La Ciudad de Panamá y la primera modernidad






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fecha de publicación09.06.2015
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La Ciudad de Panamá y la primera modernidad.

Arquitectura 1930-1950

Arq. Samuel Gutiérrez

La ciudad de Panamá presenta elementos históricos, urbanísticos y arquitectónicos de gran interés para un análisis integral de su larga evolución. Trasladada del viejo asiento que fundara Pedrarias, la nueva ciudad exhibe una impronta urbana y edilicia única en América Latina.
Desde su nacimiento en 1673, y luego en 1904, la ciudad confirma unas relaciones iniciales entre paisaje natural -el mar- y paisaje cultural -el tajo de la vía intermarina-, las cuales vendrían a caracterizar posteriormente su crecimiento y funciones urbanas. Por un lado, el Océano Pacífico aparece como un factor condicionante de la forma urbana y, por el otro, los linderos de la Zona del Canal, establecidos en 1904. Estos límites la estrechan en un ángulo aproximado de 30º, lo que la ha obligado a un incontrolable crecimiento lineal, de ciudad que se prolonga unidireccionalmente a lo largo de tres vías paralelas, lo que impone un crecimiento donde la mancha urbana no se "ensancha", ya que no acusa una forma urbana concéntrica con anillos que circundan un "centro", sino que se "alarga" sobre tres arterias "corredores". Este encorsetamiento que impone el mar y la Zona del Canal, definen una morfología de esquema lineal que, por haber sido impuesto, en manera alguna retoma la propuesta o teoría de Ciudad Lineal formulada en 1882 por el español Soria y Mata.
Por otro lado, no ha existido una legislación que regule el crecimiento urbano o que haya favorecido algún modelo de ciudad con un tejido coherente, sino más bien responde a un proceso de auténtica desurbanización, de urbe inconexa y caótica, de anti-ciudad.
En el desarrollo de la ciudad se advierten las siguientes etapas:
1.- El período colonial (1673-182l) el cual deja su impronta en el Centro

Histórico.
2.- Época de la construcción del Canal por los Franceses (1880-1890).
3.- Independencia de Panamá de Colombia (1903).
4.- Reinicio de las obras de construcción del Canal por los norteamericanos (1904-1914).
5.- La expansión originada por la celebración de la Exposición Nacional

de Panamá (1915-1938)
6.- Surgimiento de un extrarradio urbano (1938-1950).
7.- Actual Período (1950-1992).

La historia de la ciudad y de su arquitectura -desde el período colonial hasta los últimos años de la actual centuria- ofrece una plástica urbana de lo más heterogénea: edificios de cal y canto, casas de madera de influencia caribeña, mansardas, neoclasicismo, Art-Decó, Art-Nouveau, Revivals, funcionalismo arquitectónico, hasta ejemplares post-modernos, de cuyo conjunto resulta un paisaje urbano rico y agresivo, una especie de "Ciudad Collage", desarticulada y pintoresca.
En el período colonial se produce una feliz síntesis y floración del esfuerzo urbanístico, artístico y arquitectónico que produjo la presencia de España en Panamá en términos de una arquitectura civil, militar y religiosa.
Los dorados años del Canal Francés ejercen un gran influjo en la ciudad que ve inflarse su población con la creciente marejada de nuevos inmigrantes. En el Centro Histórico, la plétora de edificaciones se producirá en 1880, con la expectativa de las obras del Canal. Este período deja su huella sobre la arteria principal de la urbe, o "afrancesa" sectores como la antigua Plaza de la Independencia. También se ocupan áreas más allá de lo que fueron los límites novecentistas de la Ciudad Colonial. Las mansardas y herrajes aparecen en forma similar a la arquitectura de Nueva Orleans o a las de otrora colonias francesas del Caribe.
Debemos ubicar la génesis de la modernidad de la Ciudad de Panamá en la época de ruptura de sus estructuras finiseculares, es decir, cuando se produce la Separación de Colombia en 1903 y se construye la Vía Intermarina, entre 1904 y 1914.
