La curacion esenia






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LA PALABRA


Está escrito: "A1 principio era el verbo o la palabra” y el verbo estaba en Dios, el verbo era Dios. E1 estaba al principio en Dios y todas las coses fueron hechas por é1.

Sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho...". E1 verbo, la palabra; el método por el cual fueron hechas las cosas. Recuerdo a este respecto un contacto con sanadores del espacio en que al testigo 1e hablaban por telepatía en vez de sonidos salidos de los labios. E1 contactado preguntó si podían hablar y el ser del espacio dijo: "Utilizamos la palabra para modificar la materia: la palabra puede matarla, revivirla, modificarla y si fuera preciso destruirla". Ciertamente aquellos seres habían hecho suya la frase escrita por el Apóstol Juan, que hemos puesto come introducción. E1 verbo o la palabra es otra de las claves que pueden sanar, al hombre. No olvidemos también la fuerza de voz que tienen los grandes cantantes de ópera a los que hemos visto en algunas ocasiones romper cristalerías con esa potencia.

Es con la palabra que el ser humano descarga su ira convirtiéndola en rimas, agresiones y violencia. Es en la palabra donde el hombre carga 1a mentira y se convierte en engaño, en mal para sus semejantes. Es en la palabra donde aplica la ternura y se convierte en amor para el niño y en caricia para el sumergido en tristeza.

Cuando se estudian las artes marciales, maestros de dichas técnicas hablan primero de la concienciación interna y de la preparación psicológica. Como parte de esa lucha

psicológica al alumno le dicen que antes de golpear, tienes que gritar con fuerza y agresividad a fin de asustar emocionalmente al contrario y dañar su tejido psíquico para después golpearle. Como veis, la palabra puede matar o revivir, depende de cómo se emplee, y con que carga emocional salga de vuestros labios.

El Maestro Jesús y Juan el Bautista eran maestros de la palabra. En el Apocalipsis se detecta también esta fuerza de expresión cuando dice de Enoc y Elías los dos testigos del Señor que si alguien quisiera hacerles daño, saldría fuego por su boca y los devorarían. Jesús paraba la tormenta con palabra, y los vientos, y las tempestades se acoplaban a su ritmo espiritual y a su emoción de mansedumbre. Juan, por su parte empleaba la palabra en el río Jordán y temblaba la montara ante su carisma. Ni siquiera Herodes, el gran tirano, pudo sustraerse al encanto de la voz del Bautista ; seductora, amorosa, tierna y a la vez firme y voluntariosa para el pusilánime y el negativo.

Cuando los fariseos . fueron a buscar a Jesús al templo con palos y piedras, este les recibe con una sencilla frase: "¿A quien buscáis? y la fuerza vibrante: de su amor, afloja la mano del garrote y hace caer las piedras al suelo, de donde nunca debieron ser tomadas.

Cuando los Apóstoles imbuidos por el Espíritu Santo salen a predicar dicen los Textos Sagrados que "hablaban en lenguas" y que todos les entendían, y no es que ellos hablaran el latín, griego, arameo, etc., más bien eran analfabetos y muy entroncados en el regionalismo propio de sus, hábitos, sino que por el contrario imprimían a sus palabras una vibración que se sentía en el alma y en el corazón de 1os seres que quedaban cautivados. Era como un resorte, como una llave que abría las cerraduras de quienes vivían en penumbra. La facultad del Verbo Divino no es una técnica que se aprenda comprando un folleto, se recibe de la dimensión astral o por imposición superior, al igual que la recibieron los Apóstoles, como antes he explicado. En la dimensión astral se recibe por medio de un beso entregado por el Maestro; un beso que sabe a miel aunque dentro de las entrañas es amargo. dando a entender que lleva consigo la predicación y ésta a la muerte.

Jesús el Cristo besaba a sus Doce en la boca, al igual que lo hiciera con María Magdalena; otra mujer dotada del Verbo y por cuyos besos y ademanes el Maestro recibió numerosas críticas. Sólo los que han recibido el Verbo de la dimensión superior saben, el porqué de estas pautas aparentemente irreverentes. La sabiduría y su lógica siempre afrenta al ignorante y al negativo.

Como venía diciendo. la palabra puede curar y debe hacerlo. Sólo cuando vuestro estado sea puro podréis hablar de pureza; sólo cuando en vuestro interior exista la calma podréis reflejarla; sólo cuando en vuestro corazón haya amor, podréis amar con la palabra.

