Historia de la Educación y la Pedagogía, de Lorenzo Luzuriaga. Página N° 1






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4. LA EDUCACIÓN HELENÍSTICA

La última fase de la educación helénica comienza con la formación del Imperio de

Alejandro en el siglo iv a. de C. y con la debilitación de los Estados-Ciudades griegos. La

cultura helénica se universaliza y se convierte en helenística; pero por otra parte pierde la

intensidad de la época clásica de Sócrates, Platón y Aristóteles. Gana también en contenido:

la paideia se convierte en Enkyk1ospaideia, en enciclopedia.

En este período la educación deja de ser asunto de la iniciativa privada y se

convierte en educación pública, aunque no del Estado, sino de los municipios, de las

ciudades; sólo la efebia, la preparación de los efebos, queda función del Estado como en las

épocas anteriores. Existe también la enseñanza privada dada en escuelas particulares

sostenidas con las retribuciones de los alumnos. El papel de "pedagogo" se eleva también

ahora. La educación escolar sigue siendo más o menos la misma que en las épocas

anteriores, sólo que con mayor acentuación del aspecto intelectual y con una minoración

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Transcrito por el Profesor y abogado Dr David Torruella Placencia

del físico y estético. La lectura, la escritura y el cálculo se desarrollan más, pero los

métodos son constantemente los castigos corporales.

Adquiere ahora mayor desarrollo la que podríamos llamar enseñanza secundaria, la

escuela de grammatikos, en la que se estudian ya los clásicos, sobre todo Homero, Hesíodo

y Solón, así como los poetas líricos y dramáticos posteriores: Alceo, Píndaro, Safo,

Esquilo, Sófocles y Eurípides, finalmente también los historiadores: Herodoto, Jenofonte y

sobre todo Tucídides. En cambio, las ciencias ocupan un lugar secundario, aunque se

enseñan las matemáticas y la astronomía.

Finalmente, viene la enseñanza superior, la dada a los efebos, que ya no tiene sólo

carácter premilitar sino más bien de cultura general y científica, dándose en los colegios y

academias en la llamada Universidad de Atenas y en el famoso Museo de Alejandría,

aunque éste tenía más carácter científico que pedagógico. En estos centros se cultivan la

retórica y la filosofía sobre todo y en el último las ciencias.

Lo importante de esta época es que deja establecido con su enciclopedia el

programa de estudios que va a seguir después el mundo occidental, durante muchos siglos,

con el trivium y el quadrivium; aquél comprendía la gramática, la retórica y la filosofía o

dialéctica; éste la aritmética, la música, la geometría y la astronomía; es decir, la división en

materias humanistas y realistas que ha perdurado en el mundo.

Hablando de la cultura helenística a la que llama "religión de la cultura", dice H. I.

Marrou: "La civilización helenística asigna tanto precio a los valores culturales que no

puede concebir la felicidad suprema de otro modo que bajo la forma de la vida del letrado o

del artista. La imagen depurada que se hace de la vida eternamente bienaventurada que

disfrutan las almas de los héroes de los Campos Elíseos nos lo muestra entregados a las

alegrías supremas del arte y del pensamiento"

1 H. I. Marrón. Historie de L'éducacion dans L’Antiquité.

CAPÍTULO V

LA PEDAGOGÍA GRIEGA

Si la pedagogía es la reflexión de la actividad educativa, la pedagogía tiene su

origen en Grecia, que es donde primero se comenzó a meditar sobre la educación. Ya la

misma palabra "pedagogía" surgió allí, y lo mismo ocurrió con las ideas pedagógicas. No se

trata todavía, claro es, de una ciencia propiamente dicha., pero sí de una teoría de la

educación que tiene valor aún en nuestros días.

Historia de la Educación y la Pedagogía, de Lorenzo Luzuriaga. Página N° 39

Transcrito por el Profesor y abogado Dr David Torruella Placencia

Los principales representantes de la pedagogía griega son los sofistas, Sócrates,

Platón, Isócrates y Aristóteles que significan en la teoría o reflexión pedagógica helénica lo

que Homero, Hesíodo y Píndaro significaron para la inspiración de su actividad educativa.

La principal característica de esta naciente pedagogía es su claridad y transparencia,

como ocurre con todas las corrientes cuando se las toma de sus fuentes. En ella aparecen las

ideas expuestas en una forma esencial, elemental, es decir, en sus fundamentos. De aquí su

valor pedagógico, didáctico, clásico.

