Es uno de los autores más respetados y queridos en todo el mundo. Con sus penetrantes relatos, que hablan directamente al corazón y al alma de la gente, ha






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Sobre el autor

Spencer Johnson es uno de los autores más respetados y queridos en todo el mundo. Con sus penetrantes relatos, que hablan directamente al corazón y al alma de la gente, ha entretenido e inspirado a millones de personas. A menudo se le menciona como el mejor a la hora de tomar temas complejos y presentar soluciones sencillas que funcionan.

El doctor Johnson es el autor de numerosos éxitos publicados por The New York Times, incluyendo los bestsellers ¿Quién se ha llevado mi queso?, Cómo adaptarnos a un mundo en constante cambio y El ejecutivo al minuto®, el método más popular del mundo para la gestión, escrito con Kenneth Blanchard.

Su formación académica incluye una licenciatura en Psicología por la Universidad de California del Sur y un doctorado en Medicina por el Royal College of Surgeons, además de haber formado parte de los equipos médicos de la Harvard Medical School y de la Clínica Mayo.

El doctor Johnson ha trabajado como director médico de Comunicaciones de Medtronic, compañía inventora del marcapasos; como médico investigador en el think tank del Institute for Inter-Disciplinary Studies; como consultor para el Center for the Study of the Person, y para la Escuela de Medicina de la Universidad de California, y, además, como profesor de Liderazgo invitado en la Harvard Business School.

Sus libros han aparecido a menudo en los medios de comunicación, incluyendo la CNN, The Today Show, Larry King Live, Business Week, The New York Times, Wall Street Journal, Fortune, USA Today, Associated Press y United Press International.

Los libros de Spencer Johnson están disponibles en veintiséis idiomas en todo el mundo.

NOTA DEL AUTOR

Muchas personas de todo el mundo que han leído la versión inicial de ¿Quién se ha llevado mi queso? explican que les hubiera gustado conocer la «Historia del queso» cuando eran más jóvenes, pues se dan cuenta de que, de haber sido así, muchas cosas les habrían resultado más fáciles.

Como adolescente, lo más probable es que te encuentres con muchos más cambios en tu vida de los que experimentaran tus padres o tus abuelos. ¿No te parecería fenomenal saber, ya desde esta etapa temprana de tu vida, cómo adaptarte al cambio… ¡y salir ganando!?

En el relato que sigue descubrirás cómo percibir los cambios que se avecinan antes que la mayor parte de quienes te rodean, cómo no tomarte a ti mismo demasiado en serio y cómo adaptarte con rapidez — cómo ¡ moverte con el queso! —, de modo que logres que cualquier cambio se convierta en una ventaja para ti.

Sea cual sea la situación de cambio en que te encuentres, deseo que puedas utilizar lo que aprendas en este relato para encontrar tu propio «Queso Nuevo» — aquello que realmente te importa— ¡y que lo disfrutes!



SPENCER JOHNSON, DOCTOR EN MEDICINA

El fenómeno

«¿Quién se ha llevado mi queso?»

E
l relato de «¿Quién se ha llevado mi queso?» fue creado por el doctor Spencer Johnson para que le ayudara a hacer frente a una difícil situación de cambio en su vida. Le mostró el modo de tomarse el cambio con seriedad, pero sin tomarse a sí mismo demasiado en serio.

Cuando sus amistades se dieron cuenta de hasta qué punto su vida había mejorado y le preguntaron el secreto, él les contó su «Historia del queso». Algunas de aquellas personas relataron, incluso años más tarde, cómo aquel cuento les había ayudado a conservar el sentido del humor, a cambiar y a mejorar. Ken Blanchard, que escribió con él El ejecutivo al minuto, lo animó para que diera al relato forma de libro para así ayudar a muchas más personas.

El libro ¿Quién se ha llevado mi queso? aparecía finalmente dos décadas después de que la historia fuera creada. El boca a boca lo convirtió rápidamente en un número uno internacional en ventas, con un millón de ejemplares en tapa dura vendidos en los primeros dieciséis meses, y más de diez millones vendidos en los dos años siguientes.

