Comentarios de Texto tema 6 Historia de España






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Comentarios de Texto TEMA 6 Historia de España

Borja García Rubio – Colegio San Juan Bosco – Puertollano

Curso 2010-2011


MANIFIESTO DE SANDHURST

He recibido de España un gran número de felicitaciones con motivo de mi cumpleaños, y algunas de compatriotas nuestros residentes en Francia. Deseo que con todos sea usted intérprete de mi gratitud y mis opiniones.

Cuantos me han escrito muestran igual convicción de que sólo el restablecimiento de la monarquía constitucional puede poner término a la opresión, a la incertidumbre y a las crueles perturbaciones que experimenta España. Díceme que así lo reconoce ya la mayoría de nuestros compatriotas, (...).

(...) Sólo puedo decir que nada omitiré para hacerme digno del difícil encargo de restablecer en nuestra noble nación, al tiempo que la concordia, el orden legal y la libertad política, si Dios en sus altos designios me la confía.

Por virtud de la espontánea y solemne abdicación de mi augusta madre, tan generosa como infortunada, soy único representante yo del derecho monárquico en España. Arranca este de una legislación secular, confirmada por todos los precedentes históricos, y está indudablemente unida a todas las instituciones representativas, que nunca dejaron de funcionar legalmente durante los treinta y cinco años transcurridos desde que comenzó el reinado de mi madre hasta que, niño aún, pisé yo con todos los míos el suelo extranjero.

Huérfana la nación ahora de todo derecho público e indefinidamente privada de sus libertades, natural es que vuelva los ojos a su acostumbrado derecho constitucional y a aquellas libres instituciones que ni en 1812 le impidieron defender su independencia ni acabar en 1840 otra empeñada guerra civil. Debióles (les debió), además, muchos años de progreso constante, de prosperidad, de crédito y aun de alguna gloria; años que no es fácil borrar del recuerdo cuando tantos son todavía los que los han conocido. (...) lo único que inspira ya confianza en España es una monarquía hereditaria y representativa, mirándola como irremplazable garantía de sus derechos e intereses desde las clases obreras hasta las más elevadas.

En el intretanto (entretanto), no sólo está hoy por tierra todo lo que en 1868 existía, sino cuanto se ha pretendido desde entonces crear. Si de hecho se halla abolida la Constitución de 1845, hállase también abolida la que en 1869 se formó sobre la base inexistente de la monarquía. (...)

Afortunadamente la monarquía hereditaria y constitucional posee en sus principios la necesaria flexibilidad y cuantas condiciones de acierto hacen falta para que todos los problemas que traiga su restablecimiento consigo sean resueltos de conformidad con los votos y la convivencia de la nación.

No hay que esperar que decida ya nada de plano y arbitrariamente, sin Cortes no resolvieron los negocios arduos de los príncipes españoles allá en los antiguos tiempos de la monarquía, y esta justísima regla de conducta no he de olvidarla yo en mi condición presente, y cuando todos los españoles estén ya habituados a los procedimientos parlamentarios. Llegado el caso, fácil será que se entiendan y concierten las cuestiones por resolver un príncipe leal y un pueblo libre.

Nada deseo tanto como que nuestra patria lo sea de verdad. A ello ha de contribuir poderosamente la dura lección de estos últimos tiempos que, si para nadie puede ser perdida, todavía lo será menos para las hornadas y laboriosas clases populares, víctimas de sofismas pérfidos o de absurdas ilusiones. (...)

Por mi parte, debo al infortunio estar en contacto con los hombres y las cosas de la Europa moderna, y si en ella no alcanza España una posición digna de su historia, y de consuno independiente y simpática, culpa mía no será ni ahora ni nunca. Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal.
Suyo, Afmo. Alfonso de Borbón

Yorktown (Sandhurst), 1-12-1874
1.- Naturaleza y Contexto del Documento.

Es un documento histórico de clara naturaleza política (a pesar de contener claros componentes de correspondencia privada) puesto que pretende ser una proclama de las intenciones que tiene Alfonso de Borbón en el caso de acceder al trono de España.

El contexto del documento está situado al final de la época del Sexenio Democrático (1868-1874), en concreto al final del período de la I República, dónde el país estaba gobernado de manera dictatorial por el general Serrano (tomando como modelo el impuesto en Francia por el general MacMahón tras los sucesos de la Comuna de París 1870-1871) desde el golpe de Pavía en enero de 1873. Aunque el Duque de la Torre pretendía perpetuarse en el poder con la excusa de dotar de estabilidad a la República, ya se habían dado pasos desde los defensores de la monarquía de los Borbones para recuperar el trono.

