Carta-Ensayo a Joseph Lovett






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Hijos de la Inquisición

Carta-Ensayo a Joseph Lovett

Mi nombre es Alfonso Rodríguez Sauza, y soy nativo de la ciudad de Apaseo el Alto, Guanajuato, México. Estoy casado con Esmeralda, y tengo 5 descendientes (Joshua, Alexa, Noéli, Edna y Sharleen Allison) y me gano la vida como Perito Traductor e intérprete simultáneo. Nuestros padres son Don Alfonso Rodríguez Aguilar (quien falleció hace algunos años) y nuestra amada Teresa Sauza (originalmente Sosa) Jiménez. Mi hermano es José Martín, y nuestras hermanas son, Estela, Modesta y Teresa Rodríguez Sauza. Esta es mi atesorada familia…

Desde tiempo atrás, hemos venido investigando algunas cosas sobre el pasado de nuestra familia… y después de analizar tradiciones orales, costumbres, practicas, observaciones religiosas {o falta de}, hábitos alimenticios, cuentos y leyendas de esta región, lo que hemos podido destapar, sinceramente, ¡nos ha dejado maravillados! ¡Viendo con alegría cómo todo apunta hacia un pasado hebreo!

Yo tengo recuerdos muy vívidos, de mi abuelito materno Maximino Sosa Rico, y de las historias que me contaba de Israel, hace muchos años atrás, sobre la “Tierra Prometida”, como él la llamaba… Recuerdo cómo se recorría hacia un lado en su camita, para que yo cupiera y me pudiera sentar junto a él [todavía recuerdo esa mesita azul, al lado de la cama, y un botecillo, lleno de petróleo, alumbrando el cuarto… mientras que salía un humo negro, como de tren, del mechón de trapo que ardía magníficamente, manchando la pared y el techo en su trayecto… ], para poder escuchar, fascinado, sus relatos de Israel … de cómo escaparon de Egipto… de la diáspora … de como ya habían regresado nuevamente a la tierra prometida por DIOS … de que nunca más iban a ser desplazados … y sobre la forma increíble en que iba a prosperar Israel … de cómo esto iba a traer grandes cambios al planeta, para bien … y tantas y tantas otras cosas maravillosos de ésa naturaleza…

Ahora entendemos el por qué de muchas de las prácticas que existen aquí en Apaseo… Como por ejemplo, ¿por qué cierran tan temprano, todas las tiendas y el comercio, los días jueves? ... ¡Ahora entendemos, que la costumbre de cerrar temprano esa tarde, es lo que quedó de la práctica de antaño, de irse a casa antes de lo acostumbrado, para adelantar las preparaciones que tenían que realizar el viernes antes del ‘Shabbat’! … Y como cuando moría un bebe, nos preguntábamos de dónde venía esa costumbre de llevar limones a su funeral… y tantas cosas así…

Como está también la manera en que nuestros ancestros colgaban los borregos y los chivos de una pierna, después de ser sacrificados… un hábito que yo conservo hasta el día de hoy (cosa que se hace, para permitir que se le escurra fuera toda la sangre al animal sacrificado, antes de cocinarlo. Una costumbre que no se observaba aquí por los nativos otomíes y chichimecas. Al contrario, la costumbre de comer morronga {sangre cocida y hasta cruda, por los chichimecas} es algo bastante arraigado aquí).

Tantas cosas que nos han sido reveladas, y de tal manera, que no queda más, que concluir que ¡en verdad somos los “Hijos de la Inquisición”! ¡Que habían estado perdidos, pero que ahora reclaman su identidad y raíces judías! ¡Ahora estamos totalmente convencidos, de que sangre judía corre por nuestras venas!

Y como ya lo verás, nuestra ascendencia judía viene, no solo de parte de nuestra madre, sino también de nuestro padre…

Allá en el 2004, comencé a escribir una novela histórica, sobre un hombre oscuro, de hace unos 270 años atrás, que vivió aquí en la región… Los detalles curiosos que pude averiguar de él, me despertaron sospechas de que ese hombre fue sefardí… Y muchas cosas pasaron en el lapso de ése año y hoy, incluyendo el fallecimiento de mi padre, lo que cambió mi vida de forma radical… Así que, dejé a un lado el terminar el relato de esa figura histórica, y la levantaba, de vez en cuando, para agregarle algo aquí y allá, pero nunca hice realmente lo que se requería para poder terminarla… Pero cuando escuche de ese proyecto tuyo, Joseph, “Hijos de la Inquisición”, supe justo ahí en ese momento, que había llegado el tiempo de terminar de armar las piezas de este rompecabezas, y de sacarlo al mundo, en especial a mis hermanas y hermanos hebreos…

Mi novela habla de un tipo obscuro, misterioso y algo místico, quien es el personaje central de la historia… un hombre que me inspiró a subir las montañas y peñascos de esta región, para verme, cara a cara, con sus pobladores, con el fin de escuchar esas historias que han sido recontadas, una y otra vez, bajo la luz y calor de una fogata, allá arriba en los cerros… Para oír los cuentos y leyendas urbanas que han capturado la imaginación, de generaciones y generaciones, a través de los siglos…

Joseph, haré lo mejor por resumir, en los siguientes párrafos, esta historia para ti, cuidando de no revelarte toda la trama y el desenlace de la novela… Nunca te hubieses imaginado que una historia así se hubiese dado aquí, en esta pequeña ciudad… Esta es la turbia historia de un ladino, que se dice amasó una enorme fortuna, en lingotes de oro y plata, aquí, como resultado de muchísimos robos que se dieron aquí en este lugar… Este fue un punto estratégico del Camino Real de Guanajuato y Michoacán ya desde el siglo XVI… Se especula de algunos sitios, aquí en la región, donde pudo haber quedado escondido lo que quedó de ese enorme botín, sin embargo, hasta el día de hoy, nadie ha tenido éxito en localizarlo…

En mi novela también verás, de cerca, el México de ese tiempo y las cosas que pasaron en aquel entonces, que no solo determinaron el desenlace de aquél hombre, sino también el destino de este país…

Por favor disfruta la siguiente narrativa, que encapsulará la novela, y que a la vez te hablará un poco sobre nuestros antepasados comunes, los sefarditas, que vinieron aquí a esta tierra, y sabrás lo que les pasó, cómo fueron forzados a borrar su pasado judío, como producto de la Inquisición que vivieron…

Max, el Azote del Camino Real…

Los ancianos hablan de un hombre que una vez asechó ésta parte de México, tierra hermosa, llena de cerros y montañas… Alguien a quien pocas personas de este lugar le vieron su verdadera cara… Que cuando salía de su cueva, casi siempre usaba un disfraz para entrar a los pueblos y mezclarse entre la gente… Un hombre descrito como un completo solitario, a quien no le agradaba estar entre la muchedumbre… que cabalgó sobre estos cerros de Apaseo el Alto, montando un soberbio caballo negro.

