Decisiones un libro para «darse cuenta»






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DECISIONES

Daniel J. Martínez

DECISIONES Un libro para «darse cuenta»

Andrómeda


Martínez, Daniel J. Decisiones - 1ª ed. - Buenos Aires: Andrómeda, 2007.

256 p. ; 14x20 cm.

ISBN 978-950-722-274-0

Ediciones Andrómeda www.edicionesandromeda.com info@edicionesandromeda.com 2007, Ediciones Andrómeda

ISBN 978-950-122-274-0 Se ha hecho el depósito de ley 11723 Impreso en la Argentina - Printed in Argentina


DEDICATORIA

Este libro se lo dedico a mi madre, porque durante el embarazo, una partera del barrio le diagnosticó que yo estaba muerto en su vientre, y que debía abortar.

Ella escuchó más lo que sentía que lo que le fue dicho, y decidió seguir adelante.

Querido lector: este libro se lo dedico a mi madre, pero no porque le deba la vida -ya que como

decía un viejo maestro mío (el Dr. Héctor Jorge Touyaá): «Ninguno de nosotros pide nacer, y por lo tanto, uno no puede deberle a alguien por algo que nunca pidió», sino para que ella se entere de algo que descubrí hace unos años pensando en aquel hecho: pues hay una gran diferencia entre una cosa

y la otra... no es lo mismo nacer de un deseo, que de una «decisión», ¿no te parece? Pero no me

respondas ahora... nos encontramos nuevamente al final del libro.


AGRADECIMIENTOS

Al Dr. Héctor Jorge Touyaá, mi viejo maestro,

a mi familia, a mis amigos, a la licenciada Sara Botta Barcina, con quien aprendí lo que sé sobre vínculos, al equipo de Ediciones Andrómeda, a José Narosky, que con pequeñas frases me

enseñó grandes cosas, a la familia Demarco, a la profesora Carina Ullua, la primera en leer los borradores de este libro, a la producción, a la locutora y a los profesionales de mi equipo de la radio, a mis oyentes, por la lealtad y la confianza que me brindan noche tras noche.


Muchísimas gracias, hay en mí algo de cada uno de los que he querido a lo largo de mi vida, y a través de mí, también hay algo de ellos en las páginas de este libro.


PRÓLOGO

Para mí es un honor y un privilegio poder abrir las puertas de este libro y darle la bienvenida a cada una de sus páginas, en las cuales, considero, el lector verá reflejadas algunas escenas de su historia.

¿Quién no tuvo que tomar una decisión alguna vez? ¿Quién no sintió miedo ante las consecuencias de una decisión tomada? ¿Quién no se vio enfrentado con la imposibilidad de decidir?

Cuando, allá por el 2002, fui convocada por Daniel Martínez, conductor y creador de Buenas compañías, para integrar su equipo como columnista del programa, tuve que enfrentar ciertos miedos e inseguridades con objeto de asumir el lugar que me esperaba y el cual, inconscientemente, yo deseaba.

Y así tuve que decidir enfrentarme por primera vez a aquel micrófono que puso al descubierto uno de mis más auténticos deseos: el trabajo en un medio de comunicación, como es la radio.


Y por atreverme a vivir tan maravillosa experiencia, me encontré con una de mis verdades

más íntimas. Decidí dar un paso hacia un mundo que no conocía. Y este paso cambió mi vida para siempre.

Decisiones, desde lo imponente de su título, nos remontará a todos y a cada uno de los que viajemos por estas páginas, hasta lugares, recuerdos, historias y momentos de nuestras vidas que muchas veces

tenemos guardados en rincones muy íntimos que no

acostumbramos visitar

Venimos al mundo por la decisión de alguien que quiso que así fuera.

Nacemos también porque decidimos hacerlo. Comenzamos a caminar porque un día decidimos soltarnos de la mano de mamá o de papá para intentarlo solos.

