El ensayo en el siglo XVIII: difusión de las nuevas ideas. Autores más destacados






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fecha de publicación02.06.2015
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SIGLO XVIII

El ensayo en el siglo XVIII: difusión de las nuevas ideas. Autores más destacados

La prosa es una de las formas expresivas más cultivadas en la literatura del s. XVIII. Aparece unida al afán didáctico de la época. Hacia la mitad del siglo, se inicia el período plenamente neoclásico, en el que destacan dos géneros: el ensayo y la crítica. El ensayo, con estructura libre y lenguaje moderno, divulgó reflexiones sobre asuntos muy diversos: la decadencia del país, la dignificación, la situación social y cultural de las mujeres, la dignificación del trabajo, la religión, las costumbres… Se pueden distinguir dos tipos de ensayos:

  • DIDÁCTICOS Y ENCICLOPÉDICOS: en los que se exponen los problemas sociales y científicos o religiosos con el fin de erradicación de la sociedad.

  • HUMANÍSTICOS Y PEDAGÓGICOS: Que versan sobre economía, sociología y derecho.

Existen en la época una sintonía, en el caso del ensayo especialmente, entre la realidad sociocultural del momento y la propia escritura; es decir, se valora de forma especial la adecuación que posee el tipo de literatura, los modelos o formas dominantes y las necesidades y exigencias sociales específicas.

Se puede afirmar que el género del ensayo está culturalmente vinculado al fenómeno de la Ilustración. Al escribir en lengua vernácula, llegan las ideas a un amplio público. Este fenómeno condiciona el lenguaje y lo hace más ágil y familiar. Cuando se ponen temas sobre el tapete de toda índole, los autores se fijan más en el fondo que en la forma y el lenguaje se enriquece con matices que despiertan su agilidad y le dan una nueva condición.

El ensayo dieciochesco se ocupa de temas seculares y que afectan al desarrollo del Estado. Posteriormente, el interés intelectual descenderá a los problemas domésticos y sólo al final de la Ilustración gozan de preeminencia las cuestiones familiares. En ellas se cuestionará la legitimidad de aspectos personales y de moral familiar.

El ensayo es un género polimorfo, es decir, que se manifiesta a través de diferentes maneras formales breves. Así, tenemos los diálogos, las reflexiones, los discursos, las cartas, las memorias, los informes, etc, que llenan los escritos de nuestros ilustrados. “Reflexiones” del Marqués de Santa Cruz; “Diálogos filosóficos”, “Cartas eruditas” de Feijoo; “Cartas Marruecas” de Cadalso; “Informe sobre la ley agraria”, “Memoria sobre educación pública” de Jovellanos, son ejemplos del auge que obtuvieron en la época las distintas versiones textuales del ensayo.

En el ensayo es donde se encuentran los máximos exponentes de la Ilustración española, en primer lugar con José Cadalso , y sus famosas Cartas marruecas, primera manifestación española del ensayo breve, irónico, de contenido ideológico y estilo personal. Por su parte, Gaspar Melchor de Jovellanos, supone una auténtica síntesis de la época al estudiar los problemas locales, la construcción de carreteras o la explotación de las minas, así como el paisaje, la historia y la vida económica, destacando en este último terreno, donde aparece como el primer economista español de su tiempo. Con sus ensayos, los autores del s. XVIII, pretenden defender las nuevas ideas y actitudes propias del siglo de las Luces. Entre los autores más importantes, destacan Feijoo, Jovellanos y Cadalso.

FEIJOO.-

Su labor se plantea un doble objetivo constante en su obra: la divulgación del saber nuevo que se halla en sus lecturas, y la crítica de los motivos del estancamiento cultural del país. Este propósito divulgador encuentra su vehículo más apropiado en el género del ensayo, del que se suele presentar a Feijoo como iniciador en nuestra historia literaria.