¿Y dónde está este Guanajuato? … Bueno, es el centro geográfico de México… Un lugar preferido por los primeros europeos, que vinieron a este país en busca de tesoros… Donde la mayoría se estableció para hacerse rico… Un territorio que una vez fue regido por la fiera y poderosa tribu de los chichimecas. ¡Un pueblo guerrero, a quien los aztecas y los purépechas no solo temieron, sino que nunca pudieron someter! (Mi esposa es de un pueblo llamado San Juan de la Vega, Guanajuato, poblado por los descendientes de esta tribu. Tan violentos son sus habitantes de este lugar, que la policía no entra allí, al menos que vaya acompañada del ejercito). Una tribu valiente, que una vez mandó en estas tierras, hasta que llegaron los conquistadores sefarditas, que vinieron junto con el General Cortez. Y que no fue, sino hasta después de muchas batallas, feroces y sangrientas, que esta raza finalmente se doblegó ante el hombre blanco.

Estoy hablando de una tierra conocida como el “granero” de México, que tuvo en su superficie, algunas de las Haciendas más acaudaladas y productivas de la Nueva España. De hecho, tan valiosas fueron estas tierras ante los ojos del General Cortez, que después de que derrotó a los aztecas, se vino aquí, con su hijo, para reclamar estas codiciadas tierras en nombre de la Corona española. Y muy pronto se dieron cuenta, que la fortuna de esta tierra, no solo consistía en valles fértiles y excelentes praderas para pastoreo, sino que también, metido en lo profundo de las barrigas de algunos de sus cerros, ¡se hallaba un incalculable tesoro en oro y plata! ¡Guanajuato fue sede de algunas de las más minas de oro y plata más renombradas y productivas del mundo, durante aquella época! ¡Vetas que llenaron, una y otra vez, por casi tres siglos, el baúl de tesoros de la Corona española!

Y es así Joseph, en este contexto y con estos telones de fondo que he colocado para ti, en que ahora te traigo este sumario de la fascinante y provocadora historia del judío conocido como “Max Rodríguez”.

Y esta novela histórica tiene lugar en el pequeño y obscuro villorio, que se conoció en aquél entonces como “Villorio de San Andrés” o “El Paso Alto” y “Paso Peligroso”.

Esta pequeña aldea llena de chozas, que se levantó al pie del último megalito de las montañas de la “Sierra Madre Oriental”, que se alza sobre el camino que desciende a los llanos del Bajío agrícola, era en esos días, un lugar que despertaba temor en los corazones de los conductores de diligencias, y en realidad, inquietaba a todos los viajeros de ese antiguo periodo colonial…

Este lugar fue estratégico, porque todo el oro de Guanajuato y la plata de Zacatecas tenía que ser transportada en carruajes jalados por caballos, y estos viajaban a través de una red de terracerías que existían en aquellos días, el famoso Camino Real. Y el Creador de estos cerros, determinó que el destino de este hermoso lugar, sería convertirse en la pasadera para poder atravesar al otro lado de estos cerros… Que una porción de ese Camino Real atravesaría justo por en medio de San Andrés, que subiría por la Cañada y de allí, con rumbo al sur, hacia la colonial ciudad de Valladolid (ahora conocida como Morelia, Michoacán), y continuaría hasta la Ciudad de México, para después dirigirse hasta su destino en el Puerto de Veracruz, desde donde continuaría por mar, hacia España…

La hacienda del Cochero…

Jamás podría decirse que está completo el preámbulo de esta novela, sin antes decirte estas cosas de Max: Solo un judío que vivió en éste Estado, durante éste tiempo tan sangriento, cuando el “Santo Oficio” estaba en todo su apogeo [comenzó en México en 1571 y terminó, según, en 1820), puede entender cabalmente el horror que conlleva el concepto de la “Inquisición”… Un tiempo cuando su poder profano, convirtió a hombres como a Tomás de Torquemada [el Inquisidor General) en seres irracionales y despiadados, ¡capaces de atacar salvajemente a su propia gente! Como fue el caso de este judío que se odiaba a sí mismo y a su pueblo hebreo… Solo un hombre que vivió las cosas que se dieron en ese tiempo, puede haber cometido algunas de las cosas que le atribuyen al forajido… cosas verdaderamente horripilantes que relató en mi novela…

¿Qué? ¿Crees que estoy exagerando? Solo para que te des una pequeña idea sobre de lo que estoy hablando, déjame contarte algo muy relevante a esta historia:

Tío Pedro Cervantes, un pariente de la aldea de Galvanes (que, de acuerdo a un artículo que escribió el Dr. Francisco Sauza Vega, significa “persona disfrazada-difícil de reconocer”) una noche fría de Diciembre me contó esta historia:

Dice que nuestros antepasados hablaban en voz baja cuando hacían referencia a la famosa Hacienda del Cochero (mi pariente, Vange Jiménez Sauza, Presidenta de la Academia Nacional de Turismo, me confirmó, en una conversación que tuvimos hace tiempo, que ella se acuerda de que sus familiares hablaban de “un servicio de coche de caballos de antaño, que iba de la hacienda de La Cuevita a la Hacienda del Cochero en la ciudad de Guanajuato” {Googlealo}) [Lugar donde los jesuitas tuvieron su centro de operaciones. Una enorme construcción que fue levantada por Vicente Manuel de Sardaneta y Legazpí, primer Marqués de Rayas… Dueño de la veta de plata más rica de la región, La Valenciana, con intereses también en las minas Rayas, Mellado y Cata, propietario de la Hacienda de Burras, junto con su hermano José Joaquín ‘el ‘poderoso’, sacerdote jesuita. El segundo se convertiría en rector del Colegio Jesuita de Guanajuato, y quien también iniciaría la construcción del templo de La Compañía de Jesús. Él y su hermano se hacían llamar los ‘lacayos perpetuos del Santo Oficio’. Estos fueron dos de los hombres más ricos de su tiempo, que construyeron una fortaleza de roca, que tenía unas cámaras subterráneas del inframundo, con paredes de 4-8 metros de ancho, a prueba de ruidos. En la entrada de este lugar, colgaba un letrero que decía: ‘Mortal, que cruzas el umbral de este lugar, aquí acaba la vida y comienza la eternidad’… Este lugar se ubica en lo que antes eran las afueras de esta ciudad que convirtieron en la capital del Estado, y yace sobre la propiedad de la famosa mina de La Valenciana. Lugar con una negra historia, usado en el pasado para ocultar la tortura y la exterminación clandestina de una “gente no deseada”, ¡principalmente la nuestra!].