Numerosas personas afirman que lo que descubrieron en ese relato mejoró sus carreras, sus negocios, su salud y sus matrimonios. La «Historia del queso» se ha introducido en hogares, empresas, escuelas, iglesias, instituciones militares y equipos deportivos. Se ha ido extendiendo por todo el mundo en numerosos idiomas. Su atractivo es universal.

Sus críticos, por otra parte, no comprenden la razón por la que tantas personas consideran la historia tan valiosa. Aseguran que es tan simple que hasta un niño la entendería, que es un insulto a su inteligencia porque no es más que simple sentido común. Evidentemente, no sacan nada en claro del relato. Algunos incluso llegan a temer que sugiere que cualquier cambio es bueno, por lo que la gente debería conformarse, sin reflexionar, con los cambios impuestos por otros, aunque eso no se diga en la historia.

El autor ha comentado que tanto entusiastas como detractores tienen «razón» a su modo. El valor de la historia de ¿Quién se ha llevado mi queso? no está en lo que cuenta, sino en el modo en que cada cual lo interpreta y lo aplica a su propia situación.

Espero que el modo en que tú interpretes ¿Quién se ha llevado mi queso? en esta edición especial para adolescentes y cómo lo pongas en práctica en tu vida te ayude a encontrar ese «Queso Nuevo» que mereces.

— — —

He aquí lo que algunos líderes dicen sobre la edición original de ¿Quién se ha llevado mi queso?

«De vez en cuando aparece un libro que abre una puerta al futuro. Ése es el efecto que me ha causado este libro.»

—David A. Heenari, miembro del consejo de administración

PETER F. DRUCKER MANAGEMENT CENTER

«En cuanto terminé de leerlo, pedí más ejemplares como instrumentos de ayuda para los cambios incesantes a los que nos enfrentamos, cada vez que modificamos un equipo para abrir nuevos mercados.»

—Joan Banks, especialista en rendimiento y eficacia

WHIRLPOOL CORPORATION

«Me puedo ver a mí mismo leyendo esta magnífica historia a mis hijos y mis nietos, en el salón familiar y ante un buen fuego, viendo cómo todos comprenden su mensaje.»

—Tte. coronel Wayne Washer

AERONAUTICAL SCIENCE CENTER, BASE DE LAS FUERZAS AÉREAS DE PATTERSON

«La metáfora del “queso” proporciona un lenguaje y unas imágenes estimulantes, que nos sugieren un modo lógico y memorable de actuar ante el cambio.»

— Albert J. Simone. presidente

ROCHESTER INSTITUTE OF TECHNOLOGY

«Las percepciones y la narrativa únicas de Spencer Johnson convierten este libro en un raro ejemplar, que puede ser leído con rapidez y comprendido por cualquiera que quiera salir airoso en estos tiempos de grandes cambios.»

—Randy Harris, ex vicepresidente

MERRILL LYNCH INTERNATIONAL

«Este libro nos conduce por un recorrido sencillo y comprensible, que nos ayuda a adaptar nuestras circunstancias individuales en relación al cambio».

—Michael Morley, vicepresidente senior

EASTMAN KODAK

Dedicado a nuestros hijos

Emerson, Christian y Austin

Título original: Who Moved My Cheese? for Teens

Edición original: G. P. Putnam‘s Sons. Penguin Putnam Books, Nueva York

Traducción: David Sempau
Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.
© 2002 by Spencer Johnson, M.D.

© 2003 by ediciones Urano, S. A.

Aribau, 142. pral. - 08036 Barcelona

www.mundourano.com

www.edicionesurano .com
ISBN: 84-7953-528-8

Depósito legal: B- 27.267 - 2004
Fotocomposición: Ediciones Urano, S. A.

Impreso por Romanyá Valls, S. A. - Verdaguer, 1 -

08786 Capellades (Barcelona)
Impreso en España - Printed in Spain

Los planes mejor trazados

por hombres y ratones

suelen torcerse

ROBERT BURNS, 1759-1796

La vida no es un pasillo recto, fácil

y sin obstáculos por el que viajamos con libertad,

sino un laberinto de recovecos

en el que debemos hallar nuestro camino,

perdidos y confusos,

atrapados de vez en cuando en un callejón sin salida.

