Iv- sacerdotes para Evangelizar






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IV- Sacerdotes para Evangelizar

Presentación

Jesús se presentó siempre como enviado o apóstol del Padre y del Espíritu Santo (Jn 3,17.34; 7,16; 10,36; 11,42; 17,19ss; Lc 4,18). Su misión consistió en anunciar el evangelio o Buena Nueva del Reino (Lc 4,43). Es una misión de anuncio, de entrega de sí mismo y de cercanía a todo hombre, para llamarle a un cambio profundo de mentalidad (conversión) que se hace bautismo o vida nueva, nuevo nacimiento e ingreso en el Reino de Cristo (Mc 1,15; Jn 3,5; cf. EN 6,12).

La Iglesia o comunidad de creyentes convocada por la presencia y la Palabra de Jesús, ha sido instituida por el Señor, para prolongarle en su ser, en su misión evangelizadora y en su vivencia. «La Iglesia es misionera por naturaleza» (AG 2) porque «existe para evangelizar» (EN 14). Todo miembro de la Iglesia, según su propia vocación, participa de esta responsabilidad misionera (cf. EN 13-16, 59-73).

A los laicos corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para a gloria del Creador y del Redentor (LG 31).

Las personas consagradas, «con la profesión de los consejos evangélicos los rasgos característicos de Jesús -virgen, pobre y obediente- tienen una típica y permanente `visibilidad' del mundo» (VC 1). Los Apóstoles y sus sucesores e inmediatos colaboradores participan de modo especial en esta responsabilidad evangelizadora de Jesús que se prolonga en la Iglesia. Ellos fueron elegidos «para ser enviados a evangelizar» (Mc 3,14), participando de la misma misión de Jesús (Jn 17,18; 20,21) y haciendo realidad el encargo misionero confiado por Jesús a toda la Iglesia (Mc 28,19-20; Mc 16,15-16; Hch 1.4-8).

¿Cuál ha de ser la vivencia o espiritualidad del sacerdote para cumplir esta función misionera? Los sacerdotes «conseguirán de manera propia la santidad ejerciendo sincera e incansablemente sus ministerios en el Espíritu de Cristo» (PO 13). El sacerdote e siempre «ministro del evangelio» (Ef 3,7). Como Pedro, dará testimonio de Cristo («nosotros somos testigos»: Hch 2,32) en la medida de su seguimiento evangélico («lo hemos dejado todo y te hemos seguido»: M7 19,27). Como Juan, sabrá comunicar el Verbo hecho hombre («os anunciamos el Verbo de la vida»: Jn 1,1ss) en la medida en que viva la experiencia de su encuentro («hemos visto su gloria»: Jn 1,14). Como Pablo, será transparencia del Evangelio («olor de Cristo»: 2 Co 2,15) en el grado de su sintonía vivencial con Cristo («mi vida es Cristo»: Flp 1,21; cf. Ga 2,20).

Prolongar a Cristo, en su palabra, sacrificio pascual, acción salvífica y pastoral, oración y cercanía al hombre concreto, significa vivir el encuentro con él: «Hemos encontrado a Cristo... Jesús de Nazaret» (Jn 1,41.45), «El ministerio jerárquico, signo sacramental de Cristo Pastor y Cabeza de la Iglesia, es el principal responsable de la edificación de la Iglesia en la comunión y de la dinamización de su acción evangelizadora» (Puebla 659) «Todos los sacerdotes deben tener corazón y mentalidad misionera» (Dir 14) 1.

1 Cfr. EN 68; RMi 67-68; PDV 1-17, 31-32. En el capítulo I hemos resumido la situación actual del sacerdote en vistas a una «nueva evangelización» y en una nueva etapa de evangelización, especialmente en el ambiente latinoamericano y en una época posconciliar. Ver: R. AUBRY, La misión, siguiendo a Jesús por los caminos de América Latina, La Paz 1986; J. F. GORSKI El desarrollo histórico de la misionología en América Latina, La Paz, 1985; J. A. VELA, Las grandes opciones de la pastoral en América Latina a partir del documento de Puebla, «Documenta Missionalia» 16 (1982) 159-179. Una monografía sobre Puebla: Os avançcos de Puebla, «Revista eclesiástica brasilera» 39 (1979) fasc. 173. Sobre el documento de Medellín: «Medellín», reflexiones en el CELAM, Madrid, BAC, 1977.