Un lugar donde se dieron cosas de lo más horrible e inenarrables! Donde mujeres y hombres, acusados de ‘tener pacto con el maligno o de servir los intereses del demonio’ eran torturados sin misericordia… Esa es la razón por la que muchos sefardíes prefirieron unirse a las bandas de bandidos, hermanos-en-armas que asaltaban los carros de caballos, prefiriendo morir como soldados, como guerreros, que quedarse a esperar a que los apresaran por ser judíos practicantes (que practicaban el judaísmo), para después sufrir vejaciones y torturas inimaginables, allí, en ese diabólico lugar, a manos del inquisidor Antonio Fernando de Miera. “Hombre de aspecto siniestro y mirada intimidante” es como describieron a este sanguinario y violento monstruo…

Así dice el documento que lo nombró inquisidor: “Nosotros los inquisidores, contra la ‘herética pravedad’ {que en términos inquisitoriales significa judíos} y apostasía de México; y todos los reinos y provincias de esta Nueva España; por autoridad apostólica, convenimos que en la ciudad de Guanajuato tengamos personas de toda satisfacción y confianza, por cuanto, para las causas de fe, el Santo Oficio de la Inquisición confía en vos, Don Fernando Miera, vecino de dicha ciudad, para que con toda solicitud, puntualidad y secreto, haréis y cumpliréis lo que por nosotros fuere cometido y encomendado… las cosas tocantes a este Santo Oficio...”

Esa noche, el Tío Pedro me dio una escalofriante descripción de una cierta silla de madera que usaban para torturar al acusado: “Te sentaban y te ataban a ella, cabeza y cuerpo, para que no te pudieras mover… Entonces le daban vueltas, centímetro por centímetro, a un tornillo de acero que estaba localizado atrás, en la nuca, ¡y hacían esto hasta que te perforaban el cerebro! ¡Imagínate cuantos gritos se han de haber escuchado en ese lugar, las pobres almas que le gritaban a La Huesuda para que viniera y misericordiosamente se llevara sus vidas!”… Esa noche, no logré conciliar el sueño, de solo pensar en esa horrenda cosa que me contó…

Este lugar fue descubierto por accidente en los años cincuenta del siglo pasado… La existencia de este lugar nunca fue reconocido por el Santo Oficio, aun así, ¡hoy se levanta como un museo y como un verdadero y tangible testimonio de lo que hicieron los jesuitas! Ellos se aseguraron de destruir todos los archivos del Oficio, los registros escritos que tenían los ejecutadores de la Iglesia Católica Romana [ICR] en Guanajuato… O al menos eso es lo que ellos creen…

Y a pesar de todo esto, todavía hay quienes intentan justificar estos horrendos actos, diciendo que “este no era un órgano de intolerancia religiosa, sino más bien, un órgano de contrainteligencia política” (¿contra quién, Max?)… Llámale lo que quieras, pero al final del día, es bueno saber que un día, pronto, DIOS les va a exigir un pago por todo esto a los malvados perpetradores de estos crímenes, amén…

La mayoría de los mexicanos no saben esto, pero esa costumbre del México antiguo, de quemar, durante las festividades populares, una efigie de “Judas” en la calle, con palomitas y toda la cosa, tenía un sentido no tanto simbólico sino más bien literal…

Sí Joseph, solo Max sabe lo que es vivir en un lugar donde el simple hecho de que sospecharan que eras judío representaba una amenaza monumental contra tu vida… Sin saber a qué hora vendrían a tocar tú puerta los inquisidores… Viviendo en miedo y confinado a un escondite…

¡Ja!, pensándolo bien, con solo ver lo que está sucediendo hoy en día en Israel, viendo como nuestros hermanos se tienen que esconder en búnkers contra bombas, vemos que las cosas no han cambiado mucho, ¿verdad?... Los Hamas (terroristas árabes, falsamente llamados “palestinos”) nos quieren borrar de la faz de la tierra. Pero lo que no consideran estos terroristas, es que, de no ser por los avances que los judíos han traído a todas las ciencias, en especial la médica, ¡Ni siquiera existirían ellos hoy!

¡La ironía en todo esto! Esta dizque “religión de paz” predica y lleva a cabo solo muerte y destrucción… Como el ‘Estado Islámico’ (ISIS), que ahora está en Siria y en Irak, ¡espeluznantemente cortándoles las cabezas a los niños católicos y cristianos, porque sus padres no se sometieron a su dios falso!… Les pregunto a todas esas personas que critican a Israel, a los que apoyan un boicot en contra del Estado Judío, una Nación que solo se está defendiendo de los Hamas yihadistas homicidas: ¡¿Dónde están tus protestas en contra de este horror?! ¡¿Dónde está tu voz en contra de esta atrocidad?! ¡No alcanzo a escuchar tus gritos de ira e indignación, por este horrendo baño de sangre y carnicería que se está llevando a cabo allí! ¡¿Dónde está la voz de la comunidad cristiana por esos pobres hermanos que han caído en manos de esos desalmados monstruos?! ¡¿Dónde está la voz, pero más importante que eso, los recursos ($) para ayudarlos, de la institución más rica y poderosa del mundo?! ¡¿Dónde están las acciones del supuesto ‘líder de la Iglesia’ para rescatar a esas personas?! ¡¿Dónde está la voz de protesta del Papa jesuita Francisco?! … ¡Su silencio es ensordecedor!!!! …

Terroristas islámicos, seguidores “no de una religión, sino de la psicosis criminal empeñada en la aniquilación de la raza humana, lo que es el plan de Satán, y Alá es Satán” (como Avi Lipkin enfáticamente y verazmente expresa)… Estas pobres personas, a las que les han lavado el cerebro, ¡ahora se han convertido en el “azote” de la tierra!

