Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó






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títuloHace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó
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Orgullosos

4 JUlIO 2014, EL MUNDO

Pues sí. Y no es para menos. ¿Se imaginan? Sentirse diferente, en el colegio, en casa, entre los demás, con deseos distintos y otras voluntades. Con mil secretos sin ordenar, sin definir, sin nombre. Casi siempre en silencio. Por si acaso. Por miedo al rechazo. A los ceños fruncidos. A tener que dar explicaciones. Por miedo al castigo, a la burla. Al estigma. Y vas creciendo así, entre mentiras y sueños de otros, entre el terror y la vergüenza, entre la intuición y las sombras, entre la vida y la muerte. Poco a poco, tu realidad fragmentada encuentra un latido, un camino por el que avanzar. Ya no estás sol@. Hay más almas como la tuya, y hay encuentros, y reencuentros. Hay espejos donde mirarse, donde reconocerse. Tu orientación sexual marca tu diferencia. Y la diferencia hay que explicarla, justificarla bien, para que el juicio del otro tenga los argumentos. Tienes que liderar tu propia defensa. Para siempre. Durante cada día de tu vida. ¿Se imaginan, tener que esconder a la persona que amas, no poder compartirla, no poder cogerle la mano al pasear, no besarla? Como si no existiera. Como si tú no existieras. Pero las cosas cambian. Porque hay gente que dedica su tiempo a luchar por una convivencia serena que acepta la diversidad, que se cruza con ella sin girar la cabeza, que reparte amor, y no odio. España está a la cabeza del mundo en conquista de derechos sociales, con leyes ejemplarizantes que dan un toque de atención a los ciudadanos para que poco a poco, vayan modificando sus hábitos. Y su mirada. Y se han conseguido cosas impensables, que hoy normalizan la realidad cotidiana, la armonía de quien, en su diferencia, tiene las mismas obligaciones y debe tener los mismos derechos que cualquiera. Por eso, estas fiestas del ORGULLO GAY que llenan las calles de colores, celebran la victoria del amor, la comprensión, la paz y la justicia, sobre el resentimiento y el corazón envenenado. Vive y deja vivir a los demás su libertad, el batir de alas, a su manera. Escucha. A lo mejor te importa lo que te cuentan. Protege tu rincón en el mundo, y acepta que el otro pueda tener el suyo con otros muebles y pintado de otro color. Pues mejor. ¿No? Por todo lo que esa diferencia en la diversidad pueda aportar. Buenas personas. Eso es lo que queremos tener alrededor. Buena gente con la que pasar más serenamente por este mundo. Porque es verdad que son dos días y que sólo te llevas lo que dejas. Es cuestión de actitud. Y de regalar una sonrisa.

Le esperamos

21 JUNIO 2014, EL MUNDO

TENGO UNA vecina maravillosa. Y ayer, mirándome a los ojos, me decía: «A lo mejor ahora cambian las cosas. A lo mejor ahora, os empiezan a querer». Se refería a Letizia, a que quizá su presencia en los cielos haría llover algo de afecto por este oficio nuestro, que tiene que demostrar cada día de rodillas su dignidad y su decencia. A lo mejor ahora, ella, que sabe lo que es tener un sueldo, una hipoteca o un mal jefe, que entiende el abismo del folio en blanco y el terror al error delante de una cámara, nos deja percibir algo de compasión por quienes fueron sus semejantes. Ya sé que el sentido de una Monarquía parlamentaria hoy, aquí, es su neutralidad. Y que por eso el discurso de Felipe VI, aunque haya sido criticado por falta de contenido, fue acertadamente neutral. Desde un punto de vista institucional, recordaba a los poderes políticos su deterioro. Pero no a unos más que a otros. No. A todos. Igual que aplaudía el mutis de su padre, como el de una generación que ha construido lo que hay. Lo que tenemos. Y lo que tenemos habla de libertad, de convivencia, de pluralidad, de transparencia, de honestidad. Y es verdad que fueron ellos, nuestros padres, los que se dejaron todo en el camino. Los que dieron la vida entera por un país que debía caminar sereno hacia alguna parte, con el mar al fondo, y el sol. En democracia. «Nada prepara realmente para ser Rey, sólo el serlo», ha dicho Don Juan Carlos, consciente de que su hijo reinará bien. Cercano. Prudente. Hermético. Porque siempre es mejor decir una palabra de menos. Y dar un paso atrás.

