Crónicas del Reino: Bajo las Acacias






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BAJO LAS ACACIAS
Una Historia Compañera de

La Sombra del Makei (Shadow of the Makei)

por John Burkitt y David Morris

Versión en español por

Fernando Galán Peiró “Amani_lion”
Crónicas del Reino: Bajo las Acacias

(Chronicles of the Pridelands: Under the Acacias)
Nota Legal: Éste es un trabajo original, registrado por John Burkitt y David Morris, basado en la película de Walt Disney “El Rey León”. Los elementos tomados directamente de El Rey León son propiedad de The Walt Disney Company. “Bajo las Acacias” es distribuido sin costo alguno, exceptuando razonables tarifas de distribución. Citar nuestro trabajo, escribir piezas originales basadas parcialmente (o completamente) en nuestro trabajo, o utilizar a los personajes que nosotros creamos está bien mientras se nos pida aprobación. Puedes empezar por mandarnos una copia del trabajo a cualquiera de nosotros. Nuestras direcciones de correo electrónico son:
John H. Burkitt: john.burkitt@nashville.com

David A. Morris: damorris@wilmington.net
Los comentarios sobre nuestro trabajo, en pro y en contra, son bienvenidos.
Esta historia es un trabajo de ficción, pero no afirmamos que cualquier parecido a cualquier personaje vivo o muerto sea pura coincidencia. Con amor y respeto, reconocemos la duda que tenemos con aquellos que nos han enseñado a reír y a llorar. Sin actuar como claros modelos para ningún personaje muchas almas grandes, algunas no humanas, han tejido sus redes muy hondo en nuestras vidas sólo para acabar en “Bajo las Acacias”
PREFACIO DE LOS AUTORES:
Parte de este material estaba originalmente pensado para aparecer en “La Sombra del Makei” y en “La Búsqueda Espiritual”, pero se apartaba de la historia principal de ambos trabajos. Tuvo que esperar su turno para ser publicado. ¿Significa ello que este material sea una serie de “recortes” pegados unos junto a otros? ¡Falso! En un auténtico sentido, las cuatro partes de Crónicas del Reino estaban siendo realizadas a la vez. Cada parte maduró a distintos momentos. En ese sentido, “La Búsqueda Espiritual” no era una secuela como tampoco “La Sombra del Makei” o “Bajo las Acacias” Forman parte de un todo, y leerlas desordenadamente harán que tengan mucho menos sentido para ti. Es mi fundada esperanza ver alguna vez las cuatro partes ordenadas cronológicamente y unidas en un sólo trabajo.

Completando esta historia, hemos usado lo último del archivo “siguiente proyecto”, y a diferencia de otros este trabajo no producirá la base de una futura historia. Es una sensación de plenitud y cierre que presentamos al concluir el ciclo que comenzó con “Crónicas del Reino”

¿Volveremos a colaborar Dave y yo? ¡Seguro! ¿Serán las historias relacionadas con “Crónicas”? ¡Seguro! ¿Será el quinto volumen de “Crónicas”? No. ¿Qué haremos entonces? De vez en cuando me burlo de David con montajes humorísticos para historias basadas en el Perro de la Pradera (“Bajo la Savana Dorada”), y los Ñúes (“El pequeño rumiante que pacía”) ¡No extiendas rumores acerca de estas seudo-obras de ficción ni en sueños! Pero Nala--hmm, eso podría probar ser un desafío interesante para dos autores masculinos tratando de evitar estereotipos y clichés...

Esta historia está amorosamente dedicada a la memoria de George y Joy Adamson. Se reunieron con Aiheu, ahora ya son “libres para siempre”
John Burkitt, Nashville, Tennesse

12 de Febrero, 1997
Bueno, aquí estamos otra vez. La sombra de la Roca del Rey se ha extendido, sumiendo al promontorio en tinieblas al tiempo que el sol se oculta más allá en la lejanía, por poniente. Tenemos muchas cosas que hacer esta noche, pero primero hay algo que nos gustaría compartir.

En algún lugar en la bruma de escribir “La Búsqueda Espiritual”, algo extraño y maravilloso tuvo lugar. Esta historia es principalmente acerca de dos figuras de ese trabajo, una marca nueva, la otra una compañía familiar de “Crónicas” que vino junta, forjando una relación que era tan íntimamente afectiva no sólo a alrededor de ellos, sino entre John y yo también.

