Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó






descargar 0.5 Mb.
títuloHace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó
página5/20
fecha de publicación28.05.2015
tamaño0.5 Mb.
tipoDocumentos
h.exam-10.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20

Un ser humano

CAYETANA GUILLÉN CUERVO OTRAS VOCES| Pág. 19

03/08/2013

SIEMPRE hay quien se cree con poder sobre el otro. Con el suficiente poder como para humillarle, ignorarle, amenazarle o encerrarle entre cuatro paredes hasta que se pudra. Incluso hay quien se cree con derecho a quitarle la vida a quien no entra en sus planes. O a quien entra mal. Equivocado.

Ariel Castro, condenado a cadena perpetua por encerrar a tres chicas durante una década contra su voluntad, dice, "no soy un monstruo". Michelle Knight, Amanda Berry y Gina De Jesús, fueron sepultadas en su casa de Cleveland, Ohio (EEUU). Durante 10 años soportaron abusos, violaciones, embarazos no deseados y abortos mediante golpes en el abdomen provocados por él.

Cadenas, insultos, y el azar de que una ruleta rusa decidiera mandarlas directamente al otro barrio echándole la culpa al destino. Castro tenía un diario, para recordar cada una de las atrocidades que cometía con ellas y para no olvidar quién es él. Porque el espejo engaña. La imagen le devuelve el rostro de un hombre gordito, con gafas, de gesto amable y un ceño poco fruncido. Una estafa. Porque si la cara es en algún momento el espejo del alma, él debería ser el vivo retrato del mismísimo Lucifer.

Describe detalles escalofriantes. Detalles que ellas recordarán, que arrastrarán como su verdadera condena. Porque la que el juez ha determinado para él, más de 1000 años de prisión, nunca compensará la frialdad, la crueldad, el detalle, su capacidad para observar el sufrimiento en los demás, la dureza para sentir a otro llorar amargamente y no cejar en tu empeño de anular no una, si no tres vidas.

Las fotos de la casa, de las habitaciones sin luz, sin aire, con desorden, con tanto desamor, te trasladan inmediatamente al horror. Las cadenas, los cables, las camas sin hacer, las bombillas, los plásticos. La miseria. En fin, un monstruo. Incomprensible para los demás. Un ser humano. El mismo que le asegura al juez que él también es una víctima, un enfermo que expía su enfermedad exorcizando el mal que le aplicaron. Que él también sufrió abusos, y también supo lo que es la humillación durante años. ¿Se sentirá mejor después de arrebatarlo todo? Cuando fue secuestrada, Michelle Knight tenía un hijo de dos años. ¿Cómo volver, después de todo? ¿Cómo integrarse en una convivencia normal? ¿Cómo confiar en los demás? ¿Y en ti misma? Y sobre todo, ¿cómo olvidar?