1- Llamados para evangelizar

La vocación apostólica es encuentro con Cristo para prolongar su misión (Mc 3,14; Jn 20,21). El nombre que Jesús da a los doce es precisamente el de apóstoles o enviados (Lc 6,13). Se trata de «anunciar a las gentes la insondable riqueza de Cristo e iluminar a todos acerca de la dispensación del misterio de Cristo oculto desde los siglos en Dios» (Ef 3,8-9). «Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad» (EN 18). «Evangelizar es, ante todo, dar testimonio desde dentro, de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo» (EN 26).

Como Jesús, el sacerdote ministro es ungido y enviado por el Espíritu Santo «para evangelizar a los pobres» (Lc 4,18). Ha sido llamado para:

- anunciar la alegre noticia (evangelizar) de la salvación en Cristo (Mt 11,5; Lc 7,22; Ef 3,8; 1 Co 9,16),

- hacer llegar como primer anuncio (kerigma) el mensaje de Cristo a los que todavía no lo han oído (Hch 8,5; 9,20; Mc 16,5; Rm 10, 14; 1 Co 1,23; 2 Co 1,19; 4,5; Ga 2,2),

- dar testimonio (martirio) del hecho salvífico de la muerte y resurrección de Cristo (Hch 1,8; 2,32; Jn 15,26-27; Lc 24,47-48).

Se prolonga la palabra de Cristo (anuncio, testimonio), su llamada a la conversión y bautismo (como cambio profundo de actitudes), su sacrificio redentor, su acción salvífica y pastoral, su cercanía a los hombres para una salvación integral. La comunidad convocada (ecclesia) por la palabra queda invitada a acoger signos salvíficos y a transformarse en familia (Koinonía) de hermanos (EN 24),

Porque la totalidad de la evangelización, además de la predicación del mensaje, consiste en implantar la Iglesia, la cual no existe sin este respiro de la vida sacramental culminante en la eucaristía (EN 28) 2.

2 Sobre la teología de la misión y evangelización (además de los trabajos citados en la nota predecente y en la orientación bibliográfica) ver: AA. VV., (S. Karotemprel edit), Seguir a Cristo en la misión- Manual de misionología, Estella, Verbo Divino, 1998; AA. VV., La Misionología hoy, Madrid, Obras Misionales Pontificias, 1987; A.A. V.V., Missiología oggi, Roma, Pont. Univ. Urbaniana,1985; AA. VV., Evangelización y hombre de hoy, Madrid 1986 (congreso sobre la evangelización, 1985); D. J. BOSCH, Transforming Misión. Paradigm Chifts in Theology of Misión, New York, 1993; E. BUENO, La Iglesia en la encrucijada de la misión, Estella, Edit. Verbo Divino, 1999; B. CABALLERO, Pastoral de la evangelización, Madrid, PS, 1974; A. CAÑIZARES, La evangelización hoy, Madrid, 1977; J. CAPMANY, Misión en la comunión, Madrid, PPC, 1984; A. L. CASTRO, Gusto por la misión, Manual de misionología, Bogotá, CELAM, 1994; L. M. DEWAILLY, Teología del apostolado, Barcelona, Estela, 1965; J. ESQUERDA BIFET, Teología de la evagelización. Curso de misionología, Madrid, 1995; J. M. GOIBURU, Animación misionera, Estella, Verbo Divino, 1985; C. KENNEDY, P. F. D'ARCY, El genio del apostolado, Santander, Sal Terrae, 1967; A. LOPEZ TRUJILLO, Caminos de evangelización, Madrid, BAC, 1985; ST. LYONNET, Apóstol de Jesucristo, Salamanca, Sígueme, 1966; J. LOPEZ GAY, Evolución histórica de la evangelización, «Documenta Missionalia» BAC, 1988; M. PEINADO, Solicitud pastoral, Barcelona, Flors, 1967; A. SANTOS, Misionología: problemas introductorios y ciencias auxiliares, Santander 1961. A. SANTOS HERNÁNDEZ, Teología sistemática de la misión, Estella, Edit. Verbo Divino, 1991; D. SENIOR, C. STRUHLMÜLLER, Biblia y misión, Estella, Edit. Verbo Divino, 1985.

