Inicios de la Reforma Protestante






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fecha de publicación04.08.2016
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Inicios de la Reforma Protestante


En el siglo XVI se produjo una gran crisis en la Iglesia cristiana de la Europa Occidental por los numerosos problemas de corrupción eclesiástica y de falta de piedad cristiana. La gota que derramó el vaso fue la venta de indulgencias para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma, que provocó finalmente que la cristiandad occidental se dividiese prácticamente en dos mitades, una liderada por la Iglesia Católica Romana, que tras el Concilio de Trento se reivindicó a sí misma como la única heredera válida de la cristiandad occidental expulsando cualquier disidencia y sujetándose por completo al dominio del Papa romano y otra mitad que fundó varias iglesias propias, generalmente de carácter nacional para, en su mayoría, rechazar la herencia cristiana medieval y buscar la restauración de un cristianismo primitivo idealizado. Esto dio lugar a que Europa quedara dividida entre una serie de países que reconocían al Papa de Roma, como supremo y único jefe de la Iglesia, y los países que rechazaban las pretensiones de Roma y que recibieron el nombre de protestantes. Dicha división fomentó toda clase de odios y de guerras religiosas en Europa.

La Reforma protestante se inició en Alemania y se explica en gran parte por las condiciones económicas y sociales que tenía el Sacro Imperio Romano Germánico. Numerosas ciudades eran muy ricas gracias al comercio, y los burgueses eran partidarios del humanismo y de reformar la corrupta Iglesia. Pero el grupo más importante en Alemania era la alta nobleza; los grandes nobles eran casi independientes y señores de numerosas tierras y vasallos campesinos, siempre estaban conspirando contra la autoridad del emperador, que apenas tenía poder sobre ellos. Pero junto a la alta nobleza existía una pequeña nobleza formada por los nobles más pobres y los segundones de las grandes casas nobiliarias. A principios del siglo XVI, esta pequeña nobleza estaba completamente arruinada y para recuperar sus ingresos, los pequeños nobles buscaban una oportunidad para apoderarse de los bienes y las improductivas tierras de la Iglesia. La pequeña nobleza aprovechó las ideas de los humanistas, que criticaban las excesivas riquezas, pompas y boatos de la Iglesia, para proclamar que el clero no tenía necesidad de propiedades e intentar quedarse con sus cuantiosas riquezas. Por esta razón, la pequeña nobleza será la primera en apoyar y aprovechar las convulsiones reformadoras.

El fundador de la Reforma protestante fue el monje agustino alemán Martín Lutero, quien era un hombre profundamente religioso preocupado por la salvación de su alma y, por este motivo, ingresa en 1507 en la orden religiosa de los agustinos buscando la paz espiritual.

En el convento, Lutero prosiguió sus estudios y se convirtió en un experto en la Biblia y en los autores cristianos medievales; llegó a ser un doctor universitario y se le contrató para dar clases en la nueva universidad de Wittenberg, que entonces era la capital del ducado de Sajonia. A partir de la revitalización que vivió el Sacro Imperio Romano Germánico desde que Otón I el Grande se convirtiera en emperador en el 962, los papas y emperadores se vieron involucrados en una continua contienda por la supremacía en los asuntos temporales y terrenales. Este conflicto concluyó, a grandes rasgos, con la victoria del Papado, pero creó profundos antagonismos entre Roma y el Imperio, que aumentaron durante los siglos XIV y XV. La animosidad provocada por los impuestos papales y por la sumisión a los delegados pontificios se extendió a otras zonas de Europa. En Inglaterra, el principio del movimiento para lograr una independencia absoluta de la jurisdicción papal empezó con la promulgación de los estatutos de Mortmain (1279), Provisors (1351) y Praemunire (1393), que redujeron, en gran medida, el poder de la Iglesia en el control del gobierno civil sobre las tierras, en el nombramiento de cargos eclesiásticos y en el ejercicio de la autoridad judicial.

Las indulgencias


En este tiempo estalló un gran escándalo en Alemania a causa de la cuestión de las indulgencias, pues la iglesia vendía indulgencias, por medio de las cuales se perdonaban los pecados. Muchos consideraron esta práctica como un abuso escandaloso y la culminación de una serie de prácticas anticristianas fomentadas por el clero, pero será Lutero el primero que expondrá públicamente su opinión contraria a la venta de indulgencias y a toda la doctrina que la sustentaba.

Para Lutero, la venta de indulgencias era una estafa y un engaño a los creyentes con respecto a la salvación de sus almas. En 1517, Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis, en las que atacaba la venta de indulgencias y esbozaba lo que sería su doctrina sobre la salvación por la fe. Este documento es conocido como Las 95 tesis de Wittenberg y se consideró el comienzo de la Reforma protestante.

