La curacion esenia






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LAS HADAS, LOS DUENDES Y LAS FUERZAS PRIMORDIALES

Cada uno les pone un nombre pero al parecer se trata de las mismas entidades que existen y que están vinculadas a la naturaleza de manera decisiva.

Sería prolijo citar los cuentos, las fuentes y las leyendas que citan a enanitos con capuchón" que juguetean por el bosque a semejanza de genios inmortales que tienen a su cuidado el crecimiento y la fecundación de la naturaleza.

Estos pequeños seres que representó magistralmente Walt Disney en sus entrañables películas, conocidas por todos los niños de occidente que las contemplaban ensimismados, son los eternos aliados de los chiquitines de las sonrisas y la ternura natural de la vida. Son elementos de gran sensibilidad receptiva y cual espejo, adoptan la forma vibracional del puro corazón que les evoca y proyecta en su pantalla mental (ya que las energías elementales son y pueden ser educadas con la energía psíquica) de ahí que muchos niños hayan manifestado que veían hadas o duendes en los bosques o en los entornos cargados de exhuberante vitalidad.

Esto que para muchos puede parecer ciencia ficción, no lo era para el gran Maestro y pensador Hermes Trismegisto, que en diálogo hacia su discípulo Asclepios, dijo:

"Hay también otro género de vivientes sin alma a decir verdad, pero no sin facultades sensitivas, de forma que los buenos tratos los hacen gozar y los malos tratos los hacen decrecer y morir: Me refiero con todo esto a los seres que tienen vida de la tierra gracias al buen estado de las raíces y capas o tallos. Los individuos de este género están extendidos por toda la tierra..."

Y para muestra de ésto, vemos en la fotografía que sigue a un “gnomo" aparecido en la Sierra de Cameros.

Sería bueno por tanto reflexionar sobre dos formas de "jardineros" o naturalistas: los que son conscientes de este hecho y los que permanecen en la ignorancia. Para los primeros, hablar a la rosa y manipular la tierra es entrar en un diálogo vital que les hace penetrar en el mundo mágico y fantástico de las fuerzas primordiales. Este ser es un amigo de los duendes, de las hadas de la tierra, del vegetal y de la naturaleza en general. El mimo y cuidado con las flores que riega o el verde de la tierra, convoca en su ceremonia diaria a los primeros estímulos de la vida y juntos cantan la armonía de este Dios multiforme y trascendente.

Para el segundo, para el que en la tierra sólo ve tierra, y en la flor un racimo de fibras vegetales, tan solo es un "ajeno", un extranjero y un hostil a lo que no identifica ni comprende.

¡No os avergoncéis por tanto de hablar a los animales, a las plantas, al Sol, a la naturaleza viva pues hay millones de escuchas e infinitos ojos que te acompañan!.

El niño pequeño e inocente, no contaminado con los complejos humanos, jamás se pierde por el bosque sino que es amamantado por los lobos o criado por los monos; el agua le da su energía y las frutas de los árboles descienden a su mano, puesto que lo puro se encuentra y se identifica espontáneamente.

Cuando se hacen pruebas atómicas subterráneas no sólo se mueve a la tierra sino seres y formas vivas que son agi tados por la necedad humana.

Cuando se vierte basura o residuos químicos en los ríos, no sólo mueren las truchas sino otros seres invisibles que se agotan en Lágrimas por la estupidez del ignorante, del insensible y del desprovisto de amor a lo que le rodea.

Nosotros comprendemos, entendemos y amamos estos procesos vitales de la naturaleza y nos predisponemos a su cuidado y celo, así nuestra aura se tiñe de amor, del amor de la madre tierra y el terremoto no nos destruye, la tormenta no nos fulmina y e1 frío no nos somete, pues de la hierba se hacen cunas para los niños y de los frutos sale comida para los hambrientos.

Nosotros, en definitiva, creemos en los duendes y añoramos una tierra limpia y fecunda por el amor del hombre consciente y responsable, y sabemos con la seguridad cierta del espíritu que muchos de los que ahora leen, heredarán ese paraíso que añoran si perseveran en el empeño de su autorrealización. La Tierra está ya designada al otro lado del mar, en la casa donde duerme el Sol, entre frondosos parajes todavía no destruidos por el hacha homicida ... Si no lo creen, no importa, el que deba estar ya ha comenzado la tarea del retorno al origen del Paraíso perdido.
Por otra parte tenemos la certeza de que el hombre no ha descubierto en absoluto los secretos de esta maravillosa naturaleza que le envuelve, ni ha aprovechado sus recursos tanto físicos como psíquicos debido a la perpetua ignorancia y racionalidad que se mantiene con respecto a considerar como "vivo" y activo todo lo que solamente percibe por sus sentidos.