Su obra presenta muchas de las características del ensayo moderno: libertad en la elección de temas, que explica la variedad de los tratados; el propósito de llegar a un público amplio y no especializado; el empleo de un registro agradable para el lector y , a la vez, comprensible, etc. También recibió críticas, que hay que enmarcarlas dentro del carácter fundacional del género (exceso de citas, estilo argumentativo escolástico, etc)

Su ensayo ofrece dos variedades formales, el discurso y la carta, utilizados en sus dos obras fundamentales: el discurso en “Teatro crítico universal”; la carta, en “Cartas eruditas y curiosas”

Los escritos de Feijoo, se pueden considerar como meros artículos divulgativos, como verdaderos tratados doctrinales, otras veces se toman como simples notas a la manera periodística. Pero el tono de seriedad con que están redactados y su rigorismo científico lo excluyen de este último género. Feijoo se documenta ampliamente, su criterio acusa firmeza y seguridad, teniendo por base la razón y la experiencia. Sus escritos se suelen reunir en tres grupos:

  1. Los que rebaten errores y supersticiones.

  2. Los de divulgación científica.

  3. Los de contenido filosófico.

Llama la atención la amplitud de pensamiento con que enfoca los temas que trata, incluso los religiosos. En conjunto, su obra ensayística es de valor incalculable. Es sincero, decidido siempre a encontrar la verdad y terminar con los prejuicios. Es espontáneo, con un lenguaje sencillo y claro, que sólo aspira a divulgar la cultura.

Uno de sus aspectos más destacables de su pensamiento es su preocupación por insertar la vida intelectual española en la del resto de Europa. De ahí su preocupación de que los jóvenes españoles fuesen a estudiar a Francia o a Inglaterra. Esta actitud le mantuvo cerca de los novedosos métodos experimentales que se producían en el extranjero.

JOVELLANOS.-

Su relevancia cultural, intelectual, política y jurídica fue el origen del importante acervo literario en cuanto a producción se refiere, sobre todo ensayística, por cuanto muchas de sus obras han surgido a partir de encargos en torno a la situación de la enseñanza, a la precaria existencia de la agricultura y de los campesinos, a las incoherencias de la legislación, de las actuaciones judiciales, etc.

Su obra ensayística en prosa tiene múltiples y sugerentes alicientes:

  1. La relación entre la realidad social del momento y la selección temática de su obra que convierte a sus escritos en testimonio fundamental para conocer los problemas de la España del XVIII.

  2. El compromiso con las ideas literarias del neoclasicismo y a las sociopolíticas y científicas de la Ilustración hace que sus obras sean una fuente indispensable para el conocimiento de la versión española de la ilustración y la incidencia de la misma en la reforma de la sociedad.

  3. La configuración de su producción literaria a través del género ensayístico, que supone la consagración de un modelo de escritura ya iniciado en España con anterioridad a esta época como forma de expresión literaria o no literaria.

Su prosa, de léxico muy rico, es ágil, elegante y tiene un ritmo no común en esa época. Frente a la actitud teórica de Cadalso, Jovellanos se preocupa por formular medidas prácticas que sirviesen efectivamente para atajar los males del país. A este propósito están dirigidos sus múltiples informes, discursos y proyectos. Para la mirada severa de Jovellanos no escapa ningún aspecto de la vida española, e intenta la renovación de los planes de instrucción pública, y ataca con pasión las costumbres que minaban la inocencia del pueblo.

La crítica fue muy utilizada en la época para satirizar vicios y costumbres. Las obras que adoptan forma de carta, bien sea dirigidas a personas reales, bien a personajes ficticios, se convirtió en un género muy abundante durante el siglo XVIII, ya que servía perfectamente para ejercer la crítica. De entre todos los autores de literatura epistolar hay que destacar al gaditano José Cadalso, autor de las Cartas marruecas.

CADALSO.-

La prosa de Cadalso es la parte que más éxito y fama le supuso, lo cual comenzó con su obra “Los eruditos a la violeta” en la que satiriza y ridiculiza a los falsos eruditos que con solo unas fórmulas tópicas aparentan un saber que no tienen.

