Marcela Meza Ponce- ucm, Nov. 2007






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Marcela Meza Ponce- UCM, Nov. 2007

Apreciación de las Artes

Arte del Vitral


EL ARTE DEL VITRAL
El vitral, se puede decir que nace propiamente como arte y unido a la arquitectura, en el período del Gótico, el cual se desarrolló a finales de la Edad Media. Una de las características principales de la arquitectura Gótica, es que en las paredes laterales se exhiben grandes ventanales acristalizados, donde las naves de la Iglesias pierden sombra y se llenan de luz, difuminadas por el filtro de las ventanas.

Los vitrales eran grandes ventanales que se construían con trozos de cristal unidas entre sí por bordes de plomo1.

Ante todo lo que se buscaba era la luz, por ello se realizaban ´ pinturas transparentes`. Los colores que predominan son los azules y rojos, y en menor tono los amarillos y los verdes.
Aspectos Históricos.
Inicios del vitral
La técnica de colorear cristales fue utilizada por primera vez en Egipto y Mesopotamia(300 a.C.). En un comienzo los cristales eran considerados un lujo de decoración más que un medio de expresión artístico. Se empezó a considerar una forma de arte cuando Constantino permitió a los cristianos practicar su religión abiertamente para el año 313 d. C y comenzaron a construir iglesias basadas en los modelos bizantinos. El ejemplo más antiguo de los primeros vitrales artísticos, es una Cabeza de Cristo del siglo X, excavada del Lorsch Abbey en Alemania 2. Otros datan del período carolingio. Éstos no se relacionan con la arquitectura, sino con las artes suntuarias y más concretamente con la orfebrería.


Cabeza de Cristo del siglo X

El vitral en el período Románico
El Románico se desarrollo entre los siglos XI, XII Y XIII, donde existía una gran demanda por la construcción de Iglesias y de igual forma la producción de vitrales para las ventanas. En este período el arte del vitral estaba influenciado por el Arte Bizantino. Las imágenes eran realizadas mayormente en cristales rojos y azules y rodeados de cristal blanco3.

Es un periodo que predomino en Inglaterra, Alemania y mas fuertemente en Francia. En Francia encontramos este estilo en la Catedral de Chartres en la fachada occidental de la catedral y en el panel llamado Notre Dame de la Belle Verrierre4.


Notre Dame


Catedral de Chartres

Existían pequeñas aberturas a través de las cuales pasaba la luz. Cuando se trataba de iglesias importantes o catedrales, estas aberturas eran protegidas con vitrales. Los tipos de vidrieras más habituales en esta etapa son los de medallones y los que representan a personajes. En ellos se reproducían escenas bíblicas, de la vida de los santos y acontecimientos populares y cotidianos. Estos medallones podían ser redondos, ovalados o cuadrados, rodeados por una estructura de hierro.5

El vitral en el periodo Gótico.
En este período el vitral queda enlazado a la arquitectura, pues el estilo gótico de construcción permite aumentar el número y el tamaño de las ventanas y esto trajo un extraordinario desarrollo del vitral. En la Chapelle de Paris se produjeron ventanales de dimensiones excepcionales. Durante el Siglo XIII, la influencia francesa se deja sentir en toda Europa, en España (Catedral de León),


Sainte Chapelle de París.
El rojo y el azul continúan siendo los colores predominantes. Formas geométricas le dan forma a la narrativa de eventos bíblicos plasmados en secuencia. En general son narrativas bíblicas6

Es aquí donde los vitrales cobraron un mayor protagonismo, sirviendo a la vez de protección, soporte iconográfico y tamiz de la luz que iluminaba el interior de los templos. Las escenas que decoran las paredes del templo forman parte del ciclo iconográfico de la vida de la Virgen y Jesús.

El siglo XIV hubo un gran avance, gracias a una serie de descubrimientos que hicieron evolucionar el arte de los vitralistas. Uno de ellos, el amarillo de plata, revolucionó la técnica; al poder pintarse el vidrio con diferentes tonos de amarillo se suprimieron, algunos plomos y la pieza de vidrio aumentó de tamaño, adquiriendo un cromatismo más rico. Otra innovación fue el uso de vidrio plaqué o vidrio doblado, que consiste en cubrir un vidrio de color con otro, con lo que se obtiene mayor luminosidad y cromatismo.