Todo este proceso se centralizó sobre la figura de Alfonso de Borbón (hijo de la derrocada Isabel II) gracias al trabajo y la iniciativa de Antonio Cánovas del Castillo, que previendo el fracaso de Amadeo I de Saboya (1870-73), consiguió que la exiliada reina Isabel cedería sus derechos sobre el trono (a los que nunca había renunciado) en 1870 a su hijo Alfonso. Mientras el reinado de Amadeo languidecía tanto por la situación económica como política que estaban atravesando Europa y España, Alfonso de la mano de Cánovas recibiría una formación adecuada para convertirse en el futuro rey de España: por un lado instrucción básica en Viena en un entorno católico alejado del ambiente reaccionario y en muchos casos antiliberal (y por lo tanto cercana a la opción carlista que desde 1872 amenazaba las opciones de Alfonso con un nuevo conflicto) que tenía el catolicismo español. Por otro lado, formación militar en la prestigiosa academia militar de Yorktown en Inglaterra, alejando también a Alfonso de las influencias políticas seculares que existían dentro de la Milicia española. Al tiempo que la estancia de Alfonso de Borbón también le permitiría a Cánovas acercar al pretendiente a un modelo de gobierno liberal parecido al que el político malagueño quería implantar para España.

El proceso estaba muy avanzado en 1874, hasta el punto que la situación política española posibilitaba que aprovechando que Alfonso respondiendo a una carta de felicitación, con toda seguridad guiado por Cánovas, exponía una lista de reflexiones que justificarían su acceso al trono como así ocurriría ni siquiera un mes de después cuando el golpe de Martínez Campos en Sagunto posibilitó la llegada de Alfonso al trono y la implantación de la Restauración

2.- Ideas Principales y Secundarias

La idea fundamental del documento está clara, aun cuando sea una pieza epistolar, al ser un manifiesto: enumera las razones por las cuales debe ser Alfonso de Borbón el que ocupe el trono de España; y pretende así convencer a los partidarios monárquicos para que llegado el momento apoyen la causa de Alfonso-Cánovas.

Las ideas secundarias giran a los diferentes motivos y razonamientos que expone Alfonso:

  • La necesaria llegada de la Monarquía (parlamentaria y representativa) como solución de los males del país – ante la contraposición de la inestabilidad política durante la I República.

  • Defensa de la única legitimidad de los derechos de Alfonso al trono como elementos de continuidad dinástica así como advertencia para aquellos que pretenden disputarle el poder (claro toque a los Carlistas).

  • La intención de la convertir la Monarquía en el principal garante de derechos y libertades a través de un sistema político representativo que nunca actúe de manera autoritaria (claro indicativo del intervencionismo militar en el gobierno); y que cubra la necesidades de la población, especialmente de las clases populares, tanto rurales como urbanas; alejándolas de planteamientos radicales como los Republicanos y movimientos obreros).

  • Finalmente la presentación de la persona del propio Alfonso como alguien respetuoso con la tradición pero atento a las transformaciones que se están produciendo en su mundo.


CONSTITUCIÓN DE 1876 - 30 de junio de 1876 – Versión corta

DON ALFONSO XII, por la gracia de Dios, (…); en unión y de acuerdo con las Cortes del Reino (…) hemos venido en decretar (…) la siguiente CONSTITUCIÓN DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA (…).

Art. 11. La religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado. La Nación se obliga a mantener el culto y sus ministros. Nadie será molestado en territorio español por sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su respectivo culto, salvo el respeto debido a la moral cristiana. No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado (…)

Art. 13. Todo español tiene derecho: de emitir libremente sus ideas y opiniones, ya de palabra, ya por escrito, valiéndose de la imprenta o de otro procedimiento semejante, sin sujeción a la censura previa; de reunirse pacíficamente; de asociarse para los fines de la vida humana (…) Art. 18. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.

Art. 19. Las Cortes se componen de dos Cuerpos Colegisladores, iguales en facultades: el Senado y el Congreso de los Diputados.

Art. 20. El Senado se compone:

1°.- De senadores por derecho propio.

2°.- De senadores vitalicios nombrados por la Corona.