Durante 10 años soportaron abusos, violaciones, embarazos no deseados y abortos

Pandemias

CAYETANA GUILLÉN CUERVO OTRAS VOCES| Pág. 14

07/08/2013

SIN DUDA, cambiará el panorama. El planteamiento. La justificación interna de por qué decides dedicar tu vida a la política. Latían los años 80, y España salía de un cuarto oscuro en el que no se podía respirar. Tenían veintitantos años y muchas ganas de correr. De ayudar a cambiar las cosas. Y dedicarse a definir la democracia era un buen horizonte para construir, para cumplir tus sueños y para ayudar a los demás a proyectarlos. Por alguna razón, la capacidad para gestionar la vida del otro se fue llenando de posibilidades que quebrarían la moral de aquéllos que se creyeron fuertes. Incorruptibles. Seguramente porque lo habitual quita peso a la culpa y al propio mal, lo hace cercano y casi incuestionable. Los mismos que sujetaban el sistema lo corrompían desde sus entrañas y jamás pensaron que alguien de la misma manada confesaría la enfermedad infecciosa, incurable, nociva, que compartían. Y la pandemia lograría extenderse a buen ritmo, como una manera de vivir. Pero un solo chasquido bastaba para mandarlo todo al garete. Desde algún rincón del paraíso alguien quiso reír más fuerte, a carcajadas. Provocar un naufragio que sin duda señalaría a sus culpables. Por listos. Por confiados. Alguien que sabe bien que las crisis periódicas son necesarias para fortalecer la desigualdad de derechos, de libertades y de riquezas. E hizo saltar todo por los aires. Más de 30 años metiendo la mano en lo que debería estar destinado a mejorar el bienestar de un ciudadano que hoy pierde lo que tiene, y lo que le hubiera permitido envejecer con dignidad. Con menos miedo. La foto (ayer) de Antonia Ordinas (exgerente del Consorcio para el Desarrollo Económico de Baleares) entrando en prisión, y la confirmación de que son 10 cargos del PP y dos de Unió Mallorquina los que pasan el verano entre las rejas de las cárceles de Palma y de Ibiza por sus delitos de corrupción, me hizo pensar en ellos. El anticlímax, ¿no? Ni chiringuito, ni playa, ni Flower Power. Ya lo dijo Berlanga, "Todos a la cárcel". Como si fuera el estigma de una generación. Una generación que se equivocó. Que pensó que la política era eso. Gestionar el poder que te prestaron como si fuera tuyo. Como si el mundo fuera tuyo. Pero siempre hay alguien con más poder que tú. Y con otros planes. Y nuevos planteamientos.

Antigua luz

CAYETANA GUILLÉN CUERVO OTRAS VOCES| Pág. 14

14/08/2013

RECUERDO a mi padre, durante los últimos meses de su pesadilla, transmitiéndome su entusiasmo, con un hilo de voz, por un autor cuyas historias le ayudaban a esconder su angustia entre aquellos renglones tan bien escritos. John Banville, irlandés a quien Javier Marías no duda en nombrar Duque de su exclusivo Reino de Redonda, como su personal reconocimiento a aquellos que admira, tiene un talento arrollador. Para definir la textura del erotismo, los mínimos detalles de la emoción, de lo físico, de la reacción intelectual, pequeños universos en los que te encuentras retratado con una precisión abrumadora. Un maestro que, a veces, juega a ser otro: Benjamin Black, el pseudónimo con quien se especializa en novela negra, y desde el que da vida a Quirke, el detective rubio, de nariz partida, que se siente cómodo en su soledad. Su protagonista. "Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Pero bajo ese segundo sombrero, el de Benjamin Black, puedo irme a comer tras haber escrito 2.000 y sentirme cómodo". Antigua Luz, la última novela que firma Banville, es un buen libro, una historia de amor dentro de otra historia de amor en el recuerdo, que es capaz de colarse en tu propio verano y transportarte al pueblo donde la Señora Gray y Alexander Clave, entonces Alex, un chaval de 15 años profundamente enamorado de la madre de su mejor amigo, viven la pasión definitiva de su vida. Pasan muchas más cosas en la vida de este viejo actor que enreda constantemente su presente con aquél que recuerda y que seguramente fue; la ausencia de su hija, Cass la presencia inquietante de Dawn Devonport, la joven actriz, inútil suicida con la que empatiza, su pareja, compañera casi invisible, Lydia, "que antaño adoré y por la que yo mismo fui adorado". Pero esa pasión entre Alex y la Señora Gray te arrastra, te hace oler el mismísimo cuero del asiento trasero de su coche, el colchón de la casa de Cotter, el seco calor de agosto que los empuja a desnudarse, el terror a la idea de ser descubiertos, la angustia de la separación, la obsesión, la punzada del desamor. Banville intuye el mínimo detalle de cada realidad y lo convierte en alta literatura. Entiendo que mi padre se refugiara en él. Que se perdiera. Porque "contra la crisis, (la tuya y la de los demás) novela negra". Palabra de Benjamin Black.