Con la Separación se crea un nuevo orden jurídico y una infraestructura acorde con la época. En 1903 comienza un proceso de modernización y reestructuración, donde la naciente Administración del Panamá Republicano emprende la tarea de construir edificios públicos para albergar las dependencias oficiales, como escuelas y colegios, palacios de gobierno, teatros, hospitales y otras obras. Era obvio que durante este período el lenguaje neo-clásico era evidentemente el suyo. El neoclasicismo, por su parte, jugó un papel importante en la transformación de la cultura edilicia, al impulsar las esferas oficiales, los nuevos modelos "europeizantes". En este período se destaca la participación del arquitecto italiano Genaro Ruggieri, quien colaboró en la implantación de las nuevas tipologías edilicias.
La historia política de Panamá -hacia la segunda década de la actual centuria- propicia la consolidación de la modernidad del país y de la urbe capitalina durante los períodos presidenciales del Dr. Belisario Porras (1912-1924).
Porras enarboló el liberalismo de la época y transformó las estructuras sociales al crear nuevas leyes y una sólida infraestructura apropiada para el desarrollo de la Nación. Este presidente inició la construcción de carreteras y dejó construido el ferrocarril de la Provincia de Chiriquí. Para la Ciudad de Panamá estableció disposiciones sanitarias sobre construcciones; levantó, hasta su conclusión, los edificios del Archivo Nacional, la Cárcel Modelo y el Hospital Santo Tomás; fundó la comunidad de San Francisco y construyó el Barrio de La Exposición. También inició el relleno de las tierras bajas y pantanosas de "El Javillo", las cuales fueron delimitadas por un muro de retén, que se había hecho en el sector de "Barraza" primero y luego de "Peña Prieta", en lo que sería el inicio del actual malecón de la Avenida Balboa.
Durante la construcción del Canal por los Estados Unidos de América, surge una ciudad paralela, donde vive la población norteamericana -Balboa y Ancón- y donde se afianzó una arquitectura tropical palafitista que se inserta en una verdadera modalidad urbanística de ciudad-jardín.
Mientras, la Ciudad de Panamá se desbordaba hacia los sectores insalubres de El Chorrillo, Calidonia, Granillo, Malambo y El Marañón, donde se construyen las grandes casas de madera para alojar a los trabajadores de la vía intermarina. Este hecho demográfico no encontró preparada a la ciudad, urbe que sintió desde ese momento, una gran presión en su estructura física y urbanística, al extremo de que en 1915 apareció el Acuerdo Municipal Nº 6, del 29 de Abril, que dividió a la ciudad en cuatro barrios: San Felipe, Santa Ana, El Chorrillo y Calidonia.
La Exposición Nacional de Panamá en 1915 genera una dinámica urbana que se proyectó hasta 1938; la misma define el surgimiento de nuevas urbanizaciones como la Exposición, Bella Vista, Vista del Mar y "Altos de Bella Vista", hoy "La Cresta", como asientos de familias adineradas. En estos barrios periféricos se levantaron residencias de una y dos plantas, rodeadas de amplios jardines.
Durante esos años se ve también la floración de manifestaciones arquitectónicas y artísticas diversas como el Art-Decó, el Art-Nouveau, la persistencia de "Revivals" y de una arquitectura que era una copia de modelos españoles y de las comunidades del Sur de California.
De estos movimientos, el "Art-Decó" (1930-1950) dejó su impronta en una gran cantidad de edificios del Centro Histórico y de otros sectores de la ciudad como en "La Estrella de Panamá", y el "Teatro Balboa", el edificio "La Pollera", la residencia de los Hermanos Duque en Avenida "A" entre las Calles 4ª y 5ª y otras. Esta corriente artística se expresa en términos de un decorativismo y una simplificación geométrica y, en otros casos, con las esquinas redondeadas como en el viejo edificio de "La Lotería", ubicado en la Avenida Central y también en una gran cantidad de edificios que siguen este juego plástico de las formas ligeramente redondeadas y ya francamente ovaladas.
En estos años, también se fermentan problemas sociales que encuentran su cauce en las huelgas inquilinarias de 1925 y 1932, y el surgimiento de la primera "barriada bruja" o marginal en el sector de "Boca de la Caja". Una de las respuestas (FALTA UNA PÁGINA QUE DESAPARECIO DEL DOCUMENTO ORIGINAL)

linderos, cuando se alarga devorando valles y cerros. Desde 1950, la ciudad se ha convertido en una verdadera pesadilla de planificación urbana, cuando factores políticos, económicos y ecológicos han incidido para hacer de la misma un espacio urbano ingobernable, superpoblado, insalubre e inseguro. Interminables caravanas de automóviles fluyen en su sentido longitudinal, extendiéndose -por el Noreste- hasta Pacora y Chilibre, y - por el Oeste-hasta La Chorrera.