3°.- De senadores elegidos por las corporaciones del Estado y mayores contribuyentes en la forma que determine la ley (…)

Art. 27. El Congreso de los Diputados se compondrá de los que nombren las Juntas electorales, en la forma que determine la ley. Se nombrará un Diputado a lo menos por cada cincuenta mil almas (…)

Art. 50. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey (…)

Art. 75. Unos mismo Códigos regirán en toda la Monarquía, sin perjuicio de las variaciones que por particulares circunstancias determinen las leyes (…) Constitución de 1876.
Fuente: DE ESTEBAN, J. “Constituciones de España” (Constitución de 1876)

Centro de Estudios Políticos y Constitucionales
1.- Naturaleza y Contexto del Documento

Estamos ante un documento histórico, con un carácter legal (estamos ante el marco normativo liberal por excelencia), pero que en este caso tiene un marcado perfil político puesto que se trata del primer texto constitucional no partidista de la historia española (si descontamos a la constitución de 1812).

Este documento fue desarrollado por Cánovas del Castillo durante la primera fase de la Restauración entre 1875 y 1876, momento en que el político malagueño abandonó las tarea de gobierno, dejando el poder en manos del conservador Jovellar. Desde el primer momento Cánovas plantearía un texto flexible (manteniendo unos principios políticos concretos sobre la Monarquía y el Parlamento, sería un texto que admitiría modificaciones), sincrético (unificaría en su conjunto elementos de las Constituciones de 1845 y 1869) y práctico (de lo contrario no estaríamos hablando de la constitución más duradera de la Historia de España hasta la fecha, aprobada en 1876, suspendida por Primo de Rivera en 1923, y finalmente derogada por la II República en 1931).

El documento buscaba crear una plataforma estable desde el punto de vista político con la que el sistema de la Restauración pudiera desarrollarse sin dificultades. Cánovas ideó un sistema asentado en dos grandes partidos (partidos dinásticos) que debían compartir los principios de esta Constitución, y cómo ocurría en Gran Bretaña, se alternaran de manera pacífica en el poder, impidiendo la intervención de otras fuerzas políticas que aceptaran dicho discurso constitucional o que sencillamente no estuviera de acuerdo con los principios de la Restauración (partidos no-dínástico: carlistas, republicanos, nacionalistas o partidos obreros). Este modelo de alternancia se conoció como Turnismo.

Pero a pesar de lo importante que fue el Turnismo, éste nunca fue legal, puesto que a través de las redes clientelares de los caciques rurales (formadas desde inicios del siglo XIX) o con manejos electorales como el Pucherazo y el Encasillado; se obtenían los resultados deseados para mantener las estabilidad buscada por el Sistema de la Restauración y repartiendo el poder hasta finales del siglo XIX entre los partidos dinásticos: los Conservadores (liderados por Cánovas) y los Liberales-Fusionistas (organizados entorno a Sagasta).
2.- Idea principal e ideas secundarias

La idea principal de este documento es implementar un marco legislativo adecuado a las necesidades del sistema político (la Restauración) creado por Cánovas del Castillo. En cualquier caso, el documento responde las expectativas suscitadas por la implantación de la Restauración, generando un texto amplio en el que tuvieran cabida todos los derechos (cuya posterior administración estaría sujeta a la Ley implantada por el gobierno), una organización liberal con una Monarquía Liberal que compartiría el poder con un Parlamento representativo, una administración de Justicia independiente, un modelo de sufrago abierto (y por lo tanto adaptable por ley por el partido gobernante en cada ocasión) o la consideración de la Religión Católica como la propia del Estado, aunque con amplio halo de tolerancia hacia otras creencias.
EL FUNCIONAMIENTO DEL TURNISMO

El marqués de Vegallana era en Vetusta jefe del partido más reaccionario entre los dinásticos […]. Tenía siempre un favorito que el jefe verdadero. El favorito actual era […] ni más ni menos, don Álvaro Mesía, el jefe del partido liberal dinástico. El reaccionario creía resolver sus propios asuntos y en realidad obedecía a las inspiraciones de Mesía. Pero éste no abusaba de su poder en secreto. Como un jugador de ajedrez que juega sólo y lo mismo se interesa por los blancos que por los negros, don Álvaro cuidaba de los negocios conservadores lo mismo que de los liberales. Eran panes prestados. Si mandaban los del Marqués repartía estanquillos, comisiones y licencias de caza; pero cuando venían los liberales, el marqués de Vegallana sería siendo árbitro de las elecciones gracias a Mesía, y daba estanquillos, empleos y hasta prebendas. Así era el turno pacífico en Vetusta.
CLARÍN, Leopoldo A.: La Regenta, 1884-1885.


