Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna”






descargar 49.73 Kb.
títuloAznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna”
fecha de publicación01.07.2015
tamaño49.73 Kb.
tipoDocumentos
h.exam-10.com > Ley > Documentos



Hoy miércoles 24, en el acto de entrega del Premio FAES de la Libertad 2012 a Mario Vargas Llosa
Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna”
“Es indispensable reconstruir desde su base un proyecto nacional real que nos devuelva al camino del progreso”
“No hay posibilidad alguna de invocar la democracia ni cabe esperar su protección cuando se actúa fuera de las normas de un Estado de derecho”
“Nacionalismo y europeísmo son en realidad conceptos opuestos”
“La Constitución fue nuestra puerta de entrada a Europa. Romper con la Constitución es, para quien lo haga, la puerta de salida de Europa”
“El problema del nacionalismo no es solo con España ni con la Constitución; sino con el Estado de derecho, la sociedad abierta, la diversidad y la globalización”

 

“España no se va a romper. […] España sólo podría romperse si Cataluña sufriera antes su propia ruptura como sociedad, como cultura y como tradición”

 

“Cataluña no podrá permanecer unida si no permanece española”

 

“Quien piense que sólo está en juego la unidad de España se equivoca. Antes de eso, está en juego la integridad de Cataluña”
“Lo mínimo que se podía esperar a cambio del pacto histórico era lealtad al consenso. Pero hemos obtenido deslealtad con la democracia y con la ley”
“Asumir las exigencias recíprocas del consenso y de la convivencia, sí; asumir el precio de la deslealtad, no. La deslealtad debe pagarla quien es desleal”
Recuerda que “la Constitución y sus efectos de todo orden nacen de un acuerdo entre ciudadanos españoles, no entre territorios de España”
“Cualquier fórmula federal, confederal, o del tipo que sea, que pretenda o requiera la quiebra de la soberanía nacional es inviable”
“La continuidad histórica de España depende de nosotros. De nuestro anhelo de convivencia, compromiso con la libertad y capacidad de convocatoria y liderazgo”
“No podemos hacer dejación de España […] Debemos hacer por España más de lo que nadie pueda llegar a hacer contra ella. Porque España significa libertad”
Dice que la libertad se logra “sin aceptar transacciones que la disminuyan. Como lo han hecho con valentía y ponderación las víctimas del terrorismo”
Madrid, 24.10.12.- El expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación FAES, José María Aznar, ha asegurado que “hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna”. Y ha añadido que “es indispensable reconstruir desde su base un proyecto nacional real que nos devuelva al camino del progreso”. Aznar ha hecho estas declaraciones hoy, miércoles 24, en el acto de entrega del Premio FAES de la Libertad al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.
En su discurso, Aznar ha afirmado que “nacionalismo y europeísmo son en realidad conceptos opuestos”. “La Constitución fue nuestra puerta de entrada a Europa. Romper con la Constitución es, para quien lo haga, la puerta de salida de Europa”, ha subrayado. En este sentido, ha agregado que “el problema del nacionalismo no es solo con España ni es solo con la Constitución española, su problema es con el Estado de derecho, con la sociedad abierta, con la diversidad, con la globalización”.
Asimismo, Aznar ha reiterado que “España no se va a romper. Y añado, para los que juegan irresponsablemente con las cosas importantes, que España sólo podría romperse si Cataluña sufriera antes su propia ruptura como sociedad, como cultura y como tradición”. “Cataluña no podrá permanecer unida si no permanece española”, ha manifestado.
A continuación se reproduce íntegramente la intervención de José María Aznar:
“Gracias por asistir a este acto. Hoy es un día muy importante para la Fundación FAES. Reafirmamos nuestro compromiso con el valor universal al que aspiramos todos los seres humanos.
Un valor clave en la tarea que desde hace más de veinte años la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales realiza para la sociedad española, con la que nos vincula un compromiso que no sólo permanece intacto sino que es hoy más fuerte que nunca.
Un valor que es propio de la modernidad y de la civilización. Que no es patrimonio de ninguna cultura, continente o tradición. Un valor imprescindible: el valor de la libertad.
Lo hacemos como es más justo hacerlo, mediante el reconocimiento público de uno de sus más brillantes, valientes y eficaces defensores: Mario Vargas Llosa, a quien hacemos entrega del IV Premio FAES de la Libertad.
Es un honor contar con su presencia y compartir con él y con todos ustedes esta celebración. Gracias por estar aquí.
Glosar una trayectoria como la de Mario Vargas Llosa no es sencillo. Y a estas alturas probablemente no es necesario. Mario Vargas Llosa es la literatura, es la lucidez y la inteligencia. Es la mirada honda, incisiva e íntegra. La mirada civilizadora, fraterna y cordial. Es esa mirada hecha palabra.
Nació en Arequipa, en Perú. Se licenció en Letras en la Universidad de San Marcos de Lima y se doctoró por la Complutense de Madrid.
Vivió en París y en Londres. Publicó La ciudad y los perros en 1962. Y desde entonces novelas, ensayos, teatro, estudios, reportajes y periodismo llenan toda una vida de la mejor literatura, que ha obtenido los más importantes premios.
