Historia de la Educación y la Pedagogía, de Lorenzo Luzuriaga. Página N° 1






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CAPÍTULO II

LA EDUCACIÓN PRIMITIVA

  1. CULTURA Y SOCIEDAD DE LOS PUEBLOS PRIMITIVOS



La educación existe desde que hay hombres sobre la Tierra, y la vida de éstos se

calcula hoy que empezó hace unos 3.000 siglos. De ellos sólo unos 60 pertenecen a las

sociedades civilizadas 1. La mayor parte, pues, de la vida humana ha transcurrido en la

etapa primitiva o prehistórica.

El conocimiento de la cultura y la educación de los pueblos primitivos se obtiene, a

falta de documentos escritos, de dos fuentes principales: de los restos y productos

prehistóricos y de la vida de los pueblos primitivos actuales.

Desde luego, no se puede hacer ninguna determinación cronológica o geográfica

fija. Sin embargo, se suelen distinguir en general dos etapas principales en el desarrollo de

esa vida primitiva: la del hombre cazador, que corresponde más o menos a la edad

paleolítica, y la del hombre agricultor, correspondiente a la neolítica y que se calcula

comenzó hace 10 ó 12.000 años. Los pueblos, o mejor dicho, los grupos de hombres

primitivos no han pasado de una a otra etapa súbitamente, sino a través de muchas

dificultades y experiencias.

El hombre cazador es nómada, y vive en pequeños grupos dispersos, sin relación

apenas entre sí. Se refugia en cuevas o chozas provisionales que abandona tan pronto como

escasea o desaparece la caza en el terreno en que se halla. Se sirve como armas de lanzas y

trozos de piedras talladas a golpe. Se alimenta de la caza, de la pesca y de los frutos

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salvajes que encuentra a su paso. Se cree que iba desnudo o medio desnudo en los climas

cálidos y cubierto de pieles en los fríos.

1 A. J. Toynbee, Estudio de la Historia, Vol. 1, Buenos Aires, Emecé, 1951

El hombre nómada, cazador, se convierte poco a poco en agricultor y ganadero,

adquiriendo así cierta estabilidad y formando clanes, hordas y tribus. Vive ya en poblados y

en casas rudimentarias. Pulimenta la piedra y después conoce el fuego y emplea algunos

metales; desarrolla la cestería y la alfarería para usos domésticos. Cultiva algunos cereales

como el trigo y la cebada, algunas legumbres como la lenteja y la arveja, y posee animales

domésticos como el perro, el toro y el caballo, el asno, la cabra, la oveja y el cerdo.

Hablando de esta época dice el escritor inglés G. H. Wells: "Es evidente que tenemos aquí

un género de vida separado ya por un gran lapso de miles de años de invención de su etapa

originaria paleolítica. Los pasos que le levantaron a tal condición sólo podemos

imaginárnoslos. De ser un cazador que rondaba por las inmediaciones de los lugares en que

vivían las reses y manadas de vacas y ovejas salvajes y de serlo en competencia con el

perro, el hombre por grados sensibles, fue desarrollando un sentimiento de propiedad de

los animales y estrechó la amistad con su rival canino. Aprendió a hacer dar la vuelta al

ganado cuando éste se iba demasiado lejos; puso la mayor suma de inteligencia en

conducirlo a los pastos frescos. Encerró a los animales en valles cercados donde pudiera

volver a encontrarlos con seguridad. Los alimentó cuando estaban hambrientos, y así poco

a poco los fue domando. Quizá empezó su educación agrícola con el almacenado de

forrajes. El antepasado paleolítico en las desconocidas tierras originarias del Sureste, suplió

al principio la precaria alimentación de los cazadores con frutas y granos silvestres. El

hombre que almacenaba hierbas graminíferas para sus rebaños podía llegar fácilmente a

moler el grano para sí"1.

Correspondiendo a estas formas de vida se desarrollan estructuras sociales

diferentes. En la época del hombre cazador, el varón ocupaba el lugar más importante, y la

mujer uno secundario. En la edad del a agricultor, la mujer aparece en un lugar

preeminente, por estar a su cargo, además de las faenas domésticas, las labores agrícolas.

En esta edad predomina el matriarcado, en aquella el patriarcado.

