La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa






descargar 1.6 Mb.
títuloLa Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa
página1/10
fecha de publicación05.07.2015
tamaño1.6 Mb.
tipoDocumentos
h.exam-10.com > Derecho > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10



Ignacio Ellacuría

y su realidad histórica


Lo esencial es dedicarse filosóficamente a la liberación más integral y acomodada posible de nuestros pueblos y nuestras personas; la constitución de la filosofía vendrá entonces por añadidura. Aquí también la cruz puede convertirse en vida.” (Ignacio Ellacuría)


Introducción

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa Clemente XIV llegó increíblemente a su supresión decretada en 1773, a causa de la presión que ejercieron sobre él los principales monarcas católicos, singularmente el rey Carlos III de España que seis años antes había expulsado a los jesuitas de sus dominios. El Rey contó con el apoyo de los otros soberanos de la Casa Borbón, Luis XV de Francia —que había hecho lo propio en 1762— y del rey de Portugal, donde había ocurrido lo mismo en 1759.

Su lealtad incondicional al Papa ha colocado a los jesuitas en más de un conflicto como con la Inglaterra isabelina, frente al absolutismo de Luis XIV de Francia , el regalismo español, con la Alemania de Bismarck, con los gobiernos liberales de diversos países en América y Europa. Asimismo, los regímenes comunistas de Europa Oriental y de China limitaron ampliamente su actividad a partir de 1945.
Pese a ello, su presencia ha sido constante en países donde la religión católica ha estado perseguida o prohibida o en países con mayoría islámica o budista, donde han promovido siempre el diálogo interreligioso.
Pablo VI (1975) describió así a los jesuítas: "Donde quiera que en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles o de primera línea, ha habido o hay confrontaciones: en los cruces de ideologías y en las trincheras sociales, entre las exigencias del hombre y el mensaje cristiano, allí han estado y están los jesuitas".
Ello tiene su explicación en la voluntad de Ignacio de Loyola de querer de sus seguidores: «Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia, su Esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra». Es por ello que cuentan en sus filas a una pléyade de santos, teólogos, científicos, filósofos, artistas y pedagogos
En ltiempos contemporáneos, los jesuitas siguen trabajando por la evangelización del mundo, en defensa de la fe y la promoción de la justicia, en permanente diálogo cultural e interreligioso. Y ello lo realizan a través de varias actividades entre las que quiero destacar: a) la acción social, cuyo objetivo es impregnar las estructuras de la vida humana con una expresión más plena de la justicia y el amor; b) la educación que asumen como una participación en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por eso sus centros ofrecen a la sociedad una clara inspiración cristiana y un modelo de educación liberadora y humana; y c) el ámbito intelectual, ámbito jesuítico por antonomasia, en el que cabe señalar su presencia en la teología, las ciencias y la cultura.
Es así cómo los jesuitas fueron a El Salvador para realizar estas actividades, adaptándose a las nuevas necesidades de la sociedad y a los retos que éstas planteaban.
A inicios de la década de los sesenta Monseñor Luis Chávez y González, Arzobispo de San Salvador, expresó la idea de fundar una universidad católica dirigida por jesuitas y en 1965 se crea la  Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA1,
Pues bien, es en esta universidad que Ignacio Ellacuría vive gran parte de su vida y es vilmente asesinado como jesuita.

Quiero adelantar que según José Ellacuría 2, hermano de Ignacio, “ni su hermano ni el resto de los mártires eran dioses, pero sí las pisadas de Dios. Ellos, sin duda, marcaron un camino y una opción liberadora”.

Y es que Ignacio Ellacuría (1930-1989) fue un sacerdote jesuita, filósofo y teólogo de la liberación, pensador y analista político de la realidad social, defensor de las mayorías populares – sujeto activo y no sólo pasivo de la historia - que, como Rector de la UCA tuvo una gran incidencia intelectual y sociopolítica.

Siendo un hombre sereno y transmisor de paz, se le acusó, en ocasiones, de promover la violencia. Su situación, su circunstancia histórica era realmente compleja. Él quería la paz en la justicia en un mundo de violencia y tensiones; combatía las injusticias estructurales, había realizado múltiples análisis políticos sobre la situación del país, sobre la reforma agraria, sobre la crisis económica y los desequilibrios sociales. Resultaba molesto a las fuerzas dominantes y a las fuerzas más violentas. Pero conviene aclarar que optó por la negociación y la paz duradera como lo puso de manifiesto en el Análisis coyuntural sobre la situación del país.

