La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria






descargar 79.22 Kb.
títuloLa carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria
página6/7
fecha de publicación30.05.2015
tamaño79.22 Kb.
tipoDocumentos
h.exam-10.com > Ley > Documentos
1   2   3   4   5   6   7

Una propuesta de acceso



Mi respuesta a esta cuestión es que la Universidad puede y debe contratar en condiciones seguras con sueldos iniciales decentes. Aunque mis propuestas para mejorar la Universidad pueden ser más complejas, creo absolutamente urgente comenzar con una puramente cuantitativa, una propuesta que no necesita modificar en modo alguno ni las estructuras ni el funcionamiento de la Universidad. Considero que las jerarquías tienen sentido en la investigación y no tienen sentido alguno en la enseñanza, pero estoy dispuesto a olvidar completamente esas opiniones. Mi propuesta tiene dos puntos: uno, comenzar claro; dos, comenzar alto.
En primer lugar, comenzar claro. Comenzar claro significa distinguir netamente entre los profesores universitarios y todas las figuras actuales que por intereses de unos y de otros se confunden con ellos, principalmente los becarios, los ayudantes y los asociados. Comenzar claro, significa, además, que al acceso al profesorado se haga por concurso público y universal.
Los becarios de investigación no son profesores, sino estudiantes que realizan su tesis doctoral en un departamento bajo la dirección de un profesor. En el laboratorio o en el despacho la camaradería puede ser muy grande y el trabajo en equipo muy solidario; pero aquellos de entre los investigadores que además sean profesores no pueden enviar a los becarios a darles las clases por mucha competencia y muchas ganas que estos muestren. Y los rectorados no pueden autorizar a los departamentos a que utilicen a los becarios para dar clases, siquiera sea con limitaciones, como hacen ahora.
Si los ayudantes son profesores no pueden al mismo tiempo estar completando su formación o haciendo su tesis doctoral. La confusión no es ahora cosa informal, como con los becarios, sino que está en las mismas leyes, que vienen definiendo a los ayudantes como personas que completan su formación. Eso quiere decir que la Universidad les paga al mismo tiempo por trabajar, como a los profesores, y por hacer la tesis, como a los becarios, lo cual provoca un ambigüedad sólo manejable desde actitudes paternalistas y particularistas.
Por lo que respecta a los profesores asociados han sido desde su creación en la LRU el resquicio por el que la corrupción ha invadido el sistema. Desgraciadamente han quedado tal cual con la LOU, así que es de suponer que seguirán desempeñando la misma función de permitir a Rectores y Consejos Sociales el fraude masivo en la contratación del profesorado. En otro lugar he propuesto suprimir esta figura de las posibilidades de contratación, pero ya he dicho que hoy quiero ser minimalista y no complicar las cosas. Quede pues ahí en buena hora la posibilidad de que especialistas de reconocido prestigio vengan a compartir sus experiencias con los universitarios. Pero limítese severamente este fructífero compartir a las materias llamadas de libre configuración, de tal modo que nunca el plan de estudios propio de una carrera, es decir, las materias llamadas troncales, obligatorias y optativas, pueda ser dado por este tipo de profesores.
¿Por qué esta insistencia en la claridad?. Pues porque es la única manera de que el ingreso en la función docente cumpla con los principios de igualdad, mérito y capacidad que la Constitución establece para el acceso a la función pública, principios que de facto no se aplicaban en la Universidad a consecuencia de las falsas vías de acceso abiertas por la confusión de becarios, asociados y ayudantes, y que desde la LOCE ya tampoco se aplican de iure. La claridad consiste en distinguir netamente el momento del ingreso y que haya una vía o procedimiento único de acceso, garantizado por la prohibición absoluta de que actúe como profesor universitario alguien que no lo sea por ese procedimiento. La claridad hará posible que el acceso tenga lugar con garantías jurídicas en condiciones de igualdad y de dignidad, en lugar de que, como ocurre ahora, el acceso al funcionariado sea una especie de consagración final precedida de un largo y penoso noviciado regido por la arbitrariedad, el particularismo y el clientelismo. Por eso propugno el concurso-oposición para el acceso a cualquier función docente, y no evito ninguno de los dos términos pese a las connotaciones negativas que les han inoculado los partidarios de los contratos. Los dos términos juntos implican igualdad de todos los candidatos; sólo permiten criterios de admisión universalistas, como tener un título académico o conocer determinadas lenguas, pero no experiencia previa la enseñanza. También implican tribunales imparciales, lo cual excluye de los mismos no sólo a los parientes de los candidatos, sino también a los directores de sus tesis y a los nombrados por cualquier tipo de sindicatos o grupos de interés.
Desde luego, quien saca el concurso obtiene el trabajo -no está simplemente habilitado para que las universidades lo puedan contratar si consigue caer bien al poderoso de turno. La relación laboral no tiene en principio por qué ser funcionarial, puede ser laboral al menos mientras se prevea que es por tiempo limitado, si con eso se tranquiliza a los que siguen creyendo en el efecto aletargante del funcionariado inamovible. Pero debe de ser clara, más si fuera posible que en el resto de la Administración Pública, por lo menos igual que en la Enseñanza Media, pese a que en esta la incapacidad de los gestores de personal ha multiplicado interinidades y contrataciones. Como he argumentado más en detalle en el número 2, 1999 de la revista Tempora, no creo que ninguna peculiaridad universitaria justifique las anormales pautas de acceso consagradas por la LOCE, heredadas la de ayudante de una concepción gremial de los oficios y la de asociado de una ilusión que se ha demostrado vana.