1.- Naturaleza y Contexto del Documento

Estamos ante un documento literario de marcado aspecto político, lo que supone una magnífica pieza histórica puesta a nuestra disposición gracias a la habilidad descriptiva de Leopoldo Alas “Clarín”.

El contexto de la obra de Clarín hay que centrarlo en la época de máximo desarrollo de la Restauración y del sistema electoral-caciquil del cual dependía. Escrita al final del reinado de Alfonso XII, muestra con magnífico y descarnado realismo, no sin cierto de aire de crítica, la evolución social de una ciudad inventada – “Vetusta”, con fuertes vinculaciones hacia la ciudad del propio escritor, Oviedo – dónde se observan los manejos electorales para obtener los resultados más convenientes para los “dueños” de la ciudad. La obra fue muy criticada en la época – se tuvo que publicar en Barcelona, y no en Oviedo – pero no dejaba de ser un fiel reflejo de los “ardides” electorales usados para mantener el Turnismo como base del sistema de la Restauración.

Lo cierto es que a través de “los caciques” (o sus representantes), con medios como el pucherazo o el encasillado, se obtenían los resultados adecuados para que cuadrase el cambio de gobierno que se había producido con anterioridad. El sistema al necesitar de estos manejos para mantener la estabilidad en el país, fue consolidando su fuerza en el medio rural, mucho más susceptible a estos “manejos”; mientras que en las ciudades, dónde eran mucho más complicados dichos manejos, afloraba el “voto verdad” (auténtico resultado electoral) y mostraba un panorama político mucho más complejo (con representantes de grupos obreros, republicanos y nacionalistas/regionalistas).

Estos manejos, rápidamente fueron descubiertos y criticados por diversos intelectuales y periodistas, tanto a través de la literatura (como es el caso) como a través de la caricatura; aunque sería a partir del desastre de 1898 cuando la crítica arreció y a la larga hizo prácticamente inviable el sistema.
2.- Idea principal e ideas secundarias

La idea que pretendía transmitirnos el autor era evidenciar la falta de criterio democrático en existente en las elecciones de la Restauración, y la dependencia que tenía el propio sistema de las redes clientelares y el control social ejercido por la clase dirigente (caciques) en el mundo rural español de la Restauración. Por todo ello podemos decir que es uno de los primeros documento crítica al propio sistema, anticipando el trabajo de análisis realizado por la generación del 98 y los principales del movimiento regeneracionistas: Joaquín Costa y Macías Picavea.
LAS BASES DE MANRESA (Selección)

Poder central

Base 1ª. Sus atribuciones.

a. Las relaciones internacionales.

b. El ejército de mar y tierra, las obras de defensa y la enseñanza militar.

c. Las relaciones económicas de España con los aranceles y el ramo de Aduanas.

d. La construcción, y conservación de carreteras, ferrocarriles, canales y puertos que sean de interés general....

e. La resolución de todas las cuestiones y conflictos interregionales

f. La formación del presupuesto anual de gastos.

Poder regional

Base 3ª. La lengua catalana será la única que, con carácter oficial, podrá utilizarse en Cataluña y en las relaciones de esta región con el Poder Central.

Base 4ª. Sólo los catalanes, lo sean por nacimiento o por virtud de naturalización, podrán desempeñar en Cataluña cargos públicos, incluso tratándose de gobernativos y administrativos que dependan del Poder central. También deberán ser ejercidos por catalanes los cargos militares que comporten jurisdicción.

Base 5ª. La división territorial sobre la que se desarrolla la gradación jerárquica de los Poderes gubernativos, administrativos y judiciales, tendrá por fundamento la comarca natural y el municipio.

Base 6ª. Cataluña será la única soberana de su gobierno interior. Por lo tanto, dictará libremente sus leyes orgánicas; cuidará de su legislación civil, penal, mercantil, administrativa y procesal; del establecimiento y percepción de impuestos; de la acuñación de moneda, y tendrá todas las demás atribuciones inherentes a la soberanía que no correspondan al Poder central, según la Base 1ª.

