Mis problemas con la Lomografía






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títuloMis problemas con la Lomografía
fecha de publicación23.06.2015
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Mis problemas con la Lomografía.


Me llamo Oscar y tengo una Lomo. ¿Tú no? Púdrete. ¿Qué clase de subespecie urbana eres? No me importa que no sepas que coño es una Lomo, yo tampoco lo sabía hace unos meses. Una Lomo es una cámara de fotos de juguete que hace fotos con los colores super raros. La gente que molamos de verdad tenemos una. La gente que mola todavía más que la gente que molamos de verdad incluso hace fotos con ella. Es más, la gente que mola más que la gente que mola más que la gente que molamos de verdad (esto en Dragon Ball vendría a ser el Goku con el pelo rubio ultra-largo) hace fotos chulas. Oh, no, ya sé quién puedes ser tú. Eres uno de esos que tienen una réflex tope de grande y supernegra, ¿verdad? Tienes alma de poeta. O bien eres una idiota con amigas como tú, que están buenas y visten según los dictados de Russian Red o Annie B. Sweet aunque con recursos del H & M, Bershka o Pull and Bear. Sea quien seas tienes una réflex y sabes utilizar el photoshop, por lo que puedes conseguir el mismo efecto que yo con una Lomo pero más barato y con más gracia. Desde aquí todo mi odio, porque yo no sé usar el photoshop, ni tengo un Mac, ni sé que coño puede hacer con mi vida el Final Cut.



Esta mañana hemos quedado mi amiga Blanca y yo. Blanca también tiene una Lomo con muchas más cosas que la mía (flash, objetivos, trozos de plástico que no sabemos donde colocar) porque Blanca mola mucho. Hemos quedado con nuestras Lomos para hacer fotos por el Gòtic de Barcelona. Como veis, hemos tenido una idea tope de original, porque Blanca y yo somos lo más de esta puta ciudad de mierda que vive anclada en las Olimpiadas. Hemos quedado en la puerta de nuestra ex-facultad temprano, porque sabemos qué luz es la mejor para nuestras intenciones como fotógrafos lomeros. Hemos aparecido los dos más o menos a la misma hora y hemos sacado nuestras cámaras y hasta aquí la parte bonita de la historia. Comienza el caos.

Ni Blanca ni yo tenemos puta idea de qué coño hacer con una Lomo. Somo de la generación que vivió el paso de las cámaras de carrete automáticas (y algunas desechables) a las cámaras digitales con la pantalla enana y super caras. Todavía no existían las fotografías en el espejo del baño, hacerse fotos o vídeos follando con las parejas no estaba al alcance de todos y, por supuesto, revelar carretes y carretes de 12, 24 y 36 en color costaba una pasta y siempre salían fotos mal. Blanca y yo vivimos felices con nuestras sencillas cámaras digitales donde solo un botón nos separaba de la imagen que acabamos de recoger con nuestro talento, y esta mañana nos hemos dado cuenta de que realmente es un suplicio esto de tener una lomo. Las lomos no tienen pilas porque son de plástico, son del mismo plástico con el que fabrican los peores objetos, como las fundas de radiocassette, los soportes de la máquina de afeitar o el tapón del Kas Naranja. ¿Pero como llegué a comprarme una lomo, yo, que no he nacido para la fotografía?

Todo empezó hace unos meses en la bonita localidad de Rojals, un pueblo fantasma cerca de Montblanc, en mitad de la montaña y en cuyo lugar se encuentra un restaurante cuyos camareros y camareras son unos bordes de mierda y te clavan 20 euros por un filete de carne chamuscado. En junio viajé allí con mis amigos del máster (Violeta + Cisco, Stef, María, Ana, Irene, Rosa, Borja y yo) y dos o tres de ellas empezaron a sacar máquinas de fotos que parecían de broma o sacadas de una comedia romántica de los años 80. María una polaroid super extraña, Irene una polaroid azul más molona, Violet una Diana supermolona (es la que me he comprado yo) y Rosa una japonesa chiquitica que hacía vídeos también (un saludo Jules, món amí). Yo iba con mi camara de fotos de competición, una Sony HD-9 que hace bien las fotos y que tiene muchos botones para configurarla, aunque yo la dejo siempre en automático. Obivamente, no tuve huevos a sacar mi cámara porque no tenía nada de glamour comparado con todo eso. Cuando regresamos a casa se me pasó lo de las cámaras de juguete hasta que me fui de vacaciones a Ámsterdam. Allí en el aeropuerto, en el Natura, las vi que las vendían y como tenía una hora y media antes de coger al avión, me pasé todo ese rato convenciendo a mi señora de que me diera argumentos para comprarme la cámara antes de embarcar. La pobre acabó harta de mí y me dijo que hiciera lo que me saliera de los huevos pero que no sabía para que coño quería yo una cámara de esas si yo no tengo ni puta idea. Lo dijo bien, en plan bonito y con buenas palabras. Pero al final no me la compré porque no vendían carretes por ningún lado y porque valían una pasta (aunque luego descubrí que no tanto). Mi obsesión renació una vez ya en Ámsterdam cuando entramos en una tienda de objetos conflictivos para mí y las volví a ver superordenaditas en una estantería, ahí, supermonas. Las vi en esta 
tienda. Sí algún día vais allí, dejaos de Coffe Shops y visitadla, a mí me gustó. Otra vez estuve dando por culo con el tema a mi señora, y me volvió a decir que yo mismo, que hiciera lo que quisiera con mi dinero, pero que mejor que me comprara algo de ropa de recuerdo y no una cosa que puedo encontrar en Barcelona. Le hice una foto a la estantería, la colgué en Facebook y dejé que mis amigos opinaran por mí. Al final no me la compré. Una vez aquí se me pasó la tontería de la lomo hasta Navidad, ya que no sabía qué hacer con el dinero que me habían regalado, recuperé mi obsesión consumista inútil y fui a la tienda Chándal con mi wingman personal Rosa Samper. La tienda Chándal de Barcelona es el lugar en el que sé que iré a parar cuando me muera y el infierno ya esté a reventar. Es la tienda más modernilla de todo el Raval y eso es decir mucho y malo, pero la dependienta era maja. El dependiente no, era gilipollas, robaron un flash y estuvo acusándonos con la mirada todo el tiempo hasta que cogí una puta Diana con Flash y pagué religiosamente 80 euros + 10 de los tres carretes en color. Puto payaso. Pues bien, fuimos a tomar algo Rosa y yo. Elegí a Rosa porque sé que ella sabe más que yo de estas cosas y me podría ayudar. Abrió la caja delante de mis narices y empezó a sacarlo todo por encima de la mesa del bar en el que estábamos. Me dijo, ¿te pongo el carrete? Y yo No, no, no creo que sea muy difícil. Hostia puta que no. El día en que me decidí a usarla, tuve que recurrir a mi padre para ver si el sabía (habitante de la era analógica durante muchos más años que yo) como leches se colocaba un carrete. Al final lo puso, no sabemos si está bien puesto, pero la cosa corre.