Los orígenes de la Leyenda de Max...

La narrativa de esta novela te va a hablar sobre su vida como niño en la majestuosa Hacienda del Real Monte de Espejo, en donde vivió con sus padres (y he tomado unas fotos soberbias de lo que queda del una vez glorioso Monte de Espejo [que viene del latín ‘speculum’ que significa oráculo, ‘instrumento para la observación’], donde su padre fungió como tenedor de libros, ‘tipo de escribano’ del Patrón)… Y de lo que sucedió después de que los jesuitas se adueñaron del lugar…

¿Pero qué crees? Se adueñaron del lugar por una ‘donación’, ¿puedes creer eso? ¡¿Te imaginas hacer algo así?! … Todo este asunto se me hace muy raro a mí… ¿Quién regala un ‘oráculo’ así de valioso y de imponente? …

Sin duda muy extraño, considerando que el dueño anterior, el Capitán don Martín Pérez Romo [con seguridad judío], heredó esta propiedad de dos de sus hijas que murieron antes que él, y en un giro muy extraño de acontecimientos, este hombre, poco antes de morir, cede la propiedad a un par de hijos suyos, y unos años después, ¡estos dos simplemente deciden regalar la propiedad! Sí, ‘dan como ofrenda’ toda la enorme propiedad, y Santo Cielo, ¡A ni más ni menos que a los jesuitas! ¡A los inquisidores mismos!

Quizás ya comienzas a ver a donde voy con todo esto Joseph… Con seguro, estos dos ‘bachilleres’ fueron de los pocos sefardíes que contaban con recursos suficientes como para no ser forzados a vender sus tierras. Apuesto a que fueron de los que encontraron una manera de prosperar, tanto como ganaderos como agricultores de cereales. ¿Pero entonces, qué fue lo que pasó allí? … ¿Fue acaso una extorsión? … ¿Terminaron cediendo la propiedad, para evitar que los mandaran a los aposentos de la muerte de la Hacienda del Cochero? Lo que sí sabemos, es que, después de que eso pasó, la hacienda he ido en decadencia… ¿Justicia de DIOS? ... Yo creo que sí.

Sí, solo DIOS sabe lo que verdaderamente sucedió allí, pero fueron cosas lo suficientemente terribles como para dañar psicológicamente a Max y dejarlo cicatrizado de por vida, cosas tan abominables, que obligó a su familia a salir huyendo del lugar, buscando refugio en la Hacienda de Mandujano (construcción cuya finalización estaba en marcha), allá en el año de 1748… ¿Qué fue lo que vivió Max, que lo llevó a rebelarse y pelear en contra de estos hombres malvados y poderosos? ¿Qué fue lo que lo hizo decidirse a fugarse de allí, para unirse a la tétricamente célebre banda de asaltantes de carrozas, conocidos como “Los Despiadados del Cerro”?…

En esta novela, serás testigo también de cómo esa salvaje y brutal época en que vivió, lo mutó en uno de los asesinos más vengativos y despiadados que haya asechado estas tierras, durante ese periodo de tiempo, en que la Nueva España estaba ya en sus últimos suspiros… ¡Pero eso sí, a diferencia de sus enemigos, no era de los que le encantaba derramar sangre inocente, solo ejecutaba a aquellos que, directa o indirectamente, tenían las manos llenas de sangre! ¿Encontró la redención? Esas preguntas serán contestadas en mi novela…

Te voy a llevar por un salvaje recorrido al interior de su alma… Basado en algunas de mis propias experiencias en esta vida, viviendo también en un México violento, haré mi mejor esfuerzo por imaginarme cómo fueron sus luchas internas, como contendió por conservar los valores judíos, de preservación de la vida y protección de los inocentes, en medio de derramamiento de sangre e injusticia extrema a su alrededor… Su intento desesperado por mantener viva su identidad judía, en un mundo lleno de antisemitismo y persecución, de parte de la ICR… Aferrándose a su entrañable sueño, de un día poder usar las riquezas que había acumulado, para crear algún tipo de catalizador, para ser un activador del regreso de su pueblo a su amada Israel…

En breve, vas a leer la historia de un hombre, quien desde niño se le enseño a esconder su pasado judío, a fingir ser lo que no era, hasta que llegó al punto en su vida, donde se decidió a nunca más ocultar su carácter judío por miedo, ¡y a pelear en contra de esos crueles ‘poderosos’! Max, el maestro en el arte de privar a los opresores de su pueblo, de eso que más valoraban en el mundo: El poder del oro.

Y termino este preámbulo, dejándote con esta última cosa fascinante de la novela: En las manos de Max, estuvo la oportunidad de haber cambiado el futuro trágico de México… Pudo haber ladeado el resultado de la Guerra de Independencia de España, de tal manera, que habría posibilitado a José María Teclo Morelos Pérez y Pavón, tomar control de la Nación… Si Morelos se hubiese convertido en el gobernante de un México independiente, sus políticas seguramente habrían traído, una enorme prosperidad y desarrollo a la gran mayoría de sus habitantes… Pero el pensar de Morelos fue considerado “la cosa más peligrosa”, por “los poderosos”. Cosa que lo llevó a ser juzgado y procesado en 1815, a manos de la “policía del pensamiento”. Fue terriblemente humillado en el Palacio de la Inquisición, y después lo colocaron frente a un pelotón de fusilamiento. Sé bien que el hubiera no existe, pero si tan solo Max hubiera… ¿????

Es todo lo que puedo decir de ella por ahora, ¡pero te garantizo que vas a disfrutar mucho esta novela!

Ya protegí la obra con los derechos de autor, y ahora ando buscando la editorial apropiada. Y Joseph, si conoces a alguien que puede estar interesado, por favor déjame saberlo. Estoy seguro que encontrarás esta obra, no solo fascinante y divertida, sino también muy reveladora.

¿De dónde viene el patronímico Rodríguez? ...

Me enteré, al platicar con nuestros amados viejitos, tanto de Guanajuato como de Michoacán, que es muy probable que los primeros españoles que llegaron a esta área, fueron una banda de soldados criptojudíos (judíos que escondían su religión), que portaban los apelativos de Rodríguez, Paredes, Hernández, Álvarez, Pérez, Cervantes, Jiménez, Toledo, Guerrero, Mendoza, López y otros. [Es realmente sorprendente, la poca cantidad de mexicanos, que saben que la terminación EZ y ES, al final de sus apellidos, son una mención ‘encriptada’ de EretZ {que significa ‘hijo de’ – EretZ Yisrael: Tierra de Israel-La Gran Israel}, para recordarles de donde vienen sus antepasados…].