En este artículo voy a tratar de exponer básicamente, en la brevedad que permite este estilo literario, su filosofía de la realidad histórica que, como veremos, está íntimamente ligada con la teología liberadora. Para Ellacuría la filosofía no era sólo una dedicación para saber acerca de la cosas, sino que era también un modo de vida, y un modo de vida ético y cristiano que exigía un decidido compromiso y voluntad de la verdad y de justicia. Usando sus propias palabras "…no basta filosóficamente con buscar la verdad, sino hay que procurar filosóficamente realizarla para hacer la justicia y construir la libertad".

He elaborado el texto en base a las propias palabras o escritos de nuestro protagonista; a libros o artículos acerca de testimonios y reflexiones de su hermano José y de sus compañeros que siguieron de cerca su realización personal y social; y a libros o artículos de autores que se han interesado en dar a conocer su vida y su pensamiento.
He dividido la presentación en cuatro partes: contexto sociopolítico, eclesial, teológico, jesuítico y universitario en que se desarrolló gran parte de la vida de Ellacuría; su perfil biográfico; su pensamiento y su pervivencia después de su asesinato.
Por último quiero señalar que:



  • las citas de Ellacuría van siempre en letra cursiva;

  • las reseñas biografías, sobre todo de personas que influyeron en la formación o en el pensamiento de nuestro personaje -y que van a pie de página- son breves y expresan solo lo que puede interesar al lector, que no las conoce;

  • puede ser que para algunos lectores esas reseñas les molesten al interrumpir transitoriamente el texto, pero me ha parecido necesario hacerlas inmediatamente después de mencionar a las personas citadas;

  • ha sido un atrevimiento querer abordar a este jesuita de tan impresionante trayectoria. Él y los lectores sabrán disculpar las limitaciones que sin duda encontrarán.


Espero que este artículo ayude al lector a tener un mayor contacto con este prohombre de extraordinaria estatura intelectual y espiritual.
Contexto

En El Salvador, era necesario que la inteligencia, en su función liberadora, tomara conciencia de la situación de violencia y de la realidad opresora que se vivía y la desenmascarara. Era necesario descubrir la verdad encubierta, y liberar el potencial humanizador desde la "perspectiva del Sur".

Para entender el contexto en el que Ignacio Ellacuría forja su vida, su pensamiento y su afrontamiento de la realidad salvadoreña, tenemos que referirnos a los años 60-80,y a los factores antes señalados..

Veamos cómo podían condicionar esos factores:

Sociopolítico

En 1929 la República Centroamericana de El Salvador vivió una crisis muy seria debido a la caida internacional del precio del café, los constantes fraudes electorales y el descontento de la población por la forma de gobernar de los militares. Todo ello exacerbó las tensiones sociales.

En 1932 hubo un levantamiento de los campesinos , en el oeste del país y el General Maximiliano Hernández Martínez, dictador del país hasta 1944, reprimió la incipiente movilización popular matando a miles de campesinos. El jefe de la insurrección, Austin Farabundo Martí, fue ejecutado. Esto marcó las divisiones entre derechistas e izquierdistas que llevó al país a una guerra civil.

El general Martínez fue depuesto por una huelga general en 1944, llamada «Huelga de los Brazos Caídos». Pero su gobierno marcó el inicio de una serie de gobiernos militares autoritarios sucesivos, que finalizarían en 1979 con un golpe de Estado y la instauración de la Junta Revolucionaria de Gobierno. En 1982, se eligió una Asamblea Constituyente, a la que la Junta entregó el poder; posteriormente se celebraron en 1984 las primeras elecciones presidenciales de la era democrática.

En 1979, un golpe de estado dirigido por una junta compuesta de militares y civiles permitió al democratacristiano José Napoleón Duarte acceder a la cabeza del Estado el año siguiente, sin que cesaran los combates entre los guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el ejército salvadoreño, sostenido financieramente en lo sucesivo por Estados Unidos.
En 1980 la guerra civil, simbolizada por el asesinato, en su catedral, de monseñor Romero, arzobispo de San Salvador y defensor de los paisanos dejó 100.000 muertos en diez años y paralizó la economía del país.



Duarte llega otra vez a la presidencia iniciando negociaciones por la paz con el FMLN. Pero entre 1981y1982 se generalizó la guerra civil entre el gobierno, apoyado por la derecha y la oligarquía, y el FMLN, junto a la guerrilla y la izquierda.
En 1989 el candidato del Arena, Alfredo Cristiani, llega al poder y se produce el asesinato de cinco jesuitas entre ellos el protagonista de este artículo, su empleada y la hija de ella.