Resulta que con el carrete ya puesto y sin saber como coño se hacen las fotos ahí yo me dispuse a hacer la primera instantánea a mi loro que me odia con todo su corazón, pero esto es otro tema. Yo tenía entendido que después de cada foto hay que correr el carrete pero... ¿hasta cuando? Yo qué sé. Yo corrí un poco y ya está, tan feliz sin saber como ni cuanto. Otra tarde me la bajé a la calle y le hice una foto a mis dos amigos Raúl (tiene una réflex y sabe usar el photoshop) y Alex (no tiene ni reflex ni photoshop, de hecho, no sé que coño tiene). Y cuando se la hice, pues corrí el carrete tan felizmente como antes. Mentalmente, yo ya había hecho dos fotos. Es más, cuando llegue a casa, con la tapa puesta, intenté calibrar a ver cuanto era el top de la palanquita para hacer fotos cuando para mi desgracia, a la primera presión leve hice una foto con la tapa!! Me desconsolé amargamente porque pensaba que había tirado una foto a la basura, pero, volví a correr el carrete inutilmente hasta que pensé que ya estaba guay. He vivio engañado todo este tiempo por una puta cámara de juguete.



Esta mañana con Blanca hemos ido primero a la tienda de fotos Can Boadas de la Calle Tallers (id, porque el tío es majo, coño). Le he dicho que fuésemos allí porque así ella sacaba el carrete de fotos que tenía y de paso nos podíamos hacer los tontos y preguntarle nuestras dudas. Obviamente, las cámaras lomo vienen con un manual de instrucciones y un bonito libro llamado Diana F+ en el que te muestran las fotografías que otros gilipollas como tú han hecho son su cámaras, explican sus experiencias con el nirvana al ver que revelaban imágenes con cierto sentido y luego supongo que se corrían de gusto al ver que Lomography contaba con ellos para destruir 
mi mundo. Este libro, por cierto, se va a ir volando de casa en breve, pero esto ya explicaré porqué. Bueno, hemos tenido que recurrir a la Can Boadas porque el puto manual de instrucciones está diseñado para que alguien como yo no sepa qué leches hacer con una puta Diana F+ o lo que sea que me compre. Lo explican todo como si formaras parte del club de amigos de los colores saturados y esta no fuese tu primera experiencia analógica del siglo XXI. Solamente te dicen en el puto manual: Siéntete libre! Haz fotos! Mátalos a todos y que dios los seleccione! Pero no te explican bien cosas básicas como: "Cuando has hecho de verdad una foto y no el gilipollas", "Meter un carrete con todo lo que tienes que meter para que hagas fotos y no el gilipollas" y cosas que yo necesito actualmente conocer. ¿Como voy a integrarme en mi ciudad si me dan de lado hasta los manuales de instrucciones?



Tienda Artikka en Amsterdam. Momentos de duda consumista.



Pues bien después del sufrimiento, nuestra visita a esa tienda de fotos en la que siempre revelaré todo lo que haga gracias a su ayuda gratuita, he descansado al saber que no había malgastado ya tres fotos con la cámara de los huevos. Ahora la tengo en el 1. No sé si he de poner o no un cuadradito de plástico que venía con la cámara y que no sé que hacer con él. No lo he puesto, Blanca tampoco y las vamos a hacer así. Le he dicho que antes de empezar gastemos la primera foto con la tapa negra (Rosa Samper's Learning) y que luego sea lo que dios quiera. Me ha hecho una foto, cerca del MNAC. Somos muy originales le he dicho. Me ha preguntado he hecho una foto con la tapa, ¿está bien? No lo sé, Blanca, no sé si algún niño ha muerto al hacer esa foto con la tapa puesta, no sé que fuerzas diabólicas rigen los destinos de la lomografía. Haz la foto y vámonos. Yo no hice ninguna todavía. Ya no sé si estoy preparado para ello.

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