Pero si mantenemos la fe,

siempre acabará abriéndose una puerta ante nosotros,

tal vez una que jamás hubiéramos imaginado,

pero que demostrará ser conveniente para nosotros.

A. J. CRONIN

¿Quién se ha llevado mi queso? para jóvenes

Índice

Sobre el autor

Partes que todos tenemos

Un encuentro: Hora del almuerzo, instituto de secundaria local

La historia de ¿Quién se ha llevado mi queso?

Cuatro personajes

El hallazgo del queso

¡No hay queso!

Los ratones: Fisgón y Escurridizo

Los liliputienses: Hem y Haw

Mientras, de nuevo en el laberinto

Dejar atrás los miedos

Disfrutar de la aventura

Moverse con el queso

Las frases escritas en la pared

Probar el queso nuevo

¡Disfrutar con el cambio!

El debate: Después del almuerzo

Partes que todos tenemos

Los cuatro personajes imaginarios descritos en este relato —los ratones «Fisgón» y «Escurridizo» y los liliputienses «Hem» y «Haw» — tratan de representar las partes simples y complejas de nosotros mismos, con independencia de nuestra edad, nuestro género, nuestra raza o nuestra nacionalidad.

En ocasiones actuamos como

Fisgón

Que husmea pronto el cambio,

Escurridizo

Siempre dispuesto a lanzarse rápidamente a la acción, o como

Hem

Que niega el cambio y se resiste ante él porque teme que conduzca a algo peor, o como

Haw

Que aprende a adaptarse a tiempo cuando comprende que el cambio puede conducir a algo ¡mejor!

Sean cuales fueren las partes de ti que decidas utilizar, todos tenemos algo en común: la necesidad de encontrar nuestro camino en el laberinto y triunfar en tiempos de cambios.




Un encuentro

Hora del almuerzo, instituto de secundaria local

El timbre acababa de sonar. Siete amigos salieron disparados de sus clases respectivas en dirección a la cafetería del instituto para encontrarse en la mesa en la que siempre almorzaban juntos. Acababan de tener noticia de los grandes cambios que iban a producirse en su instituto y estaban ansiosos por hablar de ello.

Chris y Melanie llegaron los primeros.

— ¿Qué opinas? —preguntó Chris. Melanie se limitó a hacer un gesto de incertidumbre.

Al poco llegaron Peter, Kerry, Ana, Carl y Josh con la misma pregunta. El director acababa de anunciar un cambio importante en el calendario escolar. A partir de aquel momento y debido a la gran afluencia de alumnos, se añadiría un trimestre de verano al programa de estudios.

— Creo que ese cambio es una tontería —exclamó Ana, mientras dejaba su mochila en el suelo—. Me gustaba el calendario tal como estaba. ¿Por qué tienen que cambiar ahora las cosas?

— Sí, es una locura —asintió Peter—. Ahora muchos tendremos que cambiar de profesores.

A lo que Chris preguntó:

— ¿Y qué?

Refunfuñando, Josh comentó:

— Justo cuando comienzas a saber cómo funcionan las cosas, ¡van y te cambian las reglas! ¡Típico!

— Venga chicos —intervino Chris—. Quién sabe, tal vez las cosas mejoren. El instituto está abarrotado, este cambio podría ser beneficioso.

— Me da igual —respondió Carl, que había suspendido tres materias el año anterior y repetía curso—. No quiero cambiar.

Kerry se echó a reír.

— ¿De modo que estás en contra, aunque signifique una mejora?

Carl no se reía en absoluto.

— En este instituto nada mejora nunca — aseguró con firmeza.

Melanie le miró desde el otro lado de la mesa.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro? Todavía no lo hemos probado.

— Ya he tenido bastantes cambios en mi vida —interrumpió Josh —, y no quiero más.