Pero la obra que le llevó más alto fue “Las cartas marruecas”. Está estructurada en forma de cartas (90), precedidas de una introducción y seguidas de una nota y protesta literaria del editor. Están escritas a la manera de las “Lettres Persannes” de Montesquieu y tienen influencia de Goldsmith en su obra “Ciudadano del mundo”. A pèsar de todo difieren en tono e intención de estas otras obras. Cadalso tiene una actitud menos radical, pero más efectiva en su crítica. A través de tres personajes, dos marroquíes y un español, se hace una crítica de las costumbres sociales. Dichos personajes, representantes de tres perspectivas de conocimiento, son realmente tres trasuntos del propio Cadalso, aunque éste aparece más claramente en el personaje de Nuño. Bajo esta ficción literaria, tiene la posibilidad de emitir juicios sobre España y sus contemporáneos. A estos tres se añaden todo un mundo de personajes representantes de la España del XVIII criticados por Cadalso.

El número de temas que toca el autor es abundante; sin embargo, algunos destacan por el tratamiento que reciben o por la insistencia con que aparecen y a través de ellos podría deducirse cuáles son los que más preocupan al ilustrado Cadalso.

El problema de España aparece a lo largo de toda la obra y pretende una crítica imparcial y objetiva sin dejarse llevar ni por patrioteros ni por pesimistas.

Las clases sociales también son estudiadas y la peor parada es la nobleza. Critica el vicio de su mala educación, la ociosidad, la relajación de costumbres. No le perdona que haya dejado de ser la depositaria de los valores tradicionales y que sea la causa de que cunda entre la población en general el menosprecio al trabajo y las actividades productivas.

La historia de España la ve desde el presente y dirigida a dos periodos anteriores: Los Reyes Católicos, reinado valorado positivamente; gobierno de los Austrias, visto como origen de los males actuales, ya que a la muerte de Carlos II el país quedó como el esqueleto de un gigante. Otro de los males que critica es la pobre situación cultural, cuyas causas son variadas: atraso de la ciencia, falta de protección del gobierno y de los particulares, Métodos escolásticos como antítesis del método experimental, maltrato que sufren los hombres de talento.

La lengua y la literatura son asimismo objeto de atención. Destaca el problema de los galicismos, la degradación que ha ido sufriendo el español y lña falta de precisión de algunas palabras. en literatura ataca el barroquismo por medio de la ironía y el sarcasmo.

También critica a Europa a la que le achaca los mismos problemas que a España, aunque reconoce el adelanto cultural y económico de Inglaterra y Francia.

La sociedad y las costumbres se reflejan en la crítica de Cadalso en varios aspectos: La conversación en las tertulias, llenas de eruditos y falsos ilustrados que lleva a esta práctica al tedio y a lo intrascendente. La afición al lujo desmedido es un signo de decadencia y contraria a la pureza de costumbres. Como aspecto positivo considera la posibilidad de crear puestos de trabajo, promoción de la industria nacional y creación de riqueza, por lo que defiende la existencia de un lujo nacional.

En cuanto a la relajación de costumbres, Cadalso las enjuicia con sano relativismo, reconociendo la pluralidad de realidades y entornos y buscando la conciliación de los contrastes.

El espíritu ilustrado de Cadalso pone en solfa un mundo temático amplio con la pretensión de airear los males y procurarles una solución o un camino para que dejen de ser un perjuicio para los ciudadanos de a pie.

Además de los españoles, a Cadalso le preocupa el ser humano como tal, su comportamiento como individuo y su actuación como ciudadano perteneciente a un grupo social. Su modelo de hombre es el “hombre de bien” en el que debe destacar la virtud, virtud que debe trascender a los demás en lo que se denomina utilitarismo racional: Hay que ser bueno no solo para sí mismo, sino también para toda la nación.

Como conclusión se puede decir que las “Cartas Marruecas” se mueven entre dos polos de difícil compaginación: El racionalismo ilustrado, cuyo claro propósito didáctico le lleva a ser “útil”; y los sentimientos personales de Cadalso, que ven en el patriotismo un medio de salvación individual y colectiva. Entroncado con Quevedo y Gracián por su fina ironía, Cadalso será un claro antecedente de Larra.




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