Durante las décadas del sesenta, ochenta y noventa se produce una desencadenada eclosión de la industria de la construcción, que tiene su expresión más significativa en el desarrollo de "Punta Paitilla" y en el surgimiento de un centro bancario, comercial y hotelero entre la Vía España, Calle 50 y Avenida Balboa. Estas son las décadas de las grandes torres de oficinas y condominios, los centros bancarios y comerciales, los proyectos residenciales para la clase alta y media y de algunos intentos de solución en las grandes áreas de marginalidad como San Miguelito. Estas obras, así como la construcción de algunas arterias como la Avenida Ricardo J. Alfaro, Doce de Octubre y Vía Israel, producen cambios significativos en la morfología y tipología edilicia de la ciudad.
Desde la construcción del Canal, la ciudad atrae a grandes núcleos humanos, quienes emigran en forma torrencial y anárquica en busca de nuevos horizontes y mejores condiciones de vida.
Esta migración aluvional creo una estructura urbana de la marginalidad, donde solamente se ha producido un trueque de la pobreza rural por la miseria urbana, ya que la mayoría de los campesinos crean en estos sectores una especie de subcultura o infrasociedad, que ahora no es ni ciudad ni campo. Tal es el caso de los grandes cinturones de pobreza de San Miguelito y Alcalde Díaz, Tocumen y Arraiján.
La decadencia de la ciudad se agudiza al extremo de que urbanizaciones de lujo, como "Punta Paitilla", y "La Cresta", se transforman en ghettos de concreto armado. En estos dos sectores, descontadas las obras de gran calidad arquitectónica, en muchos casos las colmenas de concreto se repiten como igualdades al lado de igualdades. Esta última, enclavada en un céntrico cerro que es un mirador de la ciudad y la bahía, ha sufrido una metamorfosis urbana al ser invadida por altas torres de apartamientos.
En estos años también se degrada el viejo asiento de -"Panamá La Vieja- al producirse invasiones de precaristas e invadirse también las ruinas con edificios militares, locales para la venta de gasolina, talleres y otras aberraciones edilicias, las cuales destruyeron un tejido urbano que para 1936 aún se mantenía bien conservado.
Durante estas décadas también se aceleró el desastre ecológico de la contaminación de la bahía, con lo cual la ciudad perdió su recurso recreativo más precioso. Paralelamente, se acentúa el proceso de deterioro del Centro Histórico de la nueva ciudad, cuando las familias de "adentro" se trasladaron buscando las nuevas áreas abiertas a la urbanización. Este éxodo contribuyó a que muchas casas del sector sean transformadas en viviendas de inquilinato, mientras empeoran las condiciones estructurales y de sanidad y se empobrece y degrada la calidad arquitectónica y ambiental del núcleo primitivo.
En el transcurso de estas cuatro décadas, las ideas planificadoras estaban en boga y la planificación como disciplina daba sus primeros pasos en Panamá. Producto de este período son "El Plan de Panamá", elaborado por De Diego y Fábregas, "El Plan de Colón" del Arquitecto Marcelo Narbona, "Vivienda y Planificación de Panamá del colombiano Pedro Pablo Morcillo, "Planificación Urbana y Regional de Panamá" del Chileno Luis Vera y "Estudio de Transporte y Tránsito para la Ciudad de Panamá," del Norteamericano George C. Villegas, estudios que más bien cumplieron una función teórica, ya que no tuvieron incidencias relevantes en el campo de las realizaciones.
En este período se crea el Instituto de Vivienda y Urbanismo y, posteriormente, el hoy Ministerio de Vivienda. Sin embargo, los planificadores, restauradores, sociólogos y experto en vivienda se quedaron con las soluciones en la punta de los lápices, ya que los políticos y militares prefirieron mantener el statu quo a propiciar negociados con la vivienda, como sucedió con el programa habitacional subvencionado por la Caja de Seguro Social, o con la restauración del Centro Histórico de la ciudad, en la década del setenta.
Por otro lado, el itinerario de nuestra arquitectura desde comienzos del presente siglo hasta nuestros días, constituye un movimiento artístico de extraordinario valor. En esta ruta podemos encontrar una doble transición: la primera, de la arquitectura neo-clásica a la moderna, y, la segunda, de la arquitectura moderna a la contemporánea.
