El papel de la educación en el pensamiento económico1






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EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN EN EL PENSAMIENTO ECONÓMICO1.


María Eugenia Martínez De Ita.2
ABSTRAC
En este artículo se analiza uno de los temas centrales del área de economía de la educación que es el de la formación de recursos humanos con el propósito de responder la siguiente pregunta ¿porqué es importante la educación para los economistas?. Para lograr este objetivo, se hace una revisión de la obra de autores representativos de los mercantilistas, fisiócratas, clásicos, neoclásicos, keynesianismo, teóricos del capital humano, del mercado dual del trabajo, de la segmentación del mercado de trabajo y de la CEPAL.

INTRODUCCIÓN



En el contexto actual -en el que sobresalen la globalización de los mercados, la reestructuración de los proceso productivos, la tercera revolución científico tecnológica y la consolidación de lo que muchos autores han denominado como el sector cuarto3- el conocimiento tiene particular relevancia4 y debido a que gran parte de éste se crea y se transmite en el sistema educativo, uno de los temas que está en el centro de la discusión es el que se refiere a el papel de la educación en la economía.
En la literatura reciente, autores como Porter, Drucker, Kodama, Piore y muchos más han planteado que para que los países puedan competir en el mercado internacional se requiere que, entre otras cosas, tengan la infraestructura y las condiciones necesarias para preparar cuadros humanos calificados así como para generar adoptar y adaptar la ciencia y la tecnología a fin de apoyar la reestructuración de sus aparatos productivos5.
La importancia de la educación no es un tema nuevo en economía, por el contrario el reconocimiento de que ésta repercute en el crecimiento económico y en el bienestar de la población ha sido tratado por economistas en diferentes momentos e incluso ha dado pie a la conformación del área de economía de la educación6.
Cabe señalar que si bien es cierto algunos economistas reducen a la educación con escolaridad, otros reconocen que la educación es un concepto más amplio que se relaciona con la escuela, el trabajo, la familia, el entorno social y otros espacios; Desde nuestro punto de vista, la existencia de diferentes definiciones más que ser producto de reflexiones apresuradas, tienen que ver con el desarrollo de aspectos teóricos y metodológicos7 y con la preocupaciones económicas y sociales que ha habido en diferentes momentos y sociedades. Así pues, el concepto de educación en el campo de la economía de la educación es un concepto histórico.
Antes del siglo XVIII, el término con el que se hacia referencia a las destrezas, habilidades y adiestramiento técnico era el de <> o <>. En diferentes obras, los mercantilistas mencionan que uno de los propósitos más importantes de la política estatal consistía en aumentar el <> de la nación a fin de que ésta pudiera exportar mercancías y con esto obtener una balanza comercial favorable que se traduciría en metales preciosos, expresión de la riqueza de un país.
En particular, autores como John Hales, Thomas Mun, Edwards Misselden, Nehemias Grew, William Petty, Malachy Postlethwayt, Pedro Rodríguez Campomanes y Gaspar Melchor de Jovellanos señalaron la necesidad de la aplicación directa de los conocimientos a la solución de los problemas económicos y la importancia de la educación en el crecimiento económico8.

