El sistema político de la restauración y los elementos opositores al mismo (1875–1902)






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b) Anarquistas: su implantación coincidía con la del movimiento cantonal del Sexenio Democrático (el tercio mediterráneo de la Península, en especial Barcelona, Zaragoza, Valencia y las provincias de la Baja Andalucía). Anselmo Lorenzo es considerado como “padre del anarquismo español”. Este grupo consiguió un mayor número de seguidores durante la Restauración, ya que atrajo a gran número de campesinos. El sindicato más importante se fundó en 1910 y fue la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), aunque también hay que citar una rama que preconizaba la violencia (la propaganda por el hecho, como el asesinato de Cánovas o la bomba del Liceu).

5) Nacionalismos y regionalismos: son movimientos políticos contrarios al uniformismo y centralismo típicos del liberalismo español; inicialmente se desarrollaron en Cataluña, País Vasco y Galicia, pero acabaron extendiéndose hasta Valencia, Andalucía y Aragón (regionalismos).

a) Nacionalismo catalán: este movimiento surgió tras el crecimiento económico provocado por la industrialización de Barcelona; se había creado un grupo de empresarios burgueses que defendían una política proteccionista. A esto tenemos que sumar la Renaixença, movimiento que defendía la recuperación del catalán y de la cultura tradicional de esta zona, y que se remontaba a los años 30. Pero el catalanismo político surge en la década de 1880: frente a un catalanismo de carácter tradicionalista, que tuvo a Torras i Bages como su principal representante, surgió también otro de carácter progresista y federalista representado por Valentí Almirall, que fundó en 1882 el Centre Català. De la colaboración entre estas dos tendencias –gracias al esfuerzo conciliador de Enric Prat de la Riba- surgieron las Bases de Manresa (1892) donde se proponía la existencia de Cataluña como una entidad autónoma dentro de España. Es decir, en estos momentos el nacionalismo catalán plantea la opción autonomista, pero no independentista. En 1901 se crea la Lliga Regionalista de Prat de la Riba y Francesc Cambó, formación catalanista de signo monárquico y conservador y talante conciliador. (TEXTO)

b) Nacionalismo vasco: surgió a raíz de la defensa de la lengua vasca, la pérdida de los fueros (aunque sobrevivió una autonomía fiscal, el llamado cupo, todavía hoy en vigor) y el deseo de defender sus tradiciones frente al centralismo liberal y el impacto de la Revolución industrial. El representante más importante fue Sabino de Arana, quien fundó el PNV (Partido Nacionalista Vasco) en 1895. Características del nacionalismo sabiniano fueron su profundo catolicismo y conservadurismo en lo relativo a las costumbres, la defensa de la patria vasca y las instituciones tradicionales frente a la industrialización y la llegada de inmigrantes (maketos), el racismo (superioridad de la raza vasca y sus tradiciones frente a la degeneración castellana) -con su obsesión por la onomástica y los apellidos- y la defensa del euskera. Pronto surgieron dentro del PNV dos tendencias: los defensores de la independencia y los que buscaban la autonomía dentro del Estado (siguiendo el ejemplo catalán). Estos últimos, cuyas bases eran más urbanas e industriales, acabaron imponiéndose desde 1902. (TEXTO)

c) Nacionalismo gallego: se le denominó galleguismo y su carácter fue básicamente cultural. Cobró importancia debido a una corriente literaria denominada Rexurdimiento, cuya mayor representante es Rosalía de Castro. La Restauracion fue la peor época para este nacionalismo, ya que Galicia estaba muy atrasada económicamente y esto provocó la emigración de un gran número de gallegos.

5. LA CRISIS DEL 98 Y EL REGENERACIONISMO

La crisis de 1898 supuso la definitiva liquidación el imperio colonial español en América y en Asia con la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y algunos archipiélagos en el Pacífico. De todas esas pérdidas la más traumática, sin duda, fue la de Cuba por los intereses económicos españoles en la isla y la abundante población que había emigrado a la misma a lo largo del siglo XIX.

A comienzos del siglo XIX Cuba se había convertido en la mayor productora de azúcar de caña del mundo. Los intereses económicos de la aristocracia criolla –que controlaba las haciendas azucareras- les hicieron preferir mantenerse bajo la dependencia española en lugar de optar por la independencia, como habían hecho las otras colonias españolas en América.

Pero a mediados del siglo XIX crecieron las ideas independentistas de la aristocracia azucarera cubana al verse amenazados sus intereses económicos por las medidas abolicionistas de la esclavitud que, por presiones internacionales, estaba adoptando España y por una crisis económica provocada por la bajada de los precios internacionales del azúcar debido a la competencia de la remolacha azucarera europea.

En 1868 el rico hacendado Manuel de Céspedes inició con el Grito de Yara la primera guerra por la independencia, conocida como Guerra de los Diez Años (1869 – 1878). Una vez concluida la Tercera Guerra Carlista (1872 – 1876), el gobierno español pudo concentrarse en la cuestión cubana enviando al general Martínez Campos quien, bajo la promesa de una amplia amnistía y de autonomía, concluyó la guerra con la Paz de Zanjón (1878).