Antes de emplear el agua o cualquiera de las técnicas básicas de curación, se debe utilizar la primera de las medicinas: la palabra. Es necesario poner toda la ternura y tratar de ayudar con espíritu, alma y cuerpo en esa frase consoladora que sea capaz de sanar de verdad. Veréis el milagro que se puede realizar por la palabra misma. Os sorprenderéis cuando cargados de intención positiva, deseéis con toda la fuerza del alma curar a alguien, y automáticamente la persona postrada se levantará delante de vuestros ojos, recordando así al Maestro Jesús cuando dice: "¡Estás curado!", y sin emplear ningún método psíquico ni psicosomático resucita a los muertos. Aquel recipiente de amor infinito fue una pila emisora de bien y de salud. Sin quererlo pudo curar a la mujer que en medio de la muchedumbre se acercó al borde de su túnica y quedó restablecida de sus flujos de sangre. Fíjaros en este caso, cómo Jesús, entre tantos que le asediaban, percibe no obstante a la mujer que llegaba con esas intenciones. Dice Jesús: "¿Quién me ha tocado?...". Replican los Apóstoles:

"Maestro, ¿cómo puedes decir quién te ha tocado si estás rodeado de una multitud?". Pero Jesús se refería solamente a aquella persona que había sentido traspasar su aura y tomar parte de su energía. Un trozo de él se había desprendido y su perfecto autoconocimiento lo había detectado.

Hablaremos del aura, naturalmente, pero ahora terminaremos con el tema de la palabra.

No debéis olvidar nunca el hablar con amor al enfermo y detectar cuáles son los orígenes de su enfermedad.

Procurad seguir el orden lógico de sondeo: espíritu, alma y cuerpo, es decir; primero ver el elemento kármíco que tiene sobre sí mismo; segundo, el elemento psíquico con el que actúa, y por último, el cuerpo físico. Sólo llegaréis a curar cuando estos elementos sean perfectamente equilibrados.

Es evidente que muchos sanadores podrán decir que no están capacitados para llegar a tal sondeo, pero para ello tenéis que ayudaros de otros hermanos que sean capaces de tales diagnósticos. Mi recomendación al respecto es que en las consultas o los tratamientos tengáis un buen astrólogo y algún psíquico bien dotado, pues son ayudas inestimables.

Es evidente que el médico realizado es un maestro del diagnóstico y puede emplear la técnica del iris o la del pulso o la simple observación. Todos estos temas no los trataremos en nuestro libro puesto que sería larguísimo introducir las técnicas de diagnosis, pero nacida la motivación, el sanador o terapeuta esenio, debe cultivarse para llegar a producir acertados tratamientos. No caigáis en la tentación de pensar que sólo mirando el aspecto físico habéis detectado el mal, pues sobre todo hay un componente psíquico o motivador y sobre todos ellos hay un elemento kármíco que conviene dilucidar porque normalmente en vidas anteriores el hombre ha producido estados y efectos que se padecen en esta vida y que conviene conocer.

Mi preparación me habla de que la Astrología tiene suficiente capacidad para llegar a toda esa técnica de diagnóstico, tanto físico como psíquico y espiritual. En cada Carta Natal está el pasado, el presente y el futuro del hombre, día a día, hora a hora y segundo a segundo, pero no descarto en absoluto que haya técnicas complementarias de diagnosis como la intuición y evidentemente la cualificación académica y convencional de !os análisis clínicos.

No seáis por otra parte necios y prepotentes y sabed que la ciencia ofrece cada día más técnicas de sondeo que deben ser empleadas integralmente en el hombre pare llegar a la curación. Existe una falsa corriente purista que desea retornar a lo primitivo de la naturaleza sin acoplar el desarrollo a la sabiduría del hombre moderno. Esto es absurdo y en algunos casos llega a ser francamente peligroso.

Las circunstancias sociales, legales culturales de nuestras naciones, nos obligan a optar por el estudio y la titulación de médico convencional para luego empapados por el mismo y por la preparación académica, escoger una medicina natural y limpia que tenga como base la concepción del Ser como elemento espiritual, no como el conjunto de una serie de reacciones químicas y biológicas desprovistas de alma, que es hacia donde tiende la medicina llamada "científica".

Si trabajáis en, algún consultorio conviene que esté dirigido y vigilado por los médicos convencionales o bien supeditar vuestro diagnóstico a la confirmación clínica del experto. Evidentemente hay una serie de normas y de leyes que debéis observar, y este libro no debe ser el acicate para romperlas o franquearlas.