Las voluntades

CAYETANA GUILLÉN CUERVO OTRAS VOCES| Pág. 21

06/07/2013

TALAVERA de la Reina. Toledo. Unos padres desesperados se presentan en las dependencias del Ayuntamiento para pedir ayuda. No pueden mantener a sus hijos. La crisis, esa que ha sustituido a la muerte en las plegarias, la más temida, la más odiada, la incomprendida, la que azota familias, ciudades, constituciones, civilizaciones enteras, se los ha llevado por delante. Tus hijos. De 10 y 21 meses. Están desamparados. Los servicios sociales, con cara y nombre propio, te miran a los ojos y te dicen que no eres capaz de protegerlos. De criarlos. Que no volverán a casa porque ahí donde tú malvives se encuentra el infierno y que ellos tienen la obligación de mantenerlos, al menos, en el purgatorio. Porque los niños, todavía no son culpables de nada. Tú sí. Como todos nosotros. Que gastaste por encima de tus posibilidades y confiaste en un sistema que te permitía comprártelo todo con dinero prestado y te convencía, mientras firmabas, de que lo podrías devolver. Que osadía. ¿Cómo no supiste ver más allá de tus narices? ¿Más allá de los hábitos, las licencias y las malas costumbres de tus hermanos? ¿Cómo no supiste intuir que los partidos políticos de nuestra Democracia se financiaban, (presuntamente, claro), de manera ilegal y que robar formaba parte de un pacto tácito del que no hacía falta hablar porque era la columna vertebral de una forma de entender la vida? Qué imbécil. Perdiste tu oportunidad. Te dedicaste a llevar una vida normal y a intentar sacar adelante a tus hijos con un oficio. Y ahora es tarde. Porque ahora es tiempo de limpieza. De demostrar que aquí caemos todos. De gritar que somos los más honestos del planeta tierra. Al precio que sea. Sin medios económicos, los padres están viviendo en casa de su abogado, "les están dejando desangelados", y los niños irán a una familia de acogida. Sin cuestionar la decisión, sí entro a valorar la extrema dureza de un momento que pasa por encima de lo más sagrado, de lo más amado, de lo esencial. Que pasa el tiempo y la cotidianeidad se desmorona. Que miro alrededor y la esperanza se debilita. Hace calor y la materia se descompone. Los días son largos, y sin trabajo, sin virtudes para reforzar una autoestima que te observa como un perrillo hambriento, cuesta mucho más creer en ti. Y la confianza en un mismo es, sin duda, el motor de todas las voluntades. ¿Otra vez?

CAYETANA GUILLÉN CUERVO OTRAS VOCES| Pág. 25

08/06/2013

¡AY CARMELA! Suspiraba Paulino ante la ausencia más absoluta. Porque un desamor es un desgarro, pero la muerte es el final. El vacío. El silencio total. Sanchís Sinisterra escribía una historia de amor en la que ella se va, por su osadía. A quién se le ocurre, Carmela, enfrentarte a quien no le importa disparar o pedir cuentas a quien desea que desaparezcas. Del mapa. De la historia. Pero la historia es la memoria, contada por unos y por otros. Y eso, sin duda, queda. Llevé a mi madre a ver la "Ay Carmela" musical que dirige Andrés Lima y se puso mala. De llorar. Los himnos, las imágenes de aquella realidad que para una generación entera son los pasillos de su infancia, la herida sin cerrar que persigue sus sombras y que da forma a sus pesadillas. Tantos muertos. Tantas vidas rotas. Por nada. Tantas guerras. Tantos poemas al dolor y a la rabia. Tanta oscuridad. Para nosotros son imágenes, historias que dejan sin voz a quien amamos, recortes de periódico y documentales de la 2. Pero para ellos no. Para ellos lo fue todo. Y hoy, mirando alrededor, la foto de los niños que cambian el comedor del colegio por un comedor social, pan con pan, me traslada a una España tan triste como la de aquellos titiriteros, como aquél blanco y negro, como los sueños de aquél soldado muerto que llevaba en la mano una carta de amor.