Felipe VI. Yo lo recuerdo de niño, en la clausura de mi colegio, al que iban sus hermanas, el Santa María del Camino, con una pelota entre las manos. Siempre ha sido muy guapo. Y le rodeábamos entre risas (figúrense, un colegio de niñas) para intentar ruborizarlo. Su padre debía lograr la reconciliación de los españoles y recuperar para España su lugar en el mundo. Y a él le toca reconquistarnos. A nosotros. A todos. Convencernos de nuevo. Porque como los perros, si nos desprecian, si nos maltratan, si no hay afecto, pero se acercan a tocarnos, mordemos. Necesitamos creer. Pero no sólo en sus palabras. Necesitamos creer que le importamos algo a esta nación que nos vio nacer, y crecer, y formarnos, y confiar. Y que nos está dejando escapar. Querido Don Felipe. Usted dirá. Le esperamos.

Misántropo

CAYETANA GUILLÉN CUERVO 18

24/05/2014

La oportunidad. Y la inteligencia. Porque si hay algo que ocurre con los clásicos, con los grandes textos, es que escucharlos te hace sentirte menos solo. Porque hubo alguien en un rincón del mundo, en otro tiempo, en algún lugar desconocido, alguien diferente a ti en su aspecto y en su manera de vivir, que supo expresar lo que su alma padecía, con tal grandeza, con tal exactitud, que al escucharlo, tú puedes reconocer en sus palabras tu agonía, o tu melancolía, o tu imparcialidad, o tu impotencia, o la injusticia, o la incomprensión. Y sentado en un patio de butacas, un siglo, o dos, o tres, después, te identificas con los suspiros de ese autor que lo escribió tan bien, tan claro, que hoy, quien lo escucha, se siente acompañado.

En Misántropo, (espectáculo con versión libre sobre el original de Molière y dirección de Miguel del Arco), Alcestes, el protagonista, defiende LA VERDAD, a pesar del dolor que pueda provocar al escupirla, frente a la costumbre de asumir y manejar la hipocresía y la doble moral, y a ser posible con una sonrisa, para que todo siga igual. Una serena convivencia, a cambio de tragar. Aceptar al otro a pesar de ti mismo, y soportarlo, con tal de que tu orden no se convierta en un desorden. Con tal de que tus privilegios no se esfumen, y tus conquistas se mantengan en el mismo lugar. Con tal de que tu entorno piense de ti lo que tú quieres que piense. Lo que crees que debe pensar, para sobrevivir, y obviamente, para destacar. Jean-Baptiste Poquelin, Molière (1622-1673), quiso vivir a su manera. Y sufrió siempre por amor. Gritó su rabia en boca de sus personajes y cuestionó el sistema como el peor de los males. Hay que tener valor para decir lo que se piensa. Quizá la osadía, (o la temeridad), está en decir la verdad cuando nadie te la ha preguntado. Pero aun cuando el que está delante te suplica sinceridad, decir la verdad es un riesgo. Una aventura en la que existe la posibilidad de perderlo todo. Miguel del Arco consigue trasladar el sentido y la sensibilidad de aquél que se debatió entre sus entrañas, entre sus deseos y la realidad, y nos hace pensar, contradecirnos, amar a unos y a otros con parecida intensidad. Porque la vida es eso, los colores. Las dudas. La posibilidad de cambiar de opinión si alguien consigue convencerte. O, al menos, seducirte. Para que camines definitivamente contrariado. O no. La verdad, sí. Pero ¿cuál?.