Las 95 tesis se difundieron rápidamente por toda Alemania gracias a la imprenta, y Lutero se convirtió en un héroe para todos los que deseaban una reforma de la iglesia. En algunos lugares hasta se iniciaron asaltos a edificios y propiedades de la iglesia. Por sus 95 tesis, Lutero se había convertido en el símbolo de la rebelión de Alemania contra lo que ellos consideraban prepotencia de la iglesia de Roma. Lutero arriesgaba además su vida, ya que podía ser declarado hereje por la jerarquía eclesiástica y ser condenado a la hoguera.

Al principio, la Iglesia de Roma no dio demasiada importancia a las ideas de Lutero, ni a sus ataques contra la doctrina de salvación por las obras, pero muy pronto tuvo que reaccionar ante las noticias que llegaban de Alemania, de que gran parte de la gente estaba desafiando el dominio del clero romano.

Lutero continuó atacando la venta de indulgencias y la doctrina que sustentaba tal práctica mediante escritos que la imprenta difundía por toda Alemania. Lutero hacía un llamamiento a la nobleza alemana para que negase obediencia al Papa romano y apoyase una reforma de la iglesia alemana; afirmaba también, de acuerdo a sus estudios de la Biblia, que todos los cristianos eran sacerdotes sin necesidad de ninguna ordenación especial y negaba todas las pretensiones de autoridad suprema del Papa sobre la iglesia universal. Lutero criticaba asimismo los numerosos sacramentos que la tradición de la iglesia romana había ido creando e imponiendo en la cristiandad, reduciéndolos a solo tres, que el consideraba bíblicamente fundamentados y afirmaba también que los poderes civiles debían tener plena autoridad política sobre la iglesia. Esto iba más allá de la doctrina de la salvación por la fe y suponía una auténtica amenaza para las pretensiones de la iglesia romana. Finalmente, el Papa declaró a Lutero un hereje y lo excomulgó, es decir, lo dejó separado de la comunidad de la Iglesia universal (iglesia de la cual el Papa postulaba ser líder supremo), por lo que podía ser quemado en la hoguera.

En 1521, el recién elegido emperador Carlos V convocó una Dieta (asamblea de todas las autoridades del imperio) en la ciudad de Worms e invitó a Lutero a que asistiera a la Dieta para explicar su postura.

Muchos advirtieron a Lutero que se trataría de una trampa, pero Lutero estaba decidido a acudir pese a todos los peligros. La Dieta se celebró y Lutero expuso su doctrina ante el mismo Carlos V, pero este no quedó convencido por el fraile y, en cambio, hizo una declaración de lealtad y fidelidad a los principios de la iglesia romana. A partir de entonces, la dinastía de los Habsburgo se convertirá en la primera defensora de la iglesia romana contra los protestantes. Como los Habsburgo eran también reyes de España, la defensa del catolicismo se convertiría en una de las bases de la identidad española, durante siglos.

La Dieta terminó y Lutero se dispuso a regresar a Wittenberg, pero en el camino de vuelta, fue secuestrado por agentes de Federico III de Sajonia, que quería protegerle y que lo escondió con nombre falso en el castillo de Wartburg.

El duque quería salvar a Lutero de posibles maniobras de la iglesia romana, por lo que Lutero tuvo que quedarse en el castillo y aprovechó ese tiempo para realizar la primera traducción al alemán de la Biblia. Mientras Lutero estaba escondido, sus partidarios empezaron a interpretar sus doctrinas, en un sentido que Lutero no había previsto.

Varios seguidores de Lutero (pronto serían rechazados por el propio Lutero y denominados "reformadores radicales") comenzaron a decir que se debían destruir todas las pinturas, estatuas e imágenes religiosas de las iglesias, que los sacerdotes tenían el deber de casarse, y no sólo afirmaban que la iglesia no debía tener propiedades, sino, según sus interpretaciones de la Biblia, que todos los cristianos debían tener las mismas propiedades y que, por lo tanto, se debía abolir la propiedad privada y repartir todos los bienes entre los integrantes de la comunidad cristiana. En su mayoría estos reformadores radicalizados eran campesinos pobres y miserables, explotados tanto por los señores como por la iglesia terrateniente.

La alta nobleza reunió un gran ejército que derrotó brutalmente a estos campesinos sublevados en una sola batalla. La represión fue durísima y miles de campesinos fueron ejecutados con extrema crueldad; entre los ejecutados se encontraba el dirigente más importante de esta reforma radical, Thomas Müntzer.