Los olores, las formas, las caprichosas aleaciones de la naturaleza vegetal encierran un diálogo de continuo ofrecimiento al hombre. Con esto queremos recordar y hacer alusión a una antigua leyenda oriental que refiere cómo en la mítica ciudad de Shambhala, morada del Rey del Mundo, existe un árbol de la sabiduría que comiendo sus frutos, puede alcanzarse ese estado de conciencia que puede hacernos penetrar en los misterios o arcanos de la divinidad.

¿Es cierta esta historia?, ¿podría ser una droga? ... Como dicha leyenda cuenta, al encuentro de ese árbol han ido todos los altos iniciados del mundo: Apolonio de Tiana, Saint Germain, etc...

Son numerosas también las historias de ficción que se apoyan en esta magia vegetal a la que estamos aludiendo y todas las tradiciones nos hablan de un "árbol del bien y del mal" o "una rosa perdida de oriente", " plantas perdidas en escarpadas montañas" ... Evidentemente los antiguos eran más intuitivos y desde luego estaban unidos a estas fuerzas primordiales de la naturaleza.

R
ecuérdese a su vez a los "Hiperbóreos" que adoraban a dioses naturales y construían sus templos entre los corazones de los bosques.
Se podría decir por tanto que dentro del mundo existen otros submundos o universos paralelos que sólo están permitidos a aquellos que han ejercitado una conciencia más amorosa, más sabia y más consciente.

Dentro de la tradición más antigua de occidente, tendríamos a su vez que referir el viaje de Henoc con los Arcángeles del cielo y su descubrimiento del mundo maravilloso y mágico del universo vegetal que nos circunda:

"Espléndido árbol este, hermoso de ver, de follaje ameno y cuyo fruto es tan grato a la vista. " Entonces respondió Miguel  Arcángel : "Y este árbol aromático ningún ser humano tiene potestad para tocarlo hasta el Gran Juicio ... entonces el árbol será dado a los justos y humildes ... vida dará a los elegidos por sus frutos ... en el lugar santo entrarán con su aroma en sus huesos y vivirán sobre la tierra larga vida como vivieron sus padres en sus días (se refiere a los padres de Henoc), sin que les alcance pesar, dolor, tormento ni castigo".

En el mismo relato, Henoc es transportado, acaso, a la mítica ciudad de Sangri La, o bien, por otros llamada, como hemos dicho antes, Shambhala:

"Llegué al paraíso justo y vi, además de aquellos, otros muchos árboles que crecían allí, cuyo aroma era bueno. Eran grandes, excelentes y de mucha belleza, y vi el árbol de la ciencia del que, si alguien come, adquiere gran sabiduría. Se parece al algarrobo, y su fruto es como el racimo de uva, muy hermoso, y el aroma de este árbol sale y llega lejos."

Como podemos ver y para terminar nuestra síntesis de esta "alquímia vegetal", existe una vía, un acceso o un camino de penetración a este sub universo que requiere de nuestro amor y de nuestra integración en la obra maravillosa e inacabable de conceptos y formas de la Suprema Inteligencia.

¡Acercaos en los amaneceres a la montaña y después de orar al astro Ra o Padre Creador de las cosas, con las manos extendidas, tumbaos en el suelo plagado de viva naturaleza y conoceréis, si agudizáis el corazón y los sentidos, a la madre; a la gran madre Tierra que es feliz a estas horas del alba de recibir al padre Sol! Será entonces cuando escucharéis las sensaciones narradas por los iniciados y sensitivos, pues los oídos se llenarán del canto de las esferas, del diálogo de las formas y del tintineo de los juegos caprichosos de los duendes, de las hadas y de las fuerzas primordiales.


DISCIPLINA ESENIA

Si deseáis curar en igual medida que lo hacían estos prodigiosos sanadores, no viene mal que repaséis la forma de y la forma de vida y la tremenda disciplina que se imponían para llegar al estado de pureza requerida en su ministerio o función.

Ellos sabían perfectamente que un ser es la resultante de tres energías básicas: espíritu, alma y cuerpo, y que estos tres elementos debían estar en perfecta sintonía de función, tanto en sí mismo si como en resonancia con las energías cósmicas que nos envuelven. Se sabían por tanto terminales de un macrocuerpo que requería de esa pureza y de esa preparación y norma capaces de atraer constantemente todo un chorro de energía positiva y de sabiduría inagotable.

Dormían en pequeñas chozas o casitas de piedra que ellos mismos construían con espacio simple para una cama de paja y una mesa donde realizaban tanto el estudio como casi todos los menesteres vitales que requerían en su humildad. Alrededor de la casa tenían un pequeño huerto que atendían a diario.