Existe una alta probabilidad, de que nuestro precursor Rodríguez conformaba parte del bravo ejército sefardíe que vino con Cortez a conquistar estas tierras, y que, como premio por haber hecho eso, se les recompensó con tierra (solares), pero como seguramente estaban bajo sospecha de ser criptojudíos, es casi seguro que el Virrey ordenó que se les asignara, enviara y colocara aquí, en San Andrés, a esos guerreros (nadie sabe con certeza cuantos fueron), entre los inmensos peñascos que sirven como contorno, como el declive de la Sierra Madre Oriental. Las planicies que están para arriba, al sur de aquí, son fértiles, pero también estaban pedregosas, y había que desmontarlas de matorrales y árboles…

Y solo para que te des una idea de la abundancia de árboles que cubrían toda esta área, y del trabajo que se requería aplicarle para hacerlas productivas, les tomó más de 200 años, en desmontar la selva de mezquites que se extendía, desde Apaseo el Alto hasta Celaya, 31 kilómetros, ¿imagínate eso?...

Así que, el Virrey encontró para ellos un lugar donde habitar, como un gesto salido de “su bondadoso corazón”… ¡Ja! Si como no… ¡Ellos habían conquistado el lugar y merecían las mejores tierras, que no les fueron concedidas! Pero obtuvimos un pedazo de tierra muy hermoso, de hecho, tan formidable, que el Virrey tenía una mansión aquí, en el vecino municipio de Apaseo el Grande, para su esparcimiento.

De esta manera, el representante del Rey de España, echó a toda esta gente velluda, trigueña y de tez clara, con ojos de color, a los cerros rocosos de la Labor de San Andrés … Los quería lejos de los fabulosos, mucho más ideales y fértiles, llanos del Bajío, que les fueron dados, claro está, a los criollos… Porque una de las cosas menos entendidas, no solo en este país sino en todo el mundo, es que unos fueron los conquistadores y otros los explotadores…

Pero, gracias a DIOS - YAHVÉ, estas peñas también estaban repletas de árboles frutales, como la guayaba y el aguacate, y árboles de sombra, como el fresno y el nogal.

Mi abuelo, Ciriaco Rodríguez Guerrero [su esposa fue Modesta Aguilar Mejía] fue oriundo de “Los Nogalitos”, una aldea situada en lo más alto del “Cerro de Arriba”, que en el pasado, fue un extraordinario escondite y puesto de observación, con la mejor vista para divisar de lejos a los viajeros que se acercaban a este Paso. Situado en lo grueso de (como lo describe mi primo Pancho) ‘una exuberante biosfera, muy peculiar y extraña’, de selva y bosque, ¡con manantiales por doquier! (Tengo un DVD de éste lugar, filmado en el 2005).

Así que, como puedes ver Joseph, al final, gracias a DIOS, como comentaron mis 3 hermanas el otro día, “ÉL encontró como bendecir a SU pueblo después de todo”… ¡y la sola existencia de nuestra familia y el hecho de que sigamos aquí, en pie, en este punto del planeta, es un testimonio a la fidelidad de DIOS y prueba fehaciente de ello!

Gregorio Paredes, el Jinete sin Cabeza…

Sí existen también por allí, algunos relatos en conflicto sobre nuestros orígenes, pero son teorías que no se mantienen a flote… Seguramente la curia mantiene fuera de la vista, bajo llave, la poca documentación que existe… Pero la historia de un hombre, una supuesta leyenda obscura de este lugar, ha sobrevivido a través de los años [y dicho sea de paso, digo ‘supuesta’, porque hasta la fecha, no existe ninguna documentación de él… Bueno, hasta ahora].

El relato épico nos dice que este hombre le “vendido su alma al diablo”… y dice que se convirtió en un bandido con “poderes diabólicos”…“Capaz de asaltar, él solo, sin la ayuda de nadie más, a un grupo de hombres armados”… ¡Y fíjate! Dice que se sobrepuso a escuadras de hombres duros, soldados, acostumbrados a matar, ¿utilizando solo “hechizos y trucos”? … Exactamente lo que pensé que dirías… ¡Ni en un millón de años crearía yo eso! ¡Ni loco!... O como dicen, con tanta delicadeza los españoles, “¡Me corto los cojones antes de creer eso hombre!” Sin embargo, lo que más me intriga como hebreo, es entender y descubrir el sofisticado sistema que debió haber concebido para llevar a cabo sus robos y esconder el botín…

Y sigue la historia diciendo que… “Este hombre se convirtió en el ‘azote’ (chicote, de 9 puntos) de toda esta región”, haciéndose pasar con el nombre de Gregorio Paredes, “El Jinete sin Cabeza”, o “Pecheras” (me suena a esas corazas que los soldados españoles llevaban puestas). Y que corría como el viento, y que era capaz de transformarse en un nahual (espíritu maligno)… Demasiada superstición en todo esto… Y yo creo que todo esto fue por diseño, ¡en un intento por distorsionar, deformar y borrar todo rastro de lo que realmente fue ese hombre! ... O ¿será que estoy haciendo mucho escándalo sobre algo que, a fin de cuentas, solo se trataba de un tipo desconocido, que asaltaba diligencias y que portaba un trapo negro en la cabeza, para cubrirse la cara?...

¿O, fue en verdad, como dicen algunos, el “Maestro del Disfraces” por excelencia?...

Es fácil ver el por qué mi imaginación fue hecha prisionera, hace muchos años atrás, Joseph, por todos estos cuentos y leyendas…

La experiencia de escuchar historias a la luz de una fogata, con las estrellas como testigas de lo que se estaba diciendo allí, destellando sus luces, como asintiendo a la veracidad de las palabras que salían de la cara del narrador, iluminado por el fuego… De intentar absorber y capturar, hasta la última divulgación reveladora que salía de la boca de los ancianitos, escuchando las cosas que ellos afirman escucharon de sus padres y abuelos…

Y, déjame decirte, que disfruté grandemente, el honor y el placer, de haberme sentado a la mesa con algunos cuantos de ellos… como las muchas ocasiones en que me senté con el muy conocedor, aguzado y estimado “Tío Pedro” Cervantes de Galvanes, y con sus hijos, entre ellos, el igual de inteligente y estimado J. Jesús Cervantes Núñez. Estos parientes míos, que siempre me muestran su extraordinaria hospitalidad, ofreciéndome un refresco, un vaso de tequila, pulque o cualquier cosa que tengan a la mano, cada vez que paso a visitarlos, disfrutan sentarse conmigo para tener una larga, interesante y confortable plática… evocando días del pasado… Todo esto, hizo que me interesara más y más en el tema, y así, esta novela es mi especulación, de cómo creo yo que se dieron las cosas aquí en la antigüedad…. Se lo debo a mis antepasados hebreos…

¿Quién fue este “Jesús Sosa Piedra” y cuál fue su vínculo con el Emperador Maximiliano de Habsburgo?