El crimen generó grandes protestas en todo el mundo en contra de Cristiani, que intentó apaciguarlas prometiendo llevar a los responsables ante la justicia.

Eclesial

Creo que la situación y acción de la Iglesia en este contexto la puedo encarnar en Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdames quien, desde que en 1974 era obispo de Santiago de María, comenzó a aproximarse críticamente a la difícil situación política de su país. Se implicó de lleno en la cuestión una vez nombrado arzobispo de El Salvador en 1977.

El 10 de febrero de ese año, en una entrevista que le realizó el periódico La Prensa Gráfica, el arzobispo designado afirmó que: “El gobierno no debe tomar al sacerdote que se pronuncia por la justicia social como un político o elemento subversivo, cuando éste está cumpliendo su misión en la política del bien común.”

Durante la semana previa a la toma de posesión de Mons. Romero como arzobispo, el gobierno arrestó y expulsó del territorio salvadoreño a los sacerdotes Bernard Survill (norteamericano) y Willibrord Denaux (belga), miembros del clero arquidiocesano. Tres semanas antes había sido arrestado y expulsado del país el sacerdote colombiano Mario Bernal.

El 22 de febrero Mons. Romero tomó posesión del cargo de Arzobispo de San Salvador en una ceremonia sencilla celebrada en la capilla del Seminario Mayor de San José de la Montaña. Ese mismo día, el gobierno anunció que varios religiosos que se hallaban fuera del país, entre ellos el español Benigno Fernández S.J. y el nicaragüense Juan Ramón Vega Mantilla, no debían regresar.

El primer mes de Romero como arzobispo resultó dramático. Ante la evidencia de fraude en las elecciones presidenciales, los manifestantes se congregaron en el centro de la ciudad. El 28 de febrero, las tropas dispararon contra la multitud, y numerosas personas huyeron a refugiarse en la iglesia de los dominicos. Decenas de personas fueron asesinadas

El 12 de marzo de 1977, el P. Rutilio Grande, S. J., amigo íntimo de Mons. Romero, fue asesinado en la ciudad de Aguilares junto a dos compañeros y dos campesinos cuando iban a decir misa en El Paisnal. Grande llevaba cuatro años al frente de la parroquia de Aguilares, donde había promovido la creación de comunidades cristianas de base y la organización de los campesinos de la zona. El arzobispo reaccionó a este asesinato excomulgando a los culpables y convocando a una misa para mostrar la unidad de su clero. Esta misa, a la que asistieron cien mil personas, se realizó a pesar de la oposición del nuncio apostólico y de otros obispos. Además, Romero decidió no acudir a ninguna reunión con el Gobierno hasta que no se aclarase el asesinato y promovió la creación de un "Comité Permanente para velar por la situación de los derechos humanos".

Durante los tres años siguientes, sus homilías, transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda.

En agosto de 1978, publicó una carta pastoral donde afirmaba el derecho del pueblo a la organización y al reclamo pacífico de sus derechos.

Muchos miembros activos de las organizaciones populares eran católicos activos. El arzobispo Romero y el obispo Rivera Damas clarificaron la relación entre la Iglesia y las organizaciones populares en una carta pastoral conjunta de agosto de 1978.

El padre Ernesto Barrera fue asesinado el 28 de noviembre de 1978.

Por otra parte, la gente que recurría al sistema judicial salvadoreño en busca de ayuda en lo relativo a los presos políticos y los «desaparecidos» no la encontraba. El habeas corpus no tenía significado alguno. La tortura continuaba. Romero así lo dijo en su homilía del 30 de abril de 1978. En respuesta, La Corte Suprema de Justicia desafió a Romero a «dar nombres» de jueces corruptos. Romero, no dispuesto a exponerse a las denuncias de personas concretas, respondió con una relación tan clara de problemas sistemáticos que la Corte Suprema renunció a su ataque.

Mientras estaba en Roma, las fuerzas de seguridad dispararon contra los participantes en una manifestación frente a la catedral de San Salvador, con el resultado de veinticinco muertos y numerosos heridos.

El año 1979 se inauguró con un ataque de las fuerzas gubernamentales contra una pequeña casa de ejercicios de San Salvador. Cuatro adolescentes participantes en el retiro y el padre Octavio Ortiz fueron asesinados.