No existe, sin embargo, en la pedagogía griega un tratado sistemático, unitario,

como los hay para la filosofía y para la política. Las ideas pedagógicas de los griegos

aparecen íntimamente unidas con aquéllas; pero se distinguen claramente de ellas. Platón y

Aristóteles, los dos grandes clásicos de la pedagogía griega, expresaron sus ideas

educativas en sus obras de filosofía y de política.

Finalmente, la pedagogía griega ha tenido una enorme energía procreadora.

Periódicamente la civilización occidental ha vuelto la vista a ellas, como ocurrió en el

Renacimiento y en el siglo XVIII y como ocurre en parte de nuestros días. Esta facultad

creadora ha sido interpretada de diversas formas, pero casi todas ellas coinciden en

reconocerle un fervor humanístico, de afirmación de la personalidad libre sobre todas las

circunstancias políticas.

1. LOS SOFISTAS

Ante todo conviene destruir el prejuicio corriente respecto a los sofistas, a quienes

se considera algo así como a embaucadores o tergiversadores de las ideas. En realidad, son

los primeros profesores, los primeros educadores profesionales conscientes que ha tenido la

historia. Su descrédito obedeció, como se ha dicho, a que fueron contra la educación

tradicional, a que percibieran retribuciones por sus enseñanzas y a que entre ellos hubo

alguno de carácter arbitrario y fraudulento.

Los sofistas desarrollaron su actividad docente como profesores ambulantes en la

segunda mitad del siglo V a. de C. en el momento de la gran transformación social y

política de Atenas, cuando se convirtió en una gran potencia económica y comercial y

cuando se sustituyó el régimen aristocrático por el democrático. Entonces, frente a la areté

de la nobleza surge la areté política, es decir, la formación de minorías directoras de la Polis

de entre la masa de los hombres libres. Esto a su vez exigía tina preparación, una educación

más alta, más intelectual que la tradicional de la música y la gimnástica.

Así surgió un grupo de hombres, los sofistas, que sin conexión entre sí, perseguían

sin embargo la misma finalidad: la educación para la vida pública, la formación del

político, del orador. Esos hombres eran de diverso linaje, unos serios y responsables y otros

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frívolos y utilitarios. Entre los primeros, que son los que interesan, figuran Protágoras,

Trasímaco, Gorgias e Hippias, especial mente el primero.

De ellos dice Dilthey: "Oradores sobresalientes. estas personas sabían comunicar

una verdadera elocuencia. Espíritus para la profesión del hombre político. Así se separó la

instrucción superior de la profesión, de exigencias moderadas, del maestro elemental, del

gramático y del maestro de música" 1.

Más que científicos o filósofos originales, los sofistas son ante todo profesores, y su

influencia fue considerable en la cultura y la educación de su tiempo. Contra ella, sin

embargo. se dirigieron Sócrates y Platón, como veremos oportunamente.

Las ideas pedagógicas de los sofistas, tal como las podemos colegir de las

referencias que tenemos de ellos, pues apenas escribieron nada o nos han llegado poco de

sus escritos, podemos sintetizarlas en las siguientes:

1 Dilthey, Historia de la pedagogía.

En primer lugar, los sofistas acentuaron el valor de lo humano, del hombre, y mas

concretamente del individuo en la educación, según la conocida fórmula de Protágoras: "El

hombre es la medida de todas las cosas". Así rompieron los moldes rígidos de la

organización estatal, de la polis, colocando en su lugar la vida del hombre individual.

En segundo lugar reconocieron que la areté, la virtud, la capacidad, no es privilegio

de una minoría aristocrática, sino que es transmisible, enseñable. De esta manera, por la

enseñanza pueden tener acceso al gobierno todos los capaces debidamente preparados.

En tercer lugar, organizaron un sistema y unos métodos de educación para la

intervención de la vida pública, para la formación del político y el orador. En este sentido

crearon una dialéctica y una oratoria de gran eficacia basada en cierto modo en la sicología.

En cuarto lugar, dieron cabida en la educación a la cultura -general, al saber

múltiple, universal, no sólo retórico o dialéctico, elevando el nivel de la instrucción a

alturas no conocidas en su tiempo.

Finalmente, y como consecuencia de todo esto, fueron los creadores de la educación

intelectual, independientemente de la gimnástica y musical, predominante hasta su tiempo.

Por todo esto se ha considerado a los sofistas como los fundadores de la educación

autónoma. "En efecto -dice Jäger - pusieron los fundamentos de la pedagogía, y la

formación intelectual sigue en gran parte todavía los mismos senderos" 1.

En otras palabras, los sofistas fueron los fundadores del intelectualismo, del

individualismo y del subjetivismo en la educación con todos los beneficios y los perjuicios

que han producido estos conceptos.