Base 7ª. El Poder legislativo Regional radicará en las Cortes Catalanas, que deberán reunirse todos los años en época determinada y en lugar diferente. Las Cortes serán formadas por sufragio de todos los cabezas de familia agrupados en clases fundadas en el trabajo manual, en la capacidad o en las carreras profesionales y en la propiedad, industria y comercio, mediante la correspondiente organización gremial en lo que sea posible.

Base 8ª. El Poder judicial se organizará restableciendo la antigua Audiencia de Cataluña. Su presidente y vicepresidentes, nombrados por las Cortes, constituirán la suprema autoridad judicial de la Región, y se establecerán los Tribunales inferiores que sean necesarios, debiendo ser fallados en un período de tiempo determinado, y en última instancia dentro de Cataluña, todos los pleitos y causas. Se organizarán jurisdicciones especiales como la industrial y la del comercio. Los funcionarios del orden judicial serán responsables.

Base 9ª. Ejercerán el Poder ejecutivo cinco o siete altos funcionarios nombrados por las Cortes, los cuales estarán al frente de las diversas ramas de la administración regional.

Base 13ª. La conservación del orden público y seguridad interiores de Cataluña serán confiadas al somatent, y para el servicio activo permanente se creará un cuerpo semejante al de los Mossos d'Esquadra o de la Guardia Civil. Todas esas fuerzas dependerán por entero del Poder regional.

Base 15ª. La enseñanza pública, en sus diferentes ramas y grados, tendrá que organizarse de una manera adecuada a las necesidades y carácter de la civilización de Cataluña. La enseñanza primaria será sufragada por el municipio, y, en su defecto, por la comarca; en cada una de ellas, según sea su carácter agrícola, industrial, comercial, etc., deberán establecerse escuelas prácticas de agricultura, de artes y oficios, de comercio, etc. Deberá informar de los planes de enseñanza, el principio de división y especialización de las carreras, evitando la enseñanza enciclopédica.

Base 16ª. La Constitución Catalana y los derechos de los catalanes estarán bajo la salvaguarda del Poder ejecutivo catalán, y cualquier ciudadano podrá interponer demanda ante los tribunales contra los funcionarios que la infringieren.
Manresa, 27 de marzo 1892. - El Presidente, Lluís DOMÉNECH I MONTANER.

Los secretarios, Enric PRAT DE LA RIVA, Josep SOLER I PALET.
1.- Naturaleza y Contexto del Documento

Estamos ante un documento histórico de intencionalidad política y legal puesto que trata de dotar de cuerpo jurídico los planteamientos que regirán dentro del regionalismo catalanista hasta la Guerra Civil.

Este documento se encuadra en el desarrollo del regionalismo político de finales del siglo que recorrió todo España (tenemos ejemplos en Galicia, Andalucía, Valencia, etc…) que adquirieron un mayor protagonismo político en el País Vasco y en Cataluña. El Catalanismo Político fue un movimiento consecuencia de las transformaciones socio-económica de la región con la implantación del desarrollo industrial, la falta de consideración por parte del poder central de los intereses económicos de la burguesía catalana y la recuperación de una memoria cultural colectiva del mundo catalán que se conoció como Renaixença. Así, a finales de la década de los 70 del ochocientos, emerge la figura de Valentín Almirall como dinamizador de esta corriente política con la aparición de Diari Catalá (1879) y la organización del I Congreso catalanista (1880). Pero la principal institución que aglutinaría todo este movimiento fue la Lliga Regioinalista de Catalunya (1887), agrupación política decidida a defender los intereses de Cataluña dentro del Estado Español, forzando el pacto y acercando posturas beneficiosas para ambas partes. Y para ello establecerán un documento que sería el que estamos analizando, Las bases de Manresa, que dotaría a la relación entre el poder central y Cataluña de unos principios, estableciendo criterios para las futuras negociaciones y dando a la organización política un carácter concreto anticentralista, liberal, católico y conservador. Este documento será la base de las peticiones de tendrá el Catalanismo Político, y más tarde el Nacionalismo Catalán tanto anterior como posterior a la Guerra Civil.
2.- Idea principal e ideas secundarias

La idea principal de este documento es establecer un marco base con los objetivos que tiene el Catalanismo Político en su relación con el Poder Central y para lo cual adoptará una postura negociadora para conseguirlos. También de una manera secundaria, documento destila planteamiento federalistas; ya que también parece las bases políticas de una posible relación futura de Cataluña con el Estado Central (de lo que se deduce la influencia de republicanos federalistas como Pi i Margall) dejando los asuntos política internacional, de defensa nacional y construcción de infraestructuras al Estado Central – algo que bien podría estar sacado de la Constitución de los Estados Unidos.
TRATADO DE PAZ ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNIDOS (10-12-1898)

Art. 1° España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos, éstos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que, por el hecho de ocuparla, les impone el derecho internacional para la protección de vidas y haciendas.

