José Martí- el Alma trémula y sola






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títuloJosé Martí- el Alma trémula y sola
fecha de publicación18.07.2015
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José Martí- El Alma trémula y sola

1.

El alma trémula y sola

Padece al anochecer:

Hay baile; vamos a ver

La bailarina española.
Han hecho bien en quitar

El banderón de la acera;

Porque si está la bandera,

No sé, yo no puedo entrar.
Ya llega la bailarina:

Soberbia y pálida llega;

¿Cómo dicen que es gallega?

Pues dicen mal: es divina.
Lleva un sombrero torero

Y una capa carmesí:

¡Lo mismo que un alelí

Que se pusiera un sombrero!
Se ve, de paso, la ceja,

Ceja de mora traidora:

Y la mirada, de mora:

Y como nieve la oreja.
Preludian, bajan la luz,

Y sale en bata y mantón,

La virgen de la Asunción

Bailando un baile andaluz.
Alza, retando, la frente;

Crúzase al hombro la manta:

En arco el brazo levanta:

Mueve despacio el pie ardiente.
Repica con los tacones

El tablado zalamera,

Como si la tabla fuera

Tablado de corazones.
Y va el convite creciendo

En las llamas de los ojos,

Y el manto de flecos rojos

Se va en el aire meciendo.
Súbito, de un salto arranca:

Húrtase, se quiebra, gira:

Abre en dos la cachemira,

Ofrece la bata blanca.
El cuerpo cede y ondea;

La boca abierta provoca;

Es una rosa la boca;

Lentamente taconea.
Recoge, de un débil giro,

El manto de flecos rojos:

Se va, cerrando los ojos,

Se va, como en un suspiro...
Baila muy bien la española,

Es blanco y rojo el mantón:

¡Vuelve, fosca, a un rincón

El alma trémula y sola!

Julia de Burgos-

RÍO GRANDE DE LOÍZA

2.

¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en mi espíritu

y deja que mi alma se pierda en tus riachuelos,

para buscar la fuente que te robó de niño

y en un ímpetu loco te devolvió al sendero.
Enróscate en mis labios y deja que te beba,

para sentirte mío por un breve momento,

y esconderte del mundo, y en ti mismo esconderte,

y oír voces de asombro, en la boca del viento.
Apéate un instante del lomo de la tierra,

y busca de mis ansias el íntimo secreto;

confúndeme en el vuelo de mi ave fantasía,

y déjame una rosa de agua en mis ensueños.
¡Río Grande de Loíza!.. Mi manantial, mi río,

desde que alzóse al mundo el pétalo materno;

contigo se bajaron desde las rudas cuestas

a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos;

y mi niñez fue toda un poema en el río,

y un río en el poema de mis primeros sueños.
Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida

prendida en lo más ancho de tu viajar eterno;

y fui tuya mil veces, y en un bello romance

me despertaste el alma y me besaste el cuerpo.
¿Adónde te llevaste las aguas que bañaron

mis formas, en espiga del sol recién abierto?

¡Quién sabe en qué remoto país mediterráneo

algún fauno en la playa me estará poseyendo!
¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana

me estaré derramando para abrir surcos nuevos;

o si acaso, cansada de morder corazones,

me estaré congelando en cristales de hielo!
¡Río Grande de Loíza! Azul, Moreno, Rojo.

Espejo azul, caído pedazo azul del cielo;

desnuda carne blanca que se te vuelve negra

cada vez que la noche se te mete en el lecho;

roja franja de sangre, cuando baja la lluvia

a torrentes su barro te vomitan los cerros.
Río hombre, pero hombre con pureza de río,

porque das tu azul alma cuando das tu azul beso.

Muy señor río mío. Río hombre. Único hombre

que ha besado en mi alma al besar en mi cuerpo.
¡Río Grande de Loíza!... Río grande. Llanto grande.

El más grande de todos nuestros llantos isleños,

si no fuera más grande el que de mi se sale

por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.


Evangelina Rodriguez-

MI CANCION

3.

A Doña Moría Antonieta de Piñeyro.

la gentil marsellesa que mi compañero Julio Piñeyro acaba de escoger por esposa.

Una canción señora,

que más que flor es perla

del joyel de mi espíritu,

como único presente

que te puedo ofrecer:

Mi compañera eres,

pues de mi patria un hijo

por dulce compañero

de tu preciosa vida

supistes escoger.

Si en el ara sagrada

de las castas virtudes,

depositas el arca

que conserva el honor

del mancebo amoroso

y gentil caballero

que a los pies decidido

te rindió el corazón?