En el lapso entre 1913 y 1930, la actividad de los arquitectos no solamente está dirigida al ejercicio de la profesión, sino también a una labor docente, como la de los arquitectos Leonardo Villanueva Meyer, Víctor Tejeira y Rogelio Navarro. También en el caso del Arquitecto de origen austriaco Gustavo Schay, quien en su taller de arquitectura, contribuyó a la formación profesional.
Los dos arquitectos más caracterizados y definidos por un amplio ejercicio profesional y, a la vez, por contribuir a la formación de profesionales y artesanos durante este período, son Leonardo Villanueva Meyer y Gustavo Schay.
Entre las principales obras del arquitecto Villanueva, figuran la reconstrucción del Palacio Presidencial, la Plaza de Francia y el edificio de apartamientos "La Pollera". Por su parte, el Arquitecto Schay diseñó la residencia del señor Benjamín Fidanque (hoy Embajador de Nicaragua) y el Banco Nacional de la Avenida Central, entre otras obras.
El proceso de implantación de la arquitectura moderna se desarrolló en las décadas de los treintas y cuarentas. Estos decenios aportaron avances extraordinarios en nuestra arquitectura. La primera década puede considerarse como la etapa de transición, y la segunda abre el ciclo de la nueva arquitectura bajo la influencia de la arquitectura racionalista o internacional.
El Arquitecto Rogelio Navarro es el representante más caracterizado y un genuino precursor de esta arquitectura y de este período de Panamá. El fue el primero en hacer críticas al academismo y a los obsoletos sistemas de construcción de la época.
Algunas obras del Arquitecto Rogelio Navarro, como la Iglesia de Cristo Rey y, fundamentalmente, el Cuartel Central de Policía y el pequeño Mercado de la Avenida "A", cerca del antiguo Teatro Hispano, constituyen los mejores testimonios de su labor renovadora en el campo de la arquitectura. Y fue el mismo Arquitecto Navarro quien hizo el edificio ubicado en el "Patio Rochet", con frente a la Avenida de los Mártires, obra que es un temprano ejemplar que exhibe una gran limpieza y simplificación de las fachadas. También debemos incluir como contribución del Arquitecto Navarro el edificio de la UNILAC, en Avenida Cuba, donde hay un juego plástico de ángulos que se curvan y, que a la vez, se interpretan para crear un espacio cóncavo en la fachada.
Por otro lado, Carlos Fábregas, Jesús María Sosa y P. Casselli, representan a un grupo de arquitectos que también hicieron valiosas contribuciones y aportes al desarrollo de la arquitectura en nuestro medio. Estos arquitectos trabajaron en equipo o independientemente en el diseño de ejemplares de arquitectura moderna, en el Departamento de Obras Públicas de la Secretaría de Agricultura y Obras Públicas. Entre estos edificios se destacan el Hospital Amador Guerrero de la Ciudad de Colón y la Piscina Olímpica, en la Ciudad de Panamá.
Otros arquitectos que también coadyuvaron con sus diseños durante este período fueron Rafael Prado, con la Escuela República de Venezuela; Georgino Gorrichátegui, el Viejo Estadio, y Arturo López, el Cuartel de Bomberos de la Calle 16 Oeste, en unión del Arquitecto Urano González.
Como hemos visto, la arquitectura moderna se manifiesta en Panamá hacia principios de la década del treinta. Los primeros atisbos los constituyen el Mercado de la Avenida "A", el "Cuartel Central de Policía", el "Dispensario Antituberculoso" en la Avenida "A", la Escuela "República de Venezuela", el "Centro Escolar Manuel Amador Guerrero", la "Piscina Olímpica", el "Estadio Nacional", el "Hospital Amador Guerrero", de la Ciudad de Colón, el "Cuartel Central del Cuerpo de Bomberos" y el "Banco Nacional" de la Avenida Central. Pero quizás el inicio o la búsqueda de esta nueva expresión arquitectónica, tenga un temprano ejemplar en el "Hospital Panamá" (1926), de líneas sobrias y de nítida textura.