Por todos

CAYETANA GUILLÉN CUERVO 18

26/04/2014

DETÉNGANSE. Miren alrededor. Seres humanos. Vidas cruzadas que tratan de caminar por un mundo lleno de obstáculos. Sobrevivir en una convivencia en la que cada uno procura defender su punto de vista. Su meta. Sus razones. La diferencia, la diversidad, es el planteamiento natural de nuestra especie, que intenta aceptarse y convencer al otro del porqué de su grito, o de su desgarro. Observen. Y pónganse en el lugar del otro. En cada ser humano hay una historia de amor, una sonrisa, un sueño, una familia, un llanto, una agonía. Una vida. Con todo lo que eso significa. Pasamos por aquí, durante un tiempo, amamos, peleamos, nos reproducimos, o no, y nos vamos, sin nada, sin nada de lo que hemos acumulado en un paréntesis donde sobrevolamos como podemos. Y durante ese rato, merece la pena intentar estar plenamente consciente, para que no te confundan, para poder elegir. El jueves pasado se entregaron los Premios Plumas y Látigos, que concede la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales, FELGTB, y que reconocen la labor de quienes luchan contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género. Los premiados: el ex presidente Zapatero, Pedro Zerolo, Beatriz Gimeno y Antonio Poveda, activistas y ex presidentes de la FELGTB; Ulrike Lunacek, eurodiputada y Ruth Toledano, periodista. Fue un acto emocionante. Por la calidad de los discursos. Por la sinceridad y la profundidad de las palabras de quien celebraba la visibilidad sin castigo, la unión legal, la posibilidad de caminar entre los demás. Después de tantos años de vejaciones, de falta de lugar, normalizar la vida cotidiana, lo más pequeño, supone una revolución fundamental. Un cambio histórico en lo más profundo del tejido social, que era impensable hace muy poco tiempo en un país como el nuestro. Y al hablar de igualdad, hablamos de derechos humanos. Porque cada uno debe vivir su vida en paz. En armonía. Y en el respeto a los demás. Por eso, a pesar de la crisis y la desesperanza, a pesar de la gran decepción que nos arrastra a centrarnos en lo más prosaico y que nos impide soñar, a pesar de todo, no hay que olvidar. No hay que olvidar quiénes somos y lo que hemos conseguido. Mi querido Pedro Zerolo, tú, tan acostumbrado a pelear, y en plena batalla contra la enfermedad, diste un precioso ejemplo de fuerza. Y dignidad. Porque nada ha conseguido robarte la sonrisa.

Por ellos

CAYETANA GUILLÉN CUERVO 17

12/04/2014
QUÉ DIFÍCIL. ¿Verdad? Envejecer. Que sea el espejo quien te recuerda tu mirada. Y las arrugas de la piel. Que sea el espejo quien te devuelve la sonrisa que quieres mantener, pase lo que pase. Porque tu cabeza es la misma. Y tu percepción de las cosas. Y tus ganas. Pero tu cuerpo no. Tu cuerpo se ha ido desgastando poco a poco. Y tienes que luchar contra lo más pequeño. Lo cotidiano se vuelve contra ti, como si fuera un enemigo.

Y aquello que manejabas solo, entre otros muchos frentes abiertos, hoy, es un problema. Hoy casi todo es un problema. Mi madre y yo colaboramos con Fhoemo (Fundación Hispana de Osteoporosis y Enfermedades Metabólicas Óseas) en una campaña que quiere recordar que una fractura te detiene la vida, la parte en dos, y que la vida, no tiene por qué pararse a los 70.

Quizá crecer significa tomar conciencia. Y pasado el tiempo de la inmortalidad, del sueño, llega otro en que la realidad puede ser tan pesada como la ausencia. Papá y mamá se han hecho mayores. ¿Pero cuándo? ¿Y cómo? ¿En qué momento miraste hacia otro lado y pasaron inviernos sin avisar, sin rozar siquiera tu atención, sin dejar la huella que ahora cambia tanto las cosas? ¿Por qué?

Miras atrás y puedes oler tu propia infancia, en la cocina, bizcochos de limón y ropa limpia, el miedo a dormir sola, o aquellas mañanas de verano. Todo eso ya no está. Hay otros rincones de este mundo que te pertenecen. Y donde buscas tu diferencia. Nuevos lazos que serán los recuerdos de tus hijos, los que ahora corren de un lado a otro sin escuchar el viento, la lluvia, las hojas secas. Sin pararse a mirar.

Observo a mi madre y comprendo su desconcierto. Su estupor ante la torpeza, ante una posible dependencia, ella, que lo ha hecho todo. Que ha podido con todo. Que ha cuidado de todos. La abrazo fuerte y puedo olerla, como siempre, impecable. Mi madre huele como siempre.

Y pienso que ahora me toca a mí. Hacerlo todo, poder con todo, cuidar de todos. Cuidar de ella. Ahora nos toca a nosotros. Pasó la inconsciencia y la inmortalidad, y llegó el tic tac de un reloj grande, pesado. Para escucharlo juntas. Recuerdo el reloj de mi padre, los últimos días. Porque esa es la verdadera sacudida. El verdadero cambio. La herida.