Lutero apoyó desde un primer momento a la nobleza, ya que pensaba que su autoridad era legítima y que su apoyo era indispensable para el triunfo de la reforma de la Iglesia. Durante estos años, Carlos V no pudo intervenir en Alemania, pues prosiguió sus guerras contra Francia y sus campañas contra los turcos, pero en 1529 consiguió un periodo de paz con Francia que le permitió ocuparse de la situación religiosa en Alemania.

En 1529, Carlos V convoca una Dieta en la ciudad de Spira y en ella intenta convencer a los nobles que se han convertido al luteranismo, para que se sometan a la autoridad hegemónica del Papa, pero los príncipes y señores luteranos se niegan y protestan en la convocatoria de la Dieta, y a causa de esta protesta los católicos comenzarán a burlarse de ellos llamándolos con el nombre de Protestantes.

En 1530, Carlos V convocó otra Dieta en la ciudad de Augsburgo y en ella intentó conseguir que los luteranos y los católicos se pusieran de acuerdo para aceptar una doctrina cristiana común que superase la división religiosa. Lutero fue invitado de nuevo a asistir, pero se negó y envió en su lugar a su discípulo Philipp Melanchthon. Los esfuerzos de Carlos V en la Dieta fueron inútiles, Melanchthon se negó a cualquier acuerdo y en su lugar los protestantes redactaron la llamada Confesión de Augsburgo, en la que exponían sistemáticamente todos los principios de su doctrina. Los partidarios del Papa seguirían pronto su ejemplo, redactando también su compendio doctrinal, de modo que la Cristiandad occidental se había dividido irremediablemente.

Lutero muere en 1546 mientras Carlos V preparaba en Alemania una campaña contra la liga de Esmalcalda, defensora del protestantismo.

Carlos V presentó su campaña no como una guerra contra los protestantes, sino como un castigo contra los nobles que se habían rebelado contra su emperador; en su ejército había sobre todo tropas españolas, pero también nobles protestantes que no se habían unido a la liga y que permanecían fieles a Carlos V. El ejército de Carlos V derrotó a la liga de Esmalcalda en 1547 en la gran batalla de Mühlberg. Parecía que el triunfo de Carlos V era total y toda Sajonia fue ocupada por las tropas del emperador.

Carlos V se proponía ahora encontrar una solución a la división religiosa de Alemania, pero su triunfo había asustado a todos los nobles de Alemania, tanto a los católicos como a los protestantes, que temían que el emperador se volviera demasiado poderoso. Todos estos nobles van a formar posteriormente en secreto una alianza contra Carlos V anulando las ventajas conseguidas por la victoria de Mühlberg.

En un momento en que Carlos V se encontraba en Alemania sin tropas españolas, los nobles alemanes se rebelan contra él y el emperador tuvo que escapar hacia Italia, mientras su poder y autoridad se derrumbaban en Alemania.

Carlos V se vio obligado a aceptar las condiciones de los nobles rebeldes y en 1555 firmó la paz de Augsburgo. Según esa paz, cada príncipe alemán podía profesar la religión que quisiera sin que el emperador lo pudiese impedir (eius regio cuius religio), sin embargo, todos los vasallos de un noble tenían que tener la misma religión. Finalizaba así el sueño de Carlos V de mantener la unidad religiosa en sus dominios.

The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism


Weber's essay The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism (Die protestantische Ethik und der Geist des Kapitalismus) is his most famous work. It is argued that this work should not be viewed as a detailed study of Protestantism, but rather as an introduction into Weber's later works, especially his studies of interaction between various religious ideas and economic behaviour. In The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism, Weber puts forward the thesis that Calvinist ethic and ideas influenced the development of capitalism. This theory is often viewed as a reversal of Marx's thesis that the economic "base" of society determines all other aspects of it. Religious devotion has usually been accompanied by rejection of mundane affairs, including economic pursuit. Why was that not the case with Protestantism? Weber addresses that paradox in his essay.

He defines "the spirit of capitalism" as the ideas and habits that favour the rational pursuit of economic gain. Weber points out that such a spirit is not limited to Western culture, when considered as the attitude of individuals, but that such individuals – heroic entrepreneurs, as he calls them – could not by themselves establish a new economic order (capitalism). Among the universal tendencies identified by Weber that those individuals had to fight were the desire to profit with minimum effort, the idea that work was a curse and a burden to be avoided, especially when it exceeded what was enough for modest life. "In order that a manner of life well adapted to the peculiarities of capitalism could come to dominate others," wrote Weber, "it had to originate somewhere, and not in isolated individuals alone, but as a way of life common to whole groups of man."

After defining the spirit of capitalism, Weber argues that there are many reasons to look for its origins in the religious ideas of the Reformation. Many observers like William Petty, Montesquieu, Henry Thomas Buckle, John Keats, and others have commented on the affinity between Protestantism and the development of the commercial spirit.