Para entonces llamarte

de Quisqueya la hija,

la india brava escogida

donde duerme Colón.

Ya verás la sorpresa

que te guarda mi salva

en que el rey que la habita,

el gentil ruiseñor,

en un duelo de trinos

se despide la hembra

¡con querella de amor!

en que cantan del día

once horas sin tregua

hasta ver al más débil

cara al sol descender,

en la justa gloriosa,

desgarrado el pulmón.

¡Oh mis noches son claras,

perfumadas y tibias,

como nítidas novias

rebujadas en sedas

terciopelos y tul.

¡Qué de luz en los cielos,

que se visten de rosa,

oro, grana y topacio

cuándo nace y se muere

el gran Rey de la luz!

Mi canción va vestida

del rocío de mis matas

del verdor de sus rayos

del perfume de granjas

con la flor de azahar.

Mas, perdona señora,

que te cante mi acento

el recuerdo lejano

que no puedo olvidar

como cantan las plumas

la canción de las aves

de quien fueron vertido,

como cantan las conchas

la canción de la mar.

Si en el ara sagrada

de las castas virtudes

depositas el arca

que conserva el honor,

del mancebo amoroso

y gentil caballeros

que a los pies decidida

te rindió el corazón?

Para entonces llamarte

de Quisqueya la hija

la que besa el Caribe,

la Primada escogida,

donde duerme Colón.
José Joaquin Pérez- La vuelta al hogar

4.

Ondas y brisas, bruma, rumores,

suspiros y ecos del ancho mar,

¡adiós! que aromas de puras flores,

¡adiós! que todo cuanto se alcanza,

dicha, esperanza,

y amor me llaman allá en mi hogar.

¡Ya ve el proscrito sus patrios lares!

Ve azules cumbres lejos sombrear

grupos de nieblas crepusculares,

y el ansia siente del paraíso

que darle quiso

Dios en el seno del dulce hogar...!

Si peregrino, si solitario,

otras regiones se fue a cruzar

la ley temiendo de un victimario,

¿el caos qué importa si un sol luciente

brilla en su frente

y hoy sonriendo vuelve al hogar?

¡No más torturas en su alma libre!

¡No más memoria de su pesar!

¡No el odio estéril sus rayos vibre,

que el patriotismo ya sólo espera

por vez primera

calma y consuelo bajo el hogar!

Virgen de América, suspiradora

cautiva indiana, vuelve a gozar;

si atrás hay sangre, luz hay ahora...

Ayer el hierro y hoy es la idea...

¡Tu gloria sea

ver a tus hijos junto al hogar!

¡Cuán bella eres acariciando

todos unidos los que al vagar,

-errantes unos y otros luchando-

sufrieron ruda la tiranía

que hacer quería

huérfanos tristes sin pan ni hogar...!

¡Ya no hay festines patibularios!

¡Ya no hay venganzas con que saciar

su vil conciencia crueles sicarios!

¡Ya no hay vencidos ni vencedores!

¡Sólo hay de flores

castas coronas en el hogar...!

¡Mi dulce Ozama! Tu bardo amante

a tus riberas torna a cantar,

y tras él deja, por ti anhelante,

lejanos climas y humilde historia,

tierna memoria

¡del peregrino vuelta al hogar...!

Bajo tus ceibas y tus palmares,

sobre tu césped y entre el manglar

aún se oye el eco de los cantares

de aquella infancia, fugaz, que en horas

engañadoras

llenó sus sueños de amor y hogar!

Y, ¡ven! le dice cada paloma

tímida y mansa que ve cruzar

desde la cumbre de enhiesta loma,

cuando las alas tiende y su arrullo

mezcla al murmullo

del río que baña su dulce hogar!

Y, ¡ven! le dice ronco el estruendo

que hace en las rocas lejos el mar...

¡El mar!, que un día su adios oyendo

fue de ola en ola su adios llevando,

luego tornado

con hondos ayes del pobre hogar!

Y todo cuanto su ser le diera!

¡Ven! dice el polvo que va a besar

donde mañana como postrera

ráfaga cruce su vida breve,

donde se eleve

su tumba humilde junto al hogar!

Así, -suspiros, brisas, rumores,

lánguidas ondas y ecos del mar-,

adios decidme, que todo: amores,

gloria, esperanza, paz bendecida,

tiene hoy la vida

del pobre bardo vuelto al hogar...!


Lola Rodríguez de Tio-

La Borinqueña

5.

¡Despierta, borinqueño

que han dado la señal!

¡Despierta de ese sueño

que es hora de luchar!