Francia es el país que alberga los vitrales más importantes de la época. Los conjuntos de la catedral de Chartres y de la Sainte-Chapelle, en París, destacan por su belleza y perfección técnica. Después de un incendio producido en 1194, Chartres inició la reconstrucción de su catedral. Varios talleres de vitralistas recibieron el encargo de ejecutar los más de 170 vitrales que cubren una superficie de unos 2.000 m2. Esta magna obra se pudo llevar a cabo gracias al dinero recibido por numerosos donantes, los cuales aparecen representados en medallones. Del impresionante conjunto, cabe destacar el rosetón norte, conocido como Rosetón de Francia, que ostenta una flor de lis dorada, y el vitral del Zodíaco, que narra las labores relativas a cada mes del año, a excepción del de enero, que está representado por un hombre de tres cabezas, simbolizando el pasado, el presente y el futuro. La Sainte-Chapelle, construida entre 1243 y 1248 con el fin de guardar las reliquias de la Pasión, fue diseñada como un relicario de vidrio. Los vitrales, de unos 15 metros de altura, ocupan la mayor parte de las paredes de la capilla superior; están enmarcados por ventanas de arco apuntado que presentan un fino trabajo de tracería y se integran plenamente a la arquitectura. El magistral uso de los colores azules y rojos, además de una amplia gama de matices de tonos púrpuras, amarillos y verdes oscuros, es fortalecido por una línea de dibujo ágil, que imprime movimiento a las figuras. Las escenas están contenidas en medallones y las figuras fueron concebidas escala del edificio. La luz, tamizada por los distintos vidrios de colores, transforma el espacio interior, confiriéndole una apariencia irreal, sobrenatural.

Los vitrales de la catedral de Notre-Dame en París, están profundamente influidos por los de la Sainte-Chapelle. Los rosetones norte y sur fueron ejecutados con gran maestría. El primero, de mediados del siglo XIII, representa en el centro a la Virgen en el trono con el Niño, rodeada de unos ochenta sacerdotes, jueces y reyes del Antiguo Testamento. El otro, terminado diez años después, está dedicado a Cristo, acompañado de los apóstoles, santos y ángeles.

De los conjuntos góticos conservados en Alemania, cabe prestar especial atención a los vitrales más antiguos de la catedral de Colonia, que datan de mediados del siglo XIII. De más de 13 metros de altura, están divididos en once paneles. Desde el punto de vista semántico, las escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento guardan relación. Por ejemplo, la escena de Jonás devuelto a la playa es una prefiguración de la Resurrección de Jesús, y la de la reina de Saba ofreciendo presentes a Salomón lo es de la Epifanía. Asimismo, la catedral de Marburgo alberga unos interesantes vitrales que representan escenas de la vida de santa Isabel.

Los más importantes vitrales alemanes del siglo XIV son los de la catedral de Esslingen, los de Heiligkreuztal, de influencia italiana, y los de San Juan, de la catedral de Colonia.

El conjunto de vitrales góticos más importante de Inglaterra se encuentra en la catedral de Canterbury. Su análisis hace patente la relación con los vitrales franceses. El vitral que ilustra el martirio de santa Catalina, en la iglesia de West Horseley, es un claro exponente del vitral autóctono. Sus figuras son muy expresivas y estilizadas.

En Italia, los vitrales de la basílica superior de San Francisco de Asís, del siglo XIII, denotan una fuerte influencia germánica, sobre todo por lo que se refiere al uso de los colores.

La falta de maestros especializados en este arte en Italia promovió la colaboración del artista pintor con los talleres artesanos ejecutores. Paradigmático es el caso de la catedral de Siena, que alberga un vitral, con las escenas de la Muerte y Coronación de la Virgen, cuyo cartón es atribuido a Duccio.

En el siglo XIV los pintores florentinos introdujeron la perspectiva en el vitral y, con ella, la volumetría y la proporción. Los vitrales de la basílica de San Francisco, en Asís, y los de la Santa Croce, en Florencia, son claras muestras de estos avances técnicos.

En España, las obras anteriores a las series de las grandes catedrales góticas son escasas, dudosas y fragmentarias, previamente existieron vidrieras realizadas con unos planteamientos técnicos y formales en sintonía con las tendencias europeas del momento. Lo más antiguo conservado en la catedral de León responde a otra corriente completamente distinta.