Además de un comienzo claro para evitar confusiones, propongo también un comienzo alto o por lo menos digno. Esta propuesta se comprende fácilmente y no necesita de mucho razonamiento. Se trata de los sueldos. Creo que nadie debería dar clase en la Universidad por un sueldo inferior al de un catedrático de Enseñanza Media, caso de que no sea doctor, para por lo menos dejar clara de modo simbólico la diferencia entre un nivel y otro. Sería el caso de los actuales ayudantes no doctores (bajo condiciones de claridad, recuérdese: si no se dedican como ahora a su propia formación) y de los mal llamados titulares de Escuela Universitaria. Va de por sí que los puestos, que deberían ser la norma, que requieren título de doctor, que cuesta tanto o más de obtener que el de licenciado, deberían partir de remuneraciones superiores.
Una propuesta de ascenso
Según he tratado de argumentar en otra parte, (“El punto ciego de la Ley de Universidades”, Claves de Razón Práctica, nº. 1193 Todo esto es cierto, pero no impide que cuando enseñanza e investigación se unen la investigación suela ser la que avasalle la docencia. Cuando ambas rivalizan por el tiempo y el esfuerzo de los profesores, suele ser la investigación la que se lleva la mejor parte”. .), y no soy, desde luego, ni el primero ni el mejor en hacerlo, el injerto de la investigación en la enseñanza universitaria pudo ser en su día (en los años sesenta, según el texto de París antes citado) un modo racional y eficiente de fomentar la investigación. Puede incluso que en esos primeros momentos fuera funcional para la docencia, que pudo renovarse gracias a las novedades que los profesores conocían por su nueva dedicación. Pero hace ya tiempo que el esqueje se ha desarrollado tanto que deja sin savia a la planta madre y la seca. La actividad naturalmente complementaria de la docencia no es la investigación, que es más bien su parásito, sino el estudio, que es cosa bien distinta tanto por su espíritu como por su organización, por lo menos en los dos primeros niveles de la enseñanza universitaria, la diplomatura y la licenciatura. La complementariedad entre investigación y docencia puede en cambio defenderse, creo, en el nivel en el cual por definición institucional el aprendizaje comienza a ser aprendizaje de la investigación, es decir, en el doctorado.
Esto significa que el cumplimiento satisfactorio de los deberes docentes debería ser suficiente y siempre básico para cualquier tipo de ascenso o promoción. Ocho horas de clase semanales -que los decretos de algunos astutos rectores han traducido a 24 créditos o 240 horas anuales- son los que prescribe la legislación vigente a los profesores de Universidad. Mantengan los tacaños si quieren las 12 horas semanales o 360 anuales a que la legislación obliga todavía a los profesores de Diplomatura, si quieren ahorrar. Aceptaría esta distinción entre diplomatura y licenciatura -que sitúa la Universidad muy cerca de lo usual en medias y que es de facto insostenible- con tal de que se reconozca el principio de que la docencia es la única obligación en los niveles de diplomado y licenciado. ¿Y el resto del tiempo?. Pues es claro que ocho o nueve horas de clase necesitan al menos otras tantas de trabajos complementarios, entre tutorías, preparación de materiales, corrección de exámenes y reuniones. Y es claro también que un profesor