Acostumbraros a trabajar en la salud del ser, no en la enfermedad. Quiero con esto decir que la enfermedad es el resultado de una mala vivencia, por tanto se deben ordenar los hábitos, las comidas y la higiene para que el hombre esté sano y sea compensado en las energías, de esa manera nunca emplearéis la cirugía ni la medicina que más que curar termina por remendar al paciente sin llegar al origen de la causa.

Creo que nos hemos desviado bastante en estos últimos párrafos y debemos retomar el orden del relato. Por otra parte, pienso que ha quedado bien claro el poder de la curación por la palabra y la ética básica que debe emplearse para llegar a la curación del enferme o al cuidado del sano. Seguiremos con otros temas.
DIÁLOGOS EN EL ARROYO.

Ciertamente cuando queremos referirnos a Juan deberemos acercarnos al arroyo, al agua, pues este enorme ser poco conocido vivía del sentimiento del agua, de su fuerza y de su energía vital.

Era normal verle rodeado de aprendices de hombre y de sanadores de espíritu. No lo era tanto, incluso nadie recordaba, que Juan hubiera utilizado alguna técnica de curación, pero no obstante las conocía y las dominaba todas. Algunos le preguntaban por el hecho de no practicar la medicina. E1 simplemente les decía que su medicina no era la del cuerpo sino la del espíritu, y algún factor mágico debía acompañar a estas palabras cuando muchos, después de escucharle, cambiaban totalmente sus vidas y sin desearlo entraban en nuevas frecuencias espirituales y materiales. Había habido casos en que escuchándole, algunos enfermos habían sanado, y no eran pocos los que le atribuían poderes especiales cuando simplemente hablando conseguía que los presentes se elevaran sobre un plano de mayor sabiduría: "Queridos hermanos  decía  el hombre no está solo sino que una legión de ángeles y de demonios hacen morada en él, si su alma se reviste de amor o de iniquidad. Depende de vosotros el alimentar a unos o a otros. Si optáis por el mal y por los vicios corruptos vuestros cuerpos serán guiados hacia la destrucción y comenzaréis a degenerar a los vicios carnales: la comida y la bebida. En poco tiempo seréis templos del poder del maligno y vuestra vida se encaminará hacia el fin.

Cuando estos demonios se meten en el cuerpo, se satisfacen de cuanto aman y poco a poco debilitan vuestra voluntad hasta haceros sus prisioneros. Os muestran las cosas relucientes pero no el interior que está negro y podrido. Sed astutos y estad en disciplina constante, sea vuestro ánimo como el del soldado siempre presto para el combate.

Cuando un hombre muere atado al deseo no puede regresar a las estancias del Padre para ver su rostro y retomar el camino de vuelta para la perfección. Queda atado por su insatisfacción y pulula por los sitios que tanto deseó y sabedor que su cuerpo fue devorado por los gusanos, busca utilizar otro cuerpo que le valga de soporte en su pecado. Si no estáis listos y disciplinados, seréis vosotros presa de sus voluntades y en vuestra casa vivirá hasta vuestra muerte, el ladrón.

Cuando sanéis ved primero quién vive en el cuerpo del enfermo, pues nunca estamos solos, ni aun deseándolo.

Si vivís con los ángeles de la naturaleza y con el amor del Padre, vuestro cuerpo será uno con el alma y con la voluntad del cosmos, siendo morada del espíritu del bien. Seréis entonces como el Sancta Sanctorum del Templo, llenos de poder y de majestad, vuestros ojos se iluminarán de luz y vuestras manos cambiarán la acción por la caricia. Cuando habléis, vuestra palabra sonará a música y sin desearlo dejaréis en el camino el perfume de la beatitud. Sed íntegros por tanto y estad en vigilancia, pues detrás vive quien tiene más poder y quien dispone en lo alto y en lo bajo. Estad limpios y preparados para el sagrado día del retorno a las praderas celestiales."

Alguno de los presentes le replicaba: "Es fácil para ti decirnos esto que no tienes familia y que vives en el desierto sin deberes ni obligaciones, pero si vivieras como nosotros en la ciudad, tu libertad sería menor. y te verías en las obligaciones que nos imponen las costumbres. No es tan fácil, querido Juan, seguir tus palabras."

"Hermano mío le dice Juan mi cueva es tan grande como mi imaginación sepa dibujarla, el desierto es tan penoso como mi alma sepa sentirlo. Todo hombre debe ser tentado pues a través de la tentación él sabe dónde está y qué poder tiene. Si el maligno me visita en la noche y me propone el poder del mundo y la seducción del mando, es fácil caer si no se está en oración y en constante vigilancia. Yo puedo hacer en mí mismo la senda más estrecha o más ancha, pero la disciplina me mantiene expectante.