Desde el año 1994 es miembro de la Real Academia Española. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.
En 2010, como es conocido, le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. El discurso que pronunció con motivo de ese premio constituye una pieza única, y también probablemente su mejor semblanza posible.
Un elogio de la literatura y de la ficción; un elogio de la libertad y de cuanto la fecunda, la protege y la ensancha; y una crítica de lo que la hostiga, la daña o la menosprecia.
Mario Vargas Llosa nos dice que escribe porque “sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad, que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización”.
La civilización como hazaña de la humanidad y la libertad como su cumbre es una de las claves de su obra literaria, política y cívica. Una de las claves de su vida.
La de Mario Vargas Llosa es un alma en permanente vigilia por la libertad, atenta a cualquier indicio de fatiga, de decaimiento o de pereza en ella. Alerta siempre contra el totalitarismo y sus caminos.
Él vive, narra e imagina la gesta cotidiana de ser libre, toca así la cumbre de la civilización, y por esa razón es para mí un gran placer hacerle entrega de este premio.
En su discurso de Estocolmo Mario ofrece testimonio de muchas cosas y de muchas personas. Del Perú, de América Latina, de la lectura. De París. De la familia como origen y de la familia como destino. De Patricia, de los hijos, de los nietos. Y también ofrece testimonio de España y de los españoles.
Mario es muchas cosas importantes, y entre ellas, y de manera destacada, está el ser “también” español. Se hizo español sin dejar de ser otras muchas cosas.
Primero español de Barcelona, a principios de los años setenta, “la ciudad –señala- donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad”.
Luego, español que aplaude y abraza una transición política modélica; a su juicio un hecho tan prodigioso como los de las novelas del realismo mágico.
Afirmó en Estocolmo que “la Transición española ha admirado al mundo entero. Una experiencia emocionante y aleccionadora vivida de muy cerca y a ratos desde dentro.”
Esa España capaz de asombrar al mundo por su voluntad democrática, de crear un orden de libertad que le abrió la puerta de Europa ha sido siempre objeto de nuestra atención académica y de nuestro compromiso político.
De nuevo, debemos traer al presente el significado del pacto constitucional en que se plasmó la Transición democrática. Especialmente cuando se quiere extender la falsedad de un supuesto fracaso histórico de España y se hace de esta falsedad la coartada para la ruptura.
El acuerdo democrático entre españoles significó la integración respetuosa frente a las tensiones de disgregación; significó el anhelo de convivencia frente a la ebullición fratricida; significó el desacuerdo razonado frente a la lucha sectaria.
Y todo eso nos ha hecho ser más libres, más prósperos, más responsables de nuestro propio destino.
Nada más alejado del fracaso que una Nación que en poco más de tres décadas ha sabido hacer frente a la apertura de su economía y a la transformación radical del Estado;
Que se ha abierto al encuentro cultural y humano con la inmigración;
Que ha combatido con la ley la agresión brutal del terrorismo;
Que ha querido ser parte activa de un escenario internacional tantas veces problemático y cambiante.
Una nación que aun hoy, en medio de los sacrificios que impone la situación económica, muestra la madurez que ha exhibido en los momentos más difíciles de nuestra historia reciente y que a algunos tanto desespera.
Para comprender cabalmente la democracia hay que recordar que democracia es poder, pero es también no poder.
Es tener derecho, pero es también no tenerlo.
Democracia es habilitación y es límite; y ninguna habilitación puede serlo para ignorar los límites.
Porque más allá del derecho no está la libertad, está la tiranía.
Por eso, no hay posibilidad alguna de invocar la democracia ni cabe esperar su protección cuando se actúa fuera de las normas de un Estado de derecho.
Fue justo lo contrario, la capacidad de equilibrar derechos y obligaciones, lo que permitió a España transitar a la democracia e incorporarse al proyecto europeo.
Y hoy quisiera recordar tres cosas, a mi juicio esenciales, acerca de esa experiencia histórica, porque con frecuencia hay quien trata de que se ignore la verdad, y no siempre sin éxito.
En primer lugar quiero recordar que, al menos simbólicamente, una de las doce estrellas bordadas en la bandera de Europa es española. Y no lo es por casualidad.
Lo es porque los españoles supimos conquistar nuestra libertad. Supimos hacer nuestra parte en la gran hazaña de la civilización.
Lo es porque en 1977 celebramos nuestras primeras elecciones democráticas en muchos años, y porque así fue reconocido por las instituciones europeas, que abrieron finalmente el proceso para nuestra adhesión.
Lo es porque hicimos una Constitución de todos.
Y lo es porque en 1986 pasamos a formar parte como miembro de pleno derecho de un proceso que busca la unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa, según sigue afirmando el artículo primero del Tratado de la Unión Europea.
Tratado que desde su Preámbulo reitera su compromiso con el Estado de derecho y destaca la importancia histórica de poner fin a las divisiones en el continente.