En la vidriera, el gótico internacional se prolongó hasta mediados del siglo XV. Este fenómeno, que también se dio en la pintura, la escultura o la miniatura, fue una de las causas a las que se debe la complejidad surgida con la introducción del sistema de representación flamenco durante la segunda mitad de dicha centuria. En la vidriera supuso una renovación técnica, formal y figurativa que siguió unos cauces paralelos a los de la pintura. Esta renovación procedía de la adaptación de las soluciones planteadas por los pintores flamencos. El resultado fue un nuevo lenguaje surgido desde las peculiaridades técnicas y formales del medio. Los viajes de artistas a los Países Bajos y de pintores flamencos por Europa, y la importación de obras y el conocimiento de formas y composiciones a través de los grabados, difundieron las nuevas formas flamencas hasta crear una cierta unidad en las artes figurativas europeas del siglo XV. Hasta el punto de que, antes de que se iniciase la expansión de las formas italianas, el sistema flamenco se convirtió en el lenguaje de la pintura europea del siglo XV.7
El Renacimiento (siglos XV y XVI)8
El siglo XV, primer período del Renacimiento, fue una etapa de transición. Mientras en algunas zonas todavía se realizaban obras siguiendo los parámetros del Gótico, ya sea de estilo flamenco o italianizante, o se adoptaban las formas del estilo internacional, en otras ya se ensayaban las nuevas fórmulas renacentistas, que llegaron a su punto álgido en el siguiente siglo.

En el siglo XV despuntó el vitral flamenco, íntimamente ligado a la pintura. En este sentido, cabe destacar la influencia de pintores como Van Eyck o Van der Weyden.

En este siglo el número de ventanales y escenas decreció y se dio mayor relieve a la grandiosidad y al estudio de la figura humana. La profusión de grisallas y el empleo de amarillo de plata con fondos damasquinados son algunas de sus principales características técnicas.

Aunque ya en el siglo XV se empezó a cuestionar la presencia de vitrales en las iglesias, puesto que los fieles se distraían en su contemplación, durante las primeras décadas del siglo XVI éstos siguieron floreciendo a expensas de la arquitectura gótica religiosa. Sin embargo, en Italia ya se alzaban edificios civiles y religiosos que correspondían a una nueva estética, la renacentista, cuyo principal rasgo era la recuperación del pasado clásico. Esta transformación del espacio arquitectónico afectaba al concepto de interior, que ahora se prefería diáfano, tanto en las iglesias como en las viviendas y edificios civiles. El ser humano había pasado a ser el centro del universo y los edificios se concebían a su escala. Como consecuencia de todo ello, a partir de mediados del siglo XVI, la labor de los talleres de vitrales disminuyó; sólo los talleres flamencos mantuvieron durante un tiempo su prestigio, aportando nuevas ideas y siendo requerida la presencia de sus maestros en toda Europa. La Reforma protestante y, más tarde, la Reforma católica acabaron de asestar el golpe final a la decoración con vitrales en las iglesias.

Por lo que se refiere a la técnica, ésta también sufrió una profunda transformación. Los vitrales se convirtieron en una especialidad de los pintores, que disimularon el emplomado y aumentaron las dimensiones de los vidrios; asimismo, la gama de colores se aclaró y se acentuó el uso de tonos obtenidos en la mufla, haciendo el vitral más luminoso. Los trazos vigorosos realizados con grisalla fueron reducidos a perfiles, y el modelado se conseguía con veladuras progresivas. También se incorporó la perspectiva, infundiendo una mayor profundidad a la composición.

En Flandes, los vitrales de la catedral de Tournai, en Bélgica, constituyen un buen ejemplo del arte creado en los talleres de los vitralistas flamencos del siglo XV, a pesar de que su estilo es todavía gótico. En ellos, las escenas de temática histórica sustituyen a las religiosas. Los vitrales de la iglesia de San Gomario, en Lier, reflejan el cambio de mentalidad, evolucionando hacia supuestos más propios del Renacimiento que del Gótico. El vitral de Carlos V de la catedral de Bruselas, realizado en 1537 por Bemard van Orley, es ya plenamente renacentista.

Durante el siglo XV Francia fue receptora de las ideas, las formas y los estilos que generaban en estas otras zonas de la geografía europea. Un buen ejemplo de ello lo constituye un vitral de la catedral de Berges, que denota una clarainfluencia flamenca y cuyo autor aplicó por primera vez la técnica del vidrio plaqué.