Durante los años posteriores, y ante el incumplimiento de las promesas de autonomía, el movimiento independentista renació con más fuerza liderado por José Martí, poeta, abogado y periodista exiliado en los EE.UU., fundador del Partido Revolucionario Cubano en 1892. Con el llamado Grito de Baire se iniciaba en 1895 la segunda guerra de independencia.

En el caso de Filipinas el movimiento por la independencia fue encabezado por José Rizal, pero detenido y ejecutado este, fue Emilio Aguinaldo quien asumió el liderazgo.

El problema se complicó por la intromisión de los Estados Unidos que apoyaban a los rebeldes con armas y dinero. A los estadounidenses les interesaba el mercado y la posición de la isla, incluso intentaron comprársela a España. En Filipinas pasó algo similar. El gobierno estadounidense encontró el pretexto que buscaba para emprender la guerra contra España con el hundimiento del Maine, un barco de Estados Unidos anclado en la Bahía de La Habana y al que una explosión voló por los aires. Hoy está demostrado, más de cien años después, que el hundimiento se debió a un accidente interno, sin embargo fue el pretexto que utilizaron los Estados Unidos para declarar la guerra a España. En España el orgullo patriótico subestimó a los enemigos; la prensa sensacionalista y patriotera pintó a los estadounidenses como un pueblo casi salvaje, sin civilizar, lo que influyó en las clases populares, como refleja la novela de Baroja El árbol de la ciencia. Pero la verdad era bien distinta, y la superioridad militar norteamericana era más que evidente. La flota española del almirante Cervera fue destruida en Santiago de Cuba casi sin disparar, y en Cavite (Filipinas) sería hundida la flota al mando de Méndez Núñez. Por el Tratado de París (diciembre de 1898) España renunció a Cuba y cedió Filipinas, Puerto Rico y algunos archipiélagos en el Pacífico a los Estados Unidos.

El desastre produjo una honda conmoción en el país, una profunda crisis de identidad, y sacó a la luz los defectos del sistema. Las dos reacciones ante el desastre serán contrapuestas. Por un lado se incidirá en la desgracia y un hondo pesimismo se extiende por España, una España en crisis y hundida moralmente. Por otro lado se iniciará una corriente regeneracionista encabezada por Joaquín Costa que denunció las lacras del sistema y clamó por la renovación de la vida política. Costa en su obra Oligarquía y caciquismo criticó toda la estructura política del país; su alternativa queda resumida en la expresión acuñada por el propio Costa de despensa y escuela como únicos medios para lograr la renovación. Además, la pérdida de las colonias exacerbó el nacionalismo catalán y el movimiento obrero.

Desde el punto de vista económico las consecuencias, a corto plazo, no fueron tan nefastas al provocar la repatriación de muchos capitales de la isla, pero, sobre todo, la pérdida del mercado colonial se intentó compensar con una vuelta al proteccionismo. Muy importantes, a largo plazo, fueron las consecuencias para el Ejército y la política exterior. Por un lado, la derrota provocó el resentimiento de los militares contra los políticos, a quienes culpaban de haberles conducido a una guerra inútil y sin medios. Este resentimiento influirá en la vuelta a la política de los militares. Además se despertó un profundo antimilitarismo popular, dado que, debido a la posibilidad de eludir el reclutamiento mediante una redención en metálico, sólo fueron a la guerra los más desfavorecidos; las campañas antimilitaristas de la izquierda provocaron, a su vez, la animadversión hacia ésta de los militares.

En política exterior, la frustración por la pérdida motivaría que inmediatamente se volvieran los ojos a otra zona de expansión, Marruecos, dando inicio a otro largo conflicto que influirá poderosamente en el devenir de la política española de las siguientes décadas.

En literatura dio lugar a la Generación del 98, un conjunto de escritores que se hará eco del desastre, estará formada por Unamuno, Ramiro de Maetzu, Azorín,... La preocupación por España es la constante en todos estos autores.

TEXTO:

1874. Comunicado del Poder Ejecutivo de la República ante el pronunciamiento

En el momento mismo en que el Jefe del Estado movía el ejército del Norte para librar una batalla decisiva contra las huestes carlistas, utilizando los inmensos sacrificios que el Gobierno ha exigido al país, y que este ha otorgado con tan noble patriotismo, algunas fuerzas del ejército del Centro, capitaneadas por los Generales Martínez Campos y Jovellar, han levantado al frente del enemigo la bandera sediciosa de D. Alfonso de Borbón.

Este hecho incalificable que pretende iniciar una nueva guerra civil, como si no fueran bastantes las calamidades de todo género que pesan sobre la patria, no ha encontrado eco por fortuna ni en los ejércitos del Norte y Cataluña, ni en ninguno de los diversos distritos militares. El Gobierno, que ha apelado en las supremas circunstancias en que la Nación se encuentra en la Península y en América á todos los partidos que blasonan de liberales para ahogar en su comun esfuerzo las aspiraciones del absolutismo, tiene un derecho incuestionable y hasta un deber sagrado de calificar duramente y de castigar con todo rigor dentro de su esfera una rebelion que en su último resultado no podria favorecer si se propagase más que al carlismo y á la demagogia, deshonrándonos además á los ojos del mundo civilizado.
El Ministerio, fiel á sus propositos y leal á los solemnes compromisos que ante el país y Europa tiene contraidos, está hoy más resuelto que nunca á cumplir con su deber, y lo cumplirá.