Todos en la mesa sabían a lo que se refería Josh. Su padre le había abandonado cuando era niño y nunca lo había superado. Después de aquello sentía una rabia contenida ante cualquier cambio que alterara su vida.

— Justo lo que necesitaba —dijo Carl, y se hundió en su asiento—. Con mi suerte habitual, me veo yendo a clase el nuevo trimestre de verano.

Chris se echó a reír y sacudió la cabeza.

— ¿Te parece divertido? —le preguntó Josh, con cara de pocos amigos.

A lo que Chris le respondió:

— No me río de ti, sino de mí mismo. Escucharos me hace recordar lo parecido a vosotros que era yo antes.

—Ah, ¿y ahora ya no lo eres? —le espetó Josh.

Kerry miró con suspicacia a Chris.

— Eres el único al que no parece afectar el nuevo calendario. ¿Es que sabes algo que nosotros no sepamos?

— Sí… —dijo Melanie, mirando a su a amiga—. ¿Qué pasa aquí? Últimamente eres el “señor siempre feliz”. ¿Estás enamorado o algo así?

— No es eso —respondió Chris—. Supongo que las cosas cambiaron para mí cuando mi tío me explicó una historia que le contaron a él en el trabajo. Hizo que me riera de mí mismo y que me tomara las cosas de otro modo.

— ¿Y qué historia es ésa? —quiso saber Melanie.

— Se titula ¿Quién se ha llevado mi queso?

Eso les hizo reír a todos.

— Extraño título — comentó Kerry —. Creo que me va a gustar. ¿De qué trata?

— De cuatro personajillos que corren por un laberinto en busca de queso. El queso representa aquello que es importante para ti, como entrar a formar parte de un equipo, echarte novia o novio, entrar en la universidad o acabar la escuela y encontrar trabajo para que te sientas libre e independiente. Lo que sea. El laberinto es el lugar en el que buscas lo que te importa, por ejemplo, la escuela.

—Suena apestoso —bromeó Josh. Los demás soltaron una carcajada.

Carl echó un vistazo al reloj.

— ¿Tenemos tiempo? —preguntó.

— Yo quiero escucharla —intervino Melanie.

— Muy bien, Trataré dé contárosla tal como mi tío me la contó. Es cortita —les aseguró Chris—. Si comienzo ahora mismo, para el final del almuerzo habré terminado.

— De acuerdo, tú cuentas y nosotros comemos — dijo Josh—. Pero más vale que sea buena —añadió, y le dio el primer bocado a su sandwich.

—La historia es lo buena que tú quieres que sea —respondió Chris— .Todo depende de lo que quieras sacar de ella.

Luego añadió:

—Cuando vayáis entrando en la historia, preguntaros cuál es vuestro queso y qué personaje sois.

Y Chris comenzó su relato…



La historia

É
rase una vez, hace mucho tiempo y en un lugar muy lejano, cuatro personajillos corrían por un laberinto en busca de queso con el que alimentarse y sentirse felices.

Dos de ellos eran ratones y respondían a los nombres de «Fisgón» y «Escurridizo». Los otros dos eran liliputienses, seres tan pequeños como los ratones, pero que actuaban como la gente de hoy en día y se parecían mucho a ella. Se llamaban «Hem» y «Haw».

Debido a su reducido tamaño hubiera sido fácil no darse cuenta de lo que estaban haciendo. Pero si te acercabas lo suficiente… ¡podías descubrir las cosas más sorprendentes!

Cada día, ratones y liliputienses pasaban todo su tiempo en el laberinto buscando su particular queso.

Los ratones Fisgón y Escurridizo, dotados de pequeños cerebros y de buen instinto, buscaban ese queso duro y bien curado que tanto les gustaba, como a la mayoría de sus congéneres.

Los dos liliputienses, Hem y Haw, utilizaban en cambio sus complejos cerebros, repletos de emociones y de creencias, para buscar una clase muy distinta de queso, un Queso con Q mayúscula que creían que les haría sentir felices y triunfadores.