Se pueden distinguir los elementos principales de la evangelización:

- Naturaleza: Prolongar la misión de Cristo (EN 6,16; RMi I-III).

- Objetivo: Transformación de la humanidad según los planes salvíficos de Dios en Cristo (EN 17-24; RMi IV).

- Contenido: La persona y el mensaje de Jesús que edifica la comunidad eclesial y transforma el mundo (EN 25-39).

- Medios: Anuncio, presencialización y comunicación del misterio de Cristo, ministerios y servicios concretos, instrumentos de inserción y cercanía (EN 40-58; RMi IV).

- Destinatarios: Toda la humanidad, el hombre concreto (EN 49-58;).

- Agentes: Todo cristiano según su propia vocación, toda la comunidad eclesial (EN 59-73; RMi VI).

- Estilo o espíritu: Actitudes interiores del apóstol (EN 74-80; RMi) 3.

3 Muchos estudios actuales sobre evangelización aprovechan los datos de la exhortación de Pablo VI, Evangelii Nuntiandi (8 diciembre, 1975). Comentarios directos: AA. VV., L'Annuncio del Vangelo oggi, Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1977; E. BRIANCESCO, En torno a la Evangelii Nuntiandi, Apuntes para una teología de la evangelización, «Teología» (Buenos Aires) 14 (1977) 101-134; J. LOPEZ CAY, La reflexión conciliar; del Ad Gentes a la Evangelii Nuntiandi, en la Misionología hoy, o. c., 171-193. Comentario a la encíclica RMi: AA: VV., Haced discípulos a todas las gentes, Comentario y texto de la encíclica «Redemptoris Missio», EDICEP, Valencia, 1991.

El sacerdote ministro, como servidor cualificado de la acción evangelizadora de la Iglesia, se mueve en una múltiple perspectiva:

- trinitaria: misión del Padre, por el Hijo y en el Espíritu Santo,

- cristológica: mandato de Cristo (obrar en su nombre),

- pneumatológica: bajo la acción del Espíritu Santo (unción y misión),

- eclesiológica: en la comunión y misión de la Iglesia,

- antropológica y sociológica: de cercanía al hombre en su realidad concreta e histórica,

- escatológica: un camino de esperanza (confianza y tensión) hacia el Reino definitivo y la restauración final en Cristo.

Ello comporta la armonía de línea pastoral y de vida espiritual: escucha, contemplación, profetismo, cercanía, diálogo, trascendencia, vivencia, testimonio (autenticidad)...

Estas líneas de actuación se basan en la realidad salvífica que debe llegar a ser convicción profunda orientadora de la vida concreta. Es Dios quien salva y tiene la iniciativa en la historia de salvación. Cristo es el centro de la vida del apóstol y de toda la obra evangelizadora bajo la acción del Espíritu Santo. Es toda la Iglesia, en todas sus vocaciones y ministerios, la responsable de la evangelización. Hay que llegar al hombre concreto en las circunstancias del mundo y de la historia.

La espiritualidad sacerdotal queda, pues, marcada por la misión de evangelizar. Todo enviado vive para el objetivo de la misión: «conseguirán de manera propia la santidad ejerciendo sincera e incansablemente sus ministerios en el Espíritu de Cristo» (PO 13).

En el ejercicio de esta caridad que une al sacerdote íntimamente con la comunidad, se encontrará el equilibrio de la personalidad humana, hecha para el amor, y se redescubrirán las grandes riquezas contenidas en el carisma del celibato en toda su visión cristológica, eclesiológica, escatológica y pastoral (Medellín, XI, 21).

En el sacerdote ministro, el anuncio de la palabra (profetismo), la celebración de los misterios de Cristo (liturgia) y la construcción de la comunidad en el amor (dirección y servicio de caridad), equivalen a dispensación (economía) de la salvación en Cristo por medio del servicio (diaconía). Somos «ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios» (1 Co 4,1).

Las líneas de espiritualidad (ver capítulo V, n. 4) discurren a partir de la caridad pastoral de Cristo, según los designios del Padre, de comunicar la vida nueva en el Espíritu, en la comunión y misión de la Iglesia, para salvación integral de toda la humanidad y la «restauración de todas las cosas en Cristo» (Ef 1,10).