Hay decisiones que duran un instante, como elevar nuestra mirada al cielo y disfrutar de su inmensidad. Existen decisiones que duran ocho, diez o doce horas, cuando comenzamos un día laboral. Y además, hay decisiones que duran toda la vida, y vivir es una de ellas, quizá la más difícil.


Más de una vez despierta el miedo, Miedo. Esa sombra que aparece con frecuencia en muchas personas. Miedo al cambio de varías cosas, pero fundamentalmente a soltar amarras e ir en busca del propio camino. Tarea que, para muchos, resulta fácil y natural, porque así lo han aprendido, aunque para otros está cargada de imposibilidades.

Muchos viven instalados en la tragedia y creen

que el destino se les presenta como inmodificable.

Este libro te convoca a escucharte a través de cada cuento, de cada historia, de cada test... interesantes recursos que el autor utiliza como un disparador para que cada uno pueda encontrar sus propias palabras y descubrirse en cada respuesta.

El lector se sentirá acompañado y transitará cada capítulo de la mano de quien lo invita a recorrer

aquellas decisiones que marcaron o pueden marcar

su historia personal, venciendo el miedo a acceder a la novela familiar, a la vez que construye un camíno hacia un final libre de mandatos y acorde al propio deseo.

Daniel J. Martínez, inspirado en su experiencia personal y profesional, nos habla de la importancia


de pensar, reflexionar, sentir, conmoverse, aprender de las crisis, reestablecer o establecer vínculos, abandonar enfermedades, disfrutar la sexualidad, sin presiones, sin culpa y con plena libertad.

Creo en el mensaje de estas páginas, en la responsabilidad de su autor para con ellas. Y por eso, le deseo a Decisiones -y a mi querido amigo, compañero y maestro en esta actividad radial que me

enseñó a amar-, el mejor de los logros, que será, sin dudas, sembrar en cada lector la certeza de que la felicidad es una decisión que depende absolutamente de uno mismo.

Con el cariño de siempre.

Líc. Gabriela S. Rodríguez


INTRODUCCIóN

«No existen más que dos reglas para escribir:

tener algo que decir y decirlo».

Oscar Wilde (1854-19.00)

Creo que esta es la exacta definición de lo que me ha llevado a escribir el presente libro.

Desde hace muchos años, conduzco un programa de radio que, de lunes a viernes por la medianoche, propone un encuentro con uno mismo. Durante el programa, se suceden diálogos entre cada oyente y yo, en los que ambos intercambíamos vivencias y toda clase de sensaciones.

A esa hora suele venir el silencio, nos despojamos de las caretas que nos ponemos durante el día para


transitar los diferentes roles. Es la hora del encuentro con nosotros mismos, la hora en que, invariablemente, la mayoría deja a un lado ese muñeco social que arma cada vez que, al levantarse, sale a la vida vestido para la ocasión. Nos disfrazamos de vendedor, de chofer, de maestro, de padre, de médico, de profesor, de arquitecto, de obrero y de tantas otras cosas como las circunstancias lo requieran. Y muchas veces, no te das cuenta de que no sos eso.

Pues hay una gran diferencia entre lo que hacemos y lo que somos: quizás una infinidad de cosas que no mostramos a cualquiera y, a veces, a nadie.

Somos, la mayoría del tiempo, lo que no transitamos normalmente, lo que no expresamos a cada paso.

Y hay personas que muchas de esas cosas las guardan, las esconden, las postergan. Ocurre, entonces, que en las madrugadas de radio, durante esas charlas de confesiones profundas, he escuchado historias de toda clase que empezaron a empujar mis ganas de escribir sobre algo que es común a la mayoría de los que no logran ser felices en su vida: las decisiones.


Sentí que reunía las dos circunstancias que Oscar Wilde define como «reglas para escribir:

No existen más que dos reglas para escribir. tener algo que decir y decirlo.

