo comprensible.

El evangelio es un hecho acerca de un apersona;

Por lo tanto, predicad a Cristo.
Archibald Brown

Tomado de Manual para Líderes, Asesores y Supervisores.

San José, Costa Rica: Iglesia Bíblica Belén; 1998. Pág. 12

LECCIÓN 1

DIOS AUTOR DEL EVANGELISMO
Preguntarnos sobre la razón de ser del evangelismo, es un buen interrogante. Por una parte, nos ubica en la génesis del evangelismo. Nos indica las bases eternas, soberanas y fundantes que originaron el mensaje de salvación y buenas nuevas. Además, nos pone en conocimiento, las implicaciones celestiales y sus propósitos a favor de este hermoso mensaje y quehacer de la Iglesia de todos los tiempos. Ante la pregunta normal del origen o autor del mensaje de vida, solo hay una respuesta: Dios.
Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:16-18). Así, como todas las cosas subsisten por Él, de la misma manera, la razón de ser del evangelismo tiene sus cimientos en el autor de la vida y creador de todas las cosas.
En este sentido, el mensaje del evangelio tiene sus bases y fundamentos en la eternidad. Es decir, responde a las características del Dios soberano, por ser la expresión de su voluntad y carácter para con hombres y mujeres. Por consiguiente, el evangelio y su propósito tienen las dimensiones características y esenciales de Dios, a quien servimos.
No hay sino un solo Dios, el único viviente y verdadero, quien es infinito en su ser y perfecciones; espíritu purísimo, invisible, sin cuerpo, miembros o pasiones; inmutable, inmenso, eterno, incomprensible, todopoderoso, sabio, santo, libre, absoluto, que hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad, que es inmutable y justísima y para su propia gloria. También Dios es amoroso, benigno y misericordioso, paciente, abundante en bondad y verdad, perdonando toda iniquidad, trasgresión y pecado, galardonador de todos los que le buscan con diligencia, y sobre todo muy justo y terrible en sus juicios, que odia todo pecado y que de ninguna manera dará por inocente al culpable (Gén. 17:1; Ex. 3:14; 34:6,7; Dt. 4:15,16; 6:4; 1 Ry. 8:27; Neh. 1:2,3; 9:32,33; Job 11:7-9 y 26:14; Sal. 5:5,6; 90:2; 115:3; 145:3; Pv. 16:4; Is. 6:3; Jer. 10:10; 23:23,24; Mal. 3:6; Lc. 24:39; Jn. 4:24; Hc. 14:11,15; Rm. 11:36; 16:27; 1 Cor. 8:4,6; Ef. 1:11; 1 Tes. 1:9; 1 Tm. 1:17; Hb. 11:6; Stgo. 1:17; 1 Jn. 4:8,16; Ap. 4:8) (Westminster, Cap. 2).
La misma Confesión de fe, con relación al nombre sagrado y soberano del Dios verdadero y sus múltiples perfecciones, continúa presentando con suficiente sustento bíblico, las dimensiones constitutivas, características e incompartibles del autor del evangelio:
Dios posee en sí mismo y por sí mismo toda vida, gloria, bondad y bienaventuranza; es suficiente en todo, en sí mismo y respecto a sí mismo, no teniendo necesidad de ninguna de las criaturas que Él ha hecho, ni derivando ninguna gloria de ellas, sino que solamente manifiesta su propia gloria en ellas, por ellas, hacia ellas y sobre ellas. Él es la única fuente de todo ser, de quien, por quien y para quien son todas las cosas, teniendo sobre ellas el más soberano dominio, y, haciendo por ellas, para ellas y sobre ellas toda su voluntad. Todas las cosas están abiertas y manifiestas delante de su vista; su conocimiento es infinito, infalible e independiente de toda criatura, de modo que para El no hay ninguna cosa contingente o incierta. Es santísimo en todos sus consejos, en todas sus obras y en todos sus mandatos. A Él son debidos todo culto, adoración, servicio y obediencia que tenga a bien exigir de los ángeles, de los hombres y de toda criatura (Job 22:2,3; Sal. 119:68; 145:17; 147:5; Ez. 11:5; Dan. 4:25,35; Jn.5:26; Hc. 7:2; 15:18; 17:24,25; Rm. 7:12; 9:5; 11: 33,34,36; 1 Tm. 6:15; Hb. 4:13; Ap. 4:11; 5:12-14) (Ibíd.).
Por consiguiente, es posible afirmar que el evangelio y evangelismo son emanados del carácter de Dios. Por lo que es eterno, soberano, eficaz, completo, suficiente, universal, santo, justo, amoroso, al contener en su mensaje y en su forma las perfecciones de Dios Creador y consumador de todas las cosas. Podemos afirmar que el quehacer evangelístico, nació y se culmina en Dios mismo. Por consiguiente, el mensaje verdadero y auténtico del evangelio, ha de ser teocéntrico. Cada persona de la Deidad, tiene una función o tarea específica en el desarrollo y aplicación del evangelio en la dinámica del reino. Es posible afirmar, que desde la eternidad, fue planeado el anuncio de las buenas nuevas de salvación en Cristo, como un acto de pura gracia, el cual se recibe por la pura fe.