universitario ha de estar al día de los desarrollos en su materia y de además incorporarlo a sus clases, cosa que no logrará si al menos no le dedica -sé que esto no es tan evidente, y que muchos lo discutirán; pero la gente que yo conozco no lee tan deprisa- la mitad de su jornada laboral a leer y a estudiar. Desde luego, voluntariamente, el tal profesor universitario puede juzgar que el mejor modo de estar al día es dedicar parte este tiempo de estudio a la propia investigación...Pero, repito, de modo completamente voluntario, motu propio et sua sponte....
Todo lo anterior vale para la diplomatura y la licenciatura, donde, repito, la labor básica de un profesor es enseñar y lo que necesita para preparar sus enseñanzas es el estudio. Pero no vale para el doctorado o el tercer ciclo, donde la labor del profesor es enseñar a investigar; y para enseñar a investigar se necesita, evidentemente, no ya haber investigado, sino puede que incluso estar haciéndolo. En este nivel, pero sólo en este nivel del doctorado, creo que tiene valor la tan repetida cantinela de la Universidad investigadora, herencia del modelo alemán del siglo pasado revaluada por la sesgada experiencia de nuestros mejores ‘graduates’ en los mejores departamentos de las mejores universidades de Estados Unidos. Debería situarse en este nivel la categoría o escalón más alto de la carrera universitaria, para llegar al cual sí que sería básico el historial investigador. Y no, desde luego, a los sesenta años, edad en la cual tanto las capacidades docentes como las investigadoras suelen estar disminuyendo. Para la gente de talento, los escalones más altos de la carrera profesoral deberían estar abiertos en cuanto hayan hecho demostración de ese talento y adquirido la madurez mínima para las empresas de dirección y organización. Treinta años -aunque pocos lo consigan a esa edad- no es en modo alguno exagerado.

1   2   3   4   5   6   7

similar:

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconDelante de un mundo cada vez más globalizado y competitivo y de unos...
«cálculo», y del latín Logística, término con el que se identificaba en épocas de la Antigua Roma al administrador o Intendente de...

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconConseguir la tarjeta del estatuto de apátrida es una quimera para...

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconCada 4 años, el mundo se paraliza cuando sucede el fenómeno más importante...

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconCada 4 años, el mundo se paraliza cuando sucede el fenómeno más importante...

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconOrtega y Gasset es, tal vez, el más importante filósofo español;...

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconEl sentimiento que alienta al hombre por el suelo natal, es el principio...

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconResumen: Cuando hablamos de arte o mas en concreto de pintura, pensamos...

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconMás producción, más exportaciones, precios más bajos

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconHoy, mañana y siempre, cada 16 de marzo se celebra el nacimiento...

La carrera del profesor universitario: cada vez más larga, MÁs pobre y más precaria iconLa distancia más larga






© 2015
contactos
h.exam-10.com