Un proceso europeo que nació explícitamente frente a todo lo que el nacionalismo evoca de destructivo en la historia de Europa, y que por ello acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz.
España ha recibido también ese premio. Como nación capaz de asumir su propia reconciliación y de regirse por los principios de la democracia liberal;
Como Estado miembro de la Unión Europea desde hace muchos años;
Como parte en la redacción y en la aprobación de los principales tratados europeos de las últimas décadas y como país fundador del euro.
Es, por tanto, una idea desmentida por los hechos la de que existe un acoplamiento natural entre el nacionalismo y el europeísmo. Nacionalismo y europeísmo son en realidad conceptos opuestos.
El acoplamiento se produjo ya hace mucho, y lo fue entre el europeísmo y el constitucionalismo español.
La Constitución fue nuestra puerta de entrada a Europa. Romper con la Constitución es, para quien lo haga, la puerta de salida de Europa.
El problema del nacionalismo no es solo con España ni es solo con la Constitución española, su problema es con el Estado de derecho, con la sociedad abierta, con la diversidad, con la globalización.
En segundo lugar, estamos hoy ante una trampa dialéctica que consiste en afirmar que quienes defendemos la Constitución defendemos un texto escrito a nuestro capricho. Un texto que respondería a nuestras propias opiniones y a nuestros propios deseos.
Se falsifica la historia a conciencia para tratar de sostener ese engaño, con el agravante de que se falsea una historia que los nacionalistas conocen bien porque han sido parte de ella, y parte importante, además.
Quiero recordar que defender el pacto constitucional no es defender lo que a uno le gustaría que fueran las cosas.
Defender la Constitución es defender un ámbito de encuentro al que se decidió llegar para hacer posible la convivencia, y ese es precisamente el mérito de quienes lo defendemos: defendemos un acuerdo alcanzado por consenso y por tanto un acuerdo que es fruto de renunciar a muchas cosas importantes.
Eso es lo que aprendimos de nuestra historia; esa enseñanza es la que supimos llevar a nuestra Constitución en 1978, a diferencia de lo que ocurrió en los años treinta.
A estas alturas, me parece ya bastante claro que el coste en términos de bienestar y de racionalidad jurídica y económica del deslizamiento de nuestro modelo territorial, es, sencillamente, insostenible.
Lo mínimo que se podía esperar a cambio del pacto histórico, complejo y costoso, era lealtad al consenso. Pero lo que hemos obtenido ha sido deslealtad con la democracia y con la ley. Llámese deslizamiento, o centrifugación, o desarticulación.
Hasta el punto de que bajo amenazas de todo tipo –y vemos que literalmente son de todo tipo- el nacionalismo pretende ahora romper los términos del acuerdo democrático para buscar la secesión y el conflicto.
Un nacionalismo que al mismo tiempo que exige mejorar su posición deja claro que no respetará los compromisos a los que se pueda llegar, y que considerará cualquier acuerdo como una gran disposición transitoria sujeta a lo que pueda convenir a su capricho.
Se amenaza al Estado con internacionalizar un supuesto “conflicto” llevándolo a no se sabe qué instancia internacional;
Se chantajea con la utilización de un cuerpo armado autonómico en un proceso secesionista;
Se insiste en contraponer la legalidad constitucional a la democracia, como si esa legalidad no procediera de las instituciones legítimas de representación y de la decisión constituyente de la nación como único sujeto de soberanía.
Y todo esto lo hacen quienes exigen ser reconocidos como “moderados”.
Yo no participé en la Guerra de Sucesión junto a los leales a Felipe V. Ni yo ni ninguno de los españoles –muy en primer término catalanes- que con la Constitución, y gracias a ella, han llevado a Cataluña la mayor autonomía de su historia, sin comparación posible.
He dedicado toda mi vida política a colaborar en la construcción de un proyecto nacional y democrático.
Un proyecto anclado firmemente en los valores constitucionales, animado por el espíritu de la Transición que nos devolvió a la convivencia en libertad. Abierto a la pluralidad y convencido también de que lo común, lo que nos une, es más que la suma de las partes.
Muchos hemos compartido esa gran tarea. La credibilidad y la solidez de ese proyecto han merecido la confianza mayoritaria de los españoles.
Pero hoy vuelve a ser puesto a prueba por una crisis económica profunda y por una crisis política provocada por los que jalean el desgarro, por los oficiantes de la ruptura. Por los que han decidido dar una patada al tablero y pretenden además que eso forme parte del juego.
No hay duda de que forma parte del suyo.
Ese proyecto político compartido e inequívocamente mayoritario lo es ahora de gobierno.
Protegerlo es la responsabilidad de este tiempo: garantizar la integridad de los principios constitucionales, articular voluntades a favor de la convivencia. Preservar los derechos de todos los ciudadanos, ser un eslabón sólido en la continuidad histórica de España.