Estas obras estaban influidas ya por un concepto de racionalismo arquitectónico de la época. Era obvio que en esta década se desarrollaba en la arquitectura panameña, una clara sensibilidad lineal y una depuración de elementos decorativos. Pero el hecho cierto es que los primeros edificios de este período que se define al iniciarse la década del treinta, acusan todos, una gran similitud. Tal es el caso de la forma ovalada del Mercado de la Avenida "A", el Cuartel Central de Policía, el Hospital Amador Guerrero, el Club Atlético de la Piscina y el Banco Nacional de la Avenida Central.
Sin duda alguna, uno de los problemas más delicados de la historia de la arquitectura, lo constituye el poder definir exactamente la terminación, la transición o el punto de partida de los diferentes períodos. En Panamá, como ya lo expresamos, la década del treinta constituye el cambio hacia la arquitectura moderna.
Al iniciarse la década del cuarenta, nuevos arquitectos regresan a la Patria, después de culminar sus estudios, especialmente en universidades norteamericanas. Este grupo se ha formado dentro de los moldes de una clara sensibilidad lineal. Llega, imbuido de un racionalismo arquitectónico, a levantar la bandera de una nueva arquitectura, el estandarte de la arquitectura "viva" y "heroica".
Esta labor reformadora corresponde a los arquitectos Ricardo J. Bermúdez, Guillermo De Roux y Octavio Méndez Guardia.
Este grupo de arquitectos empleó un concepto de planta libre en el diseño de edificios y residencias. Ellos introducen nuevos criterios en el empleo de texturas y materiales de construcción y en tratamiento de vanos y aberturas. Recurren al techo plano en vez de los tradicionales techos de tejas; desplazan las terrazas y las salas hacia las intimidades de los jardines posteriores.
Si el "Art-Decó" proclamó en unos casos la liberación del ángulo recto de las esquinas para emplear formas redondeadas, en este nuevo período se introducen los volúmenes neoplasticistas y un cubismo desenfrenado, que vienen a ser un triunfo del racionalismo arquitectónico. Ahora aparece una temprana arquitectura estructural, como los paradigmáticos "quioscos paraguas" que se construyeron en varias ciudades del País, o en el techo de hormigón en voladizos, de la pequeña estación de servicio para automóviles del Hospital Santo Tomás del año 1944.
Además del diseño de una gran cantidad de viviendas y edificios como las residencias de los señores Vernon Sasso y del señor Antonio De Roux y del edificio de apartamientos de la familia De La Guardia-Obarrio, diseñados por los arquitectos De Roux y Bermúdez; y las residencias de los señores Paúl Durán, Leroy Watson y de Roberto Eisenmann, diseñadas por el arquitecto Octavio Méndez Guardia; estos tres arquitectos dejaron las más importantes obras en las décadas de los cuarenta y los cincuenta. Nos referimos al edificio de la Caja de Ahorros, ubicado en la Avenida Central, y a la Ciudad Universitaria.
El edificio de la Caja de Ahorros fue diseñado por el arquitecto Méndez Guardia y en el mismo sobresalen los "quiebrasoles" de su fachada y una terraza-jardín en la azotea.
El conjunto de la Ciudad Universitaria, cuyo concurso fue ganado por los Arquitectos De Roux, Bermúdez, y Méndez Guardia, lo conforma el núcleo de sus edificios, las calles, pasillos o andenes, veredas y otros. Este complejo fue concebido como una unidad, dominando la acrópolis, donde se levanta el edificio de la Administración, que acusa una gran influencia Lecorbusierana.
Un edificio de este período, concebido también bajo la influencia del funcionalismo arquitectónico, está representado por el Hotel "El Panamá", diseñado por el arquitecto norteamericano Edward Stone. Desde el punto de vista plástico, este hotel es un bloque donde predominan los vacíos de los balcones que están orientados hacia la vía principal, efecto que fue desfigurado en una reforma posterior.
Los arquitectos Bermúdez, De Roux y Méndez Guardia, también ejercieron una gran influencia a favor de la arquitectura contemporánea, desde la docencia universitaria. Estos zapadores de la nueva arquitectura todavía continúan ejerciendo la profesión, después de cincuenta años de labor en esta actividad, período en el que han logrado plasmar una obra meritoria, relevante y consistente.
La década de los cincuenta ve plenamente consolidado el proceso de implantación de las vanguardias funcionalista, gestación que, como hemos visto, se da durante el decenio de los treintas. Los años que transcurren entre los sesenta y el noventa son ya otra cosa; continuidad del funcionalismo y floración de otras corrientes internacionales como el "estructuralismo" y el "brutalismo" arquitectónico, búsquedas historicistas hasta el Post-Modernismo de nuestros días.