¡Joseph, la narrativa de la historia del antepasado de mi madre, es tan inimaginable como la anterior! Y casi podría apostar la vida, a que las cosas que te voy a contar, de este episodio tan importante de la historia de México, es algo que tú, probablemente, ¡nunca has escuchado en tu vida! Y mucho menos, en la forma en que yo te lo voy a contar… Así que, ponte cómodo, toma una taza de café, y disfruta de esta interesante historia del antecesor de mi madre.

No podría decirte cuanta documentación existe de un tal “Jesús Sosa Piedra”, qué claro está, no fue su verdadero nombre… Nuestro primo, el Doctor Francisco Sauza Vega, quien es el cronista de esta pequeña ciudad, ha escrito una novela histórica sobre nuestro ancestro en común, titulada: “Jesús Sosa Piedra, Una Historia Sin Fin”, que de manera interesante relata cómo este hombre, ataviado de vestimentas raras, que no hablaba español, de piel y pelos claros, en un momento de 1867, se escondió dentro de un corral de caballos, chivas, borregos y toros. Este establo estaba situado, en la diminuta aldea rural conocida como Galvanes (un anexo construido para albergar a los trabajadores de la Hacienda La Cuevita, como lo puntualiza Francisco). Allí estaba ese joven europeo, sucio, con hambre y escondiéndose en las sombras, después de noches huyendo por su vida, corriendo entre los cerros y en dirección a las grandes haciendas, construidas sobre llanos cubiertos de bordos, camino a Michoacán. Numerosos aldeas pequeñas brotaban por doquier [estas pequeñas comunidades estaban habitadas por los sefarditas, que una vez fueron dueños de estas tierras, que ahora estaban en manos de los poderosos terratenientes, porque les había faltado el $ para hacerlas producir, así que se vieron obligados a venderlas, a precios infames, a estos criollos adinerados… y tristemente, muchos de nuestros hermanos terminaron como los esclavizados peones de estos hombres].

Así que aquí estaba el “Jesús” de ojos azules, en medio de la nada, después de que apenas pudo escaparse de las manos de los mercenarios liberales. Solo unos días antes, su káiser había sido traicionado por el Coronel Miguel López, en la entonces pequeña ciudad de Querétaro…

¿Cuál káiser? Bueno, ¡ni más ni menos que el Emperador Maximiliano!, quien había sido capturado, hace unos días, por el ejército de Juárez. [Archiduque de Austria, de la dinastía de los Habsburgo, y Emperador de México, 1864-67). Mi primo transmite, a través de su narrativa, la manera en que él se imagina que se desenvolvió este aprieto en que se encontró “Jesús” (que, como ya lo dije antes, no fue su verdadero nombre). Nos habla de su odisea para escapar una muerte violenta en Querétaro, después de la caída del Imperio… Y como fue que lo descubrieron dentro del corral de la pequeña aldea campesina, y muchas otras cosas interesantes…

En esta novela, la posición que mi primo ha adoptado, es que “Jesús Sosa Piedra” fue un soldado francés. Ahora Sr. Lovett, te presento con una alternativa que me convence más y aquí está mi argumento:

Vamos a examinar esto con detalle… En todo caso, es más probable que descendemos de un soldado austriaco o belga en lugar de un francés, porque un buen grupo de los dos primeros se quedaron a pelear hasta los últimos días, mientras que la mayoría de los franceses habían pelado gallo. Ve, cuando Napoleón III les ofreció a sus combatientes un “escape” de México, un aventón en barco de regreso a Europa, ¡la mayoría de ellos se fueron! (Solo para terminar 3 años más tarde en la guerra franco-prusiana). Pero en su partida, también se llevaron con ellos, a una buena porción de los austriacos y belgas que, de forma pusilánime, decidieron abandonar a “Maximiliano, Rey de su Reina”.

Se rumora, que de los aproximadamente 9,000 soldados que salieron con Maximiliano, de la Ciudad de México con rumbo a Querétaro, que como 5 a 6 mil eran mexicanos que habían sido enrolados a la prisa. Eso nos dejaría como con alrededor de 3 a 4 mil soldados austriacos-franceses-belgas (con polacos, húngaros, italianos y checos entre sus filas). Así que, en verdad, la posibilidad de que nuestro antepasado haya pertenecido a cualquiera de estos grupos étnicos es considerable, pero lo que me lleva a concluir que nuestro antepasado “Jesús” fue hebreo, son, entre otras cosas, las costumbres y creencias que tenía mi abuelito Maximino; las características raciales de nuestra familia, que sobresalen a los de los pueblos nativos; como ya mencione, las costumbres de las que ahora tenemos una explicación de donde vienen; las fuertes creencias religiosas que han sido transmitidas a través de las generaciones; y no menos importante, el fuerte testimonio a nuestras raíces judías, de parte de nuestros parientes que aún viven en Galvanes, como el anteriormente aludido y abundantemente informado Tio Pedro Cervantes.

Un giro inesperado de la trama a la pregunta de quién fue Jesús…

También, no podemos descartar el hecho de que muchos de los hombres que se quedaron con Maximiliano no solo fueron soldados, sino también judíos de todos los ámbitos de la vida, como fue el caso del judío prusiano Dr. Samuel Siegfried Karl von Basch, el hombre que fielmente se quedó junto al Emperador hasta que fue ejecutado… ¿Por qué habríamos de encasillar a nuestro ancestro y decir “o fue un oficial francés o un soldado francés”? El Dr. Francisco también dice que “dada su corta edad, debió ser un soldado”… Ok, ese es un argumento válido, pero yo no sustentaría todo mi caso sobre la edad que aparece escrita en una sola acta matrimonial…

Antes que nada, tengo que decir, que si fue un soldado imperial, entonces era ya un hombre completo, no un muchachillo… Pero si en verdad era tan joven como dicen, entonces les pregunto a aquellos que sostienen este punto de vista: ¿Y qué si esa rara vestimenta eran las prendas de un joven judío, que trabajó para el gobierno imperial, tal vez como ayudante de escribano, revisor de documentos administrativos, legales, operacionales, de todo tipo… del staff administrativo, en fin, de un oficinista imperial?