Reitero lo que he dicho ya en alguna ocasión: España no se va a romper. Y añado, para los que juegan irresponsablemente con las cosas importantes, que España sólo podría romperse si Cataluña sufriera antes su propia ruptura como sociedad, como cultura y como tradición.
Cataluña no podrá permanecer unida si no permanece española.
Quien piense que sólo está en juego la unidad de España se equivoca. Antes de eso, está en juego la integridad de Cataluña.
A lo largo de nuestra historia, el nacionalismo ha planteado un desafío recurrente precisamente en los momentos de arraigo democrático español. No es casualidad.
Y ahora, una vez más, pretende transferirnos la carga de la prueba interpelándonos con un “¿qué hay de malo en la ruptura?”.
Pero la cuestión en realidad es bien distinta. Es el nacionalismo el que debe responder a la pregunta de “qué hay de bueno en la ruptura”. Qué hay de bueno en ella y para cuántos.
La España constitucional no necesita responder en hipótesis a esta pregunta, porque puede mostrar un rendimiento integrador real. Hay mucho de bueno en ella y lo hay para todos.

Se han hecho grandes esfuerzos por incluir en el acuerdo a todos, incluso a quienes más exigen y menos están dispuestos a ofrecer.
Pero ya que el nacionalismo nos ha dejado claro lo que podemos esperar de él hagamos lo que hagamos, quizás haya llegado el momento de abordar una reforma que nos permita tener un Estado más ordenado, más eficiente, más justo.
Un Estado que asegure nuestro bienestar, que nos dé mejores servicios y que fortalezca una sociedad de oportunidades para todos los españoles.
El pacto constitucional sigue vigente, no se rompe sólo porque alguien lo diga, y sólo puede cambiarse mediante los procedimientos previstos.
Como he tenido oportunidad de afirmar hace unos días, recordando la Constitución de Cádiz, España no es una nación identitaria o nacionalista; es una nación plural, compleja e incluyente. La voluntad permanente, yo diría que fundacional, del Estado democrático por integrar a todos define buena parte de la trayectoria política desde la Constitución.
Pero ese esfuerzo integrador tiene que ser un factor de fortaleza y de confianza, no un factor de debilidad ni un motivo de frustración. Eso está ocurriendo y, en mi opinión, es necesario terminar con el debilitamiento y con la frustración.
Asumir las exigencias recíprocas del consenso y de la convivencia, sí; asumir el precio de la deslealtad, no. La deslealtad debe pagarla quien es desleal.
Es indispensable reconstruir desde su base un proyecto nacional real que nos devuelva al camino del progreso. Un proyecto político, que es donde se apoya todo lo demás.
Hay que reformar nuestro modelo para reafirmar los principios de la España constitucional;
Reformar para reafirmar la igualdad de todos los españoles independientemente de dónde nacen o de dónde viven;
Reformar para reafirmar la libertad de todos y cada uno de nosotros frente a los chantajes, las imposiciones y las maniobras de exclusión;
Reformar para reafirmar la supremacía de la ley como garante de nuestros derechos y como baluarte frente al totalitarismo;
Reformar para reafirmar la solidaridad entre españoles, para que nadie quede al margen del progreso y de las oportunidades.
En definitiva, hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna, que no renuncia a sí misma ni a ser una de las mejores democracias del mundo. Ya hemos demostrado que podemos serlo.
Finalmente, en tercer lugar quiero recordar que la Constitución y sus efectos de todo orden, por ejemplo en materia fiscal y de solidaridad, nacen de un acuerdo entre ciudadanos españoles, no entre territorios de España.
