Resumen El norte antioqueño y el sur caucano se juntaron en tierras limítrofes de los Estados correspondientes, medidas paso a paso por el cansancio de las lentas pero grandes jornadas.






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II SIMPOSIO COLOMBIANO DE HISTORIA LOCAL Y REGIONAL



ACADEMIAS Y UNIVERSIDADES

HERENCIA CAUCANA-HERENCIA ANTIOQUEÑA




Introducción al estudio del Gran Caldas Siglo XIX y XX


Ma. Mercedes Molina Hurtado1

Resumen

El norte antioqueño y el sur caucano se juntaron en tierras limítrofes de los Estados correspondientes, medidas paso a paso por el cansancio de las lentas pero grandes jornadas. El estudio de la influencia de la herencia caucana y antioqueña en la cultura del hombre grancaldense, es indispensable pues proporciona elementos fundamentales en el proceso de formación del individuo en esta parte del occidente colombiano.



Retomamos estas herencias porque han jugado un papel preponderante en el desarrollo de la región, del ser humano, de la familia, de sus relaciones, de su trabajo, de sus costumbres, de sus tradiciones, de su ideología y de su devenir cotidiano.
El origen de las diferentes culturas
La Constitución de 1853 abrió el camino para la creación de los Estados Federales; a partir de entonces las 36 provincias que formaban la República, deciden asociarse entre sí, según criterios geográficos, económicos, políticos y sociales: Panamá (1855), Antioquia, 1856, Santander (1857), Boyacá, Bolívar, Cauca, Cundinamarca y Magdalena (1857).

Caldas ha sido estudiada por varios historiadores en algunos de sus aspectos económicos, políticos, sociales y geográficos, pero, quedan muchas inquietudes históricas por resolver.
Se ha intentado una labor de reconstrucción, pero se han presentado obstáculos como la falta de investigadores, de recursos y de instituciones que se animen a emprender esta tarea, y no es que no existan registros o información que nos permita deducir quien o quienes fueron los verdaderos ancestros y qué elementos se heredaron. Cada una de las ciudades que conforman los tres departamentos que constituían el Gran Caldas (Quindío, Risaralda y Caldas), sumadas a aquellas del Gran Cauca, que fueron jefaturas de cantones o Provincias y que surgieron antes de 1905 como Popayán, Cali, Buga y Cartago, poseen archivos municipales, notariales y privados como el de la familia Tascón en “La ciudad señora”.
La mayoría del territorio perteneció al Cauca, pero se fue poblando, en gran parte, por antioqueños, después de la repartición de tierras o terrenos baldíos propiciada por el presidente Pedro Alcántara Herrán en los años cuarenta del siglo XIX.
Los municipios pertenecientes al Estado Soberano del Cauca, fueron los más; de Antioquia, una sexta parte aproximadamente. Toda esta región ha tenido varios poblamientos en sus distintas etapas históricas, tal como se comprueba con los asentamientos que en ella se han dado. La prodigalidad de sus tierras, las corrientes de ríos y quebradas, el paisaje demarcado entre crestas y planicies y el marco ecológico de agradables climas, presenta para los grupos humanos, una actitud positiva hacia la vida y al trabajo, premisas éstas comprobadas con la demografía de su suelo.