Un punto de inflexión al que volver de vez en cuando. Para saber dónde estamos. Y para gozar de cada pasito que damos.El inspector

CAYETANA GUILLÉN CUERVO 21

15/03/2014

EL PAPEL de mi vida. Un bigote, el pelo engominado y los argumentos para defender mi actitud ante quien me pida explicaciones. Porque los actores siempre buscamos justificar los actos de aquél que nos ocupa. Necesitamos entender si nuestro personaje es capaz de enamorarse o de matar, de soñar en alto, de volver al lugar de partida, o de ser infiel. Y este, sin duda, podría ser el papel de mi vida. Con sombrero, caminando despacio, entraría en la sucursal del barrio como si fuera la primera vez. Preguntaría por ella. O por él. Y procuraría arrastrar a quien tiene el poder sobre mi dinero a confesarme lo imposible. La Comisión Nacional del Mercado de Valores, el regulador financiero que ha sido incapaz de evitar las malas artes que han llevado a miles de ciudadanos hurgar en la basura para comer, me ha contratado para pillar a los malos con las manos en la masa. Sólo debo percibir el delito, antes de que fenezca algún infeliz. Letra pequeña, promesas incumplidas, cláusulas, cualquier dato que pueda demostrar el mal olor. Y digo yo, que quien ha tenido el cuajo de vender la basura al más frágil para conseguir sus objetivos, de prometer al insolvente que podría pagar, de llevar al cerrajero hasta la firma del desahucio, de robarte tus sueños y enterrarlos, podrá burlar esta estrategia. ¿O no? ¿Es que no hay una inspección normal, con informes de toda la vida, que localice lo que no está permitido por la ley? ¿Tiene que venir el inspector Gadget a tender una trampa? Y si el sistema sabe que los bancos juegan a buscar el truco que les permita bucear por debajo de lo legal, ¿por qué los protege? ¿Por qué los premia? Los mismos directivos que se embolsan sueldos millonarios, son los que presionan a su personal para que venda los productos que persigue la CNMV. Con inspectores en su mejor papel y un detector de mentiras en el bolsillo.

En su página web, la CNMV advierte de que "la inversión a través de entidades no autorizadas comporta elevados riesgos de pérdida del capital, ya que actúan al margen de los controles establecidos por los organismos supervisores". ¿Y qué hacemos con la inversión a través de las entidades autorizadas, que comportan elevados riesgos de pérdida de capital, a pesar de actuar bajo los controles establecidos por los organismos supervisores? Discúlpenme. Voy a reflexionar.Querida Dunia

CAYETANA GUILLÉN CUERVO 23

01/03/2014

CON UNA sonrisa. Así recuerdo a Dunia. Llena de amor, abrazando a quien se cruzara en su camino. Buscando el lado bueno de las cosas. De las personas. Acariciándolo todo. Teniendo en cuenta al invisible, al loco, al más pequeño. Buscando lo hermoso de las sombras y regando las ganas de vivir de quien se acercara a ella. Buena. Consciente de su buena suerte. Del valor de sus amigos. Siempre reuniéndonos a su alrededor, por si la soledad se empeñaba en susurrarle algo al oído. Félix y Dunia, un solo nombre. Toda una vida de la mano. Para trabajar, para amar, para pelear con quien no estuviera de acuerdo con su forma de ver las cosas. Dunia se ha ido. Y Félix se ha quedado aquí. Mirando alrededor. Roto. A medias. Hay parejas que se apoyan. Otras que se complementan. Algunas que se escuchan. Y había una, ésta, la de Félix Sabroso y Dunia Ayaso, a la que todos mirábamos con los ojos como platos. Asombrados. Porque nos permitían creer en el AMOR, con mayúsculas. En la complicidad, en los sueños. En la generosidad infinita. Las puertas de su casa abiertas, para celebrarlo todo, para cambiar las cosas, para gritar al vacío.

No puedo decir adiós. Porque su presencia es demasiado fuerte. Dunia murió ayer, tras luchar con una enfermedad de la que ni hablaba y que nunca le robó la sonrisa, rodeada de planes, de historias que contar, de regalos que hacer a los demás, de películas, que de un modo u otro, nos iban a cambiar la vida. Te llevas lo que dejas, y ella se va con nuestro corazón en un bolsillo, enamorado de su forma de ser y convivir, de sus ideas. Porque Félix y Dunia, ese único ser humano, siempre han ido por delante. Cineastas, amantes del arte y de cualquier forma de expresión cultural, defensores, con su propio ejemplo, de la libertad. De la libertad bien entendida. Géminis, orgullosa y convencida de que todo suma, paseaba su vida feliz por poder compartirla con quien más quería. Hay quien deja una ausencia terrible, desconsolada, un agujero negro imposible de iluminar. Dunia nos cuidaba. Con la actitud, con su mirada. Siempre pendiente del otro. De hacerle sentir bien. De que supiera que todo esto merece la pena. Se ha ido demasiado pronto. Porque 50 años no es nada. Y nos ha dejado con la palabra en la boca. Para al menos poder decirle, Dunia, cuánto te quiero.Emilia

CAYETANA GUILLÉN CUERVO 21
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