Se levantaban al amanecer, antes de que saldría el Sol, pues se consideraba una falta relativamente grave despertarse después del padre creador –Sol   dispensador de toda vida y de todo bien. Previo a esta salida se lavaban íntegramente sumergiéndose en el arroyo, y si vivían en parajes lejanos a la ribera , lo hacían en grandes tinajas preparadas al efecto. De esta manera tenían ya la parte externa limpia. Luego tomaban el agua cargada con la energía psíquica sorbo a sorbo, y en ayunas , a fin asear el cuerpo interno. Una vez limpios por dentro y por fuera, se ponían cara al Este esperando la salida del divino astro. Se arrodillaban y se sentaban en sus talones en actitud de espera. Este era el momento crucial de todo el día; el despertar a la luz, el reivindicar su calidad de hijos del Sol, señores del día. Por ello aún repitiéndose año tras año, se asomaban a la aurora que cada día era distinta en experiencias, sabiduría e inquietudes.

Poco a poco el dorado horizonte mostraba los rayos del padre luminoso y los ojos del esenio postrado se iluminaban al unísono a la vez que desde el fondo de su alma se oía una oración. Escuchad con el oído interno la experiencia de uno de estos monjes, tal y como lo cuenta y lo siente:

"Me levanté al amanecer y esperó el mejor de los días: el de mi nacimiento.

Era aún de noche cuando salí de la morada camino de la montaña. Llegué con los últimos coletazos de la negrura nocturna. Me senté en una roca esperando la llegada del padre Rá.

Poco rato después mis oídos se hicieron música y comprendí que las hojas de los árboles hablan para quien sabe escuchar y acallar la ambición Sentí casi al instante el ruido del insecto en armonía con el caminar de las nubes. Era como una bella orquesta perfectamente dirigida para deleitar las fibras más sensibles de mi sentimiento.

Todo, todo se despertaba para cantar al gran padre que salía impetuoso entre las montañas. Al fin, el deseado momento: una lágrima rodando por mis mejillas a la vez que de mi garganta salía quedo pero majestuoso el eterno rezo: ¡padre', ¡padre amado! ... y mi corazón, junto a la cascada de mi llanto, el conejo, la hoja y las praderas, se unieron al más bello de los conciertos renovando el mismo grito: ¡padre!, ¡padre amado!..."

Sólo quien vive en el amor del astro. comprende que cada día que amanece se realiza el milagro más grande que el hombre pueda contemplar.

Es verdad que aun hoy tus rayos alumbran el hambre de muchos y las afrentas de todos, pero también existe la esperanza de los que como antaño y hasta el final de nuestras vidas te reconoceremos como el único benefactor creador de vida y de amor.

No existe mayor deleite que ser hijo espontáneo de la madre Tierra y del padre Sol, sintiéndolos en el canto a la vida del eterno amanecer.

Tú hablas a quienes abrimos los ojos y limpiamos los oídos. Sea siempre tu voluntad la que dicte la ley de nuestras pequeñas vidas mezquinas e imperfectas, pero retorna siempre hasta el final de los siglos, pues siempre un hijo del Sol se postrará en cada amanecer, diciendo. "¡padre!, ¡padre amado!.."

A continuación, con su cuerpo, a modo de antena, hacían el ejercicio de toma de energía psíquica: Con los pies juntos y las palmas de las manos abiertas a sus rayos, respiraban profundamente y con lentitud, en tres fases: aspirar, retener, expirar. El aspirar lo hacían por la nariz, reteniendo el aire en el estómago, después de haber pasado por los pulmones, expulsándolo por la boca.

Lo realizaban siete veces imaginando cómo la energía psíquica del Sol penetraba por la parte superior de su cabeza.

Luego, lentamente, lo habían otras siete veces imaginando como esa fuerza entraba por la frente. Otras siete por la nuca, espalda, el pecho, donde se juntan las costillas, el ombligo, y por último los órganos sexuales.

¡Siempre siete veces!. El número exacto de respiraciones era cuarenta y nueve, que se asemejan al latido cósmico “diástole-sístole” que se compone de dos períodos de 24.500 años o la Era Zodiacal.

Los siete centros psíquicos se corresponden con las siete chakras o centros energéticos del cuerpo que están en sintonía con los siete arquetipos solares o Arcángeles, representantes de los siete rayos o espíritus de Dios .

Todo el ejercicio estaba impregnado de su consciencia, de que por obra de "Rá" fueron hechas todas las cosas y que es dispensador de todo bien y de toda gracia.

Debemos entender siempre que el astro tiene tres niveles de sintonía: la física, la psíquica y la espiritual, y cada una de estas sintonías está servida por los elementos electromagnéticos y vibracionales de las energías solares en cuanto al nivel físico.

El proceso intelectual del Sol está servido por los "Elohim" o creadores de la sustancia y motivadores de los procesos terrestres que actúan sobre el nivel psíquico.