Romero tuvo algunas discrepancias con el Nuncio Apostólico, pero contaba con el apoyo de la mayoría de obispos del país pues el 5 de marzo, durante una asamblea especial de los obispos, se le eligió vicepresidente de la Conferencia Episcopal de El Salvador y se preparó un comunicado para denunciar la persecución de la Iglesia en el país.

Un día antes de su muerte, hizo una enérgica crida al ejército salvadoreño: “Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.”

Al día siguiente. 24 de marzo de 1980. fue a la residencia de los jesuitas de Santa Tecla a hablar con el P. Segundo Azcue, que era su confesor. Volvió al Hospital de la Divina Providencia a celebrar la misa vespertina. Cuando Romero estaba extendiendo el corporal sobre el altar, fue asesinado por un francotirador.

Teológico

Luego de haber visto el ambiente eclesial se hace imprescindible precisar el contexto de la Teología de la Liberación en América Latina y en Centroamárica.

La preocupación inicial de los teólogos de la liberación se centró en la repercusión de la creciente pobreza estructural y destructiva, que fue considerada como un desafío para el amor y los intereses cristianos, así como un indicador de las formas en que la fe cristiana se ha utilizado y se sigue utilizando para legitimar estas condiciones de opresión.

En América Latina se desató muy pronto una campaña contra esta teología considerándola una Teología de la Revolución. Dicha ofensiva se trasladó también a Europa y a partir de 1974, la Comisión Teológica Internacional comenzó a ocuparse de ella. Se estableció una distinción entre "determinadas teologías de la liberación" que corrían peligro por acoger ciertos conceptos marxistas y una "necesaria y legítima" Teología de la Liberación aceptada por la doctrina de la Iglesia.

Los teólogos de la liberación entienden que antes de su teología, hubo obispos proféticos y cristianos que participaron en los procesos de cambio y de transformación dando testimonio de su fe; y entienden también que la opción evangélica por los pobres y los desposeídos de este mundo ha de traducirse en una evangelización encarnada, en un testimonio y en una solidaridad efectiva y liberadora.

En lo que respecta al compromiso y la acción, no funciona como un partido político o un movimiento social, ni tampoco ofrece un ‘programa’. No obstante, propone una síntesis entre teoría y práctica que es coherente con el objetivo y el horizonte liberador. Exige, pues, un proyecto social cuyo objetivo sea transformar la sociedad superando las contradicciones estructuralmente injustas, las condiciones de pobreza, opresión y violencia.

Además, en Medellín, se distinguieron dos formas complementarias de educación: la educación en la fe y la educación liberadora en orden a la promoción cultural humana. Y los criterios que se establecieron en el proyecto de educación liberadora son los que han presidido no sólo las tareas de la alfabetización, sino incluso la visión universitaria .

La educación liberadora, según Medellín, debe ser: humanizante, abierta al mensaje evangélico y a las aspiraciones más profundas y auténticas del ser humano , personalizante, pluralista es decir atenta a las distintas manifestaciones culturales y a las culturas de otros pueblos, concientizadora, renovadora inspirando, orientando y ejemplificando el cambio social deseable, crítica y dialogal.

Jesuítico

Los jesuitas, pese a su intensa labor desde que llegaron a El Salvador, pronto tuvieron serias dificultades. Valdés Valle (1999) nos narra el hostigamiento oficial de que fueron objeto en 1872, por parte del gobierno, hasta llegar a la expulsión.

Según las crónicas de la época, la noche del 1º de marzo turbas incitadas por miembros del parlamento y del gobierno, así como varios directores de periódicos y publicistas del liberalismo radical, se apostaron frente a la casa de habitación de los jesuitas en San Salvador demandando su expulsión, bajo el argumento de ser los más conspicuos representantes del pensamiento reaccionario y anti-liberal. Hay que precisar que solo dos jesuitas vivían en ese momento en el país: José Telésforo Paul y Roberto Pozo.

Tan enérgicas, ruidosas y amenazantes fueron las protestas que el obispo de San Salvador, Tomás Miguel Pineda y Saldaña, pidió a los dos sacerdotes que se mudaran a la residencia episcopal “antes de que fueran víctimas del furor brutal”. La noche del 3 de marzo los manifestantes se congregaron una vez más y gritaron por las calles: “Mueran los jesuitas, muera don Ignacio de Loyola, muera tata Nacho”. Días después, el obispo reclamó al Gobierno —presidido entonces por Santiago González— por no haber reprimido estas manifestaciones.