Gaceta de Madrid. 30 de Diciembre de 1874.

TEXTO:

1876. Constitución

Texto completo en http://clio.rediris.es/fuentes/cons1876.htm

Art. 11º. La religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado. La Nación se obliga a mantener el culto y sus ministros. Nadie será molestado en territorio español por sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su respectivo culto, salvo el respeto debido a la moral cristiana. No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado.(...)

Art. 13º. Todo español tiene derecho: De emitir libremente sus ideas y opiniones, ya de palabra, ya por escrito, valiéndose de la imprenta o de otro procedimiento semejante, sin sujeción a la censura previa. De reunirse pacíficamente. De asociarse para los fines de la vida humana. De dirigir peticiones individual o colectivamente al Rey, a las Cortes y a las autoridades. El derecho de petición no podrá ejercerse por ninguna clase de fuerza armada.

Art. 18º. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.

Art. 19º. Las Cortes se componen de dos Cuerpos Colegisladores, iguales en facultades: el Senado y el Congreso de los Diputados.

Art. 28º. Los Diputados se elegirán y podrán ser elegidos indefinidamente por el método que determine la ley. (...)

Art. 50º. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey, y su autoridad se extiende a todo cuanto conduce a la conservación del orden público en el interior y a la seguridad del Estado en la exterior, conforme a la Constitución y a las leyes.

Art. 51º. El Rey sanciona y promulga las leyes. (...)

Art. 75º. Unos mismos Códigos regirán en toda la Monarquía, sin perjuicio de las variaciones que por particulares circunstancias determinen las leyes. En ellos no se establecerá más que un solo fuero para todos los españoles en los juicios civiles y criminales (...) "

Art. 76. A los Tribunales y Juzgados pertenece exclusivamente la potestad de aplicar las leyes en los juicios civiles y criminales, sin que puedan ejercer otras funciones que las de juzgar y hacer que se ejecute lo juzgado.

Madrid, 30 de junio de 1876.

TEXTO:

1879. Programa fundacional del PSOE

Considerando que esta sociedad es injusta, porque divide a sus miembros en dos clases desiguales y antagónicas: una, la burguesía, que, poseyendo los instrumentos de trabajo, es la clase dominante; otra, el proletariado, que, no poseyendo más que su fuerza vital, es la clase dominada.

[…] Que éste [antagonismo] ha alcanzado en nuestro días su mayor grado de desarrollo, como bien claro lo revela el cada vez más reducido número de los inmensamente ricos y el siempre creciente de los inmensamente pobres;

Que la explotación que ejercen aquéllos sobre éstos es debida únicamente a la posesión de los primeros de la tierra, máquinas y demás instrumentos de trabajo;

Que dicha posesión está garantizada por el poder político del cual se vale para dominar al proletariado, hoy en manos de la clase explotadora; es decir, de la clase media [...]. Que la sujeción económica del proletariado es la causa primera de la esclavitud en todas sus formas: la miseria social, el envilecimiento intelectual y la dependencia política.

Por otra parte:

Considerando que la necesidad, la razón y la justicia exigen que la desigualdad y el antagonismo entre una y otra clase desaparezcan, reformando o destruyendo el estado social que las produce; [ ... ]

Por todas estas razones, el Partido Socialista Obrero Español declara que su aspiración es:

Primero.- La posesión del Poder político por la clase trabajadora.

Segundo.- La transformación de la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad común de la sociedad entera. Entendemos por instrumentos de trabajo: la tierra, las minas, los transportes, las fábricas, máquinas, capital, moneda, etc.

Tercero- La organización de la sociedad sobre la base de la federación económica, el usufructo de los instrumentos del trabajo por las colectividades obreras, garantizando a todos sus miembros el producto total de su trabajo, y la enseñanza integral a los individuos de ambos sexos en todos los grados de la ciencia, de la industria y de las artes.

Y como medios inmediatos para acercarnos a la realización de este ideal los siguientes: Libertades políticas. Derecho de coalición [asociación] o legalidad de las huelgas. Reducción de las horas. Prohibición del trabajo de los niños menores de nueve años [...]. Leyes protectoras de la vida y la salud de los trabajadores [...]. Creación de comisiones de vigilancia, elegidas por los obreros, que visitarán las habitaciones en que éstos vivan, las minas, las fábricas y los talleres [...]. Creación de escuelas gratuitas para la primera y segunda enseñanza y de escuelas profesionales [...]. Servicio de las armas obligatorio y universal y milicia popular [...]. Adquisición por el Estado de todos los medios de transporte y de circulación así como de las minas, bosques, etc., etc.

En suma: el ideal del Partido Socialista es la completa emancipación de la clase trabajadora. Es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes. [ ... ]

Programa fundacional del PSOE, 1879
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