Si hoy cedo en la lectura o retraso mi baño, mañana estaré sentado pasivo mientras el mal se adueña de mi casa y de mi cuerpo, empieza por poco y se termina por hacer un montón bajo el cual quedamos sepultados. Hay que estar constantemente en vigilancia propia y en autodisciplina.

Antes de juzgar a otros debéis juzgaros a vosotros mismos pues nadie está limpio pera ser maestro de los demás. Sed humildes y luchad en vosotros mismos.

No os tienten los paraísos externos pues el rey por fuera lleva joyas pero por dentro tiene las mismas bajas pasiones que el mayor de los indeseables a los que gobierna.

E1 peor de los enemigos del hombre es el propio hombre, que puede per, prisionero de sus miedos, de sus vicios, de sus pecados y de su ignorancia, por ello, querido hermano, si vives como esclavo en la casa del amo, puedes ser más libre que él, mientras que viviendo en el trono del poder puedes ser e1 más esclavo de los hombres."

Los seguidores de Juan conocían bien las luchas y las tentaciones que éste hombre vestido de humildad y de pieles de camello tenía que vencer a diario. Era sumamente conocido, y su sabiduría satisfacía al mayor de los eruditos. Muchos quisieron que capitaneara a los libertadores de Israel, y fueron varias las proposiciones formales de las distintas castas de Celotes, Fariseos ,v Esenios, le hicieran para que se pusiera al frente de su pueblo, liberándoles de Herodes en principio, y luego de los amos romanos que les sometían. Si Juan hubiera querido, ciertamente hubiera podido reunir sin ninguna contradicción ni desavenencia a todos los hijos de Israel, pero él sabía interiormente que su misión era "preparar los caminos del Señor que venía detrás" y se resistía con uñas y dientes a ceder en las pretensiones que le ofrecían. E1 propio Herodes siempre temió porque Juan capitaneara la liberación y lo tenía vigilado día y noche por medio de los espías que al efecto camuflaba entre sus seguidores, en esto aquel tirano era un maestro y se podía vanagloriar de tener el mejor "Servicio Secreto" de aquel tiempo.

Era normal, por tanto, ver a Juan llegando al conocimiento supremo y al éxtasis de la sabiduría, para después cuando había producido una atmósfera inaudita entre todos los que le escuchaban, caminar silencioso hacia la cueva, avergonzado como si hubiera hecho alguna mala acción. Era un ser programado para la humildad y para la espera del que venía detrás, y fue tentado para el poder día y noche, pero venció la tentación y conquistó su dignidad espiritual como ningún otro lo hiciera.

E1 Señor del Mundo es Juan, al igual que el Señor del Cielo es Jesús, y ambos fueron tentados por las fuerzas del mal para que retomaran su dignidad terrenal y celeste,. pero los dos optaron por ser los últimos seres servidores del hombre. Nadie sabrá jamás en el mundo la lucha que mantuvieron contra sí mismos.

E1 ignorante cree que metiéndose en una cueva como ermitaño se evitan las tentaciones, y es precisamente al contrario. En el mundo el hombre puede distraerse con una cosa y otra, con un afecto o un deseo que le es ofrecido por los intereses que le rodean, pero en la cueva y en el desierto, el hombre tiene siempre enfrente la monotonía de sí y siempre el mismo obsesionante paisaje: la mesa y el lecho de paja, y los dos polos; el Angel del bien y el Angel del mal, y en ese constante y arduo binomio, el ermitaño vive y pelea para templar su ambición.

Juan el Bautista había aceptado la programación del ermitaño para morir en el ego y ser más disponible al ser que le tomó como vehículo de acción. Todo Iniciado ha debido morir primero en el ego para ser luego un templo del espíritu superior.

Junto al Bautista siempre estaban los incondicionales. Muchos de estos siguieron luego a Jesús como discípulos suyos, siguiendo las indicaciones del eremita cuando éste supo que iba a morir. Uno de ellos fue el niño Juan, que luego sería "E1 Evangelista", y también el joven Andrés, hermano de Pedro, el pescador. A estos y a muchos monjes de las comunidades esenias les enseñó la sabiduría de la naturaleza y el poder de la voluntad. Fue un ser curtido a base de observar y contemplar las maravillas del devenir de las cosas.

Se dice que podía pasar horas y horas contemplando un hormiguero o esperando la caída de una hoja y después, como si de una clase se tratara, entrar en el éxtasis del conocimiento y hablar de la lejanía de las estrellas y de las mansiones del Padre Creador.

