Los problemas de la adaptación histórica






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Descubriendo a Colón a través del cine:

Los problemas de la adaptación histórica
Luis Aranda García
Dos disciplinas simbióticas en conflicto

Uno de los procesos más llamativos que está viviendo la sociedad en las últimas décadas es un cambio de modelo en los métodos de aprendizaje. Desde hace unos años, los medios audiovisuales han desplazado al texto escrito como acercamiento cultural. La disciplina histórica no ha sido ajena al cambio de paradigma, lo que ha provocado que el profano devorador de la materia prefiera adentrarse en estas nuevas formas antes que bucear en un aburrido texto que, en muchas ocasiones, puede estar llena de datos intrascendentes o carecer de una narrativa ágil.

En base a estos nuevos procesos, el cine se ha convertido en un referente básico. Por este motivo, el objeto que tiene este trabajo es mostrarnos, a través del ejemplo que nos aporta la filmografía sobre Cristóbal Colón, la difícil relación entre cine e historia. El enfrentamiento entre el arte y la ciencia parte de un principio fundamental: diferencias de criterios a la hora de aplicar las reglas del ejercicio cultural a realizar. En el caso que tratamos, cuando el arte está íntimamente relacionado con la historia, el choque entre la rigidez científica y la libertad artística amenaza con descuadrar el sentido histórico del arte y la capacidad narrativa de la historia. Desde el modelo artístico se ha defendido la posibilidad e incorporar cambios dentro del patrón histórico cuando ambas disciplinas se mezclan. Y cierto es, que si el cine necesita a la historia para crear nuevas narraciones, la historia necesita al cine para pervivir en la memoria. Es por ello deseable una interrelación de fuentes más fluida dentro de los dos campos.

Este texto, que también quiere contar historia, cuenta con un antagonista, un malvado personaje que aparece en las narraciones literarias y, por tanto, en el cine. El espectador lo ve oculto entre las sombras y apenas se percata de su presencia pero, en muchas ocasiones, lo descubrirá justo en el momento en el que lea un libro sobre el tema. Este infame rufián no es otro que la mal llamada licencia artística, es decir, toda falsedad incorporada dentro de una película para adornar un relato o desvirtuarlo1. Habíamos quedado que el cine histórico debía de aproximarse a la ciencia histórica cuanto pudiera, pero nuestro enemigo se ha dedicado a desestabilizar esa premisa. Sobre esto, mientras expertos como Pierre Sorlin2 han visto un abismo infranqueable entre el cine y la historia con pequeñas excepciones en forma de escenas aisladas que pueden servirnos de referencia válida, otros como el historiador Robert Rosenstone no se cansan de criticar la gravedad del asunto. Para Rosenstone, el cine tiene un grave problema para adaptarse a la historia y no se ha preocupado por solucionarlo3.

Desde el mundo del cine, las opiniones son diversas. Si Kubrick veía equiparables las películas sobre historia y ciencia ficción al recrear algo que no existe4, otros como Tavernier reconoce la problemática del asunto aunque asegura que, al menos en su cine, lo que intenta es huir de lo que podríamos llamar historia oficial5. Poco menos que banal resulta semejante afirmación cuando el propio historiador es el primero que está obligado a alejarse de aquello tradicionalmente contado. De hecho, si uno revisa la historiografía actual y la filmografía reciente, va a descubrir que es precisamente el cine quien se ha adueñado del discurso decimonónico de la historia. Y es que, desde el propio cine se ha minusvalorado el potencial de sus medios y no parece que sean conscientes de la necesidad de una reforma. El cine se ha convertido en un medio de masas capaz de transmitir conocimiento y los nuevos modelos educativos lo incluyen como una herramienta básica por su accesibilidad al nuevo espectador.