A ese llamar patriótico

¿no arde tu corazón?

¡Ven! Nos será simpático

el ruido del cañón.

Mira, ya el cubano

libre será;

le dará el machete

su libertad...

le dará el machete

su libertad.

Ya el tambor guerrero

dice en su son,

que es la manigua el sitio,

el sitio de la reunión,

de la reunión...

de la reunión.

El Grito de Lares

se ha de repetir,

y entonces sabremos

vencer o morir.

Bellísima Borinquén,

a Cuba hay que seguir;

tú tienes bravos hijos

que quieren combatir.

ya por más tiempo impávido

no podemos estar,

ya no queremos, tímidos

dejarnos subyugar.

Nosotros queremos

ser libre ya,

y nuestro machete

afilado está.

y nuestro machete

afilado está.

¿Por qué, entonces, nosotros

hemos de estar,

tan dormidos y sordos

y sordos a esa señal?

a esa señal, a esa señal?

No hay que temer, riqueños

al ruido del cañón,

que salvar a la patria

es deber del corazón!

ya no queremos déspotas,

caiga el tirano ya,

las mujeres indómitas

también sabrán luchar.

Nosotros queremos

la libertad,

y nuestros machetes

nos la darán...

y nuestro machete

nos la dará...

Vámonos, borinqueños,

vámonos ya,

que nos espera ansiosa,

ansiosa la libertad.

¡La libertad, la libertad!

Ramón Emilio Jiménez-

MIS DOS MADRES MUERTAS

6.

Dos madres tuve un día y no tengo ninguna:

la que me dio su sangre y me llevó en su seno,

y la que completando la obra que hizo una,

recogió mi pobreza del fondo de una cuna

desde la edad de un año, y me enseñó a ser bueno.

También tiene dos madres la simiente cautiva:

la planta genitora que en su verdor la encierra,

la gran madre tierra,

que la toma en sus brazos como hija adoptiva,

le ofrece el hueco de una cuna

escondida a los ojos del pajarillo hambriento,

y luego, espiga tierna, la mece a sol y luna

en la hamaca del viento.

Y cuando el árbol también, la bella espiga asombra

con la melena al viento florida y cancionera,

a la madre adoptiva le paga con su sombra

y honra la madre propia en cada primavera.

Tal ha sido mi suerte:

una me ha dado el ser,

y me enseñó la otra la virtud de ser fuerte,

la misma de la planta que sabe florecer

sin temor a las hachas que fabrican su muerte.

Al darme una su sangre mirose en dos partida

y una de esas mitades fue mi vida;

la madre es siempre una constante abnegación;

al tenderme la otra sus brazos redentores,

como carga llevada sobre rieles de amores,

mi cuerpo, entre caricias, llevó a su corazón.

Yo era débil criatura,

enferma y pobre era

la madre verdadera,

y Dios, compadecido de tanta desventura,

me dio una nueva madre, que en ritmo de ternura

fue igual a la primera.

Rosal que de un terreno empobrecido

pasa a la maravilla de un cantero

al amor de otro barro que termina

la obra del barro en que vivió primero,

así yo de la vida en la faena,

barca que tuvo un nuevo timonero,

pájaro que del nido tutelar

pasó al jergón de la pollada ajena

y el ave nueva le enseñó a cant ar;

sus propios goces y su propia pena.

Si el ofrecer la vida para dar nueva vida

en el calvario de la maternidad

es sacrificio heroico que mantiene encendida

la llama redentora de la fecundidad,

¿qué nombre ha de tener

la que no siendo madre por la naturaleza

se eleva a la más alta virtud de la belleza

y es madre por deber?

¿qué nombre tiene en la moral escrita

esta ofrenda infinita

de dar el alma a la criatura ajena

la que no es madre suya,

pareciendo decirle, ya que Dios me hizo buena,

si te falta tu madre yo seré madre tuya?

Murió la madre propia

y la que me enseñara lo que por ella sé,

aquélla de quien soy como una débil copia

y la que supo ungirme con bálsamo de fe;

pero llevo en el pecho la dulce sensación

de que a las dos amé,

y con las dos fui bueno, partiendo el corazón,

y a las dos enterré…



José Martí- Odio el mar

7.

Odio el mar, sólo hermoso cuando gime

Del barco domador bajo la hendente

Quilla, y como fantástico demonio,

De un manto negro colosal tapado,

Encórvase a los vientos de la noche

Ante el sublime vencedor que pasa:?