Por muy diferentes que fueran ratones y liliputienses, algo tenían en común: cada mañana se ponían sus ropas de deporte y sus zapatillas de correr, salían de sus casitas y se lanzaban al laberinto en busca de su queso preferido.

El laberinto consistía en una maraña de pasillos y cámaras, algunas de las cuales contenían el delicioso manjar. Pero había también rincones oscuros y callejones sin salida, que no conducían a ninguna parte. Era un lugar ideal para perderse.

Sin embargo, para quien lograra encontrar el camino, el laberinto guardaba secretos que le permitían disfrutar de una vida mejor.

Los ratones Fisgón y Escurridizo se limitaban a utilizar un sencillo método de ensayo y error para buscar su queso. Corrían por un pasillo y, si estaba vacío, daban marcha atrás y se lanzaban hacia otro. Recordaban bien qué corredores no tenían queso y exploraban rápidamente nuevas zonas.

Sirviéndose de su grueso hocico, Fisgón husmeaba la dirección aproximada de donde procedía el aroma a queso y Escurridizo se lanzaba a por el tesoro. Como puedes imaginar, a menudo se perdían o se daban de bruces contra alguna pared. Pero al cabo de más o menos tiempo encontraban el camino.

Al igual que los ratones, los liliputienses Hem y Haw utilizaban también su capacidad para pensar y aprender de sus experiencias pasadas. Sin embargo, confiaban en sus cerebros complejos para desarrollar métodos más sofisticados para buscar el Queso.

Algunas veces les salía bien, pero en otras ocasiones sus creencias y emociones humanas les dominaban y ofuscaban su modo de ver las cosas. Eso hacía que la vida en el laberinto se tornara más complicada y desafiante.

No obstante, Fisgón, Escurridizo, Hem y Haw descubrieron al fin, cada cual a su modo, aquello que buscaban. Cada uno de ellos encontró un buen día su propia clase de queso, al final de uno de los pasillos en la Estación Quesera Q.

Después del hallazgo, cada mañana ratones y liliputienses vestían su indumentaria deportiva y se dirigían a la Estación Quesera Q. No pasó demasiado tiempo antes de que cada cual estableciera su propia rutina.

Fisgón y Escurridizo continuaban levantándose pronto y lanzándose a toda prisa por el laberinto, siguiendo siempre el mismo recorrido.

Una vez llegados a su destino, se sacaban las zapatillas, ataban juntos los cordones y se las colgaban del cuello, de modo que las tuvieran rápidamente a mano por si volvían a necesitarlas. Luego se ponían a disfrutar de su queso.

Al principio, Hem y Haw también corrían cada mañana hasta la Estación Quesera Q para paladear los nuevos bocados que allí les aguardaban.

Sin embargo, después de un tiempo los liliputienses comenzaron a desarrollar una rutina diferente.

Hem y Haw se levantaban cada día un poco más tarde, se vestían un poco más despacio y caminaban en lugar de correr hasta la Estación. Después de todo, sabían dónde estaba el Queso y cómo llegar hasta él.

No tenían la menor idea acerca de dónde procedía, ni de quién lo ponía allí. Simplemente daban por sentado que allí estaría.

En cuanto llegaban cada mañana a la Estación Quesera Q, Hem y Haw se acomodaban como si estuvieran en su propia casa. Colgaban su ropa de deporte, se sacaban las zapatillas de correr y se calzaban unas pantuflas. Ahora que habían localizado su Queso, comenzaban a sentirse realmente cómodos.

— Esto es fantástico —decía Hem—. Aquí tenemos Queso suficiente para siempre.

Los liliputienses se sentían felices y triunfadores, absolutamente convencidos de que por fin estaban seguros.

No pasó mucho tiempo antes de que Hem y Haw consideraran el Queso que habían encontrado en la Estación Q como su propio queso. Las reservas parecían tan abundantes que decidieron trasladar sus casas cerca de allí y construir su vida social a su alrededor.

Para sentirse aún más cómodos, como en casa, Hem y Haw decoraron las paredes con escritos. Uno de ellos decía:
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