El proceso espiritual nos entronca con todos los soles de la galaxia como contenedores del “Logos “ de la suprema inteligencia por quien todo fue y será , antes y después de ser nosotros mismos.

Otra variante de la toma de energía solar es la “cruz magnética ” que se ejecuta de forma colectiva:

Se descalzan cuatro personas y se tumban en el suelo formando una cruz perfecta, (de tal manera que los pies se encuentren en un tronco común o base y los brazos , con las palmas abiertas hacia arriba, comenzando el ritmo respiratorio antes explicado, las cuarenta y nueve veces distribuidas entre las siete zonas de asimilación, observando el mismo ritmo interno de confianza y de fe hacia lo que en realidad se está ejecutando; es decir, cargar la energía programática del cosmos que según todas las corrientes esotérico espirituales se revelo para nuestro mundo vital en las cuatro fuerzas primordiales de la naturaleza y sus elementos aire, fuego, tierra y agua.

Esta expresión de la formación de la materia para el mundo físico tiene un símbolo de homologación interestelar en el lenguaje “solex mal" que es el idioma que utiliza la Confederación de Mundos y que emplea formas ideográficas de escritura. Nos referimos a la famosa "cruz gamada" y que todos los pueblos de la Tierra han representado, bien en un sentido de giro o en otro  formación o desintegración de las formas existenciales. Según los seres del espacio, las cuatro fuerzas básicas que provienen del creador son: Campo estático magnético, campo electroestático, onda electromagnética y campo de resonancia electromagnético. Y son estas cuatro fuerzas que son llamadas y captadas por la cruz energética que se forma con los cuatro cuerpos. Basta con hacerlo una vez al día, cuando el Sol sale.

Después de estos actos el monje era una antorcha viva de energía pura, pues había realizado la alquimia de la materia por la limpieza del agua, y la de la luz, por la captación del fluido psíquico del astro. Es ahora por tanto cuando las palabras de Jesús a Nicodemo se hacen perfectas. Pues nadie que no haya nacido del agua y de la luz puede tener parte con Cristo.

Así pues, queridos hermanos sanadores, terapeutas de esta tiempo, desde ahora os digo que si no realizáis esta alquimia a diario jamás sanareis y jamás podréis recibir en vuestro interior la comunión con la divinidad emanada por el Sol Manásico, centro de la suprema inteligencia.

El mundo rutinario os apartará de esta práctica pero al que persevere se le dará la capacidad de renacer y de curar como lo hacía el Maestro Jesús ¿como l o hacía? , ¿ qué fuerza empleaba?, ¿que oración recitaba?, ¿a qué dioses invocaba?. Serían largas y dispares las respuestas en función del grupo o religión que las desarrollase, pero hemos elegido un capítulo del Evangelio Esenio que nos habla del Jesús integrado en los elementos naturales: metido en la madre Tierra y en sus energías a las que pide utilicen sus propias fuerzas y recursos para sanar al cuerpo del hombre.

Ciertamente el Maestro sabía bien que el ser humano había sido formado por la naturaleza y era obvio que remitiéndose a la fuente podrían arreglarse las formas de ella dependientes . Este razonamiento por simple y elemental puede parecer infantil, pero resulta absolutamente cierto que si se realiza con fe, los efectos pueden ser comprobados por, cualquiera.

Hasta los elementos existenciales más groseros o sútiles pueden ser consultados, dirigidos y coloquiados por quien ha llegado a la alquimia del espíritu y al lenguaje del amor de ese Dios cosmogónico que late en cada hálito de vida.

"Buscad el aire fresco del bosque y de los campos, y en medio de ellos hallaréis el ángel del aire. Quitaos vuestro calzado y vuestras ropas y dejad que el ángel del aire abrace vuestro cuerpo. Respirad entonces larga y profundamente, para que el ángel del aire penetre en vosotros. En verdad os digo que el ángel del aire expulsará de vuestro cuerpo toda inmundicia que lo profane por fuera y por dentro. Y así saldrá de vosotros toda cosa sucia "" maloliente, igual que el humo del fuego asciende en forma de penacho y se pierde en el mar   del aire. Pues en verdad os digo que sagrado es el ángel del aire, quien limpia cuanto está sucio y confiere a las cosas un olor, agradable. Ningún hombre a quien no deje pasar el ángel del aire podrá acudir a la faz de Dios."

Verdaderamente todo debe nacer de nuevo por el aire y por, la verdad, pues vuestro cuerpo respira el aire de la madre terrenal y Vuestro espíritu respirará 1a. verdad del padre celestial.