Aunque fuera del marco histórico y cronológico en que debe insertarse el presente trabajo, los años ochentas y noventas sugieren algunas reflexiones finales, por constituir una etapa axial para la ciudad y su arquitectura, período en el que se llega al paroxismo de la llamada "crisis urbana".
En estos años aparecen en la forma más cruda y agresiva, patologías que no eran habituales en la vida urbana. Me refiero al imperio de las drogas, el cual constituye altas y tumultuosas pirámides de corrupción, mientras surge una arquitectura del "amontonamiento" en los nuevos sectores, donde la ciudad ha estallado hacia arriba, babélica.
Esta marea de nuevos edificios que se erigen en varios sectores de la ciudad, con énfasis en los elementos verticales del diseño y sin tener en cuenta el entorno, sólo producen una colección de torres-colmenas en medio de una gran mezcolanza y congestión de vidrio y hormigón, las cuales carecen de identidad estética y de carácter cultural y social. Estos prismas verticales, ni siquiera siguen una teoría -aceptada o no- como la de los altos edificios separados por amplias áreas de espacios libres o verdes, donde la separación visual es la nota dominante entre las torres, como en la más pura doctrina Lecorbusierana.
Resulta ilustrador señalar que esta erupción de prismas verticales en la Ciudad de Panamá, no tiene parangón con ninguna ciudad de América Latina, desde México hasta Buenos Aires, con excepción de Cartagena y su novísimo sector de Boca Grande. La tipología edilicia de nuestra ciudad, sólo es comparable con Nueva York y Londres en el período que sigue a las "disparatadas ciudades industriales", para decirlo con palabras del sociólogo Lewis Munford.
La evaluación de un sector de congestión urbana como la nidada de altos edificios de Punta Paitilla, revela deplorables resultados urbanísticos y estéticos. Cuando un edificio alto es rodeado y agredido por otros similares, el mismo pierde su "identidad" y su relación visual y plástica queda anulada, en medio de una mezcolanza que nivela y hace mediocre las mejore y más originales soluciones del diseño.
Desde la década de los cuarentas, hubo polémicas sobre la "arquitectura viva", "heroica" y la vanguardia arremetió contra los pastiches de la época, el sentido de una crítica arquitectónica se diluyó y desdibujó hasta haberse perdido por completo. Esta ausencia de crítica es realmente grave, por cuanto la ciudad y su arquitectura son anuladas, ya que más bien parecen una rama de la publicidad que derrama dinero en "promociones" que revierten en ventas rápidas y altas ganancias. Así, la ciudad y su arquitectura, son transformadas en un botín y un vasto campo de negocios, donde la arquitectura es virtualmente secundaria ante los agresivos "paquetes publicitarios". Mientras, ¿quién recuerda las cuatro funciones de la ciudad: habitar, trabajar, recrear y circular, en medio de esta vorágine edificatoria? O ¿quién hace reverencia ante los nombres mesiánicos de Gedes, Sitté, Saarinen, Howard, Le Corbusier y Munford; o ante los más recientes que definen nuevas teorías o "culturas de ciudades" como Doxiadis, Agmonino, Castells, Rossi, Linazolo, López Rangel, Hardoy o Segré?
Al finalizar 1992, y después de veinticinco años de crisis política y militar, la ciudad se ha transformado en una verdadera ruina física y moral. Detrás de lo que había sido la vitrina urbana del país, solo quedó criminalidad, drogas, negociados, pobreza, contaminación ambiental y moral, montañas de basura, déficit y deterioro de los servicios de utilidad pública, una caótica infraestructura del transporte, es decir, una ciudad hipertrofiada, pauperizada, calcutarizada. Después del baño de sangre confrontacional de Diciembre de 1989, la ciudad pasó a ser la Calcuta de América, y la Nación desapareció para convertirse en una gran herida abierta. Si durante un cuarto de siglo se jugó a la dictadura militar, y seres humanos fueron "desaparecidos" y, si también, después de la invasión norteamericana de 1989, erráticos civiles gobiernan poseídos de un frenesí demencial, el crimen y la corrupción desnacionalizadores, sólo pueden conducir a la desaparición de la ciudad y de la nación que llevan el mismo nombre: "Panamá".

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