Y a la luz de los astros, encerrada

En globos de cristales, sobre el puente

Vuelve un hombre impasible la hoja a un libro.?
Odio el mar: vasto y llano, igual y frío

No cual la selva hojosa echa sus ramas

Como sus brazos, a apretar al triste

Que herido viene de los hombres duros

Y del bien de la vida desconfía;

No cual honrado luchador, en suelo

Firme y pecho seguro, al hombre aguarda

Sino en traidora arena y movediza,

Cual serpiente letal. ?También los mares,

El sol también, también Naturaleza

Para mover al hombre a las virtudes,

Franca ha de ser, y ha de vivir honrada.

Sin palmeras, sin flores, me parece

Siempre una tenebrosa alma desierta.
Que yo voy muerto, es claro: a nadie importa

Y ni siquiera a mí: pero por bella,

Ígnea, varia, inmortal, amo la vida.
Lo que me duele no es vivir: me duele

Vivir sin hacer bien. Mis penas amo,

Mis penas, mis escudos de nobleza.

No a la próvida vida haré culpable

De mi propio infortunio, ni el ajeno

Goce envenenaré con mis dolores.

Buena es la tierra, la existencia es santa.

Y en el mismo dolor, razones nuevas

Se hallan para vivir, y goce sumo,

Claro como una aurora y penetrante.

Mueran de un tiempo y de una vez los necios

Que porque el llanto de sus ojos surge

Más grande y más hermoso que los mares.
Odio el mar, muerto enorme, triste muerto

De torpes y glotonas criaturas

Odiosas habitado: se parecen

A los ojos del pez que de harto expira

Los del gañán de amor que en brazos tiembla

De la horrible mujer libidinosa:?

Vilo, y lo dije: ?algunos son cobardes,

Y lo que ven y lo que sienten callan:

Yo no: si hallo un infame al paso mío,

Dígole en lengua clara: ahí va un infame,

Y no, como hace el mar, escondo el pecho.

Ni mi sagrado verso nimio guardo

Para tejer rosarios a las damas

Y máscaras de honor a los ladrones:

Odio el mar, que sin cólera soporta

Sobre su lomo complaciente, el buque

Que entre música y flor trae a un tirano.

Julia de Burgos- ENTRETANTO, LA OLA

8.

Las sombras se han echado a dormir sobre mi soledad.

Mis cielos,

víctimas de invasoras constelaciones ebrias,

se han desterrado al suelo como en bandadas muertas

de pájaros cansados.
Mis puertos inocentes se van segando al mar,

y ni un barco ni un río me carga la distancia.
Sola, desenfrenada en tierra de sombra y de silencio.

Sola,

partiéndome las manos con el deseo marchito de edificar

palomas con mis últimas alas.
Sola,

entre mis calles húmedas,

donde las ruinas corren como muertos turbados.
Soy agotada y turbia espiga de abandono.

Soy desolada y lloro...
¡Oh este sentirse el alma más eco que canción!

¡Oh el temblor espumado del sueño a media aurora

¡Oh inútilmente larga la soledad siguiendo mi ca-mino sin sol!
Entretanto, la ola,

amontonando ruidos sobre mi corazón.

Mi corazón no sabe de playa sin naufragios.

Mi corazón no tiene casi ya corazón.

Todo lo ha dado, todo...

Es gesto casi exacto a la entrega de Dios.
Entretanto, la ola...

Todo el musgo del tiempo corrompido en un éxtasis

de tormenta y de azote sobre mi ancho dolor.

Tronchadas margaritas soltando sus cadáveres

por la senda partida donde muero sin flor.

Pechos míos con lutos de emoción, aves naufragas

arrojadas del cielo, mutiladas, sin voz.
Todo el mundo en mi rostro,

y yo arrastrada y sola,

matándome yo misma la última ilusión.
Soy derrotada...

Alba tanto distante,

que hasta mi propia sombra con su sombra se ahuyenta.
Soy diluvio de duelos,

toda un atormentado desenfreno de lluvia,

un lento agonizar entre espadas perpetuas.

¡Oh intemperie de mi alma!

¡En qué ola sin nombre callaré tu poema!