En Francia, durante el siglo XVI la influencia flamenca dio un nuevo impulso al vitral. Destacan nombres como los de Amoult de Nogue, que trabajó sobre todo en Ruán y adoptó elementos renacentistas en sus composiciones, y los hermanos Le Prince (Engrand, J. Nicolas y Pierre), que trabajaron también en Ruán, aunque su taller no estaba allí.

En Alemania hubo artistas muy notables como Hans Acker, a cuyo talento se deben los vitrales de la pequeña capilla Besse de la catedral de Ulm, que ilustran escenas bíblicas. Sin embargo, la mayor parte de vitrales alemanes del siglo XV salieron de manos de los artistas que trabajaron en el taller dirigido por Hemmel von Andlau, en la ciudad de Estrasburgo. Catedrales como la de Augsburgo, Munich, Tubinga, Salzbu, Friburgo, Frankfurt o Metz albergaron sus creaciones.

En Inglaterra el vitral adquirió un cierto grado de autonomía respecto a lo que se hacía en el continente. Cabe citar los vitrales de la colegiata de la iglesia de Saint Mary, de Warwick, los del All Souls College, en Oxford, y los de la catedral de Canterbury. Se formaron escuelas importantes, como la de Norwick, cuyas obras realzaron los muros de un gran número de iglesias, de entre las cuales destaca por su hermosura la de Saint Peter Mancroft.

Del siglo XVI destacan la serie de vitrales de la capilla del King's College, en Cambridge, por su vigor y realismo, y por su perfección a la hora de obtener las luces de la grisalla.

Es en Florencia, Italia, donde surgieron los creadores más innovadores del arte italiano del Quatrocento. La influencia de los pintores del Renacimiento condujo a los vitralistas a emplear en sus realizaciones técnicas más propias de la pintura que del vitral.

El escultor florentino Lorenzo Ghiberti diseñó los tres ojos de buey de la fachada oeste de la catedral de Florencia. El central, que representa la Asunción, destaca por la movilidad de los ángeles que sostienen el vestido bordado de la Virgen. Los dos ojos de buey que lo flanquean fueron realizados más tarde; están dedicados a los santos Esteban y Lorenzo. La base de la gran cúpula de Brunelleschi está iluminada por ocho ojos de buey, diseñados por Ghiberti, Ucello, Castagno y Donatello. En la misma ciudad, Perugino realizó el vitral de la Venida del Espíritu Santo, de la iglesia del Espíritu Santo, y Domenico Ghirlandaio participó en los vitrales de la iglesia de Santa Maria Novella. Todas estas obras son ejemplos de artistas procedentes de otras artes.

Además de Florencia, que en esta época disfrutaba de un gran esplendor artístico, cabe citar las ciudades de Bolonia y Milán; la primera porque en sus talleres se realizaron vitrales de notable calidad, y la segunda porque su catedral alberga el mayor conjunto de vitrales de Europa.

Los inicios del Renacimiento en la vidriera española discurrieron en íntima conexión con la labor de los talleres que a finales del siglo XV permanecían adscritos al sistema flamenco. Hasta el punto de que la introducción de las nuevas formas del Renacimiento -especialmente las arquitecturas de los enmarcamientos- se produjo en el tejido decorativo de las vidrieras de estos maestros de formación flamenca.. En este sentido, el proceso que experimentó la vidriera al iniciarse la recepción de las formas renacentistas fue el mismo que se observa en otras artes como la pintura, la escultura o la decoración arquitectónica.