¿Cómo había aprendido a curar Jesús? . .parece claro que la vivencia de éste junto con los esenios, llamados también terapeutas, en los años que precedieron de su vida publica, influyeron decisivamente en la preparación. Estos esenios observaban una conducta vinculada a la naturaleza y de ella sacaban la innata sabiduría que viene a través de los tiempos, en el libro invisible de la vida. Este litro sólo puede ser consultado por quien ha roto la barrera de lo superficial y de lo vulgar y se hace uno con el latido de los elementos existenciales. Sus páginas son las vivencias y la memoria da la madre Tierra repleta de sones armónicos y de vibraciones sutiles.

Jesús, claro y otros pocos, pudo acceder al umbral del eterno diálogo con la suprema inteligencia que radica en cada átomo y en cada cuerpo sutil del Todo.

El Maestro, en todo caso, nos habla de un conocimiento innato que está esperándonos y que se comprime como amigo invisible en cada cosa que tiene vida. A mayor abundancia, desprecia la palabra escrita y los libros en favor de este otro dictado intuitivo y perpetuo de lo natural. Escuchadle decir:

"No busquéis la ley en vuestras escrituras. pues la ley es la vida, mientras que lo escrito está muerto. En verdad os digo que Moisés no recibió de Dios sus leyes por escrito sino a través de la palabra viva. La ley es la palabra viva del Dios vivo dada a los profetas vivos para los hombres vivos. En donde quiera que haya vida está escrita la ley. Podéis hallarla en la hierba, en el árbol, en el río, en la montaña, en los pájaros del cielo, en los peces del mar: pero buscadla principalmente en vosotros mismos.

En verdad os digo que todas las cosas vivas se encuentran más cerca de Dios que la escritura, que está desprovista de vida. Dios hizo la vida y todas las cosas vivas de tal modo que enseñasen al hombre por medio de la palabra siempre viva, las leyes del Dios verdadero. Dios no escribió las leyes en las páginas de los libros, sino en vuestro corazón y en vuestro espíritu. Se encuentran en vuestra respiración, en vuestra sangre, en vuestros huesos, en vuestra carne, en vuestros intestinos, en vuestros ojos, en vuestros oídos y en cada pequeña parte de vuestro cuerpo. Están presentes en el aire, en el agua, en la tierra, en las plantas, en los rayos del Sol, en las profundidades y en las alturas. Todas os hablan para que entendáis la lengua y la voluntad del Dios vivo. Pero vosotros cerráis vuestros ojos para no ver, y tapáis vuestros oídos para no oír. En verdad os digo que la escritura es la obra del hombre, pero la vida y todas sus huestes son la obra de nuestro Dios. ¿Por qué no escucháis las palabras de Dios que están escritas en sus obras?, ¿y por qué estudiáis las escrituras muertas, que son obras de las manos del hombre?...'

Nos hemos apartado un poco del argumento general del libro y debemos retornar a la disciplina diaria esenia.

Hecho el saludo al Sol y cargada su alma de luz de bien, tomaban los aperos de labranza y los útiles de trabajo para la subsistencia, afanándose en realizar sus respectivas tareas hasta la hora de comer. La comida normalmente era en solitario, aunque había comunidades que optaban por comer en común. Las más próximas al interior del desierto la hacían juntos pero las cercanas al mar la realizaban solos, aunque en las ceremonias y culto de los días señalados por el ritual se juntaban a comer todos bendiciendo el pan y el vino que compartían, memorando así el origen de dichos elementos traídos por los enviados de Dios, hoy conocidos como "extraterrestres".

Después de la comida, una pequeña siesta, muy común entre los habitantes de aquellas latitudes, pues no es posible a ciertas horas del día realizar otra tarea que no sea la de meterse en la sombra porque el Sol cae de lleno sobre los lomos de los transeuntes produciendo quemaduras y lesiones si no se tiene el cuidado necesario.

Después de la pequeña siesta se sale al templo o lugar de reunión a fin de pasar revista a las necesidades de la comunidad, Durante el resto del día y parte de la noche se procede a la lectura de las Sagradas Escrituras, a los ritos y al estudio de la ley. Es en esta última práctica donde el esenio emplea horas y horas hasta el punto de saberse de memoria todos los antiguos padres del pueblo de Israel y sus profecías.

Eran famosos los vaticinios y oráculos de estos monjes dotados de percepción extrasensorial que conseguían acertar en las previsiones más extrañas e imprevistas.

Existían otros monjes "itinerantes" que salían periódicamente a las ciudades a visitar a las familias simpatizantes de su movimiento. De aquí la conexión con la familia de Jesús, Juan y Lázaro   por citar algunos   por parte de estos terapeutas. En sus salidas, además de sanar las heridas con sus hierbas, traían y llevaban noticias a los sitios más alejados y las depositaban en las caravanas para que llegasen a los hermanos de Alejandría y del interior del desierto.