Es un hecho que nuestra gente tiene una inteligencia y habilidad natural para el trabajo administrativo. Dime, ¿en qué tiempo, a través de la historia, no han sido reclutados nuestros hermanos y hermanas, por todo el mundo, para convertirse en administradores o expertos revisadores de documentos de aquellos en el poder? La Biblia está llena de cosas así… Es más, ¡nosotros los judíos prácticamente revolucionamos todo esto de las funciones de oficina!

José, ¡tú y yo ahora nos damos el lujo de usar nuestras computadoras y de surfear el Internet, gracias a los hebreos que los inventaron! ¿No son acaso nuestros niños los que aprenden a leer a las edades más cortas? ¿Acaso no somos los que abrimos libros más que nadie? “Jesús” pudo haber sido un joven asistente, en las muchas capacidades que existían entonces, de uno de los miembros del staff de colaboradores y asesores del Emperador… Recuerda, la población de México en ese tiempo era mayormente analfabeta, y la mayoría del staff tenía que ser traído del extranjero.

Hasta también existe la posibilidad, aunque leve, de que ‘Jesús’ haya sido uno de los hijos de Maximiliano, que supuestamente, le habían nacido fuera del matrimonio en Europa, que fueron traídos aquí, a escondidas, para heredar el reino…

Maximiliano fue un hombre inteligente, que se rodeó de judíos, porque valoraba la lealtad de nuestra gente y los necesitaba para administrar efectivamente su reino. Conocía bien las destrezas que poseemos. El hermano de Francisco, Elías Sauza Vega, a quien estimo muchísimo y con quien estoy muy agradecido, es un traductor – experto revisor de documentos, con áreas de especialidad, de pericia – escribano, como yo… Supongo que esta inclinación intelectual nos viene de manera natural.

De las tres personas más cercanas al Emperador, que conformaban su círculo élite durante su reinado, quizás dos fueron judíos [El antes mencionado Doctor Basch, quien tuvo la vida del Heredero de los Habsburgo en sus manos; Stephan Haspan, su viejo amigo de la vida y uno de sus colaboradores {de quien no tengo la seguridad si también fue judío como el Dr.}, y el astuto e ingenioso jesuita, padre Agustín Fischer].

La lista de las más de 100 familias judías que vinieron con Maximiliano…

Pero he dejado para el último, el asunto candente que más me intriga: ¿Y qué sí nuestro antepasado fue miembro de cualquiera de las más de 100 familias judías que vinieron con Maximiliano a México?

Hace algunos años, mientras caminaba en una de las calles céntricas de la ciudad de Querétaro, vi un localito de libros usados, y me dio curiosidad por ver que tenían, así que entré para echar un vistazo…En un rincón, al fin del local, se hallaba un estante lleno de lo que parecían ser tomos y tomos de enciclopedias viejas y sucias, a las que nadie les prestaba mucha atención… pero allí también estaba un libro, con una pasta roja desgastada, que llamó mi atención. Lo tomé y comencé a hojearlo…



Repentinamente me detuve, cuando me encontré con un retrato de Maximiliano, vestido en su atuendo militar… y recuerdo que pensé en lo parecido que fueron sus rasgos faciales a los de mi abuelito, Maximino Sauza (Sosa) Rico [su esposa fue Rosa Jiménez Terrazas], ¡por no hablar del par de ojos azules penetrantes y deslumbrantes que ambos tenían!

Continué hojeando el libro, hasta que vi la palabra Inquisición en uno de los párrafos, así que tomé unos momentos, me apoyé en uno de los estantes y comencé a leer algo de su contenido… No recuerdo ni el título ni el nombre del autor aunque me fuera la vida en ello, pero lo que sí recuerdo, es haber leído algo sobre la existencia de un cierto registro en Europa, que supuestamente contenía los nombres de todas las familias judías que se embarcaron en el Novara, con el Emperador y su esposa, Carlota Amalia de Bélgica, para encontrarse con su destino en México. Desafortunadamente, no compré el libro en esa ocasión, pero a medida que me fui adentrando más y más en este asunto, entonces después regresé a ese changarrito sobre la Calle Juárez (¡qué ironía!), para ver si, por suerte, todavía lo podía encontrar allí, pero fue en vano.

Joseph, sería extraordinario si tú, o cualquiera de nuestros hermanos y hermanas hebreas que leen tu página de Facebook, sabe algo acerca de ese libro del que hablé. ¿Crees que exista la lejana posibilidad, de que los nombres de los pasajeros que desembarcaron en esa fecha, en el Puerto de Veracruz, hayan sido, de alguna forma, grabados y almacenados en un registro por parte de las autoridades portuarias mexicanas? Ese documento ciertamente le traería un final a la “Historia Sin Fin” de Francisco…

La pareja Real que amó a los judíos…

Se dice que Maximiliano y Carlota amaban a los judíos, lo que seguramente fue una de las razones que contribuyó a que perdieran el favor de los “podridos en plata y oro” (los conservadores y la ICR). No importaba ni un solo cacahuate que hayan sido ellos los que le ofrecieron la Corona (ya desde 1859), fueron todo menos estúpidos. Podían ver que su “asociación conjunta”, en este negocio de despojar de manera exclusiva a México, estaba casi muerta… y aun cuando el imperio de Max estaba agonizante, la única razón por la que siguieron financiándolo, aunque muy raquíticamente al final, fue porque las cosas en Europa, políticamente hablando, no se veían muy favorables para la ICR o para los criollos magnates… Y por si eso fuera poco, veían como los masones de los EE.UU., y su evangelio de “América para los americanos”, estaba ya proyectando una sombra amenazante sobre ellos, amenazando con quitarles a México…