Durante los últimos años del siglo XV y primeros del XVI la vidriera española, experimentó un intenso proceso de renovación. La constante demanda de vidrieras para nuevos y antiguos edificios jugó un papel determinante en este proceso, pero no fue la única causa que explica el desarrollo de esta renovación formal. Si los vidrieros se hubieran limitado a atender unas funciones exclusivamente arquitectónicas (cierre de los ventanales y transformación de la iluminación de los edificios), o puramente devocionales, como componente de un soporte iconográfico, no se habría producido un cambio del lenguaje de la vidriera. Estas funciones estrictamente arquitectónicas podían haberse cumplido sin alterar los elementos del lenguaje, concibiendo la vidriera como mero componente práctico y mecánico en el conjunto del edificio, para lo cual su ejecución podría haberse realizado desde una simple producción serial. La vidriera, aunque se mantuvo como un arte dependiente de la demanda de la arquitectura, no fue la consecuencia de una actividad puramente mecánica, como podía ser el trabajo de los canteros, sino una labor paralela a la de los pintores y escultores. Una actividad cuyo resultado era una obra de arte, pero cuya práctica siguió apegada a los usos de un oficio mecánico complejo y especializado. De no haber sido así, no se explica la presencia de vidrieros como Enrique Alemán ni la labor de talleres como los de Arnao de Flandes, Santillana y Valdivieso, cuya intensa actividad responde a una rigurosa selección de los comitentes basada en la calidad y el estilo y no en la simple demanda arquitectónica. A esto se debe el que la labor de los vidrieros se viera integrada, aunque siguiendo una trayectoria propia, en las contradicciones y tensiones artísticas de su tiempo.

La eliminación de los excesos decorativos fue un fenómeno análogo al que se produjo en torno a 1500 con la introducción de las formas renacentistas por los vidrieros que habían protagonizado la vidriera flamenca. El abandono del decorativismo no se debió a la sustitución por elementos aislados de un nuevo lenguaje. Fue, por el contrario, la consecuencia de una evolución inevitable hacia un arte con unos fundamentos clásicos más sólidos. Era lógico que esto se produjera así, ya que se trató de un fenómeno común a las diversas artes y ante el que los vidrieros no permanecieron indiferentes.

Aunque el origen de los grutescos utilizados en la vidriera procedía de la decoración arquitectónica y de su empleo en los retablos y sepulcros, su aplicación en esta especialidad generó poco a poco unas formulaciones vidrieras. Inicialmente, los grutescos se habían aplicado como proclamación de una indecisa profesión de fe en un clasicismo hipotético e imaginado. Pero la evolución seguida por los artistas, el contacto con las transformaciones de las demás artes y la difusión de las nuevas formas a través de libros, estampas y tratados determinaron la aparición de una tendencia superadora de la corriente anterior que habían representado estos mismos vidrieros.

Arnao de Flandes fue uno de los vidrieros que experimentaron una transformación más profunda. Con respecto a sus vidrieras anteriores, la serie dedicada a la vida de Cristo que realizó entre 1552 y 1556 para la catedral de Sevilla supone un paso decisivo en la incorporación a un clasicismo normativo más riguroso.
EL SIGLO XX: Renovación y vanguardia

E1 resurgimiento del arte del vitral iniciado en el siglo XIX y que el Modernismo consolidó, haciendo que el número de talleres aumentara, ha continuado su desarrollo en el siglo XX, llegando a formas muy personales, con lo que las obras salidas de los talleres llevan, cada vez más, el sello de su autor.

La experimentación de nuevos materiales en la construcción y las artes en general ha dado un nuevo empuje al vitral, revolucionando su sistema de elaboración y permitiéndole un sinfín de posibilidades técnicas y expresivas hasta el momento insospechables.

Durante el primer tercio del siglo XX se hizo habitual el uso de hierro, acero y cemento en arquitectura. Los vitralistas también adoptaron estos materiales porque con ellos ganaban libertad expresiva y técnica. El vitral se introdujo en las viviendas y edificios civiles, la arquitectura abrió nuevos espacios y las fábricas de vidrio perfeccionaron sus sistemas industriales. Así, en Francia y en Estados Unidos se empezaron a usar las dallas para hacer los vitrales de cemento o de resinas, formando un todo con la pared del edificio. Más adelante, la silicona también irrumpió en el mundo del vitral.

En Francia los grandes pintores del momento participaron en el resurgimiento del vitral con la aportación de sus diseños. Así, Fernand Léger diseñó los vitrales de cemento de la iglesia del Sagrado Corazón, de Audincourt. Marc Chagall trabajó en los vitrales del Hadassah-Hebrew University Medical Center, en Jerusalén; realizó el diseño de doce grandes vitrales dedicados a las tribus de Israel, sustituyendo las figuras humanas por animales.