¿Otra vez a la cola? ¿Otra vez la cartilla de racionamiento? Yo quisiera pensar que mis impuestos se traducen en vasos de leche y en lonchas de queso y salchichón y no en una profunda tomadura de pelo, en una eterna explicación salpicada de titulares. Quisiera pensar que colaboro en construir un país, y no en hundirlo. O al menos, en sujetarlo. Porque como dijo Albert Camus en su discurso al recibir el premio Nobel de Literatura, nuestra generación (la suya, y hoy, la nuestra) que ya sabe que no podrá rehacer el mundo, asume una tarea aún mayor: impedir que se deshaga. "Heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones frustradas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; cuando poderes mediocres pueden destruirlo todo, pero ya no saben convencer; cuando la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión, esta generación ha tenido, en sí misma y alrededor de sí misma, que restaurar, a partir de sus negaciones, un poco de lo que hace digno el vivir y el morir".

Abusar

CAYETANA GUILLÉN CUERVO OTRAS VOCES| Pág. 23

25/05/2013

ESE GRAN desconocido. El vecino. Tu padre. Tu maestro. Tu hermano. El mismo que te daba las buenas noches, o algún consejo, que te explicaba cómo seguir o cuándo parar. El que te cogió al nacer, en sus brazos. El que te ayudaba a ponerte el uniforme del colegio o a atarte los zapatos. El mismo que un día cruzó la costura del calcetín, y siguió acariciándote la pierna hasta llegar a la boca del estómago. Tus ojos abiertos como platos. Y todo tu amor aturullado, confundido, teñido de negro, espantado. Pasan los años, convives con la certeza de saber que algo roto flota en algún rincón de tu memoria y que algún día tendrás que coserlo, con cuidado, perdonándote la osadía de haberlo callado durante tantos años. ¿Pero dónde se torció el paso que le empujó a pisar el barro, a cambiar tu destino, tu manera de percibir a los demás, el sexo, las miradas?

Abusar. Abusar de alguien. De su inocencia. De su confianza. Robarle la sonrisa y transformarla en mueca de dolor. Y de asco. Ejercer el poder de la violencia. La presión de ser un referente al que no te puedes negar, ni imponer, ni nada. Que te mete el miedo en los pulmones y te impide gritar. Ni pronunciar su nombre. Qué agonía. Contigo, para siempre. Su olor, su cara, sus manos, su voz. Acompañándote. Entre el espejo y tú. Entre el deseo y tú. Entre el amor y tú. Siempre él. Jesús Carballo, por ejemplo. Seleccionador Nacional femenino de gimnasia artística durante más de treinta años. Presunto abusador hasta que no se demuestre lo contrario. Quizá soñaba con pasar desapercibido. Con arrinconar su pecado en algún lugar de su conciencia, y con seguir andando como cualquiera por los caminos de su infierno. Y no. Una de sus víctimas decidió hablar. Un cristal le devolvió su imagen y se paró a mirar, aterrada. No se reconoció. El tiempo y los recuerdos se instalan y hay que escupir para volver a andar. La Policía encuentra totalmente veraces los hechos, que se cometieron cuando la niña era menor de edad. Sus compañeras dicen que es verdad, y que varias de ellas sufrieron abusos de quien a la vez, las elegía para cumplir un sueño. A un precio muy alto, la verdad. Pero habrá que esperar. Los hechos han prescrito y no se han encontrado indicios suficientes para continuar. Pero las cosas han cambiado. Porque ahora él tendrá que explicar a quien le quiere quién es en realidad Jesús Carballo. Se puede