No se puede dejar de lado, la influencia recibida de los conquistadores, de los indígenas, afro descendientes y otros grupos de inmigrantes, quienes con su mestizaje constituyeron una etnia propia en la región que nos ocupa.
Se ha heredado un temperamento franco y jovial, una gran solidaridad, una sensibilidad por obras de beneficio y adecuada solución a los problemas sociales, el civismo muy reconocido, además, se ha conservado el contacto respetuoso que desde tiempo atrás ha existido.
Municipios como Pereira fueron fundados por un grupo de aventureros caucanos y antioqueños, atraídos por la fertilidad de las tierras. El empuje de los pobladores y la calidad de los suelos influyeron en el desarrollo de la ciudad que creció a una velocidad vertiginosa, pero no sólo esta capital, Armenia también es una ciudad que emerge desde un principio con mucha fuerza y no gratis es llamada la “Ciudad Milagro”.
Entre 1904 y 1910 aproximadamente, el territorio de La Celia fue habitado periódicamente por pequeños grupos de nativos nómadas procedentes del Cauca, los cuales poblaron estas tierra, en esa época no existían grupos étnicos o de población con asentamiento permanente en esa localidad.
Agotado el proceso de conquista y primeros pobladores, estas tierras son abandonadas por más de un siglo y se da aquello denominado la “colonización antioqueña” constituida por grupos de hombres y familias que buscaban nuevos horizontes, ampliando, a través del desmonte de selvas, las posibilidades de riqueza. Pero, existen varias teorías sobre las posibles causas que conllevaron al éxodo de los colonizadores antioqueños hacia el sur del país; algunos indican que el crecimiento demográfico del pueblo antioqueño pobló excesivamente las tierras de Antioquia; otros señalan que el espíritu de ese pueblo, emprendedor y abierto a la aventura, le despertó la codicia propia de sus moradores para buscar nuevos horizontes, distintos a los de las regiones azotadas por las guerras civiles del siglo XIX; unos más porque se opacaba el brillo del oro a comienzos del mismo siglo.
Pereira surge en 1863, al unísono con la constitución de Rionegro. Curiosamente no aparece fundada por los antioqueños en su desplazamiento colonizador, sino por caucanos. Tres o cuatro años antes de la fundación oficial, ya estaba asentado en este territorio un grupo cercano al medio centenar de labriegos, casi todos procedentes de Antioquia, analfabetos estimulados tal vez por la urgencia de su propia supervivencia familiar.
A Pereira lo crearon como aldea y como municipio un pequeño grupo de jóvenes cartagüeños, quienes al comando del sacerdote, Remigio Antonio Cañarte y Figueroa (caucanos), dieron nombre y vida a la pequeña aldea entre frondosos guaduales y grandes árboles, en el mismo sitio que antaño fuera dominio de los Quimbayas y donde había estado la ciudad de Cartago fundada por el español Jorge Robledo.
Hacia 1850 se abre la migración de pobladores del oriente antioqueño y a ellos se suman troncos establecidos en el Sur de Antioquia –hoy norte de Caldas-, sobresaliendo entre ellos los hermanos Marulanda oriundos de Sonsón. Espoleados por su paisano y pariente político don Lorenzo Jaramillo –a la sazón uno de los hombres más ricos de Antioquia-, para que se de Pácora, el cual debían abandonar si querían seguir por la vía del progreso, decidieron partir don Valeriano, Juan María y Francisco en busca de nuevos horizontes, dejando a sus mujeres en el citado municipio.
Vinieron por estos lares en viaje de inspección, pero atormentados por la frase, de don Lorenzo Jaramillo “Arrímense a Manizales o al Cauca y cuenten con mi fortuna”. Según narraba don Valeriano después de varias jornadas y rendidos de cansancio llegaron al Alto del Nudo cerca de Pereira y divisaron la hermosa hoya del Quindío.
Desde ese momento quedaba plasmado el futuro de toda esta región, con la dinámica impuesta por los Marulandas se abrió el paso de millares de antioqueños quienes siguiendo su ejemplo, buscaron a Pereira como asentamiento definitivo y tierra de promisión.
Un poco más adelante, el Estado asignó diez mil hectáreas más para distribuirlas entre los recién llegados. Este hecho venía a reforzar la paz y la tranquilidad social sin la violencia y la zozobra que podría aparecer entre pobres y propietarios.
Gente de Fredonia, Anorí, El Poblado, Andes, Bolívar, Pácora, Aguadas y Salamina, reforzaron el continente humano que se desplazó en forma de familias enteras o de individuos; medio solventes unos y otros en la miseria, analfabetos y letrados, blancos y negros, se confundieron y fueron desarrollando poco a poco una sociedad de progreso comunitario sin escisiones étnicas ni económicas.