La educación actual se encuentra con un problema cuando intenta recurrir a películas que sencillamente inventan la historia. Es fácil encontrar superproducciones que, a buen seguro que tenían medios para hacer una historia más fiel y, sin embargo, han prescindido de asesoramiento histórico adecuado. Basta con nombrar dos ejemplos conocidos en los que el cine histórico deja de serlo para convertirse en un relato de ficción: Braveheart6 y Gladiator7. Si la primera es un ejemplo de cómo la leyenda ha deformado la realidad, la segunda es un despropósito lleno de errores que desvirtúa notablemente algunos personajes históricos como los emperadores Marco Aurelio y Cómodo.

El cine histórico no debería hacer más que añadir imagen y sonido a la historia escrita, incluyendo aspectos más técnicos como el vestuario, el maquillaje y todo el contexto escenográfico, con atrezzo y localizaciones incluidas. El guión, además del gran pilar de la película, es el contacto directo entre el espectador y la historia. De él es de donde más información obtendrá el público en cuanto a la trama histórica del momento. A todo guión debería exigirse, como a cualquier libro histórico, una buena lista de fuentes y notas a pie que sería correcto que apareciesen en los créditos. Esto nos distinguiría dos tipos de películas en un modelo similar al escrito: no debería ser lo mismo el cine histórico que el cine de ficción histórica, y cualquier sistema de subvenciones debería plantearse que es mucho más laboriosa una película con un verdadero trabajo de documentación detrás que un guión que procura encauzar la película hacia un discurso interesado.

En el caso de Colón, como en cualquier otro, ninguna película ha aparecido de manera casual y siempre responden a una cuestión que está de actualidad. Es difícil desprenderse de esto ya que el imposible atraer al público con un tema anacrónico o que a la masa social le resulte poco interesante. No es este el caso del descubridor de América que representa una fuente inagotable de dudas historiográficas y es continuamente un tema de actualidad. Sin duda, por ello hay, a lo largo de la historia del cine, una gran profusión de películas y libros sobre su figura, aunque no siempre han sido ni mucho menos acertadas.

Colón y sus inicios en el cine

La primera vez que se pudo ver a Colón descubriendo América en una pantalla fue en 1904 con la película Christophe Colomb. El francés Lorant Heilbronn dirigió una joya del cine de sólo doce minutos que mostraba por primera vez cómo el Almirante descubrió América8. El relato acaba con Colón encarcelado y abandonado pero se contrapone a un mensaje muy positivo pues se argumenta que se abrió la puerta a dos mundos que han acabado por complementarse para alcanzar la libertad. Este discurso, típicamente francés, debió ser el mismo que siguió otra producción francesa: Christophe Colomb (1910)9.

Colón sería descubierto en América por el cine en 1912 con un corto desaparecido, del que apenas constan datos, titulado con el directo Christopher Columbus. A esta le siguió la primera película que narró las aventuras de Colón en Portugal: Columbus (1923)10, también procedente de los Estados Unidos y también difícil de encontrar a día de hoy.

En España, la primera producción que se realizó sobre el Almirante sería en colaboración con productoras francesas. Así apareció en 1917 una obra cuyo título es Cristóbal Colón y su descubrimiento de América. La obra no parece haber calado muy positivamente en la crítica de la época que, precisamente la ve demasiado lineal e histórica11. En realidad era justo lo contrario, pues está llena de errores notables, como mostrarnos al marino casado con Beatriz Enríquez de Arana, con la que no tuvo ningún hijo12.

Nación y nacionalismos del Almirante

El gran debate historiográfico sobre el Almirante trata sobre su procedencia. La disputa quedó ya hace un siglo vista para sentencia cuando Hugo Assereto descubrió unas actas notariales que determinaban que Cristóforo Colombo era natural de Génova13. A pesar de ello, el flujo de información acerca de alternativas a este lugar ha derivado en una búsqueda nacional. Desde Polonia a Castilla, pasando por Galicia, Suiza, Cataluña, Grecia o Inglaterra son algunas de las propuestas realizadas y todas han caído por su propio peso. No ha habido ninguna película que haya querido mostrar imágenes de lo que podría haber sido la vida de Colón. Alba de América (1951) muestra en una escena cómo el protagonista nos dice que sus padres eran cardadores de lana14. Ésta es una de las posibilidades, aunque el propio Hernando nos dice que sus abuelos eran gentes de mar15.