La doctrina del Vaticano II sobre los ministerios sacerdotales deja entender el equilibrio entre la acción profética, cultual y hodegética o de dirección (PO 4.6), indicando la centralidad de la eucaristía como celebración del misterio pascual «fuente y cumbre de toda la evangelización», (PO 5). En cualquier ministerio debe aparecer el anuncio, la presencialización y la comunicación de la muerte y resurrección de Cristo (misterio pascual). Así el sacerdote ministro ejerce siempre el servicio del cuerpo místico de Cristo, puesto que es servidor (ministro) de Cristo y de la comunidad eclesial (santo Tomás, Contra Gentes, I, 4, c. 71-75).

La vocación sacerdotal es, pues, llamada para la misión de prolongar a Cristo sin recortes ni fronteras. «La vocación pastoral de los sacerdotes es grande y el concilio enseña que es universal: está dirigida a toda la Iglesia, y en consecuencia, es también misionera» (Juan Pablo II, Carta Jueves Santo, 1979, n. 8). «Es de particular importancia subrayar que la `consagración' sacerdotal es conferida por Cristo en orden a la `misión' de salvación del hombre» (Medellín, XI, 17). Una nueva evangelización clama nuevo ardor en los evangelizadores (ver el cap. I, n. 3) 4.

4 Juan Pablo II usa frecuentemente la expresión «nueva evangelización», especialmente desde 1983 (Discurso al CELAM, Puerto Príncipe) y 1984 (Discurso en Santo Domingo). «En los umbrales del tercer milenio, toda la Iglesia, Pastores y fieles, han de sentir con más fuerza su responsabilidad de obedecer al mandato de Cristo..., renovando su empuje misionero. Una grande, comprometedora y magnífica empresa ha sido confiada a la Iglesia: la de una nueva evangelización, de la que el mundo actual tiene una gran necesidad» (Christifideles Laici 64). Esto reclama una «renovación evangélica» por parte de todos los agentes de la evangelización (ibídem 16). Ver: RMi 2-3, 30, 35, 59; PDV 2,9-10, 17, 47, 51, 82. Documento di Santo Domingo, II, 1. También; EAm 66; NMi 68.

2- Prolongar la Palabra de Cristo

La comunidad eclesial se convoca por la palabra de Dios para celebrar los signos salvíficos instituidos por Cristo (especialmente el bautismo y la eucaristía) y para asumir compromisos personales, comunitarios y sociales.

La misión de Jesús y de los apóstoles se realiza principalmente por medio del anuncio (Lc 4,15-19.43; Mt 28,29). El anuncio lleva a la celebración y a la vivencia. La dimensión Kerigmática (anuncio) se hace dimensión antropológica y sociológica, en la medida en que sea dimensión pascual, litúrgica y contemplativa. Entonces recupera su dimensión misionera de anuncio a todos los pueblos y a todos los hombres.

El servicio profético del sacerdote ministerial se realiza como participación, cooperación y dependencia del magisterio del Episcopado y del Papa. El sacerdote prolonga la palabra de Cristo en cuanto que le representa ante la comunidad y en cuanto obra en su nombre (PO 2, 6, 12). En esto se diferencia el profetismo del laicado. La gracia recibida en el sacramento del Orden convierte al sacerdote ministro en instrumento de eficacia especial, como portador de una gracia peculiar del Espíritu Santo. «Los que están sellados con el Orden sagrado son destinados a apacentar la Iglesia por la palabra y gracia de Dios, en nombre de Cristo» (LG 11).

Se trata de un deber primordial de los sacerdotes, puesto que el pueblo de Dios se congrega por la palabra de Dios vivo (PO 4). Este servicio sacerdotal profético tiene diversos aspectos y dimensiones:

- Se anuncia el hecho salvífico de la muerte y resurrección de Cristo, llamando a la conversión y dando testimonio con la propia vida (dimensión kerigmática, salvífica, pascual, martirial).

- Se invita a celebrar la palabra en la liturgia especialmente bautismal y eucarística (dimensión litúrgica y sacramental).

- Se presenta la Palabra como un signo portador de gracia en el Espíritu Santo, que llama a la contemplación y santificación (dimensión contemplativa y pneumatológica).

- Se parte de la Palabra para indicar las líneas en el camino de la Iglesia y en la construcción de la comunidad (dimensión hodegética, comunitaria, escatológica).

- La Palabra, tal como es y toda por entero, debe llegar a las situaciones humanas concretas (dimensión antropológica y sociológica).
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