Sentí que tenía algo que decir, y me decidí a decirlo. Espero que tu decisión de leerlo nos lleve a los dos a pensar que nos hemos encontrado por esas

causalidades de la vida.


PARA ENTRAR EN TEMA

«Fracasa quien no intenta,

muere quien no decide».

Hoy es 26 de julio de 2005. Anochece... Vos te preguntarás por qué menciono esta fecha. En verdad, me la estoy diciendo a mí mismo. No me entendés, ¿no? Bueno... te explico: este es

mi cuarto libro, y cada uno de ellos tuvo su particularidad. Cuando empecé el primero, me dio mucho miedo porque al leer lo que escribía, tomé conciencia de que todo eso quedaría impreso para siempre, lo cual me hacía absolutamente responsable ante cada lector de lo que había escrito, y entonces me sentí algo paranoico. Me vino cierto


temor al releer cada capítulo, miedo al decir cosas

que pudieran influir mal en quien lo leyera, de ser

criticado por conceptos mal vertidos. Miedo a la crítica del editor -cuando lo leyera-, por la gramática y la ortografía cuando pasara por el corrector, etcétera, etcétera, etcétera.

Pero seguí adelante hasta terminarlo, y me di cuenta de que aquellos miedos no eran por ser mi primer libro, sino que mi costumbre de hacer radio todas las noches hizo que, al escribirlo, entienda que las palabras no quedarían en el aire, no se irían por ahí, sino que cada coma, cada espacio, cada pensamiento estaría realmente impreso. Percibí que estaría esclavizado de lo que escribía. Y al advertir de dónde venían esos temores, sentí que tenía que decidir, y lo hice. Así seguí...

El segundo libro fue diferente, porque surgió por casualidad; me senté a escribir sobre un tema, y terminé haciéndolo de corrido, en treinta días, sobre algo diferente. En verdad, escribí sobre la numerología, que estudié e investigué durante casi veinte años, pero sobre lo que jamás pensé en plasmarlo en

papel. Así como te lo digo, escribí acerca de esta milenaria disciplina que fue creada por Pitágoras,


aquel sabio matemático al que todos conocen por el famoso teorema que se estudia casi de memoria en el colegio (y que en verdad resultó ser un profundo conocedor de la vida, sus misterios, la música y muchas cosas que tienden a rescatar el alma).

En realidad, el segundo libro hubiera tenido que ser este, pero por rara cuestión, no lo fue, así que quedó postergado.

Y luego surgió de forma espontánea, junto a una

psicóloga -amiga desde hace muchos años, la idea de escribir un libro sobre sexualidad, y bien, así

lo hicimos. En el inicio, puse una fecha límite porque hacía tres meses que debía haberlo empezado, pero no pude, no me salía, no sabía cómo: me sentaba a mi computadora, y no...

Bueno, basta de vueltas, te lo digo claramente: no podía tomar la decisión de intentarlo. ¿No me

digas, lector, que no es paradójico? Me costaba decidir escribir sobre «decisiones».

Hace tres años que vengo postergando este libro por otros, y cuando llegó el momento de narrar, cuando mi editor me dijo: «¿Para cuándo el libro de "decisiones'?», me costó tres meses empezar.


Tomé cientos de miles de decisiones en mi vida: cada día está plagado de decisiones pequeñas, cotidianas, habituales, que parecen involuntarias, pero que llevan necesariamente implícita la capacidad de discernir. Uno cree no estar preparado para tomar medidas importantes en la vida; es que las que a uno le parecen trascendentes, son aquellas que no se acostumbra tomar, pero que luego se repiten a

lo largo de la existencia.

Vos y yo, ensayemos una pequeña listita. Vamos a

hacer algo: yo te dejaré un espacio a la derecha para que puedas escribir otras cosas sobre las que tuviste o tenés que decidir: animate, hacé tu lista.