En la unidad de la Divinidad hay tres personas de una sustancia, poder y eternidad; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. El Padre no es engendrado ni procede de nadie; el Hijo es eternamente engendrado del Padre, y el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo (Mt. 3:16,17; 28:19; Jn. 1:14,18; 15:26; 2 Cor. 13:14; Gál. 4:6; 1 Jn. 5:7) (Ibíd.).
En el plan eterno de redención y evangelio, Padre, Hijo y Espíritu Santo, participaron activamente. Por lo cual, hay eficacia y plenitud en el accionar comunitario de la Deidad en presentar, proclamar y aplicar el mensaje de vida. “Según ese plan, Dios el Padre tenía que enviar a su Hijo al mundo para redimirlo; el Dios Hijo vendría voluntariamente al mundo para ganar la salvación por su obediencia hasta la muerte; y Dios Espíritu Santo, aplicaría la salvación a los pecadores, trayendo a ellos la gracia salvadora” (Kuiper, 1977, p. 13).
A través de toda la Escritura, podemos identificar y reconocer los elementos constitutivos y sus funciones en pro de este consejo de redención, predeterminado en la eternidad para la salvación y vida eterna de los elegidos. Algunos movimientos religiosos, concuerdan en decir, que la redención, fue un acto sorpresivo para Dios. Ellos argumentan, que Dios creó al hombre y la mujer sin pecado, pero ante la desobediencia inesperada del género humano, Dios articuló un plan B, para responder a la desgracia y miseria del pecado. En este sentido, el evangelio, es la respuesta en el tiempo a la desobediencia del hombre, y por consiguiente, no estaba determinado en el sabio consejo y eterno designio de Dios.
Esta consideración no hace justicia al texto bíblico. En razón de ubicar a Dios supeditado a las decisiones y circunstancias del actuar humano. Si Dios, ejecutó la redención, a consecuencia del pecado, no sería soberano. Al no ser soberano, no es Dios. Por tanto, nuestra esperanza en Él y su revelación estaría fracasada. No obstante, la verdad eterna y segura, es que Dios en su Decreto eterno y en el sabio consejo de su voluntad, planeó, ejecutó y realizó todo cuanto pasa y sucede, incluido el pecado. En este sentido, desde la eternidad, Él estableció el plan redentor, los medios y fines para la salvación de sus hijos.
Dios desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado, ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias, sino más bien las establece.
(Pv. 16:33; Mt. 17:12; Jn. 19:11; Hc. 2:23; 4:27-28; Rm. 9:15,18; 11:33; Ef. 1:11; Hb. 6:17; Stgo. 1:13,17; 1 Jn. 1:5) (Westminster, Cap. 3).
La Biblia, es clara en afirmar, que desde la eternidad, los elegidos habían sido redimidos. “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo(Ap. 13:8). El Cordero fue inmolado desde la eternidad, para redimir a los escogidos. Si fueron redimidos es por el evangelio de Cristo, que en el tiempo vino para cumplir toda justicia y exponerse real y físicamente al sacrificio sustituto a favor de los pecadores. De lo contrario, no hay esperanza de redención. Si existiera sorpresividad en el acto redentor, indica que Dios está subordinado a los seres humanos, los cuales estarían en la capacidad de cambiar y frustrar sus planes. Esta argumentación, es absolutamente, fuera de la verdad escritural; en razón, de su soberanía, completo gobierno y señorío, sobre todas las cosas y circunstancias, aunque no las entendamos. Lo cual indica que quienes por su gracia hemos sido acogidos en su regazo, tenemos completa y segura certeza de salvación (Reisinger, 1995, p. 83).
En síntesis, podemos decir, según lo afirma Kuiper, que: “Antes de que el mundo fuera, el Dios trino formó un plan de salvación que debía ser ejecutado en partes recíprocas por el Padre como Enviador Supremo; el Hijo, como enviado Mediador y Enviador del Espíritu Santo, el cual como enviado debía aplicar la Redención” (1977, p. 14). Y continúa diciendo al respecto: “el Trino Dios es el verdadero Autor de la Salvación. Y, de la misma manera que realizó a su tiempo el Plan Eterno de Salvación, ha revelado su mensaje en el evangelio, y ha ordenado que el evangelio sea el medio indispensable de salvación. Por tanto esta claro que el Dios Trino es el Autor del Evangelismo” (Ibíd., p. 15).
Con esta cosmovisión cristiana del evangelismo en mente, es posible identificar con mayor precisión la actividad específica de cada persona de la Trinidad, en la tarea evangelística. Además, reconocer los alcances soberanos, eternos y universales de la evangelización. En adelante, tomaremos la misión realizada en el tiempo, por cada persona de la Deidad, en cuanto a la salvación y perdón de pecados. Es decir, consideraremos, en que sentido, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son portadores y ejecutores de buenas nuevas a hombres y mujeres. También. Como esas nuevas de esperanza, están perfectamente enmarcadas en el diseño Redentor establecido y planeado por Dios, en el Consejo Eterno de su Sabiduría (Ibíd.).

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