En relación a la medicina, tema que nos ocupa, el eremita decía: "Cuando bendecis de cruz, estáis llamando al Angel del Agua, de la Tierra, del Fuego y del Aire para que acudan a sanar o a cargar de su poder al objeto que bendecís. Sed por tanto merecedores del gesto y no bendigáis por satisfacer vuestra morbosa curiosidad, pues el pecado es muy grave ante las jerarquías superiores.

Por el Angel del Agua dotáis al objeto bendito del sentimiento del Padre Creador, por el Angel del Aire lo dotáis de la mente, por el Angel de la Tierra dotáis al objeto bendito de la fuerza de la Madre Naturaleza y de su energía, y por el Angel del Fuego lo dotáis del espíritu de Cristo, hijo del Padre Sol, creador de nuestra existencia.

Cuando bendecís por tres veces estáis recorriendo las doce estancias del Cristo Creador, hijo del Padre Eterno  Zodiaco.

Cada invocación atrae millones de seres y de energías sobre lo que bendecís. Nunca pronunciéis el nombre de Dios en vano y nunca realicéis actos que no estén a la altura de la necesidad y de la objetividad o seréis severamente castigados.

Aún pasando miles de años en vuestros retornos no conseguiréis entender ni sentir el poder de la bendición. Sólo los maestros de las formas y de las energías emplearán en el gesto el poder del Padre y sus palabras y acciones realizarán prodigios ante vosotros.

Debéis recordar que la energía del Cristo está en todo y debéis sentir el todo como una sola cosa. Una estrella lejana y la hoja de un árbol son parte de una misma cosa. E1 aire que respiráis es Cristo y por tanto vida. Desde ahora os digo que la mayoría de las enfermedades que tratáis estarán causadas por los malos hábitos de la respiración y de la comida. De oriente vienen mensajeros en las caravanas que nos hablan de la ciencia de la respiración y de sabios monjes que en lugares lejanos respirando pueden llegar a vislumbrar la fuerza y la sabiduría del Creador. Moisés, nuestro padre, dijo que hubo un tiempo donde los hombres aprendieron a fundirse con la naturaleza y vivían, más de mil años como nuestros patriarcas Matusalén, Lamec y Noé.

Efectivamente Juan se estaba refiriendo a la India y al Yoga o ciencia de la respiración que se debe estudiar en profundidad, ya que el prana se encuentra en el aire, tal y como lo decía Hermes, siendo este aire el alimento de la sangre y ésta el principio vital de la salud.

Si deseáis sanar, primero aprended a respirar. Educad a los pacientes para que realicen una respiración profunda, pausada y reposada, limpia de escorias y de polución.

Así debéis respirar: Subid al monte, si es posible antes del amanecer, antes que el Padre salga por el horizonte, y abrid vuestros brazos en cruz descalzando vuestros pies para que toquen el suelo y se unan en la polaridad de la madre que los engendró. Las palmas ponerlas hacia el Sol para tomar su beatifica luz. A continuación, cuando el Sol esté frente a vosotros, tomad aire pausadamente por la nariz e introducidlo no sólo en los pulmones sino hasta el estómago.

Retened el aire otro tiempo, igual al empleado en la toma del mismo, y posteriormente con la misma lentitud, expulsadlo hacia afuera. De nuevo lo haréis hasta siete veces. Debéis mirar cada vez a un punto: siete veces respirando al norte, siete al sur; siete al este y siete al oeste. Hecho esto habréis tomado las energías de la Madre Tierra y ¡basta!. Pero si queréis continuar en los días sucesivos cuando vuestro cuerpo esté acostumbrado, pues sentiréis un pequeño mareo. Haréis otra sesión más; es decir, lo que os he explicado y otras tres tandas más de siete respiraciones, pensando en el espirito, el alma y vuestro cuerpo, y de esta manera habréis sintonizado los valores solares. Por el número 28 tomáis la energía femenina y lunar de la Tierra; por él 49 tomáis las energías del Padre Creador o energía solar. Si alguno desee profundizar más, sepa que hay muchas técnicas de cine que hablan de este arte y que hay literatura más que suficiente en el Yoga Oriental, que no es objeto específico de este trabajo, por tanto seguiremos con otros temas:

Ya tomaremos otra vez la escena de Juan en el desierto hablando a los suyos y enseñando el camino de la sabiduría natural. No obstarte, por las alusiones vertidas en las palabras del Bautista, conviene introducir aquí dos estudios en relación a la símbología de la cruz y a la concepción del Cristo, de mi libro "Apuntes Metafísicos y Astrológicos" que ilustrarán y complementarán aún más el trabajo.

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