José Martí- Versos Sencillos

9
Yo soy un hombre sincero

De donde crece la palma,

Y antes de morirme quiero

Echar mis versos del alma.
 Yo vengo de todas partes,

Y hacia todas partes voy:

Arte soy entre las artes,

En los montes, monte soy.
 Yo sé los nombres extraños

De las yerbas y las flores,

Y de mortales engaños,

Y de sublimes dolores.
 Yo he visto en la noche oscura

Llover sobre mi cabeza

Los rayos de lumbre pura

De la divina belleza.
 Alas nacer vi en los hombros

De las mujeres hermosas:

Y salir de los escombros,

Volando las mariposas.
 He visto vivir a un hombre

Con el puñal al costado,

Sin decir jamás el nombre

De aquella que lo ha matado.
 Rápida, como un reflejo,

Dos veces vi el alma, dos:

Cuando murió el pobre viejo(*),

Cuando ella me dijo adiós(**).
 Temblé una vez —en la reja,

A la entrada de la viña,—

Cuando la bárbara abeja

Picó en la frente a mi niña.
 Gocé una vez, de tal suerte

Que gocé cual nunca:—cuando

La sentencia de mi muerte

Leyó el alcalde llorando.
 Oigo un suspiro, a través

De las tierras y la mar,

Y no es un suspiro,—es
Que mi hijo va a despertar.
 Si dicen que del joyero

Tome la joya mejor,

Tomo a un amigo sincero

Y pongo a un lado el amor.

 Yo he visto al águila herida

Volar al azul sereno,

Y morir en su guarida

La víbora del veneno.
 Yo sé bien que cuando el mundo

Cede, lívido, al descanso,

Sobre el silencio profundo

Murmura el arroyo manso.
 Yo he puesto la mano osada,

De horror y júbilo yerta,

Sobre la estrella apagada

Que cayó frente a mi puerta.
 Oculto en mi pecho bravo

La pena que me lo hiere:

El hijo de un pueblo esclavo

Vive por él, calla y muere.
 Todo es hermoso y constante,

Todo es música y razón,

Y todo, como el diamante,

Antes que luz es carbón.
 Yo sé que el necio se entierra

Con gran lujo y con gran llanto.

Y que no hay fruta en la tierra

Como la del camposanto.
 Callo, y entiendo, y me quito

La pompa del rimador:

Cuelgo de un árbol marchito

Mi muceta de doctor.
(*) El padre de Martí quien murió el 9 de marzo de 1887, en Cuba.

(**) Se refiere a la despedida de María Cristina Granados, "La niña de Guatemala".

Lola Rodríguez de Tió- A Cuba

10

Cuba, Cuba, a tu ribera

llego triste y desolada,

al dejar la patria amada

donde vi la luz primera!

Sacude el ala ligera

la radiante inspiracion,

responde mi corazón

en nobles afectos ricos,

la hija de Puerto Rico

lanza al viento su canción!
Mas las nieblas del olvido

no han de empafiar los ref1ejos

del hogar que miro lejos

tras de los mares perdido!...

Otro aquí vengo a formar

y ya no podré olvidar

que el alma llena de anhelo,

encuentra bajo este cielo

aire y luz para cantar!
¿Cómo no darme calor

la hermosa tierra de Tula,

donde al horizonte azula

y da a los campos color?

¿Cómo no encontrar amor,

para colmar el poeta

las ansias de su alma inquieta,

aquí, donde esplende el arte

y en abundancia reparte

las tintas de su paleta?
¡Nieble pléyade cubana

que entre sombras centellea!

j Dulce musa de Zenea,

flor que se agotó temprana!

Tras de la estela lejana

mi inspiracion adivina,

la figura de Cortina

que con acento vibrante

dice a tu patria ¡adelante!

no te detengas: ¡camina!...
Yo no me siento extranjera:

bajo este cielo cubano

cada ser es un hermano

que en mi corazon impera.

Si el cariño por do quiera

voy encontrando a mi paso,

¿Puedo imaginar acaso

que el sol no me dé en ofrenda,


un rayo de luz que encienda

los celajes de mi ocaso?

Vuestros dioses tutelares

han de ser también los míos!

Vuestras palmas, vuestros ríos

repetirán mis cantares...

Culto rindo a estos hogares

donde ni estorba ni aterra

el duro brazo que cierra

del hombre los horizontes...

Yo cantaré en estos montes

como cantaba en mi tierra!
Cuba y Puerto Rico son

de un pájaro las dos alas,

reciben flores o balas

sobre el mismo corazón...
¡Que mucho si en la ilusión

que mil tintes arrebola,

sueña la musa de Lola

con ferviente fantasía,

de esta tierra y de la mía

hacer una patria sola!
Le basta al ave una rama

para formar blando lecho;

bajo su rústico techo

es dichosa porque ama!

Todo el que en amor se inflama

calma en breve su hondo anhelo;

y yo plegando mi vuelo,

como el ave en la enramada,

canto feliz, Cuba amada,

tu mar, tu campo y tu cielo!






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