La base de la vida de estos grupos sociales era la familia, bien en forma de

poligamia, bien en la de monogamia. Las familias viven agrupadas en forma de clanes o

tribus con un tótem o ser animado, del cual se suponen descendientes y que es tabú, es

decir, sagrado e intocable. Se practicaba el matrimonio con mujeres fuera del clan

(exogamia), en forma de compra o rapto. Los hijos son los hijos de la madre, más que del

padre, y a veces adquieren tal importancia que el padre recibe el nombre del hijo

(teknonomia).

1 G. H. Wells, Esquema de la historia universal, Buenos Aires, Anaconda, Vol. M

Estos grupos no carecen de cultura, aunque sólo aparezca en formas rudimentarias.

En primer lugar poseían armas y utensilios domésticos y de labranza fabricados o mejor

manufacturados por ellos. Además, en las etapas más avanzadas, construían chozas o

refugios, casas y palafitos. En las sociedades más desarrolladas se formaron quizá grupos o

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sociedades secretas para el ejercicio de ciertas actividades o profesiones, como la herrería y

la fabricación de armas. Pero en esto no se limitaban al aspecto práctico, utilitario, sino que

conocieron las artes en sus diversos aspectos; hacían trabajos de alfarería con formas y

dibujos de valor estético. Los hombres y las mujeres usaban adornos y probablemente se

tatuaban el cuerpo. Revestían las cuevas y las cavernas con pinturas, modelados y dibujos,

y en una de las épocas más antiguas, la paleolítica, se hicieron las estupendas figuras de la

cueva de Altamira, en España, no superadas en valor artístico por el arte posterior.

Estas pinturas tienen probablemente un sentido mágico y estaban encaminadas a

facilitar la caza a sus primitivos moradores. Pero también tienen quizá un sentido

psicológico. Como dice el historiador Worringer: Desconcertado, aterrorizado por la vida,

el hombre primitivo busca lo inanimado en que se halla eliminada la inquietud del devenir

y donde encuentra fijeza permanente. Creación artística significa para él evitar la vida y sus

caprichos, fijar intuitivamente, iras la mudanza de las cosas presentes, un más allá en que el

cambio y la caprichosidad son superados? 1.

A esto hay que añadir el carácter mágico de la mentalidad primitiva, que interpreta

los fenómenos naturales en forma irracional, emotiva y sobrenatural y les asigna un espíritu

que los anima, al que generalmente se teme y al que trata de hacer propicio.

1 Worringer, Abstracción y simpatía, citado por J. Ortega y Gasset.


  1. LA EDUCACIÓN DE LOS PUEBLOS PRIMITIVOS



No sabemos nada directamente de la educación de los pueblos primitivos; sólo

podemos inferirlo por sus manifestaciones culturales y por la vida de los pueblos primitivos

actuales que en cierto modo se asemejan a ellos.

Esencialmente era una educación natural, espontánea, inconsciente, adquirida por la

convivencia de padres e hijos, adultos y menores. Bajo la influencia o dirección de los

mayores, el ser juvenil aprendía las técnicas elementales necesarias para su vida: la caza, la

pesca, el pastoreo, la agricultura y las faenas domésticas. Se trata, pues, de una educación

por imitación, o mejor, por coparticipación en las actividades vitales. Así aprende también

los usos y costumbres de la tribu, sus cantos y danzas, sus misterios y ritos, el uso de las

armas y sobre todo el lenguaje, que constituye su mayor instrumento educativo.

La educación de los pueblos primitivos se puede dividir en las dos grandes etapas

que hemos señalado correspondientes a las edades prehistóricas: la del hombre cazador y la

del hombre agricultor.

En los pueblos cazadores, los procedimientos para la educación o mejor para la

crianza de los hijos son muy laxos, dejándoles en gran libertad, que raya en la indisciplina.

La razón de esto, según Paul Batch1, es que esos pueblos carecen de la disciplina que

impone la guerra. Los pueblos cazadores no conocen ésta porque no poseen riquezas o

propiedades que puedan incitar al ataque y al robo de los otros pueblos. Sin embargo, en

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ellos se cultivan ciertas cualidades personales, particularmente la destreza física y la

resistencia o endurecimiento respecto al dolor y al clima. Dado el género de vida nómada

que llevan estos pueblos es muy poco probable que existiera entre ellos un orden o régimen

de vida estable, que facilitara la formación de hábitos morales e intelectuales entre los

jóvenes. Sin embargo, hay el hecho sorprendente de que en este período primitivo, en la

edad paleolítica, es cuando se realizan las pinturas y dibujos rupestres más notables, como

las citadas de Altamira, que debían requerir un serio aprendizaje, ya que no es fácil

llevarlas a cabo espontáneamente.