La nueva figura de “La Búsqueda Espiritual” es, por supuesto, Ugas. ¿Y la vieja compañera? La leona Uzuri. Líder de Caza, madre devota, incondicional amiga, ha tocado las vidas de prácticamente todo aquel a su alrededor en algún grado...y eso también incluye a los autores.

Permítenos marcharnos ahora; las leonas se están reuniendo, y Uzuri está preparada.

La Cacería espera.
David Morris, Wilmington, Carolina del Norte

12 de Febrero, 1997
Prefacio del traductor:
Sólo puedo decir que tengo el honor, el privilegio, y el placer, de doblar al español esta obra. Y debo añadir que, como David ha dicho, Uzuri también ha tocado mi vida. Y es un toque suave, gentil. Un toque que te tranquiliza, que te alegra el corazón, que te hace sentir un profundo amor por ella, por sus Hermanas, por sus hijos. En momentos de zozobra, ella ha estado allí, consolándome, animándome a mirar adelante, a seguir, a perseverar. Palabras gentiles, sonrisas, ternura. El sentido del honor, de la dignidad, del deber. Nunca podré agradecerle lo suficiente lo que ya ha hecho por mí. La noche nos ampara. Avanzamos en completo sigilo a través de las hierbas altas. Frente a nosotros, entre los tallos de la maleza, se distingue una desprevenida manada de impalas. Otras leonas nos flanquean. La cacería ha comenzado.

Fernando Galán Peiró, Alaquás (Valencia) España

1 de Julio, 2003

PRÓLOGO:

En lo alto de Montículo del Elefante, donde la roca desnuda permanecía expuesta, envejecida pero desafiante, había una grieta. Años de tormentas de arena habían ido llenando pacientemente esa grieta con pequeñas cantidades de suelo. Y en esa grieta crecía un único y humilde tallo de Alba, cuya flor roja miraba hacia arriba, hacia Dios, con la esperanza de las próximas lluvias. Cuando la semilla cayó sólo Aiheu lo supo, pero miró hacia abajo, a ella, y sonrió.

“Aquel Que Trae la Lluvia” dijo Aiheu, “cuida de mi jardín.”

“Pero Señor, sólo veo una única flor.” respondió la lluvia

“Pero tiene la fe de un millar.” contestó Aiheu, “Toda flor puede crecer a la orilla del río, pero esta ha traído la belleza a la árida desolación”

Incluso en el suelo más duro y pedregoso, la más pequeña y humilde chispa de vida puede portar belleza. Y donde se encuentra la belleza, Aiheu sonríe. Esta es la historia de una de esas chispas, Uzuri, y la belleza que trajo a los tenebrosos días del Reinado de Taka.
CAPÍTULO 1: HIENAS EN LAS TIERRAS DEL REINO
Los pájaros aún cantaban en los árboles. Las nubes todavía cruzaban lentamente el cielo. Una suave brisa aún acariciaba la hierba y formaba olas de serena tranquilidad. Pero para las leonas de la Roca del Rey, el viejo mundo que pensaban que duraría para siempre acababa de concluir abruptamente: Mufasa y Simba se habían ido.

Sarabi estaba buscando fuerzas para seguir viviendo a cada instante. Nala estaba acurrucada contra su madre, luchando por entender su pérdida. Mufasa ya no la llamaría “preciosa” por más tiempo, ni le contaría historias sobre los Grandes Reyes del Pasado. Y su amigo Simba se había ido para siempre- no más juegos, no más palabras, no más nada. En lo profundo de su dolor deseó haberle dejado ganar a las peleas tan sólo una vez. Ahora ya nunca tendría otra oportunidad.

“¿Le dolió mucho?” preguntó a su madre

Sarafina era una cazadora y había visto muchas veces su parte de la muerte. Negando con emoción, mesuró cuidadosamente sus palabras y dijo,

“Estaría tan sorprendido que apenas sentiría dolor. Quiero decir, antes de que tuviera tiempo de pensar, todo habría acabado”

Sintió cálidas lágrimas rodando por sus mejillas

“¡Pobre angelito!” empezó a acariciar a su hija con una pata, “Si hubiese sido mi pequeñita, me habría muerto. ¡Muerto! ¡Nunca te acerques a ese lugar, o te azotaré el trasero!¿¿Me oyes, Missy??” Sarafina la acarició y la besó

“¡Oh, mamá!” Nala empezó a sollozar, “¡Nunca iré allí! ¡Te lo prometo!” Añadió en casi un suspiro, “¿Pero no podemos ir a verle una última vez?”