Afortunadamente, en 1872 esta agitación política no terminó con el asesinato de los religiosos, pero sí con su eventual destierro tres meses después, el 6 de junio. Esa noche, una escolta militar se presentó a la residencia de los jesuitas con instrucciones de la Presidencia de la República de trasladarlos inmediatamente al puerto de Acajutla, donde deberían abordar un vapor que los llevaría lejos de las playas salvadoreñas. Apenas tuvieron tiempo para empacar unas cuantas pertenencias.

Mientras esperaban la partida del barco, los sacerdotes tuvieron la oportunidad de escribir una carta de protesta en la que denunciaban los atropellos y vejaciones sufridas durante los meses previos. Aprovecharon también para ratificar el carácter estrictamente religioso —es decir, no político— de la misión que habían desempeñado en El Salvador desde su llegada a inicios de ese mismo año. Solo copio este elocuente párrafo: “Como a criminales, se nos ha sacado de la Capital de la República”, decían los jesuitas después de ser expulsados”

Es difícil comprender, como Juárez Ávila (2014) sostiene, que “en el estudio más importante que tenemos sobre el surgimiento de la organización campesina revolucionaria en El Salvador, el antropólogo y jesuita Carlos Rafael Cabarrús detalla los pormenores del proceso organizativo que tuvo lugar en la parroquia de Aguilares, donde los jesuitas lanzaron el proyecto de la iglesia popular en 1972.”
Dice que “el equipo pastoral comenzó la experiencia que llamaron «la misión», que consistía en vivir, por varios meses seguidos, entre las familias campesinas asentadas en cantones y caseríos en la zona de Aguilares (1983). Hacia el final de este periodo, el equipo pastoral, junto a la comunidad, nombró un grupo de «delegados de la palabra» entre los líderes naturales de la comunidad, con la tarea de continuar el desarrollo de la Comunidad Eclesial de Base (CBS) en la localidad y para servir como enlace entre la comunidad y el equipo pastoral. Cabarrús precisa que los jesuitas proveyeron incentivos concretos para promover la organización, tales como diferentes capacitaciones, intercambios con otras comunidades y apoyo técnico y económico para pequeños proyectos productivos. También repartieron incentivos simbólicos, tales como la dignifcación y valoración de los campesinos pobres, la diseminación de la música popular y revolucionaria,y la promoción de festivales en las comunidades campesinas Tal como estaba concebido, «el trabajo pastoral […] casi naturalmente se convirtió en un quehacer político». A partir del éxito de las CBE, los dirigentes locales respaldados por los jesuitas, tomaron el mando de la organización campesina en la región (Feccas), y la pusieron al servicio de las FPL.”.
Sea cual fuere la realidad el caso es que, ciento diecisiete años después de la expulsión, es decir en 1989, algunos medios de comunicación —especialmente la estación de radio de la Fuerza Armada— abrieron sus espacios para que los oyentes expresaran “con libertad” lo que opinaban sobre la ofensiva militar que había lanzado la guerrilla salvadoreña (FMLN) el 11 de noviembre. Los participantes de aquella cadena radial aprovecharon la oportunidad para pedir la muerte de los jesuitas, pero especialmente de Ignacio Ellacuría. “Ellacuría es un guerrillero. ¡Que le corten la cabeza!”, “deberían sacar a Ellacuría para matarlo a escupidas”, dijeron entre otras cosas. También se dijo que en la UCA los insurgentes habían escondido armas con la anuencia de las autoridades de la universidad.

Universitario

La Universidad de El Salvador (UES) nació con una fuerte influencia de la Iglesia Católica, pero su identidad se forjó al tomar protagonismo en el desarrollo de los acontecimientos históricos especialmente cuando los universitarios realizaron un fuerte cuestionamiento sobre la reforma agraria inversa.

La UES, a su vez, comenzó a romper con el énfasis profesionista en 1944 mediante una revolución educativa que dio un alto grado de prestigio a la Universidad a nivel internacional. Es por esto que la universidad ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de la sociedad salvadoreña. Algunos de los personajes más importantes de la historia de El Salvador se han formado en esta alma mater.

Desde la década de 1950, la UES se convirtió en el principal referente de pensamiento de la izquierda salvadoreña y fue uno de los núcleos más importantes de oposición a los gobiernos autoritarios y militaristas del país, y fue por esta actitud que muchos de sus estudiantes y catedráticos fueron víctimas de la represión militar.