En los pueblos agricultores y ganaderos de la época posterior, las condiciones de la

vida y la educación cambian grandemente.

1 Paul Barth, Geschichte der Erziehung, Leipzing, Reissland, 1911.

En primer lugar, las faenas agrícolas y ganaderas requieren un orden, una

normalidad y estabilidad que no poseen los grupos cazadores. La generación joven tiene

que aprender los fenómenos meteorológicos, el cultivo de las plantas, el cuidado de los

animales. Por otra parte, al ocupar la madre un lugar más importante en la vida de la familia

y del clan, es de suponer que tuviera mayor influencia sobre sus hijos. Existen ahora

habitaciones y poblados, y en ellos se hacen obras de cestería y alfarería para guardar los

productos de la tierra y cuya técnica hay que aprender. Sí, como parece cierto, hay en estos

pueblos mayor tendencia a la guerra, ésta impondría en la educación de los hijos tina

disciplina más rigurosa y una preparación para el uso de las armas, el arco y la lanza

principalmente. En cambio, es notable el hecho de que el arte de este tiempo decae en

relación con el de la época anterior, haciéndose más esquemático y geométrico, quizá por el

carácter más utilitario de la época y quizá también por no ser tan necesarias las

representaciones mágicas de la caza, que el arte de la edad anterior realizaba, a causa de las

nuevas armas e instrumentos fabricados por el hombre.

Pero aparte de esta educación espontánea, general, hay en los pueblos primitivos

una forma intencional de educación, que constituye la llamada iniciación de los efebos.

Mediante ella, los jóvenes reciben, alejados de las familias y los clanes, en lugares

apartados, un entrenamiento muy riguroso para iniciarlos en los misterios del clan y

prepararlos para las actividades guerreras. Krieck describe así esta iniciación: "Los niños

son tomados de la familia y de la aldea, reunidos por grupos y sometidos durante unas

semanas en lugares solitarios, en montes y bosques, en cabañas o en tiendas construidas al

objeto, a todo un sistema de ejercicios y pruebas. El sentido más profundo de estas

prácticas es la disciplina del alma, una cura anímica preparatoria para el renacimiento en la

iniciación: ésta sirve para el alejamiento de los malos demonios y para la adquisición del

carácter masculino. Los ejercicios son danzas, ascetismo, mortificaciones que provocan

estados anímicos y éxtasis pasajeros. Pero también se practica toda clase de ejercicios con

una finalidad racional: partidas de caza, ejercicios de armas, corporales, de, desmonte y

plantación. La dirección de todo esto puede confiarse al jefe, a un sacerdote magno o

también a un anciano experimentado y distinguido" 1. Tal iniciación termina con una gran

ceremonia de ordenación a la que asisten todos los miembros de la tribu y en la que se

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somete a los muchachos a pruebas muy rigurosas y duras para probar su estado de

entrenamiento.

1 E. J. Krieck, Bosquejo de la ciencia de la educación, Buenos Aires, Losada.

Es también muy probable que en esta etapa hubiera un comienzo de educación

profesional en los grupos de oficios relacionados con la herrería y la confección de armas

como se ha dicho.

Vemos ya aquí algunas de las formas que más tarde ha de adoptar la educación de

los pueblos civilizados: de una parte, una educación elemental en la familia y de otra, una

preparación profesional y militar, que termina en una especie de graduación. Sin embargo,

nada hay aquí aún de educación sistemática, intencional, en instituciones y con personal

especializado.
3. LA EDUCACIÓN EN LOS PUEBLOS INDO-AMERICANOS
En la historia de la cultura y la educación, los pueblos aborígenes de América

ocupan tina posición especial entre las sociedades primitivas y las civilizadas. En general,

han pasado, hasta la época del Descubrimiento, por las mismas etapas que los pueblos

primitivos, es decir, por la de los cazadores y la de los agricultores; pero han ido más allá

que éstos, alcanzando un grado superior social y cultural, aunque sin llegar tampoco al de

los pueblos orientales.