A semejanza de la tradición tibetana que mediante la meditación y el seguimiento interno, los altos Lamas conseguían dar con el niño que sería el Dala¡  Lama a la muerte del anterior, así los esenios supieron del nacimiento, de Juan primero y de Jesús después, como los elementos de la revelación, y se dirigieron a Nazaret y Jerusalén para conectar con los recién nacidos. Sólo ellos lo sabían y así lo hicieron conocer a los iniciados del interior que rápidamente enviaron a tres grandes maestros "los Reyes Magos" que confirmarían y sellarían el nacimiento de Jesús el Cristo en aquellos parajes.

E1 anciano Simeón en el templo de Jerusalén, dotado de clarividencia, fue capaz de reafirmar aquel nacimiento cuando dijo: "Ahora ya puedo morir tranquilo porque mis ojos han visto al salvador del mundo".

Es bueno hacer constar que tanto Jesús como Juan estuvieron inmersos en el movimiento esenio, pero no llegaron a profesar dentro de la orden pues su linea de conducta y sus afinidades eran menos belicosas y nacionalistas que la de la mayoría de estos monjes, mitad santos y mitad soldados. Los más intolerantes morirían después en la fortaleza de Massada, al Norte de Judea, a manos de los romanos que los exterminaron a pesar de su tremendo valor y de su heroica resistencia.

Fue Jesús el que rompió sus férreos esquemas y liberalizó la norma rígida de otros tantos quienes tomaron el camino del amor y de la esencia. De esta manera consiguieron los apóstoles pescadores de Jesús seguirle, pero es conocido el enfrentamiento que hubo de ellos con los seguidores de Juan, pues los discípulos del Bautista tenían una vida austera y ayunaban con regularidad, cosa que no hacían los del Maestro. Así le preguntaron: "¿Por qué, ayunan los discípulos de Juan y los fariseos, y tus discípulos no ayunan?". E1 Maestro Jesús les da una respuesta de sustancia, más que de forma: "Pero días vendrán en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán...".

No quiere decir esto que Jesús estuviera en contra del ayuno, por el contrario lo practicaba al igual que todos los esenios; más que nada se oponía a la hipocresía de aquella raza. Así lo afirma el Evangelio:

"Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas, que demudan su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tu, cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará."

Debéis perdonarme que de vez en cuando me alargue o me desvíe de la trayectoria del relato. Escribo a "golpe mental" y no me preocupa en absoluto la sintaxis, sólo el comunicar una experiencia en esencia, rodeada de lo periférico, que la ayude y la ilustre, pero sin norma fija, un poco anárquicamente. Así seguirá siendo y yo me despreocuparé más a partir de aquí.

No me resisto a terminar este capítulo sin incluir otro artículo que conviene recordar, ya que fue publicado en su día. Se trata de la forma de vivir en comunidad de estos monjes, tratada por el mejor de los autores reconocidos dentro de esta materia. E1 escrito en cuestión fue presentado a discusión en el "International Essene Seminar" (San Diego, California, 1976) como respuesta a las consultas de numerosos jóvenes norteamericanos que deseaban seguir una vida comunitaria en los trópicos. Decía así:

Si estudiais las vidas de los gigantes espirituales de la historia de la humanidad, os daréis cuenta de que el camino hacia la perfección pasa por  la soledad ,y el esfuerzo individual , más que por l a estructura de una organización, que es la muerte de la idea. Si leéis con atención los escritos de Josefo, Filón, Plinio y otros autores en torno al comienzo de la Era Cristiana, descubriréis que en las Hermandades Esenias del Mar Muerto, del lago Mareotis y de otros lugares, cada persona tenía una pequeña casa de su propiedad, rodeada de un pequeño huerto para satisfacer sus necesidades. Los hermanos dedicaban su tiempo libre al mantenimiento de una amplia biblioteca donde guardaban sus rollos de pergamino y donde estudiaban cada tarde sus tradiciones y las enseñanzas de los Grandes Maestros. Pero cada hermano tenía una casa pequeña y simple, independiente e individual, reflejando así que la única libertad consiste en tener el mínimo de necesidades, y que el todo depende de la posición de los átomos que lo componen.

Igual que en el Siglo XX, verificaban continuamente su sabiduría, basada en el conocimiento empírico de la naturaleza humana.

Hoy, cuando desorientada por los millones de leyes de la sociedad en que vive, una persona somete su ya limitada libertad a los nuevos reglamentos y regulaciones de una organización utópica, inexperta y sin práctica, su libertad individual no hace más que limitarse; el hombre se convierte en un peón de los conflictos propios de personalidades emotivas y en proceso de maduración. Por ello muchos buscadores sinceros abandonan esos sueños utópicos. Pero sin cesar, nuevas personas, inexpertas, sin práctica, aparecen y desaparecen una y otra vez en tales equivocados caminos.