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2. SÓCRATES

Si los primeros educadores profesionales fueron los sofistas, el primer gran

educador espiritual en la historia ha sido Sócrates. Tanto como un pensador o un filósofo,

con serlo en alto grado. Sócrates ha sido sobre todo eso, un educador, el educador por

excelencia.

1. Jäeger, Paideia.

Sócrates nació en Atenas 469 a. de C., de una familia de artesanos, aunque libres; su

padre fue cantero o escultor y su madre, partera. Murió o le hicieron morir en 399 a. de C.,

o sea cuando tenía setenta años 1. Su vida entera fue una vida ejemplar, tanto en el aspecto

cívico como en el intelectual; participó en la actividad política de Grecia y también en la

militar, interviniendo en las tres batallas más importantes de su tiempo. Vivió, pobremente,

ascéticamente, aunque frecuentó la mejor sociedad de su tiempo. Influyó grandemente en

ésta y en sus mejores hombres: Jenofonte, Platón, Aristóteles, y fue atacado también por

alguno de los escritores de la época, como Aristófanes. Su poder de atracción, no obstante

su fealdad física, fue extraordinario, como lo demuestra la afluencia de jóvenes que acudían

a él en busca de orientación y consejo. Su mayor placer consistía en conversar y discutir

con sus amigos y discípulos. A pesar de su enorme influencia nunca se aprovechó de ella

para fines egoístas, personales; no se enriqueció ni ocupó ningún cargo en el gobierno

ateniense. Murió como vivió, pobre. De su grandeza moral da una idea su muerte relatada

por Platón en su Apología de Sócrates, en la que sus últimas palabras se refirieron,

precisamente, a la educación de sus hijos, recomendando a sus amigos que "los hostiguen,

como yo lo he hecho a vosotros, si se preocupan por la riqueza u otra cosa, más que por la

virtud o, si pretenden, ser algo cuando no son realmente nada" 2.

De Sócrates ha dicho Jenofonte, el gran historiador griego "Todos los discípulos le

echamos de menos porque era el mejor para cuidar la virtud. Era piadoso, pues en todo

obraba según el pensamiento de los dioses; justo, pues fue el más útil a quienes le trataron;

continente, pues nunca prefirió lo cómodo a lo mejor; prudente, pues no se equivocó

juzgando lo bueno y lo malo; capaz de juicio, de consejo y de responder a los que se

equivocaban. Por todo lo cual era considerado el mejor y más feliz de los hombres" 3.

Sócrates tenía algunos puntos en común y muchos en divergencia con los sofistas. Como

ellos, su actividad educativa la realizó por medio de la conversación, de la palabra hablada;

como ellos, estaba en disconformidad con la educación de su tiempo, sometida a la

influencia excesiva del Estado; como ellos insistía en el valor del hombre, de la vida

personal, y como ellos creía, que la virtud, la areté, no era patrimonio de la aristocracia,

sino, que debía serlo de todos, pues era comunicable, enseñable.

1 Sobre Sócrates, véase el mejor estudio publicado en castellano, de Antonio Tovar, Vida de Sócrates,

Madrid, Revista de Occidente.

2 Platón, Apología de Sócrates, ed. inglesa de Jowett.

3 Jenofante, Memorables, 4.

Historia de la Educación y la Pedagogía, de Lorenzo Luzuriaga. Página N° 42

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Pero las diferencias de Sócrates con los sofistas son aún mayores que las

coincidencias. En primer lugar, Sócrates no hizo, de la educación una profesión

remunerada, utilitaria, ni trató de buscar adeptos, sino que éstos acudían a él

espontáneamente. En segundos lugar, su educación no tenía un carácter práctico, de

provecho personal, sino que era de tipo espiritual, moral. En tercer lugar, mientras que los

sofistas emplean el diálogo y su enseñanza para imponer sus ideas o para servir a fines

egoístas, Sócrates lo utiliza para convencer y descubrir la verdad. Finalmente, mientras que

los sofistas permanecen indiferentes a las ideas morales, Sócrates se preocupa ante todo de

la vida ética.