Desde aquel momento histórico de la irrupción de antioqueños a estas tierras, se inicia la transformación vital de la economía de la región, derivada de la vocación de trabajo de los recién llegados. Paralelo al desmonte y creación de haciendas con cultivos y ganadería, se abre campo a la reforma urbanística: el viejo rancho de paja, tradicional del caucano pobre, es reemplazado por la casona solariega de amplios corredores y ventanas con chambranas de macanas, cubierta con el alero y decorada con vistosas flores de jardín nativo. Obra maestra de nuestros colonizadores alarifes, quienes sin planos en la mano crearon una nueva arquitectura de la guadua y el bahareque.
Los caucanos conservaban las semillas del liberalismo radical, anticlericalismo, libre examen, educación laica, libertad de cultos, masonería, sumado a sus tradiciones, tipos de comida, música, su marcado mestizaje con el afro descendiente, mientras que los antioqueños su conservatismo, clericalismo, su “linaje” de hombre blanco, sus nuevos cultivos, tipo de construcción, etcétera.
La influencia del Cauca no sólo fue política y burocrática, como podemos apreciar en el documento manuscrito se sentían caucanos de corazón iniciando el siglo XX. En nuestras aldeas se habían afincado una serie de sus apellidos como: Lenis, Lemus, Cuesta, Trejo, Bueno, Álvarez, Becerra, Santacoloma, Ormaza, Castillo, Martínez, Díaz, Hernández y Niño, entre otros.
En 1852 el gobierno liberal del Cauca, para atajar el avance colonizador de la Antioquia conservadora, autorizó la fundación de la aldea de María (hoy Villamaría), límite entre los dos Estados; sin embargo, este mismo gobierno, miró con buenos ojos la colonización de otras partes de su territorio deshabitado. En 1885, liberó del pago de impuestos a los individuos que de “extraña provincia” se establecieron en Santa Rosa, el Estado del Cauca reconoció mejoras por intermedio de Juntas repartidoras a Marsella, fue también negociante de baldíos, cuando se dieron los cambios por bonos territoriales y cedió grandes extensiones en Belén de Umbría, La Celia y Santuario.
La Convención de Ríonegro en 1863, dispuso que de las tierras baldías entre los ríos Otún y Chinchiná se tomara lo suficiente para que a las familias de la aldea de María, Santa Rosa de Cabal, San Francisco y Palestina, que aún no habían recibido tierra se les otorgara una superficie proporcional al número de integrantes de la familia, cinco hectáreas por habitante.
Siempre ha sido más estudiada la herencia antioqueña que tiene el pueblo caldense y se ha desconocido la herencia que le ha dejado el Estado Soberano del Cauca. La mayoría de los pueblos grancaldenses pertenecían a este Estado; el departamento de Caldas creado en 1905 es también representativo del Cauca, ya que su nombre es en memoria del sabio Caldas quien era de Popayán, su capital. Luego de serias discusiones pues el primer nombre con que se conoció fue el de departamento de Manizales, asunto que ganaron los caucanos al sostener el nombre de Caldas, su personaje ilustre más representativo.
Entre los primeros pobladores caucanos podíamos encontrar al maestro de escuela primaria, al regidor, al oidor, al juez, al que cobraba las rentas, al policía, al cura, los inspectores, los que construían caminos o carreteras, los celadores de la cárcel (Condina, por ejemplo), entre otros, todos de origen caucano, nombrados por la Gobernación del Cauca y que fueron dejando los cargos a sus descendientes, menos los curas: presbítero Remigio Antonio Cañarte y Figueroa y el presbítero Francisco N. Pinilla.
James Parsons, anota que ésta fue una colonia próspera mitad antioqueña y mitad caucana, Jaime Jaramillo Uribe plantea que el elemento caucano sólo jugó un papel accidental y completamente secundario, pues del Cauca vino el grupo de personas procedentes de Cartago que se asociaron al acto oficial de la fundación. Para Oscar Almario la aparición del viejo Caldas como nuevo territorio nacional, es un caso excepcional, expresa la confluencia de procesos e historias regionales alternativas, una sociedad nueva, de frontera: la antioqueña y de una sociedad tradicional y colonial: la caucana. Manizales de un lado y Cartago del otro, son las poblaciones que simbolizan polarizadamente estas historias divergentes por sus características y convergentes espacialmente hablando.
En la segunda mitad del siglo XIX, Salvador Rojas edificó el primer rancho y tomó posesión del baldío denominado Sopinga. La ubicación del lugar escondido en la selva y sin caminos, halagó a cientos de negros: unos esclavos, otros que habían participado en las guerras civiles y huían de los reclutamientos y de la minería, habían sido perseguidos y acosados, entonces se refugiaron en este lugar, defendidos por una barrera de mosquitos y zancudos “que rechazaban al blanco pero que podían coexistir con el negro”.
Las aldeas de origen caucano crecieron lentamente y sus vecinos establecieron la compra de víveres exclusivamente en Cartago hasta 1870; de este año en adelante empezaron a recibir un mayor número de inmigrantes antioqueños, ampliando sus vínculos comerciales con Manizales, más tarde establecieron el mercado y centro de operaciones comerciales en la misma población.
Por otro lado, la colonización antioqueña avanzaba desde Anserma y Belén hasta Apía y Santuario; sin embargo, no había podido penetrar en lugares como en lo que es hoy La Virginia, pues incluso a finales del siglo XIX, detestaban al blanco, lo decapitaban y decían que ser blanco y godo malo era la misma cosa.
En cuanto a la población negra de Sopinga, unos abandonaron la región hacia Chocó y los más fueron enganchados como peones, resignados a aceptar el nuevo orden social de los colonos blancos venidos de Antioquia y del Cauca. Francisco Jaramillo Ochoa hizo construir la primera iglesia pajiza, y el cura de Belalcázar se encaró de introducir el culto en medio de la indiferencia de los feligreses Y, empezó a recibir gente de todas partes, se abrieron tiendas, carnicerías, cantinas, prostíbulos, pero no era todavía un pueblo.
Pasando a otro aspecto, del cual se ha predicado reiteradas veces y no sólo refiriéndose a la educación, sino a compromisos como el matrimonio, que unos eran clericales (los antioqueños) y los otros anticlericales (los caucanos); en el fondo también es un mito pues no se debe confundir la libertad de cultos con el rechazo a la religión católica, por ejemplo, en un informe del Gobernador de la Provincia del Cauca en 1898 se lee:
Las escuelas que dirigen los maestros graduados en las Normales se distinguen por sus buenos resultados, especialmente en lo relativo á la instrucción de los niños. Las que dirigen las comunidades docentes, por el orden que en ellas reina y por el cuidado que se presta á la educación moral y religiosa...
En vista de los informes rendidos por los Inspectores Provinciales, creo que donde son más necesarios los servicios de las comunidades religiosas docentes es en las Provincias de la costa, pues sólo ellas podrán realizar allí la transformación moral que es necesario se verifique pronto y de una manera fundamental.2
Lo anterior prueba que no eran amorales, y en cuanto al matrimonio también, antes del Concordato en 1887, era libre de escoger si la ceremonia se hacía por lo civil o por lo católico, amos contratos eran válidos.
Bonel Patiño, escritor caldense nos hace unas excelentes narraciones acerca de la herencia caucana y antioqueña, destacándose como un gran estudioso de este tema. Dice:
Gran parte del occidente de Caldas, el Departamento de Risaralda y el Quindío eran caucanos. Los colonos antioqueños llegaron a compartir el espacio territorial con los antiguos residentes del gran Cauca. Las tensiones que generó el encuentro entre estos dos grupos se hacen evidentes en la novela Tomás, del riosuceño Rómulo Cuesta. Aún más los antioqueños se vieron precisados a fundar pueblos acicateados por el rechazo de los caucanos. Tal por ejemplo el caso de Pereira. Allí se estableció un grupo de familias antioqueñas ante la hostilidad con que eran miradas en Cartago3.