Por eso prácticamente todas las cartas que recibimos tienen la misma cantinela: "Hemos leído sus libros sobre los esenios, y sabemos y sentimos la verdad que encierran. Pero, ¿qué debemos hacer para poder vivir en la vida esenia? ¿Debemos dejarlo todo e ir en busca de un paraíso tropical? ¿Debemos dar nuestros ahorros al grupo X, que está buscando tierras en las selvas de Sudamérica, de México, de Tahití o de las islas Carol ? ¡Por favor,, aconséjenos sobre cómo podemos realizar nuestro "éxodo" de las complejidades y cargas de la enmarañada de nuestros días!".

Mi respuesta a las carteas es .. Antes de vender todas vuestras posesiono mundanas a cambio de un rincón infestado de malaria en una selva neblinosa y llena de serpientes y mosquitos, deteneos por favor un momento a estudiar la vida y práctica diaria de los esenios del Mar Muerto. Nuestra fuente más competente es el brillante represante de las ciencias naturales romanas: Plinio el Viejo, quien de forma personal v directa dio fe y describió el modo de vida y las prácticas diarias de los esenios, llamados por Toynbee "los únicos místicos prácticos de la Historie".

Mientras Filón, e1 filósofo alejandrino, estaba totalmente absorbido por las enseñanzas espirituales esenias, y mientras Josefo, el historiador romano, se concentraba en el análisis intelectual de la filosofía esenia, el tercero y más importante visitante de los antiguos esenios del Mar Muerto, Plinio como científico realista, poseedor de una mente empírica, tenía los pies sobre la tierra, observó . sobre todo las prácticas individuales y diarias , de cada esenio. El resultado de este método empírico análitico está recogido en magníficos rollos, copiados por los monjes benedictinos, que se encontraban en el scriptorum del Monasterío de Montecasino de esta misma Orden. Es probable que la gran afinidad de los benedictinos con el modo de ser esenio facilitase la atenta observación y buen estado de esos pergaminos, que descubrí en 1923.

¿Qué encontramos en esos interesantes manuscritos? Pues que cada esenio vivía en una " casita " de una longitud dos veces la del hombre (longitud corporis), 1a anchura de una vez y media, es decir de 4 x 3 m. y sólo 2 m. de altura. Tenía un techo plano, con una inclinación muy ligera, que durante la época de lluvias y también cada día con el fuerte rocío de la noche enviaba el agua recogida a una cisterna de 5 m. de longitud, uno de ancho y dos de altura, construida sobre el suelo y adosada. al lado sur de la casa. La puerta estaba hecha en el centro de la pared norte, con una ventana a cada lado. Tras la ventana derecha había una cama de madera de metro de ancho y dos de largo, y una mesa del mismo tamaño tras la izquierda. A1 fondo de la habitación, en la pared norte, había una zona de almacén de un metro de anchura y tres de longitud, un tercio de la cual la ocupaban semillas en germinación y ya germinadas, otro tercio granos, nueces y frutos secos, y el tercio restante los aperos agrícolas.

Por fuera, a lo largo de las paredes este y oeste había sendas plataformas de cuatro metros de largo donde se asentaban una serie de recipientes planos de barro autoacostumbrados  y llenos de 10 a 15 cm. de abono. En ellos crecían pequeñas plantas tiernas y verdes (virescenda) a las que recurrían diariamente para comer. Añadían a las comidas los blancos embriones germinados (planta alba) y zumos, frutas, hortalizas, granos y nueces.

La casa estaba rodeada por un huerto pequeño y cuadrado de 16 x 16 m. que era el auténtico "taller". Toda el área estaba ocupada por frutales (pomus) plantados a distancia de sólo dos metros y medio entre sí. En total tres o cuatro docenas de árboles con sus verdes ramas prácticamente entrelazadas, formando un dosel vivo de verdor (viridarium), un techo verde protector de las pequeñas plantas para grano y hortalizas que alfombraba todo el espacio bajo el desierto. Con este parasol las verduras podían crecer con vigor a pesar de una sequedad y al calor terribles, pues la cubierta les daba humedad y sombra, y un acolchado fértil y humus con las hojas muertas que continuamente caían de ella.

En esta minúscula finca había todo lo que el cuerpo humano necesita para vivir una vida simple, natural, contemplativa y libre, lograda con sólo unas pocas horas de trabajo al día. Es decir que cada esenio era completamente libre y autosuficiente. Cada uno dedicaba voluntariamente trabajo cooperativo con sus vecinos para mantener la biblioteca de los Maestros, central y comunal y tocaban sus instrumentos musicales que, como todo, creaban por sí mismos.