CAYETANA GUILLÉN CUERVO OTRAS VOCES| Pág. 23

13/04/2013

¿Se puede leer un informe del Colegio de Registradores de la Propiedad que confirma que la banca se quedó el año pasado con 30.000 viviendas por impago de los créditos hipotecarios y luego levantar la vista para aplaudir cómo Raquel Mosquera salta desde un trampolín? Se puede. Como se puede parar uno a fumarse un cigarrito encima de un cadáver en plena guerra. O seducir a la novia de tu hijo una primera vez, morirte de vergüenza, sentirte culpable, y buscarla una segunda vez, y una tercera. Arriesgándote a que tu hijo lo descubra y se hunda para siempre en la miseria. Se puede. Porque somos así. Mezquinos. Contradictorios. ¿Se puede tolerar que esos desahuciados sigan siendo víctimas de una legislación que el Tribunal Europeo de Luxemburgo ha declarado injusta porque vulnera la ley que protege a los consumidores? Se puede. Y ahora veo que se tira Falete a otra piscina y en otra cadena. Qué más da. Todo vale. ¿Quién quiere ver a Bárcenas esquiando? ¿O escuchar que hay una media de 115 lanzamientos diarios ( y me refiero a embargos, no a saltos desde un trampolín) y que nuestro país es incapaz de encontrar la forma de frenarlo? Nos chascamos los dedos, nos indignamos, lo asociamos a la fatalidad y miramos de reojo al de al lado a ver si ya le toca, o si nos cuenta una historia cercana que al menos nos calme la ansiedad. La Junta de Andalucía anuncia un Decreto Ley que se ampara en la Constitución y que, aunque inevitablemente busca un efectismo político, se justifica porque al menos propone un debate necesario y maneja la posibilidad de la expropiación (siempre a bancos o a inmobiliarias) cuando residan en los inmuebles personas que padecen una clara emergencia social. Algo es algo. Pero la emergencia social se limita tanto, que las familias sin discapacidad, sin dependencia, o sin violencia de género, pero con unos ingresos reducidos a un tercio y unas necesidades básicas similares a las habituales, ven mutar su vida hacia una caricatura insoportable, y observan pasar los futuribles por delante de sus narices como si ellos no tuvieran nada que ver con esto. Porque en realidad, lo que cabe dentro de esa emergencia social es la letra pequeña. Lo que importa que trascienda es el titular, que parezca que se mueven las cosas hacia algún lado. Pero no es verdad. Todo sigue igual. Parado. Desahuciado. Sólo Falete consigue saltar. Gracias por todo

CAYETANA GUILLÉN CUERVO OTRAS VOCES| Pág. 25
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20

similar:

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó icon07-07-2014 son las 17: 15 horas de lo que pudiera ser un día cualquiera,...

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconEl mito es una de las concepciones más importantes de la humanidad...
«sobrenatural») en el Mundo. Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el Mundo y la que le hace tal como es hoy...

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconSolución : Tenemos contactos, poseemos una red de Tasters, repartidos...

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconItinerario día a día la ruta del vino – mendoza

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconCada ano, personas alrededor del mundo se renuen y celebran sus tradiciones...

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconCatedral de Santiago de Compostela
«Año Santo» o «Año Jubilar» en Compostela todos los años en que el día 25 de julio, día de Santiago, coincidieran en domingo; este...

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconCatedral de Santiago de Compostela
«Año Santo» o «Año Jubilar» en Compostela todos los años en que el día 25 de julio, día de Santiago, coincidieran en domingo; este...

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconDesde la antigüedad, las bibliotecas han formado parte de nuestro...

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconPrograma por día (Película por día, sección temática y sala de proyección)

Hace hoy dos años que murió mi padre. Era un día frío. De invierno. Un día cualquiera. El día en que se paró su corazón. Y el mundo, alrededor, se ralentizó iconCada día se afirma con mayor rotundidad que la cuna de la humanidad...






© 2015
contactos
h.exam-10.com