En Alemania los artistas dedicados al diseño y elaboración de vitrales han mostrado tales dotes de creatividad a lo largo de todo el siglo XX que han ideado un estilo propiamente alemán. Anton Wendling es el autor de los grandes ventanales laterales del coro de la catedral de Aquisgrán, que representan dibujos geométricos con diversas intensidades de rojo y azul. A Georg Meistermann se debe el diseño de la pared de cinco pisos de altura de la estación de radio de Alemania Occidental, en Colonia, y el inmenso vitral curvado del ventanal de la iglesia de San Killian, en Schweinfurt. Ludwig Schaffrarth, que dibujaba con plomo, también utilizó el negro y el gris en contraste con el blanco, como en los vitrales de la estación de Omaya, Japón, realizados en 1981. Johanes Schreiter, grabador, pintor y vitralista, experimentó con la arquitectura, como en la capilla del convento de Johannesbund, en Leustesdorf/Rhein, cuyas paredes han sido sustituidas por vitrales, tomando la apariencia de una caja de vidrio.

En Inglaterra cabe destacar la obra llevada a cabo conjuntamente por John Piper y Patrick Reyntiens en las catedrales de Coventry y Liverpool. En la primera sorprende el uso simbólico de los colores, y en la segunda, la enorme torre de vidrios que presenta una progresión de los colores amarillo, rojo y azul.

En Estados Unidos, Louis Comfort Tiffany cuya vida se desarrolló a caballo entre los dos siglos, industrializó la técnica del vitral y promovió las artes decorativas. A él se debe el uso de la cinta de cobre en sustitución del plomo. Se hizo famoso, sobre todo, por sus lámparas, realizadas con gran maestría.

A pesar de la renovación protagonizada por este artista controvertido, el vitral tradicional no perdió terreno. Un buen ejemplo de ello lo constituye la catedral de San Pedro y San Pablo, en Washington, que recupera la escala monumental característica del período gótico. Es el francés Gabriel Loire quien protagonizó un nuevo impulso hacia delante con la elaboración de un vitral de cemento en la First Presbyterian Church de Stamford, en Connecticut, en 1958. A partir de esta obra, se realizaron centenares de edificios en todo el país con ventanas con baldosas, integradas en el hormigón.

El aluminio se empleó por primera vez en los vitrales de la KLM, en Nueva York, que fueron diseñados por Gyorsy Kepes y tienen 15 m de ancho, por 5 de alto.

En España, con el art nouveau, la vidriera se integró en las tendencias renovadoras del momento, pero sin renunciar a experimentar las posibilidades específicas de su lenguaje. Las técnicas y procedimientos tradicionales se mantuvieron y los historicismos permanecieron como un telón de fondo inseparable de la vidriera. Los vidrieros experimentaron con nuevos vidrios, utilizando su textura como medio de expresión, aplicando técnicas nuevas como el cloisonné, creando formas en sintonía con los repertorios de otras artes que son el resultado de una indagación específicamente vidriera imposible de traducir literalmente a otros lenguajes. Puede decirse que a partir de ese momento la vidriera aparece integrada en las corrientes más renovadoras del arte del momento.

A partir del art nouveau, la vidriera se convirtió en un arte integrado en la arquitectura y en sus debates y peripecias. En el caso de la vidriera art déco, participará en el desarrollo de algunas de las definiciones más coherentes y radicales de ciertas tendencias. A este respecto, la vidriera aparece como un lenguaje inseparable del valor conferido al ornamento en el art déco. Los vidrieros experimentaron con unas formas derivadas de la vanguardia que convirtieron en la expresión de una modernidad moderada y que plasmaron con unas técnicas y unos materiales completamente nuevos. En la vidriera, la modernidad déco se planteó en una doble vertiente: como difusión de las formas de la vanguardia a través de un amplio catálogo de géneros y realizaciones y como experimentación de nuevas técnicas y materiales que introdujeron una renovación radical en sintonía con los modos de la vanguardia.

Frente a los desarrollos orientados a configurar un arte nacional, ya fuera a través de estilos medievales, como el neomudéjar o el neoárabe, o mediante el neoplateresco como un lenguaje clásico y castizo, el art nouveau irrumpió como una tendencia renovadora de carácter internacional desentendida de este problema. Lo cual no quiere decir que en determinados casos, como en el modernismo catalán, este lenguaje no llegase a convertirse en la expresión de un sentimiento nacional. Puede decirse que el art nouveau asumía el valor universal que con anterioridad había representado el clasicismo, pero desvinculado de connotaciones historicistas, renunciando a los modelos del pasado y desarrollando una unidad de estilo entre las diferentes artes que se había perdido hacía un siglo.