Por tanto, casi todas las películas coinciden con la historiografía al situar a Cristóbal como originario de las costas de Liguria, con una excepción. En el año 2007 apareció una película portuguesa que apenas tuvo eco. El título era Cristovao Colombo: O Enigma y en ella no hay ningún Colón. La película narra la vida de un matrimonio interesado en encontrar los orígenes del Almirante, aceptando las tesis del escritor luso Mascarenhas Barreto que lo asocia con la nobleza portuguesa relacionándolo con Fernando de Avis y encontrando como lugar de nacimiento la villa portuguesa de Cuba16. Se quiere pensar que este autor no comete la desgracia de unir etimológicamente el nombre finalmente impuesto para la isla más grande del Caribe, que Colón llamó La Juana y que, hoy en día conocemos por el propio nombre de Cuba, que parece derivar del nombre con el que los taínos asociaban la isla: Colba17. De no ser así, se antoja una casualidad diabólica.

La película nos deja, al final, su justificación ante semejante proposición. Manoel de Oliveira, su prestigioso director, es además un ferviente nacionalista que va a defender el imperio portugués como pilar de la expansión europea. Así nos va a explicar que fueron cinco lusos los que alcanzaron ciertos rincones ocultos del planeta: Colón descubrió América, Vasco de Gama llegó a la India, Cabral alcanzó Brasil, Magallanes dio la vuelta al mundo y Mendes Pinto costeó China y Japón. Lo que en origen fue la profecía apocalíptica del Quinto Imperio transmitida por Vieira va a servir de fuente directa para legitimar el discurso de Oliveira. Y es que, en tiempos de oscuridad, nada como recordar la grandeza imperial para recordar aquel glorioso pasado que une a los portugueses18.

En cualquier caso, no es el único mensaje nacionalista que se puede encontrar dentro de la interpretación colombina del asunto que aquí nos trata. No fue carente de ello la España franquista que, necesitada de héroes, muestra en Alba de América (1951) un Colón más español que los propios palermos que intentan echarlo por la borda. La frase “no se es de dónde se nace sino de dónde se viste” es una reivindicación lo suficientemente clara como para incluir al Almirante en la lista de españoles ejemplares que lucharon por una idea que, también aquí, está repleta de imperialismo.

Se atisba ligeramente este mismo discurso, en versión italiana, en la miniserie que hizo Alberto Lattuada en 1985. Hasta una decena de veces afirma Colón que procede de Génova y que, pese a ello, es fiel a Castilla. Lo cierto es que, en sus escritos, ni Colón se reconoce castellano, ni su hijo tampoco lo hará por él19. Génova es su nación, entendiéndolo como tierra natal. Si de tierra adoptiva se trata, Colón, que es un mercenario en busca de mecenazgo, sólo puede identificarse con el mar. Su testamento da buena prueba de ello al pedir ser enterrado, no cerca de los suyos, sino en el Nuevo Mundo20. Es, por tanto, inútil esforzarse en una reivindicación nacionalista dentro del discurso colombino tal y como se ha venido haciendo en la búsqueda de su lugar de nacimiento.

Los inicios del descubridor

De cualquier forma, la vida de Colón puede dividirse en cuatro etapas: juventud (1451-1476)21, vida en Portugal (1476-1485), búsqueda de patronato en Castilla (1485-1492) y su época de almirantazgo (1492-1506). Su juventud aparece totalmente oscura ante la ausencia de datos. Ni siquiera hay unanimidad de opiniones al juzgar si llegó a ser corsario y parece totalmente ficticia la anécdota que dice que, trabajando para Renato de Anjou, engañó a sus marineros en alta mar deseosos de volver a Marsella para acabar en Túnez22. Seguramente, un marino no distinguiera una velocidad de ocho o diez millas por hora23, pero parece harto improbable que no supiera si su rumbo es el norte o el sur, sobre todo de día y con el sol de cara. No hay, de hecho, ni una película que quiera adentrarse en estos años, quizás por lo complicado que es trazar un recorrido en la vida del navegante.