Ir al colegio .............................................. El secundario........... la facultad ................................................Tener novio/a ............................................la primera relación sexual ........................... El primer trabajo ......................................... Ser autónomo ... o en relación de dependencia ... Casarse .................................................... Tener hijos ...................................... ............ Separarse. Una operación ..................... ......................

El dentista... ................................ ......... Cambiar el auto..................................la tarjeta de crédíto. ..................

Renunciara un trabajo..............................Comer algo............................................Comprarse ropa.. ............. ...................... ... Cortarse el pelo....................................Lavarse los dientes....................................Salir más tarde .......................................... llegar temprano ...... .......................... ....... Comer la sopa- no comer la sopa ................. Ir de vacaciones...no ir..............................Elegir una carrera ... dejarla ... empezar otra ....... Tener un amante ......... .... - ......... ........

Ser fiel... o ser infiel .......... ....... ....... Hacerse una cirugía ... no hacerse una cirugía ... Tomar ese colectivo ... o el otro... o el tren...o el subte... o un taxi... ir caminando ......................

Comer en casa...comer afuera ... o no comer...., Hacer régimen... comerte todo. .......... -- ......

El primer cigarrillo... dejar de fumar ............... Callarse... gritar ... decirlo ... no decirlo............Tirarse un lance ........ ............. ........ Tener un orgasmo ... o no tenerlo ........... .........

Ser heterosexual... o bi... u homosexual ... o asexuado.... ... ..............................................

Quedarse quieto. ............... ................ ...... Elegir una película ... o el teatro .... .................. la pasta de dientes ... el desodorante...............Cortarse las uñas ... bañarse ... quedarse sucio.... Tomar un avión ....................... ............. Hacer terapia..........................................Salir a caminar ........................................Ir al gimnasio ... abandonarlo ............. ... ....... Seguir viviendo a pesar de---. matarse... no matarse.....................................................

. Pízza de muzarella ... o jamón y morrones......

Uffff. ¿Te cansaste sólo por leerlo? Imaginate la fatiga que causa estar constantemente tomando tales decisiones que son apenas un pequeño número enunciativo de las miles y miles que existen a través de tu vida. Claro, con razón tanto conflicto, duda, temor, vergüenza, timidez, desamparo, soledad, miedo y tantas otras sensaciones convergen a la hora de decidir.

Cierta vez, mi viejo maestro, el doctor Touyaá, me

dijo: «Cuando uno decide, está como cuando se

muere, es decir: solo». «¿Por qué?», le pregunté. Y con su tradicional estilo, pausado, seguro, firme, el que sólo tienen los maestros de la vida, me contestó. «Porque, al morir, estamos rodeados de personas, médicos, amigos, familiares, en fin, siempre hay alguien, pero el único que se muere es uno». «¿Y cuando decidimos?», le dije. «Cuando decidimos, hay consejeros, asesores, terapeutas, amigos, familiares, pero, al tomar la decisión, el que decide es uno, es decir, también estamos solos».

Si uno decide bien, todos se cuelgan de tu éxito, pero cuando decidís mal, nadie se arríma ni para saludarte, ninguno te recuerda su opinión, sólo alguno que te aconsejó lo contrario, que encima viene a reprocharte el no haber seguido su indicación. Y ahí estás, mal por tu supuesto fracaso y soportando el dedo acusador de los demás y las consabidas frases de siempre: «Viste, yo te dije», «¿Para qué me pedís opinión, si al final hacés lo que se te da la gana?», «Pero vos sos siempre el mismo». «¿No podías haber hecho otra cosa mejor?», y dale, y dale, y dale.

¿Porqué cuesta tanto tomar decisiones?

Al decidir, existen muchas cosas que vienen al encuentro: nuestros propios deseos, lo que pensamos que desearían los otros, el miedo a que salga mal, el temor a que nos deje de querer por hacer lo contrario a lo que esperan de nosotros, el terror al fracaso o al éxito. Sí, leíste bien: al éxito. Hay quienes tienen miedo a ser exitosos, gente que, en verdad, no se lo permite.
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