  1. A. LOS CLÁSICOS



La incorporación de la educación, en la economía como un tema trascendente se debe a los clásicos, quienes en los siglos XVIII y XIX, señalaron la importancia de ésta en la economía. Otros temas incorporados en el análisis económico fueron la calificación, las habilidades y destrezas de los trabajadores,
Así, para A. Smith (1723-1790), uno de los factores que influye de manera importante en el crecimiento económico es la calificación de la fuerza de trabajo. En particular, sobre la educación, A. Smith señaló que:
“La diferencia de talentos naturales en hombres diversos no es tan grande como vulgarmente se cree, y la gran variedad de talentos que parece distinguir a los hombres de diferentes profesiones, cuando llegan a la madurez es, las más de las veces, efecto y no causa de la división del trabajo. Las diferencias más dispares de caracteres, entre un filósofo y un mozo de cuerda, pongamos por ejemplo, no proceden tanto, al parecer, de la naturaleza como del hábito, la costumbre o la educación” (A. Smith; 1958: 18).
Por otra parte, A. Smith al definir el concepto de capital, diferenció al capital físico del capital humano y otorgó al trabajo humano un papel relevante en la creación de la riqueza:
“Cuando se construye una máquina muy costosa, se espera que la operación [...] hasta su total amortización, responderá al capital invertido y procurará, por lo menos el beneficio corriente. Un hombre educado a costa de mucho trabajo y tiempo, en uno de aquellos oficios que requieren una pericia y destreza extraordinarias, se puede comparar con una de esas máquinas costosas. La tarea que él aprende a ejecutar hay que esperar que le devuelva, por encima de los salarios usuales del trabajo ordinario, los gastos completos de su educación y, por lo menos, los beneficios correspondientes a un capital de esa cuantía [...] la diferencia entre salarios del trabajador corriente y los del calificado reposan en este principio” (A. Smith; 1958: 99)
Un número importante de economistas, coinciden en señalar que en la obra de Adam Smith se encuentran los primeros antecedentes de la teoría del capital humano al poner énfasis en 1) el trabajo como fuente de la riqueza; 2) la existencia de diferentes calificaciones de los trabajadores; 3) la consideración de la educación y otras formas de aumentar la calificación de la fuerza de trabajo como inversión de los trabajadores; y 4) como estas inversiones se reflejan en los salarios.
A diferencia de Adam Smith, Thomas R. Malthus puso más énfasis en las repercusiones de la educación en los problemas sociales que en el ámbito económico. En 1806, Malthus escribía:
“Hemos prodigado enormes sumas de dinero en socorrer a los pobres, los cuales tenemos razones para creer que han tendido siempre a agravar su miseria. Pero, en cambio, no nos hemos ocupado de educarlos y de inculcarles aquellas importantes verdades políticas que les tocan más de cerca, que forman quizá el único medio de que disponemos para elevar su situación y para hacer de ellos hombres más felices y súbditos más pacíficos” (Malthus; 1806: 463).
Jean Baptiste Say (1767-1832), hizo referencia a la educación cuando analizó el papel de los empresarios, a quienes definió como hombres educados. Para Say, los empresarios juegan un papel central en el proceso de producción ya que son ellos los que la dirigen. Además, señaló que las destrezas y habilidades deben ser consideradas como capital ya que se adquieren a un costo y éstas tienden a aumentar la productividad del trabajador.
Por su parte, David Ricardo (1772-1823), si bien es cierto estableció una escuela lancasteriana, hizo poca referencia a la educación. Para él, el precio natural de las mercancías (excepto las materias primas y la fuerza de trabajo) tiende a disminuir debido a las mejoras en la maquinaria, división del trabajo, distribución de la mano de obra y la creciente habilidad científica e industrial de los productores.
Carlos Marx, por su parte, es uno de los teóricos que analizó con mayor profundidad al sistema capitalista. En su obra diferenció al trabajo de la fuerza de trabajo y se refirió al papel de los trabajadores en el proceso de trabajo y en los mercados de trabajo. Otro aspecto que sobresale en sus análisis es la importancia que da a las características de los trabajadores.
Las reflexiones sobre la importancia de la educación en la economía no sólo fueron abordadas en Inglaterra, en Alemania Adam Müller (1779-1829) y Johann H. Von Thünen (1780-1850) señalaron la importancia de la educación, la cultura y las características de la población en las economías de los países. Así, para Müller, los factores que inciden en la producción son la naturaleza, el hombre y el pasado entendido como el capital físico y el capital espiritual. Por su parte Von Thünen señaló que un trabajador mejor educado y entrenado por un periodo más largo de tiempo producirá una cantidad superior de trabajo que el no entrenado además de que la mejor instrucción aumenta el costo de la educación. En Estados Unidos, Friedrich List (1789-1846), alemán nacionalizado norteamericano, coincidía con Müller.
Otro economista que mostró gran interés por las repercusiones de la educación en la economía fue Nassau W. Senior (1790-1864). Este autor, al analizar la definición de capital, incluyó el concepto de <> para indicar las habilidades y destrezas desarrolladas en el individuo mediante la educación.
Senior propuso que se incluyera en el análisis económico el concepto de <> y consideró que era en las escuelas donde se debía enseñar al pueblo a abstenerse de consumir en el presente con el objeto de poder consumir más en el futuro. Para lograr este objetivo, el gobierno debía intervenir en la educación, la cual debería ser obligatoria. Además, de lo anterior, la educación permitiría controlar el crecimiento de la población.
Un planteamiento similar al de Senior lo hizo John Stuart Mill (1806-1873) al considerar que la educación era el mejor medio para inculcar hábitos de prudencia y superación:
“Con el fin de alterar los hábitos del pueblo trabajador... una educación nacional efectiva de los hijos de las clases trabajadores es lo primero que se necesita... Se puede afirmar sin escrúpulos que el fin de toda instrucción intelectual para la masa del pueblo debe consistir en cultivar el sentido común, prepararla para formar un juicio práctico verdadero de las circunstancias que la rodean. Cualquier cosa que en el campo intelectual se añada a esto es principalmente ornamental... Una educación dirigida a difundir el buen sentido del pueblo, dándole unos conocimientos que le capaciten para juzgar las tendencias de sus acciones, elevaría sin duda, incluso sin intervención directa, una opinión pública para la cual la intemperancia y la imprevisión de todas clases serían consideradas como vicios ignominiosos” (Mill; 1909: ).
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