La etapa portuguesa aparece tratada en la miniserie de Lattuada desde que naufraga cerca del cabo de San Vicente, tras ser hundido por corsarios franceses liderados por Casenove Coullon. La casualidad de ambos nombres ha servido a la historiografía para dejar volar la imaginación, en gran parte por culpa de su hijo Hernando que incluye al bucanero como familiar directo24. Esto ha desencadenado en el desconcierto de cientos de historiadores que han alimentado la posibilidad de un origen catalán o corso del Almirante.

Volviendo a Portugal, la miniserie resulta ser rigurosa en este tramo de la vida de Colón aunque incluye elementos disparatados como el descubrimiento de un extraño cadáver procedente de occidente cuando nuestro navegante va hacia Islandia. Las escenas, en cualquier caso, se contraponen de forma despiadada la bondad a la que se ha asociado el imperio portugués que era tan comercial que no dudaba en traficar de forma cruel con esclavos negros25. Lo más interesante que muestra la miniserie es que muestra cómo se desarrollaron las actividades mercantiles de los portugueses en África de donde no sólo obtenían mano de obra esclava sino buenas cantidades de oro. Sabemos que Colón participó en esta empresa por lo que llegó hasta la costa de Guinea y así aparece bien reflejado aunque parece dudoso que en tierras africanas comprendiera lo crueles que pueden llegar a ser los europeos con aquellos que son diferentes.

Es en esta época cuando empieza a surgir el plan de navegar al oeste. Todas las películas que tratan el problema de patronazgo no se cansan en mostraros a este respecto, el carácter mesiánico del personaje influenciados por la vieja historiografía, tal y como muestra Milhou26. Colón ha sido visto por la filmografía como un valiente marino al que nadie quería escuchar y es que se recuerda la tradición naviera lusa. Portugal era desde tiempos de Enrique el Navegante, una región de marinos ansiosos por alcanzar la gloria y un reino abierto al Mar Tenebroso. No es ilógico pensar que Colón convivió con marineros deseosos de probar fortuna al oeste. Por lo que, vista la negativa y posiblemente por problemas judiciales, el Almirante puso pies en polvorosa y entró en Castilla, ya viudo y con su hijo Diego a cuestas27.

Colón en Castilla

Un autor como Juan Manzano ha dedicado un libro entero a esta época, siendo relevante porque son los años preparativos del gran viaje, en una lucha constante de Colón con las autoridades castellanas, primero por hacerse escuchar y luego para que su plan fuese aceptado28. La filmografía del descubrimiento lo considera una época clave y no sólo la incluye en sus películas sino que, en muchas ocasiones, ocupa gran parte del espacio. El proceso y la exactitud varían de forma notable.

Si la estancia en Portugal está bien tratada en Christopher Columbus (1985), Castilla se convierte en un problema para los guionistas, que abordan la guerra de Granada como algo que afectó a todo el territorio castellano. Las imágenes son tan grotescas que vemos a Colón participando en la guerra o peleándose con musulmanes junto con el Duque de Medinaceli. No es más rigurosa Christopher Columbus (1949) que nos presenta a Beatriz Enríquez como una antigua amante de Fernando el Católico de la que Colón se enamora. Estos problemas amorosos y la negativa de la comisión real retrasan la aceptación del plan a pesar de la mediación de Fray Juan Pérez de Marchena. Y en esto último hay un error mayúsculo, que se sigue muy probablemente de emplear documentos históricos por parte de no especialistas, siguiendo sin crítica alguna a contemporáneos como López de Gomara que confundieron al antiguo confesor de Isabel de Castilla29, Antonio de Marchena, con Fray Juan Pérez, que también era fraile en La Rábida. Ambos eran, como se muestra en Alba de América (1951) dos de los grandes apoyos de Colón tanto en la primera visita que hace Colón a la Rábida en 1485 como la posterior en 1491. Es, curiosamente, esta primera visita de 1485 la que nos presenta a Don Cristóbal en Alba de América y en Christopher Columbus (1949), aunque esta última no duda en mostrarnos de forma muy perspicaz la sospechosa casualidad de que el primer lugar que visita Colón en Castilla es un pequeño monasterio donde vivía recluido el Padre Marchena, confidente de la reina, quien le introducirá en la corte30.