El gran desarrollo que alcanza la vidriera en el modernismo estuvo condicionado por el nuevo papel que asumen las artes decorativas y las nuevas funciones de las industrias artísticas, que introducen un arte nuevo en la vida cotidiana. Una de las aportaciones fundamentales de la vidriera art nouveau fue su integración en los más dispares escenarios arquitectónicos, desde las residencias privadas a las bibliotecas, desde los hoteles a los casinos, desde las cajas de los ascensores a las puertas de las viviendas y a los muebles. Con independencia de la novedad de los temas decorativos y de la iconografía de la vidriera art nouveau, el nuevo valor concedido a los materiales, la peculiar forma de combinar los vidrios, los nuevos formatos de los calibres, la cuidada selección de las texturas del vidrio impreso, catedral o americano, introducen en la vidriera un lenguaje específico, intraducible a otras artes.

En las tendencias de signo racionalista -de las que en muchos casos el déco fue un sucedáneo- el ornamento se vio desplazado a la condición de delito, y el empleo de la vidriera fue rechazado, ya fuera en su versión art nouveau, art déco o historicista. Sin embargo, en realidad, el desarrollo alcanzado por la teoría y la práctica racionalista fue minoritario, hallándose lejos de dominar el panorama arquitectónico de la mayor parte de nuestro siglo. Frente a esta forma de vanguardia radical, purista y ortodoxa, existieron otros planteamientos que suscribían una modernidad atemperada en la que la escultura, la pintura, la rejería y la vidriera convivían como artes integradas.

Hasta los años cincuenta en España prácticamente no existen vidrieras que supongan un desarrollo paralelo y equivalente al de las vanguardias. A lo sumo hallamos, vidrieras en las que se establece una renovación que recoge planteamientos y soluciones de las vanguardias y los traduce a un lenguaje específico de la vidriera.

La negación del color y del elemento figurativo o abstracto, y la reconversión del cerramiento a su función esencial provocaron la sustitución de la vidriera por unas soluciones que aparecen como la negación de la misma. Sin embargo, en esa antítesis de la vidriera, que son los muros-cortina y los diversos tratamientos acristalados de los espacios, muchos arquitectos racionalistas encontraron una nueva metafísica del cerramiento vítreo. Soluciones lógicas y de un innegable valor plástico que, partiendo de una negación, aparecen como una alternativa a la vidriera. 9

Conclusión
El arte de las vidrieras, propiamente tal, floreció en el siglo XII junto con el de la arquitectura románica y la construcción de grandes catedrales. Las más antiguas vidrieras románicas existentes representan figuras del Antiguo Testamento en la catedral de Augsburgo. Pero fue la Île-de-France, París, la que se convirtió en el centro de elaboración de vidrieras. A las de la iglesia de la abadía de Saint-Denis, pronto les siguieron otras en Chartres, Bourges y Le Mans. Las vidrieras románicas francesas ejercieron gran influencia en las de Alemania e Inglaterra. Los temas preferidos eran el de una figura aislada, de pie, colocada en un nicho, y el árbol genealógico de Jesucristo o árbol de Jesé, en largas ventanas ojivales. Esos mismos temas continuaron utilizándose en el siglo XIII en Estrasburgo, Le Mans, Troyes, Soissons y en la Sainte Chapelle de París.

Durante el período gótico el arte del vitral experimentó la mayor variedad en diseño, estilo, color y sentimiento. Y donde se consideraba que la luz era la fuente y la esencia de toda la belleza visual.


Sainte Chapelle de París.


1 Cf. SEMENTAZO, C. Historia del arte. Edad media y el renacimiento Italiano. Vol. 2. 2º ed. Grijalbo, Barcelona, 1990. pág. 174-184.

3 Cf. Proyecto vidriera. [en línea]. [recuperado el: 12 de octubre de 2007]. Disponible en: http://personal.telefonica.terra.es/web/webarroyo/vidriera/bloque1.htm

4 Cf. Ídem. MONTALVÁN, L. A. Historia del vitral.

5 Cf. Ídem. Proyecto vidriera.

6 Cf. Ídem. MONTALVÁN, L. A. Historia del vitral.

7 Cf. Proyecto vidriera.

8 Ibíd.

9 Cf. Ibíd.




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