Cualquier propuesta que pretenda sustituir derechos de ciudadanía por derechos territoriales o históricos al margen de la legitimación constitucional es, lisa y llanamente, incompatible con la soberanía nacional.
Soberanía que sigue residiendo en el pueblo español, del que emanan y emanarán siempre y en todo caso los poderes del Estado.
Todo el Estado –insisto, todo el Estado- está al servicio de la nación, es creación de la nación y a ella, y sólo a ella, sirve; por ella y sólo por ella se justifica su existencia.
Cualquier fórmula federal, confederal, o del tipo que sea, que pretenda o requiera la quiebra de la soberanía nacional es inviable.
La hacen inviable e indeseable la realidad de la nación española y la determinación de la inmensa mayoría en la que, sin duda, me incluyo.
La continuidad histórica de España depende de nosotros. De nuestro anhelo de convivencia, de nuestro compromiso con la libertad y de nuestra capacidad de convocatoria y de liderazgo.
No podemos hacer dejación de España. No debemos hacerla.
Debemos creer en España más de lo que nadie pueda llegar a descreer de ella.
Debemos hacer por España más de lo que nadie pueda llegar a hacer contra ella. Porque España significa libertad, significa nuestra libertad.
La hazaña de la libertad se logra ejerciéndola con naturalidad y determinación, sin ceder nunca frente a sus enemigos. Sin aceptar transacciones que la disminuyan. Como lo han hecho durante todos estos años con valentía y ponderación las víctimas del terrorismo. Nadie mejor que ellas sabe lo más importante, que España es libertad, nuestra libertad.
Estoy seguro de que en esta tarea de hacer de la libertad nuestra hazaña personal y diaria el ejemplo de Mario Vargas Llosa nos va a ser siempre de gran ayuda.
Por eso lo leemos, por eso lo honramos, por eso lo aplaudimos. Por eso le otorgamos este IV Premio FAES de la Libertad”.

Video, audio y fotos de la entrega del

Premio FAES de la Libertad en la ftp de Comunicación FAES

Url: ftp://ftpprensa.fundacionfaes.org

Usuario: prensafaes.prensa

Contraseña: prensa2012
COMUNICACIÓN FAES
prensa@fundacionfaes.org

www.fundacionfaes.org

www.jmaznar.es

C/ María de Molina, 40 6ª planta

Tel 91 576 68 57

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconHay que habituar al pueblo alemán a pensar que una guerra ofensiva...
La historia de estos últimos años, y especialmente los acontecimientos del 28 de junio, han demostrado la existencia en Serbia de...

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconSegún El Censo Realizado Por La Iglesia Católica De España Hay Una...

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconLos inicios de la edad moderna en españA

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconPruebas objetivas escritas. Al menos una por trimestre, dependiendo...

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconA Observa la parte derecha y la izquierda de este dibujo y señala...

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconLa década de los años treinta fue para España una de las más agitadas...

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconDecisiones un libro para «darse cuenta»
«Ninguno de nosotros pide nacer, y por lo tanto, uno no puede deberle a alguien por algo que nunca pidió», sino para que ella se...

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconEl lugar más bonito que he visto en mi vida es España. Una ciudad...

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconEn el mundo actual, hay una cultura muy rica en Europa. Hay castillos,...

Aznar: “Hay que reformar para reafirmar los fundamentos de una España fuerte y moderna” iconÉtica ( Hacia una versión moderna de los temas clásicos )






© 2015
contactos
h.exam-10.com