La imagen que aparece en las dos películas del quinto centenario sobre la Castilla de los Reyes Católicos está íntimamente ligada con la “leyenda negra” y el papel de la Inquisición es tan poderoso que desvirtúa totalmente el sentido de la realidad. En una versión más suave, Cristóbal Colón: El descubrimiento (1992) nos muestra el incipiente poder de fray Tomás de Torquemada, horriblemente interpretado por Marlon Brando, siendo una amenaza constante para Colón por su posible herejía. Peor es el caso de 1492, donde se nos dice textualmente que “España es una nación sumida en el miedo y la superstición” donde la Inquisición persigue a todo aquel que osaba tener un sueño31. Para añadir más leña al fuego, muestran en la segunda escena la quema de dos mujeres acusadas de brujería en Córdoba. Los datos y el mito se contraponen terriblemente pues autores como Kamen hablan de que eran pocos los quemados y la mayoría eran judíos32. En el lado contrario, Alba de América (1951) recae en tópicos judíos y franceses para mostrarnos la maldad de estas dos naciones frente a la inocencia y la bondad del español. De cualquier forma, no conviene olvidar que es una película propagandística financiada por el gobierno de Franco.

Otro de los puntos a tratar se refiere a la actuación del pueblo de Palos frente a la expedición pues tal y como se confirma recibieron una orden real que no cumplieron para poner a disposición del Almirante una flota33. Si por algo pudieron salir los tres barcos del puerto fue gracias a la mediación de Martín Pinzón, de gran fama en la zona34. Según Alba de América (1951), la relación entre Colón y Pinzón se inició en 1485 pero no hay nada que nos relacione a los dos principales personajes del descubrimiento antes de 1492. En Cristóbal Colón: El descubrimiento (1992), se aporta un punto totalmente confirmado que no aparecerá en otras películas: Colón utilizó presos y algunos están documentados. Es éste posiblemente el último acierto de esta película que se hunde totalmente una vez está en el mar35.

Viajes y descubrimientos

El primer viaje de Colón, el del descubrimiento, ha centrado la filmografía al considerarlo, como es lógico, el acto más conocido de Colón. No fue un viaje fácil y las amenazas de motín a bordo estuvieron a la orden del día. Gran parte del éxito para llegar a tierra estuvo en manos de los hermanos Pinzón, capitanes de las dos carabelas que acompañaron a la nao Santa María que dirigía Colón. Todas las películas dan por supuesto el plazo de tres días que da la tripulación si no encuentran tierra después de más de un mes sin haber visto tierra pero hay una excepción. En Cristóbal Colón (1992), se desvirtúa totalmente el viaje y nos muestran una tripulación llena de rufianes que mantiene cautivo a Colón hasta que ven tierra. Por supuesto, nada de esto es cierto. Lo que sí que muestra el diario y las películas es la declinación magnética por la cual ya no podían orientarse con la estrella polar y el hecho de que Colón contara menos millas de las navegadas para animar a la flota a alcanzar las 750 leguas prometidas.

Menos la película mencionada, todas son bastante fieles con el diario en cuanto a los hechos narrados el 11 y 12 de octubre de 1492. Alcanza la costa de un lugar bautizado como San Salvador y entran en contacto con los primeros nativos. Aquí empiezan las divergencias pues no hay una gran fijación en tratar el tema de la relación entre indios y castellanos. Alba de América (1951) nos va a mostrar a Colón como un paladín del catolicismo en las nuevas tierras y apenas tiene tiempo de mostrarnos aspectos más negativos como el comercio con los indios, tal y como aparecen en otras cintas como Cristóbal Colón (1992) o Christopher Columbus (1949) donde se critica abiertamente cómo los recién llegados intercambian oro por cascabeles36.