Filosóficamente, la aportación mayor de Sócrates corresponde en efecto, al dominio

de la moral, de la ética. Para él, el saber y el conocimiento no, sólo conducen a la virtud,

sino que el saber y la virtud son idénticos. Ahora bien, el saber no consiste en meros

conocimientos u opiniones, como en los sofistas, sino en el razonamiento preciso, en los

conceptos exactos. Como ha dicho, Ortega y Gasset: "Antes de Sócrates se había razonado;

en rigor se llevaba dos siglos razonando dentro del orbe helénico. . . Sócrates es el primero

en darse cuenta de que la razón es un nuevo universo perfecto y superior al que

espontáneamente hallamos en torno nuestro. Esto lleva consigo que en el orden intelectual

debe el individuo reprimir sus convicciones espontáneas que son "'opinión" -doxa- y

adoptar en vez de ellas los pensamientos de la razón pura que son el verdadero "saber",

episteme. Parejamente, en la conducta práctica tendrá que negar y suspender todos sus

deseos y propensiones para seguir dócilmente los mandatos racionales" 1. Se trata en suma

de someter la vida emotiva y volitiva a la razón, y esto lleva naturalmente al racionalismo

posterior.

El fin último de la educación era para Sócrates la virtud, el bien, y no el Estado como lo era

para la antigua educación, ni el provecho individual corno para los sofistas, sino la

personalidad moral. Ahora bien, como la virtud es igual al conocimiento, y por tanto,

comunicable, lo decisivo en la educación es la enseñanza de la virtud.

1 J. Ortega y Gasset, La rebelión de las masas, Obras, Vol. III.

Mas para que esta enseñanza sea efectiva no basta transmitir conocimientos

aislados, información, como hacen los sofistas, sino que debe haber en aquellos unidad y

precisión, convirtiendo las opiniones en conceptos. Para ello es necesario ante todo enseñar

a pensar. La educación intelectual es así la base de la educación moral.

Como método para esta educación intelectual, Sócrates emplea fundamentalmente

el diálogo, con sus dos momentos de la ironía y la mayéutica. La ironía la usa como punto

de partida haciendo ver al interlocutor su propia ignorancia. Con la mayéutica hace surgir

del alma de éste, como una partera, ideas que estaban latentes en él.

En el diálogo socrático se trata, claro es, de una especie de ficción o convención por

la cual el interrogado cree llegar a descubrir la verdad que el interrogador le sugiere. Tiene

Historia de la Educación y la Pedagogía, de Lorenzo Luzuriaga. Página N° 43

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una gran importancia pedagógica, porque el alumno es estimulado a pensar, a descubrir las

cosas por sí mismo en una forma activa, no receptiva.

El diálogo tiene también un aspecto inductivo ya que en él se parte de hechos o

ideas concretas, particulares, para llegar a una conclusión general, que se expresa en una

definición.

Finalmente, el diálogo tiene la ventaja de su vivacidad. Frente al aprender frío de la

palabra escrita, que nunca usó Sócrates, la palabra viva se adapta a la peculiaridad

individual; es en cierto modo un método pedagógico, aunque de carácter intelectual.

La aportación de Sócrates a la educación puede sintetizarse diciendo que es el

primero en reconocer como fin de ella el valor de la personalidad humana, no la

individualidad subjetiva, sino de carácter universal. Con ello comienza el humanismo en la

educación. Ahora bien, como lo decisivo en el hombre es la virtud, el fin inmediato de la

educación es la formación ética, la moral. Pero la educación tiene también un aspecto

social, aunque subordinado al humano, y en este sentido ha de estar de acuerdo con las

leyes y tradiciones del Estado. La educación religiosa no figura entre las preocupaciones

socráticas, como en general tampoco en la educación helénica. Asimismo, la educación

científica, naturalista, tampoco sobresale en las ideas pedagógicas de Sócrates, que se

refieren más al aspecto literario, intelectual. En este sentido, la pedagogía de Sócrates es

intelectualista, unilateral. En cuanto a sus procedimientos educativos, ya se ha dicho en qué

consiste el método, forma viva y activa de la educación, con cierto carácter psicológico.

Pero tan importante o más que las ideas de Sócrates es su propia vida, su actividad

educativa y la repercusión que ha tenido en los otros dos grandes filósofos de Grecia,

Platón y Aristóteles, que lo consideran como su maestro e inspirador. Sócrates ha sido, en

efecto, ante todo, más que un pedagogo, un educador.

De él ha dicho Dilthey: "Sócrates fue un genio pedagógico que no ha tenido igual en

la antigüedad. Esto se halla confirmado por la impresión inmediata de sus contemporáneos

y se puede deducir igualmente de sus efectos. Con él se introduce un elemento nuevo en la

historia de la educación: la penetración en lo más íntimo de la juventud. En él se hallaba

indisolublemente unido el eros platónico, el amor pedagógico, la intención de liberar

mediante la conversación los conceptos que se hallaban en su espíritu y la tendencia a hacer

del saber y de las verdades en ellos el poder directivo de su obrar. ¡Cuán grande fue el

encanto que ejerció!"1
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