Hasta 1965 la UES era el único centro de estudios superiores del país. En ese año se autorizó la creación de la primera universidad privada. Un grupo de ciudadanos católicos se acercó al Gobierno y a la Compañía de Jesús para promover el establecimiento de una segunda universidad. Querían crear una privada, con capital y acciones igualmente privados, y orientada a satisfacer las demandas de una educación profesionalizante de una élite.

La idea original no progresó, pero la Compañía de Jesús, que desde hacía varios años contemplaba la posibilidad de establecer una universidad, impulsó una alternativa diferente, al menos en dos puntos importantes. La primera es que sería una corporación de utilidad pública, cuya administración se encargaría a una junta de directores. La segunda es que se orientaría hacia el desarrollo económico y social de la región. En esta visión había una percepción de las grandes injusticias sociales. Los fundadores eligieron para la institución el nombre y símbolo libertario de José Simeón Cañas 3 (UCA).

Al comienzo los miembros de la UES, que vieron amenazado su monopolio de la educación superior, se opusieron a la UCA, pero más tarde se unieron para enfrentar la opresión militar.

A mediados de la década de los 70, la UCA, bajo la dirección del rector Román Mayorga Quirós adopto una línea de pensamiento cada vez más progresista en aspectos políticos y sociales, de acuerdo a los cambios ideológicos que experimentaba la Compañía de Jesús, luego del Concilio Vaticano II.

Existe una fecha de gran importancia y trascendencia que marcaría históricamente la vida de la comunidad universitaria de ambas universidades: la masacre estudiantil suscitada el 30 de julio de 1975.

El 25 de julio de 1975 en el Centro Universitario de Occidente, durante las fiestas patronales, los estudiantes se preparaban para montar un desfile “bufo”. Ese día los militares irrumpieron en las instalaciones universitarias, aplicando la fuerza represiva y capturando a muchos estudiantes, lo cual provocó descontento y protesta en el estudiantado y la comunidad universitaria de aquella época.

Consecuentemente, la más importante manifestación pacífica social estudiantil que condenaba la intervención militar, se produjo el 30 de julio del mismo año, con una marcha organizada por la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS). La masacre estudiantil del 30 de julio de 1975 ha pasado a ser un genocidio más en la impunidad porque los asesinos intelectuales y materiales nunca fueron enjuiciados.

En1976 la UCA lanzó duras críticas al gobierno del presidente Arturo Armando Molina por abandonar un plan de reforma agraria, en un editorial de la revista universitaria ECA. Posteriormente el gobierno retiró el pequeño subsidio que otorgaba a la universidad y esta pasó a ser blanco de agresiones por parte de grupos de ultraderecha.

A partir de 1977, la universidad respaldó la línea pastoral del Arzobispo de San Salvador, Óscar Romero y su escuela de teología, dirigida por el jesuita Jon Sobrino, se convirtió en uno de los exponentes latinoamericanos de la Teología de la Liberación

El 29 de octubre de 1980, el rector Félix Ulloa fue asesinado a escasos metros de la sede central de la UES. En los años siguientes, centenares de estudiantes, catedráticos, y autoridades universitarias cayeron víctimas de la represión gubernamental.

El 12 de noviembre de 1989, dentro del contexto de la ofensiva insurgente lanzada por el FMLN el día anterior, el presidente Alfredo Cristiani ordenó la última intervención militar que sufriría la UES y que la mantendría cerrada hasta el siguiente año.




Perfil biográfico
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconBoletín de la Provincia de España de la Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconSoy Alfonso, oyente y enamorado de la rosa, un infarto me ha quitado...

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconPara conocer bien a la Virgen María no tenemos otras fuentes que...
«kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es...

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconLos flujos de inversión siempre se habían movido entre Europa y Estados...

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconUn buen diálogo hace creer en esas voces como si se tratase de las...
«escuchar» las voces de los personajes y asistir a una conversación sin que sus protagonistas se percaten de nuestra presencia: es...

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconTema “La critica Textual o la baja Critica”

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconResumen rusia se enorgullece de su posición entre las potencias emergentes,...

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconBibliografía requerida Para este curso el estudiante deberá adquirir...
«Crítica Textual» compilado por el catedrático y autorizado por el control académico del setegua

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconUna crítica marxista Ediciones el postmodernismo indigenista del...

La Compañía de Jesús ha vivido entre la alabanza y la crítica, siempre en la polémica. El Papa iconLazarillo de Tormes y la crítica a la utopía imperial
«El Lazarillo [es un] pequeño libro extraño, [que] plantea complejos problemas, aún no resueltos». Afirmación que es avalada por...






© 2015
contactos
h.exam-10.com