Lo más sorprendente del primer viaje es la mitificación que se ha hecho de la tormentosa relación entre Martín Pinzón y Cristóbal Colón. Alba de América (1951) nos muestra un grandísimo respeto mutuo que se aleja de la realidad en cuanto a que el mayor de los Pinzón abandonó la expedición con la Pinta por motivos poco claros y aunque volvieron a encontrarse para la partida, aprovechó una tormenta en el Atlántico para separarse de la Niña, ya capitaneada por Colón, para tomar tierra antes. La miniserie Christopher Columbus (1985) nos deja ver que Pinzón tenía fiebre de oro pero no parece que fuera menor que la que mostraban otros compañeros de expedición37.

No podemos dejar de hablar del primer viaje sin hablar del tremendo error de bulto que se comete en 1492: La conquista del Paraíso (1992). No sólo es lamentable que se funde el Fuerte Navidad sin haber hundido la Santa María, algo que no tendría sentido por la corta tripulación que iba, sino que a España llegan a volver los tres barcos y Pinzón apenas muestra signos de rebeldía. Sobre el Fuerte Navidad, no es menos errática Cristóbal Colón (1992) al mostrarnos que el desastre que lleva a la muerte a sus 39 colonos es producido por el mal gobierno de Álvaro de Arana, un hijo inventado de Pedro de Arana, alguacil de la Santa María que fallece realmente allí junto con otros viajeros de Niña y la Santa María como Luis de Torres, el traductor del primer viaje de Colón.

Una vez vuelve Colón y es majestuosamente recibido por sus majestades en Barcelona, no cesarán los errores. Entre los más frecuentes que no se le pueden achacar únicamente al cine, es destacable el fenómeno de la evemerización. Esto ocurre cuando el mito supera a la historia y comienza a forma parte de ésta38. El referente dentro de ámbito colombino no es otro que la anécdota del huevo cuando Colón supuestamente demuestra la sencillez de su descubrimiento comparándolo con la facilidad de dejar un huevo en pie al aplastarlo sobre su base. Este hecho incluso consta en libros que pretenden ser históricos 39 en base al relato inventado que hace Girolamo Benzoni en su libro sobre América a mediados del siglo XVI40. El cine no dudará en tragarse el sapo por lo simbólico del momento y así constará en Alba de América (1951) y en Christopher Columbus (1949).

Los siguientes viajes de Colón apenas tienen la importancia del primero para la filmografía. Para Ridley Scott en 1492: La conquista del Paraíso (1992), de hecho, aportan tan poco que mezcla datos del segundo y tercer viaje. Junto con También la lluvia (2010) y la miniserie de Christopher Columbus (1985), son las únicas que tratan de adentrarse más profundamente en las relaciones con indígenas. El gran problema de las películas del siglo pasado es que no van a abandonar la perspectiva más positiva y menos real del personaje afanándose en demostrar que los orígenes de los conflictos en La Isabela se produce por la negativa de nobles castellanos como Adrián de Múxica a trabajar. Desde la miniserie, se justifican los problemas por la desconfianza mutua que hay tras la masacre del Fuerte Navidad de la que no tenemos datos suficientes ni los tenían en su momento, aunque el relato de los indios taínos apunta hacia sus rivales, los feroces caribes liderados por Caonabo41. De cualquier forma, la mejor muestra de la incapacidad de Colón para gobernar nos la muestra la propia película de Scott donde se nos enseña cómo en muchas ocasiones delegaba su papel en sus hermanos, Bartolomé y Diego, los únicos que gozaban de la confianza de Colón en territorio americano.