Igualmente, hablando de la colonización antioqueña “con su poderoso espíritu comunitario, sin renegar de sus raíces.... genera un nuevo tipo de sociedad”. Y que no es bueno ni malo hablar de Antioquia como cuando se refiere a la madre, lo que importa es no hacer omisión u ocultar la “verdadera identidad del pueblo caldense”. Esta colonización termina edificando una nueva sociedad que conserva su herencia pero que a su vez va modelando una nueva fisonomía.

Para Bonel Patiño, el proceso colonizador en el Gran Caldas, no solamente participaron antioqueños, se gestó lo que algunos han llamado civilización de la guadua o civilización cafetera o la cultura de la colonización. La verdadera identidad de los departamentos prácticamente originados en 1905 con el Caldas de entonces, se ha hecho bien diversa de lo que se ha considerado la antioqueñidad.
En la siguiente imagen podemos apreciar los sentimientos encontrados que se vivían a finales del siglo XIX y principios del XX en aldeas o municipalidades como Santa Rosa de Cabal:


Con lo anterior, podemos entender porqué algunos pueblos heredaron la rivalidad añeja de caucanos y antioqueños. Entonces, la desintegración iniciada en 1962 puede verse como una de las consecuencias de la misma integración forzosa a que se vieron obligados los pueblos del Gran Cauca, Antioquia, Intendencia de San Juan y Departamento de Tolima.
Para finalizar estos breves apuntes sobre la herencia caucana y herencia antioqueña –también herencia española, indígena, africana, boyacense y extranjera- queremos que sea un estímulo para profundizar acerca de las raíces de un pueblo que, durante varias décadas del siglo XX, sostuvo la economía del país con base en el monocultivo del café, y que se ha constituido en uno de los símbolos positivos con el cual se conoce a Colombia en el mundo.
La bibliografía que presento es ampliada para contribuir a la lectura de diferentes obras relacionadas con el tema.
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