“No” Fini la volvió a besar, “No quieres recordarle tal como está ahora...De verdad no quieres”

Antes de que el último calor hubiera abandonado el antiguo cuerpo del Rey, un nuevo dirigente se sentó sobre la Roca del Rey y procediendo hacia a él hacia el extremo del saliente iban las hienas del clan de Shenzi. Este era un nuevo mundo, un aterrador lugar de incertidumbre, desconfianza y pena. Uzuri las vio con angustiosa amargura mientras ellas violaban su santuario, y silenciosamente maldijo a Taka por traicionar a su gente. Las hienas habían asesinado a su tía y a su tío, ¡y él las estaba metiendo en su hogar!

A pesar de su promesa de un “grandioso y glorioso futuro”, Taka estaba más bien pagando su deuda con Shenzi, y le importaban muy poco las de su raza. Pero había una hiena que él amaba sobre todos los amores restantes en su torturado corazón. Fabana se salió desde su lugar en la procesión y corrió junto al lado de Taka, llegando a su lado. Él la acarició amablemente, volviendo su pequeña y cicatrizada con su gran pata y besando su mejilla con su gran lengua.

“Muti” dijo él en horrendo hiénico, “¡mo keth ban´ret dubrek!”

Algunas de las hienas se giraron, pasmadas,

“¿Betra hiannicha?” preguntó una de ellas

Él sacudió la cabeza, “Sólo cogí algunas frases”

Shenzi satisfizo el anhelo de su vida al ver el mundo desde el extremo del promontorio, planeando para el día en que no tuviera que compartirlo con los leones. Mientras tanto, sin ser consciente de su deleitado relamerse, Taka acariciaba amorosamente a Fabana con su pata, y miró a su cara sonriente

“Me siento hoy aquí por ti, muti. Me habría quitado la vida, y mi espíritu desesperado habría deambulado en la noche mientras un extraño gobernaba las Tierras del Reino”

“Si no hubiese sido yo, otro te habría detenido”

“Podrías repetir eso. Siempre has creído que la bondad prevalecerá.” besó su mejilla, “Te amo más de lo que pueden decir las palabras”

Las lágrimas rodaron por su rostro, mientras ella permanecía sentada gentilmente junto a él,

“Mi querido hijo.”
CAPÍTULO 2: RECETA PARA UN DESASTRE
La primera noche sin la confortante presencia de Mufasa fue lo más duro para Sarabi. Ella se deslizó sigilosamente hasta el lugar donde había pasado tantas maravillosas noches apretujada contra su hermoso cuerpo. Su escena aún flotaba en el aire, cerró los ojos, aferrándose a esa última traza

“¡Oh, cielos, ayudadme!” lloró. Cayó al suelo, sollozando.

Esa tarde prácticamente se había ofrecido frente a Taka, incluso después de que él hubiese traído las hienas a las Tierras del Reino. ¡Las hienas habían asesinado a sus padres! Después de eso, no volvería a hablarle a Elanna Ahora su querido amigo Rafiki estaba confinado en su casa, bajo arresto. Sarabi no tenía a nadie a quien acudir en busca de comprensión y consuelo y tenía que llorar a solas. Sólo Dios se interponía entre ella y el completo aislamiento,

Había exactamente cuarenta pasos hasta el final del promontorio. En el cuadragésimo primero podría encontrar el final de su sufrimiento. Un sólo paso más en los brazos del amor, y todas las cosas que habría podido decirles a su esposo y a su hijo podrían ser liberadas tan dulcemente como la fragancia de los jazmines de noche. ¡Pero que golpe para las que dejaría atrás! Sarafina e Isha tendrían que arrastrar su destrozado cuerpo a los chacales y ver cómo su carne era desgajada de su cuerpo por pequeños y afilados dientes. No; tras sopesar las consecuencias, aceptó su suerte y eligió el camino del deber. Su vida, con o sin sentido, seguiría adelante.