Weber showed that certain types of Protestantism – notably Calvinism – favoured rational pursuit of economic gain and worldly activities which had been given positive spiritual and moral meaning. It was not the goal of those religious ideas, but rather a byproduct – the inherent logic of those doctrines and the advice based upon them both directly and indirectly encouraged planning and self-denial in the pursuit of economic gain. A common illustration is in the cobbler, hunched over his work, who devotes his entire effort to the praise of God. In addition, the Reformation view "calling" dignified even the mundanest professions as being those that added to the common good and were blessed by God, as much as any "sacred" calling could. This Reformation view, that all the spheres of life were sacred when dedicated to God and His purposes of nurturing and furthering life, profoundly affected the view of work.

Weber stated that he abandoned research into Protestantism because his colleague Ernst Troeltsch, a professional theologian, had initiated work on the book The Social Teachings of the Christian Churches and Sects. Another reason for Weber's decision was that that essay has provided the perspective for a broad comparison of religion and society, which he continued in his later works. The phrase "work ethic" used in modern commentary is a derivative of the "Protestant ethic" discussed by Weber. It was adopted when the idea of the Protestant ethic was generalised to apply to Japanese, Jews and other non-Christians.


Origen de la burguesía
El término burguesía se comenzó a utilizar en la Edad Media para nombrar el conjunto de comerciantes que acumulaban riquezas provenientes de sus negocios. Se trataba de personas que no gozaban de privilegios nobiliarios pero tampoco se encontraban atados a la servidumbre, desarrollando un oficio o viviendo del intercambio mercantil y prestamismo. Todavía en el siglo XVIII se encontraban múltiples huellas de este significado.
Estos comerciantes se instalaban en las afueras de las fortalezas feudales (burgos), de ahí la denominación de BOURGOIS (burgués).
Con el desarrollo de las redes de intercambio y las técnicas productivas el poder económico de estos comerciantes fue creciendo, mientras el de la aristocracia feudal decaía frente a las monarquías centralizadas. En este contexto y en alianza con la aristocracia real la burguesía fue obteniendo un poder político cada vez mayor, que le permitió ir destruyendo los privilegios nobiliarios y establecer un modo productivo afín a sus necesidades; expansión de las redes de intercambio, liberación de la servidumbre para contar con mayor mano de obra, etc. Aunque se trata de un proceso paulatino de transformación social, en este mismo son notorias las revoluciones inglesas del siglo XVII y la francesa (1789-1799), así como otras revoluciones europeas.

Historia de la burguesía [editar]La burguesía es una clase social caracterizada porque quienes pertenecen a ella no practican un trabajo manual y mantienen un status económico acomodado. El marxismo define a la burguesía como la clase dominante de la sociedad capitalista, propietaria de los medios de producción. La burguesía apareció en el siglo XI al agruparse los artesanos en las ciudades, que eran dominios de los señores feudales (ver feudalismo), el grupo social integrado por comerciantes y artesanos libres. Al permanecer separados de la nobleza y de la población rural precisaron conseguir un estatuto jurídico propio que les facilitara los intercambios comerciales y el acceso a la configuración del nuevo régimen municipal en las villas y ciudades donde habitaban.
Así, el burgo medieval estableció bases jurídicas para un desarrollo amplio del comercio y de la actividad gremial, y bases administrativas para conquistar el régimen municipal que a partir del siglo XII estuvo dominado por el denominado patriciado urbano, verdadera oligarquía monopolizadora del gobierno de los burgos. El patriciado y la burguesía excluida del poder municipal se enfrentan por la conquista del poder, protagonizando la burguesía sublevaciones junto a los estratos inferiores de la sociedad como la de los Ciompi en Florencia y la de los barrios populares de París y Londres. El resultado de estos conflictos sociales fue la ampliación de los concejos municipales.
Desde la llegada del Renacimiento, el comercio colonial, de una parte, y la Reforma, de otra, favorecieron el desarrollo de la burguesía comerciante y la llegada del capitalismo. Hasta finales del XVIII la burguesía se encontró frenada por la rigidez de la sociedad estamental, la política nacional absolutista y las limitaciones de acceso al poder.
Con la Revolución Francesa (1789) la sociedad estamental es reemplazada por la sociedad de clases, en la que jurídicamente todos los ciudadanos son iguales. La burguesía, entonces, asume un papel dirigente cuando ocupa el poder político, implanta poco a poco la democracia parlamentaria (Revolución inglesa en 1688, con el aporte teórico del filósofo político John Locke) e inicia con éxito las revoluciones agraria, industrial y comercial. El paso a los puestos claves de la sociedad burguesa de clases no se basa en privilegios de carácter nobiliario, sino en la propiedad de los medios productivos, y el acceso a cualificación de la fuerza de trabajo.

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