Si la pequeña hacienda esenia era una buena idea en el Siglo 1, es aún mejor en el Siglo XX, cuando estamos buscando caminos para simplificar nuestro modo de vida y reducir las complejidades y fatigas de la vida moderna. La descripción que hace Plinio puede ser un ideal muy práctico y simple, y una guía para el hombre actual, y sin necesidad alguna de unirse a una organización o irse a los tópicos (¿Por qué tanta gente persiste en creer que un clima tropical es el paraíso, cuando en realidad es el peor desde el punto de vista de la comodidad y la salud?). Busquemos un climax templado del mediterráneo y apartado una media hora de una población mediana para tener acceso a una buena biblioteca pública. Una vez cubiertas nuestras necesidades básicas por la pequeña finca, practicando estos métodos hortícolas dos o tres horas al día y empleando aquí y allá unas pocas horas para ganar el escaso dinero extra que haga falta (quizá los excedentes de fruta o verdura, o creando lana, pequeña y simple artesanía casera), será posible independizarse de la inflación, la depresión económica, el desempleo, los gastos médicos y hospitalarios, los impuestos, los seguros, y las muchas y variadas clases de autoexplotación. Autoexplotación significa sacrificar la salud, el tiempo libre y el dinero a un gran número de cosas que en el mejor de los casos son superfluas y, en el peor, nocivas.

Pero todavía está la cuestión de los vecinos. ¿Cómo encontrar personas con ideas parecidas, que deseen asentarse a vuestro alrededor y vivir del mismo modo, de forma que podáis compartir una pequeña biblioteca cooperativa, aprender de las experiencias de los demás, estudiar juntos las grandes enseñanzas?

¿Cómo, en resumen, formar una cooperativa urbana en buena camaradería pero manteniendo completamente vuestra independencia y libertad, crear una cooperativa para vivir esa retomada vía esenia entre los buenos vecinos, y no una comuna con mil reglas y regulaciones?.

La respuesta es muy simple: por medio de la educación. Que cada persona adquiera el conocimiento básico antes de embarcarse en el viaje, y así éste será un éxodo gradual y bien preparado. Te interesa, igual que a tus potenciales vecinos futuros, estar preparado antes de emprender el establecimiento de tu minúsculo terreno de 50 m. cuadrados, que es todo lo que necesitas si conoces previamente el arte de la vía esenia y deseas llevarlo a la práctica. Es esencial que primero estudies muy concienzudamente los libros sobre ella, y para este fin nada mejor que formar un pequeño grupo de estudio. Aunque sólo haya dos o tres personas interesadas al comienzo, siguiendo el método correcto el grupo crecerá. Ya decía Sócrates: "El comienzo es tu mejor compañía".

Debería empezarse por formar una pequeña biblioteca común. No hay sustitutos para los libros: la televisión, la radio, la prensa y otros medios de comunicación, la propaganda, los alimentos refinados, el tabaco, el alcohol, los lujos, nunca difundirán estas ideas. Y reunirse una hora larga varias veces al mes. Luego comprar entre varios una superficie grande, aportando todos el mismo dinero, y dividirla en parcelas de 50 m. cuadrados ; comenzar los fines de semana a construir poco a poco la casa; compartir los conocimientos y las experiencias, el vergel es un hermoso sentimiento saber que tus vecinos siguen el mismo camino, cada uno a su propio ritmo individual.

Existe una razón para entrar en tales detalles de un aproximado plan de actuar, a pesar de que, como decía Confucio, sea mejor dar al estudiante una esquina del rompecabezas y esperar a que encuentre por sí mismo las otras tres. Y es que en mis viajes por América Central, me sorprendió y entristeció hallar tan gran número de jóvenes norteamericanos buscando a la aventura santuarios “esenios" en zonas remotas de climas inhóspitos, sin ningún conocimiento, práctico ni estudio o preparación previa. Era deprimente ver todas esas personas errando en la búsqueda del Jardín del Edén que no existe. No resultaba de ninguna ayuda meditar la obra maestra de mi buena amiga Maeterlinck : "El Pájaro Azul", y llegar a la conclusión de que esos jóvenes, gentes bien intencionadas, estaban buscando infructuosamente algo que podían conseguir mucho más cerca de su casa.

Por eso me alegro de aportar aquí el consejo de Plinio, que puede ayudar más a conseguir la realización personal que todos los sueños utópicos de comunas sobre el papel. Según la información más fidedigna de Plinio, las antiguas hermandades esenias equivocadamente traducidas como comunidades o comunas no eran sino cooperativas libres de buenos y creativos vecinos completamente independientes, unidos sólo por los valores y las enseñanzas de su vía.

Así pues. hoy el grupo ideal lo compondrían individuos independientes y librepensadores como los antiguos esenios, quienes durante siglos nos mostraron en su modo de vivir un sistema de autogobierno concreto y seguro, que fácilmente podemos adaptar a nuestro siglo.

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