Elanna había considerado su propia parte del deber. Su corazón había sido partido en pedazos entre la rabia de su hermana y la reprobación de sus Hermanas de Manada. Habría sido sencillo abandonar a Taka y estar en la gracia de sus amigas. Pero había visto la lucha de Taka contra la depresión y la frustración llevárselo lejos y arrebatarle sus alegrías una a una. Su primer amor, Sarabi, le había rechazado, y sus padres estaban muertos. Ahora su hermano estaba muerto, y tenía que volverse hacia las hienas para consolarse. Ella quería amarle, consolarle, y darle significado a su vida una vez más. Y esperando contra la esperanza que él encontraría solaz en su amor, ella había aceptado ofrecérsele total y abiertamente.

Sarabi le había conminado a elegir entre su hermana y su amante, a renunciar a la felicidad y a sus propios cachorros, y compartir la perpetua soledad de Sarabi como pago a su aceptación por la Manada

“¡No es justo!” rogó Elanna fervientemente, “¡La amo lo suficiente como para morir por ella y ahora yo debería estar a su lado, pero no me tendrá! Ella también le amó una vez--¿cómo me puede culpar ahora por necesitarle? Dios santo, no entiende. ¿Qué puedo decirle que haga que me escuche?”

Taka llegó lentamente a su lado y la acarició,

“¿Tan triste, querida?”

“Abrázame” dijo ella, mientras las lágrimas rodaban por su mejilla, “Déjame sentirte a mi lado”

Taka le secó las lágrimas, besándola, y empezó a reconfortarla con su pata, “Jamás te he visto más hermosa de lo que estás aquí y ahora. Un corazón tan amable, capaz de tanta comprensión.” Él la miró con una ternura nada común en él, “Si hubiese sabido cómo te sentías antes, las cosas podrían haber sido muy diferentes”

“¿Cómo?”

“¿Acaso importa ya?”

Taka descansó junto a ella, sintiendo su reconfortante presencia. Cerró los ojos, podía ver a Mufasa y Sarabi con el pequeño Simba descansando en su hueco favorito. Junto a ellos, Elanna cuidando un pequeño Taka y una pequeña Lannie. Taka una vez amó a Mufasa, al igual que había amado a Sarabi. ¡Si sólo hubiese parado de esforzarse por un banal sueño y hubiese visto el potencial en Elanna hace tiempo! Bajo las circunstancias, Taka sentía que sus actos estaban justificados, pero aún se preguntaba si hubiera habido algo más que hubiera podido hacer para purgar la maldición que envenenó el corazón de Mufasa y alienó a Sarabi. La persistente duda de que era parcialmente culpable empezó a carcomerle, y se sintió contaminado, sucio, en maneras que ninguna agua podía lavar

¡Oh, volver a sentirse limpio otra vez! Él se habría contentado con el sincero e inmaculado amor de Elanna. Y no habría habido hienas en las Tierras del Reino granjeándole el inmortal odio de la Manada. El precio que había pagado por reinar había sido demasiado alto, pero aquello era el final y no habían devoluciones. Abriendo sus ojos una vez más a la atenazante verdad, besó la mejilla de Elanna y suspiró profundamente.

Uzuri y las demás Hermanas de Manada también estaban muy disgustadas, pero encontraron consuelo en la disciplina y esfuerzo conjunto de la Cacería. La posición sin cubrir de Sarabi les dolía como una herida abierta, y Uzuri le pidió discretamente a Ajenti que ocupase su punto izquierdo de la formación en luna creciente. Ajenti dio unos cuantos pasos hacia el viejo puesto de Sarabi, pero se detuvo, llorando vivamente

“¡No puedo, Uzuri! ¡Simplemente no puedo! ¡Es SU puesto!”

“Tranquila, Ajenti” susurró Isha, consolándola, “Ten mi puesto, princesa, esta noche yo cubriré el punto izquierdo” Dolorosamente, Isha ocupó la posición de punto izquierdo y tomó posiciones con una desacostumbradamente sombría actitud,

“Vale, hagámoslo de una vez”

Mientras tanto, con desacostumbrado júbilo, las hienas iban de caza en las Tierras del Reino sin miedo de ser descubiertas. Acostumbradas a las áridas condiciones del cementerio de elefantes, el olor de hierba fresca y árboles, de flores y enredaderas embriagaban sus sentidos. Las esencias que portaba el viento les llenabas de promesas de buenos tiempos ante a ellos.

No para Ber o los otros leales había algo que celebrar en todo aquello. Sus lazos hacia el anterior Roh´mach les marcaban permanentemente, relegándoles a tareas de vigilancia. Shenzi sospechaba que los viejos modos estaban demasiado arraigados en ellos como para confiarles cualquier otra tarea.
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