El fracaso de Colón como gobernador llega hasta Castilla por lo que al final del tercer viaje, y no al final del segundo como nos dice 1492: La Conquista del Paraíso (1492), es sustituido por Francisco de Bobadilla. Todas las películas que tratan el hecho, incluso la antiquísima Christophe Colomb (1904) muestran el simbólico acto de volver con los grilletes, abandonado por aquellos que le apoyaron en un pasado. Y aquí lo que se nos quiere mostrar es que, el que anteriormente había sido un Mesías, era un hombre, cometía errores pero todas coinciden en que esos errores no son mayores que los cometidos por cualquiera, porque la grandeza del personaje está en la valentía de su empresa y que logró encontrar un mundo nuevo, con nuevas gentes y nuevas culturas en las que adentrarnos.

No hay nada que nos acerque al cuarto viaje, quizás el más interesante no desde una perspectiva histórica sino cinematográfica porque realmente fue una aventura de supervivencia aguantando tormentas, rebeliones internas y un año de espera en Jamaica tras haberse quedado sin ningún barco42. El único largometraje que recoge este evento es el documental Columbus: The Lost Voyage (2007) que sin embargo, abusa en exceso de la voz en off y no resulta ser todo lo práctico que se requiere para poder ser seguido por alguien que no esté muy interesado. Aun así, hay que reconocer el esfuerzo por mostrarnos un Colón mucho más humano que en las propuestas trabajadas.

El último hito que ha tratado de analizar la filmografía sobre Colón es la muerte del Almirante. El hecho no ha sido apenas tratado hasta el nuevo siglo siendo el cortometraje El último viaje del Almirante (2006), el único que trata exclusivamente de ello. La leyenda creada por Bartolomé de las Casas vino a decir que murió en la absoluta pobreza, sin un techo bajo el que cobijarse43. El corto no caerá en semejante error y parece claro por el testamento que sus riquezas, aunque no son espectaculares sí son abundantes. No existen datos acerca de las personas que estaban con Colón en la hora de su defunción pero parece claro que su hijo Hernando estuvo con él y así recoge sus últimas palabras44. En el caso que aquí tenemos, parece que se ha utilizado el cuadro sobre la muerte de Colón realizado por Benito Rementería que preside la Casa-Museo de Valladolid en su homenaje45. La imagen es bastante diferente que la que nos muestra el documental Columbus: The Lost Voyage (2007) donde vemos a un hombre de larga barba y prominente calvicie, lo que contrasta con la imagen que nos ha dejado la historia del arte sobre el descubridor.

La revisión del género

Como todas las buenas historias, ésta también tiene un final feliz. Si hasta ahora hemos visto películas enfrentadas a la disciplina histórica, con También la lluvia (2010) se va a producir un cambio. No es una película que trate exclusivamente de Colón sino de las relaciones entre invasor y nativo narradas en el contexto de un rodaje cinematográfico. En cuanto a Colón, su personaje apenas aparece unos pocos minutos para mostrarnos un aspecto que sólo podemos atisbar en otras películas: su postura ante el esclavismo. Claramente influenciado por su época portuguesa, Colón va a ser un firme partidario de esclavizar a los indios. Y la novedad de la película es que la propia película nos va a contar sus fuentes al contar el proceso de producción46.

Más allá de esto, van a mostrar claramente los dos objetivos del Almirante: colonizar y evangelizar. El primer aspecto lo hará de una manera cruda y exagerada con la frase clave de la película: “Os esclavizaremos, dispondremos de vosotros a voluntad, nos apropiaremos de vuestras posesiones y os causaremos tanto dolor como podamos”. Y aquí comienza la crítica interna al mundo del cine pues se reconoce cierta libertad para desvirtuar el texto histórico si ello ayuda a catalizar el mensaje que se quiere mostrar en la película. La licencia que utiliza es el hecho de que Colón nunca pronunció estas palabras que forman parte del Requerimiento de 151347. Lo cual no le exime de culpa porque Colón introduce en 1499 en las Indias la encomienda, institución por la cual un territorio es cedido a un colono que explote la tierra y a sus ocupantes. Con ello, Colón estaba adoptando un sistema que permitía la esclavitud que ya había sido prohibida por la Reina Isabel. Y éste sería otro de los motivos que provocarían el cese del gobierno en La Española por parte de Francisco de Bobadilla.