Así que, para estas alturas, solo existían realmente 2 opciones: O seguían apoyando a este austriaco, de quien pensaron se convertiría en un tirano y no lo hizo, o ¡podían correr con el botín y ver con espanto, por el espejo retrovisor, a “el indio” corriendo detrasito de ellos! Juárez finalmente volvería a tomar completamente el control de la Nación… Este hombre, al cual odiaban más que a cualquiera sobre la faz de la tierra, al que, peyorativamente, se referían como “el indio Juárez”, ¡les causó a estos hombres poderosos muchas pesadillas bañados en sudor! …

Y aludiendo nuevamente ese libro rojo que ya mencioné, continué leyendo la disertación del autor sobre el tema del antisemitismo, y noté que hizo referencia a una especie de proclamación, que Maximiliano supuestamente había hecho en público, poco después de arribar e instalar la sede de su Imperio en la hermosa ciudad de Querétaro, un 19 de febrero de 1867… Y yo recuerdo que él dijo que esa declaración decía algo así como “mi reino será un refugio para todos los judíos de México (quizás, una de las razones por las que hoy, tantas familias judías viven en esta ciudad y región) y los invito a todos, para que se reúnan alrededor de mi reino, para que vengan a vivir, trabajar y prosperar, sin el miedo de ser el blanco de persecución. Yo les garantizo la total protección de sus derechos”… ¿Dónde escuché yo eso antes?

¿Qué la Inquisición en México no terminó en 1820?

Pero, espera un segundo, ¿qué no cerraron aquí el changarro los del “Tribunal del Santo Oficio” en 1820? (Un ‘oficio’ que fue todo fue menos santo, de hecho, ¡es vista ante los ojos de la gran mayoría, como una de las instituciones más horrendas y terribles que jamás haya conocido el hombre!)

Parece ser que no se pueden poner de acuerdo, los de la ICR, en cuanto a cuando fue, exactamente, que los ‘hombres de Loyola’ dejaron de operar aquí. Primero dijeron que había sido en 1769, y después la cambiaron a 1820, para después decir que fue en 1834…

La esquivez de la Santa Sede en todo este asunto, me ha llevado a concluir, que el astuto diseño de los jesuitas nunca dejó de trabajar, en lo más mínimo. ¿Y por qué habría de hacerlo?, si su fin último era borrar, de todos los futuros descendientes de los sefardí en México, hasta el último vestigio de legado judío que aún conservaban. Estos “discípulos de Loyola”, ahora laboraban exclusivamente bajo sombras. [En 1773, la orden de los jesuitas fue extinguida por el pontífice y debido a esto, fue envenenado. Weishupt, un jesuita que tuvo la visión de infiltrar y tomar control de la sociedad secreta más poderosa de Europa, los Rothschilds, lo logró en 1782, para poder seguir avanzando su meta de dominio mundial. Fue así como la masonería fue infiltrada por los jesuitas, encubriéndose en la clandestinidad como los “iluminados”].

Sí mi hermano Joseph, el negro, ridículo y maligno espíritu del antisemitismo está vivito y coleando hoy en este mundo, así como lo estaba también en esos días.

Y el ver a tantos mexicanos, muchos de los cuales, sin saber, tienen ancestros sefarditas, que tienen una opinión negativa, distorsionada e irracional sobre el judío, solo demuestra el excelente trabajo que hicieron nuestros enemigos… dejando arraigado, antes que nada, un odio y desconfianza hacia los judíos y luteranos (evangélicos), en la parte más profunda de la mente de la gente… de cómo, astutamente, nos agruparon junto con las “brujas y hechiceros”, bígamos y demás “herejes”, para que en las mentes de la población general, fuésemos una misma cosa (por asociación). ¡La escena repugnante y crasa de un pueblo manipulado, que había sido adoctrinado, programado e intelectualmente ‘encarcelado’ por hombres religiosos, dentro de un lastimera, vergonzosa y deshumanizada fosa de idolatría, analfabetismo, ignorancia y pobreza! ¡Y lo hicieron de una manera tremendamente efectiva, debo decir!

Eso Joseph, en una capsula, es la marca que la ICR ha dejado aquí en México. ¡Una herencia que, hasta el día de hoy, aún no puede ser superada!

La hermosa y colonial Querétaro, una ciudad segura, moderna, vanguardista, progresista y limpia, y una que también ha sido declarada como sitio Patrimonio Mundial por la UNESCO… Pero aquí hay otras cosas que, últimamente, la gente ha dicho sobre este lugar:

“Este corredor industrial, que va desde la ciudad de Querétaro hasta León, Guanajuato, la conocerán las futuras generaciones como la “Franja de Oro” de México”: José Calzada Rivorosa, Gobernador del Estado. … “Centro industrial moderno y estratégico… Gran oferta educativa… Un imán para nuevas inversiones de la industria aeroespacial, automotriz y metalmecánica… Uno de los estados más importantes, a nivel nacional, en cuanto a las exportaciones en la industria automotriz y aeroespacial… Y uno de los estados que más aporta de acuerdo con su tamaño al PIB del país”: El Economista (periódico mexicano especializado en economía)…

Para algunos, esto quizás no significa mucho, ¡pero el que Maximiliano nunca haya hecha tal declaración en la Ciudad de México, ciertamente me llamó la atención! Y si el Emperador realmente dijo dichas palabras, entonces, definitivamente, se seguían dando algunas cosas aquí en la región, con respecto a los jesuitas… Sin duda, debió ser informado, enseguida que llego a Querétaro, de cosas que estos supuestamente “extintos inquisidores” aún estaban llevando a cabo, en contra de la población judía que reside aquí… Y tanto la ICR como Maximiliano sabían de la importancia de esta área, en esos días y hoy, para cualquiera que tiene intenciones de gobernar este país. [De hecho, tan importante es esta región a los ojos de la ICR, que la única replica que existe en el mundo, de la basílica de San Pedro en el Vaticano, ha sido levantada aquí, en Apaseo el Alto, Guanajuato, en la forma de un templo llamado El Sagrado Corazón de Jesús, que se levanta, observando todo el panorama, a 34 Km. de la ciudad de Querétaro].

Que ésta institución haya determinado situar su monumental marca pontificia aquí, y que se haya posicionado como lo hizo, en esta, la parte más católica de todo México, me dice que algo tremendo va a salir de aquí, otra vez, y pronto…

¿En realidad, quién fue este Maximiliano? …

La historia jamás contada del Emperador de México…

Bueno, para cuando haya terminado esta carta-ensayo, espero haber contestado todas tus preguntas, sobre la imagen pública de Maximiliano de Habsburgo; el enigma que
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