Prescindiendo de las etapas más primitivas, se reconoce en la América

precolombina dos grandes centros de cultura, situados geográficamente en la zona

mexicana y en la zona peruana. La historia de estos centros es muy complicada por la

diversidad de razas y pueblos que los componen. Pero en general, se admite que dos

pueblos o grupos humanos de carácter guerrero, los aztecas en el norte y los incas en el sur,

dominaron a los pueblos anteriores (mayas, aymarás, etc.), y con ello dieron origen a una

civilización basada en el sistema de clases sociales y a una educación subsiguiente.

Estos pueblos no conocieron, sin embargo, elementos esenciales de civilización

como la escritura alfabética, el arado, la rueda y el hierro. En cambio tuvieron un espíritu

arquitectónico muy desarrollado, perceptible en sus grandes construcciones de piedra,

templos, fortalezas, etc., y un elevado sentido escultórico, sobre todo en la zona mexicana.

1 Toynbee reconoce cuatro civilizaciones indo-americanas: la maya, la yucateca, la mexicana y la andina, y a

su vez, dentro de cada una de ellas, varias razas.

Socialmente, ya se ha indicado el nacimiento de las clases sociales y una

organización del Estado. Según Canals Frau 1 en estas culturas aparece por primera vez el

Estado, el Estado político, y junto a él la ciudad, ambas instituciones con una base

territorial y una capital que en el Estado azteca era la ciudad de Tenochtitlan y en el incaico

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el Cuzco. El régimen del Estado era despótico, disponiendo el soberano a su antojo de sus

súbditos. Las clases sociales dominantes son la militar y la sacerdotal, quedando aparte la

masa (fe) pueblo, la cual estaba organizada en gens o clases. En este sentido, los pueblos

indoamericanos son pueblos civilizados.

Culturalmente, les aztecas tuvieron un conocimiento astronómico muy desarrollado

y en particular poseyeron un calendario complicado. Su escritura era muy primitiva

compuesta de ideogramas y fonogramas. El cultivo del maíz era la base de su agricultura, y

la forma de propiedad fue comunal. Su religión tenía rasgos crueles, corno los sacrificios

humanos y sus hombres eran de un carácter marcadamente guerrero. Los mayas fueron de

temperamento más pacífico y de una cultura muy avanzada; conocieron una cronología y

poseyeron también un calendario propio.

La educación de los aztecas, según Francisco Larroyo 2, tenía un carácter

marcadamente tradicionalista con la misma orientación bélico-religiosa de su pueblo. Hasta

los 14 años el niño era educado en el seno de la familia, y en forma dura y austera, con

castigos muy severos. Al terminar la educación doméstica comenzaba la educación pública

dada por el Estado en dos instituciones: el calmélac y el telpochcalli (casa de los jóvenes).

Al primero asistían los hijos de los nobles, al segundo los de la clase media. El resto de la

población no podía asistir a estos establecimientos En el calmélac predominaba la

formación religiosa, en el telpochcalli, la guerrera. Las niñas de los nobles recibían su

educación en un anexo al templo, que constituía el calmélac femenino donde podían

permanecer por vida.

Entre los incas, la educación era semejante, pero con algunas variantes. En primer

lugar existía una menor diferenciación de clases sociales, quedando casi reducidas al

predominio de los incas o nobles, de carácter militar, y menos religiosa que entre los

aztecas. Al parecer la educación la recibían aquellos en las casas de enseñanza (yacahuasi)

dada por los mautas, que no eran propiamente sacerdotes. Allí aprendían las artes de la

guerra y la técnica del Kipú, especie de registro manual numérico, más los cantos y

tradiciones de su raza, hasta los 16 años en que entraban en la vida pública después de

sufrir una iniciación especial. Las jóvenes nobles eran educadas también en casas

especiales por ancianas que las iniciaban en las tareas domésticas, la alfarería, el tejido y en

las ceremonias religiosas.

1 S. Canals Frau, Prehistoria de América, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1950.

2 Francisco Larroyo, Historia comparada de la educación en México, México, Porrúa, 1947.
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