El segundo aspecto que va a mostrarnos es la réplica que los dominicos hacen a los abusos que los españoles cometen por influencia de los actos que había cometido el Almirante. El gobierno de Ovando retomó las encomiendas desde 1503 para el control del territorio y la extensión del cristianismo. Este aspecto es más histórico en cuanto a que vuelve a utilizar la distinción entre conversos y esclavos dentro de la comunidad india que hace Colón desde que llega a América48. El cristianismo ya había sido reivindicado en una visión positiva por Alba de América (1951). También la Lluvia retoma el discurso que viene a reflejar la enorme influencia en la colonización que tiene la imposición religiosa. Montesinos se opuso, en primer lugar a la deshumanización del indio producto de la explotación a la que vivían sometidos mientras que De las Casas se opondría tiempo después al Requerimiento previamente comentado, orden de Fernando el Católico por el cual legalizaba las prácticas cometidas por los colonizadores en América basado en la superioridad moral ante el infiel.

Estos dos aspectos remarcan los puntos más negativos de la conquista colombina, olvidados por el cine hasta tiempos recientes. De cualquier forma, el mejor aspecto que tiene la película es que es una reflexión del propio cine histórico. Reconoce errores a la hora de crear el discurso de la película histórica y plantea la utilización de fuentes contrastables crear el guión, entendiendo la limitación básica que tiene el cine y es que como consumible artístico debe responde a algunas de las cuestiones planteadas por la actualidad. Por primera vez, el cine ha sido tan ambicioso como para pensar, no en mostrar la historia a su manera, sino en ser partícipe de la misma.

Conclusiones

A lo largo del texto se ha demostrado como Cristóbal Colón es una de las figuras más tratadas de la historia del cine y, sin embargo, no es posible ofrecer una biografía fiable del personaje a través de su filmografía. En las películas aquí tratadas, hemos asistido a momentos variados que explican la vida del Almirante pero difícilmente parecen haber incidido en una lectura histórica del mismo. A la inherente bondad que abunda en el tratamiento del personaje hay que sumarle el mesianismo generalizado y la conclusión de que es un personaje maltratado por la historia. Es criticable que no se haya profundizado a fondo en las relaciones entre los indios y el protagonista ni se haya estudiado correctamente el contexto en el que se mueve la historia, como se ha intentado acercar el cine en su película más reciente.

De cualquier modo, lo que viene a demostrar este trabajo es precisamente la imposibilidad de encontrar una película suficientemente fidedigna para ser mostrada a un joven estudiante y, lo único que podemos entresacar, dándole la razón a la teoría de Sorlin, es que hay una serie de escenas que mejoran sus antecedentes mostrándose como más fieles a la historia mientras que hay momentos en los que las nuevas películas recaen en ciertos errores que la alejan de la realidad.

El trabajo sirve para remarcar la necesidad de un esfuerzo serio por parte del cine para poder adaptar la historia como debería. Hasta ahora se ha hecho un trabajo ingente que no ha sido recompensado ni por la crítica, ni por los espectadores, ni mucho menos por los historiadores. La documentación debe ser básica para entender que existe un espacio entre los dos mundos. La historia ya ha aceptado al cine como una disciplina a estudiar pero el cine minusvalora su papel dentro de la historia y no está a la altura narrativa en la mayoría de las ocasiones. Cuando el cine histórico sea más riguroso podrá adecuarse mejor a la enseñanza y la historia sabrá recompensarle.

Bibliografía utilizada
Fuentes primarias sobre Colón

- Hernando Colón, Historia del Almirante, Editorial Planeta, 2006

- Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias (Vol.1 y 2), Biblioteca Ayacucho, 1956, Caracas

- Girolamo Benzoni, La Historia del Mondo Nuouo, impreso en Venecia por P. y F. Tini, 1572
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