Art. 2° España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el archipiélago de las Marianas o Ladrones.

Art. 3° España cede a los Estados Unidos el archipiélago conocido por las Islas Filipinas [...]. Los Estados Unidos pagarán a España la suma de veinte millones de dólares (20.000.000) dentro de los tres meses después del canje de ratificaciones del presente Tratado.

Art 5°. Los Estados Unidos, al ser firmado el presente tratado, transportarán a España, a su costa, a los soldados españoles que hicieron prisioneros de guerra las fuerzas americanas al ser capturada Manila.

Art. 6° España, al ser firmado el presente tratado, pondrá en libertad a todos los prisioneros de guerra y a todos los detenidos o presos por delitos políticos a consecuencia de las insurrecciones en Cuba y en Filipinas, y de la guerra con los Estados Unidos. Recíprocamente, los Estados Unidos pondrán en libertad a todos los prisioneros de guerra hechos por las fuerzas americanas, y gestionarán la libertad de todos los prisioneros españoles en poder de los insurrectos de Cuba y Filipinas [...].
LÓPEZ – CORDÓN, Mª. V. y MARTÍNEZ, J.U.: Análisis y comentarios de textos históricos II. Edad Moderna y Contemporánea, Madrid, Alhambra, 1978, pp. 305-306.
1.- Naturaleza y Contexto del Documento

Estamos ante un documento histórico con un claro carácter de legislación internacional firmado tras la derrota de España ante EE.UU. en la Guerra de Cuba (1895-1898). Vista en toda su complejidad, la crisis finisecular no puede encontrar una explicación satisfactoria si no se toman en consideración los múltiples aspectos militares, sociopolíticos y diplomáticos que llevaron en los últimos años de siglo XIX a una guerra colonial, a un enfrentamiento armado con Estados Unidos y a un tratado de paz que plasmó la pérdida de las últimas colonias antillanas y del Pacífico.

El contexto histórico de la Guerra de Cuba, debe explicarse desde la conflictividad cubana ante la falta de reconocimiento desde Madrid de cierta autonomía que desembocó en la Guerra Grande (1868-1878) que acabó con el acuerdo entre el general Martínez Campos y los rebeldes – La Paz de Zanjón – que no fue aprobada por Madrid. Esto dio lugar a una nueva revuelta – Guerra Chiquita (1879-1880) – rápidamente aplastada, pero que no redujo el ansia de mayor autonomía, sino que lo convirtió en ansia de independencia. Al tiempo, el comercio cubano se orientaba cada vez más hacia los EE.UU., lo que aumentó la inestabilidad en Cuba, puesto que alentaba posiciones más independentistas.

Antonio Maura se dio cuenta inmediatamente de la gravedad de la situación y propuso la concesión de un autogobierno para Cuba en 1892 para evitar la el acercamiento de Cuba a los EE.UU y calmar a la opinión pública cubana, pero su proyecto fracasó. El rechazo de la propuesta consolidó la posición de aquellos que pretendía una independencia para Cuba dentro de la isla, lo que condujo una sublevación en 1895 iniciada con el Grito de Baire iniciándose la Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898), que si bien en una primera fase, los mambíses (rebeldes cubanos dirigidos por A. Maceo y M. Gómez) fueron controlados por la táctica con trochas de Valeriano Weyler (1895-1897); pero la llegada del acorazado americano Maine y su posterior explosión (febrero 1898) aceleraron la intervención norteamericana, que aunque inicialmente rechazada por tierra (Batalla de las Lomas de San Juan), impuso su superioridad naval en las batallas de Santiago de Cuba y de Cavite, precipitando el final de la guerra y la firma de la Paz de París (diciembre 1898).

El impacto psicológico de la pérdida de las últimas colonias no fueron tan drásticos como cabía esperar: no se produjo ninguna crisis de gobierno; entre la población, el impacto se centró en el sentimiento de dolor por las bajas y las miserias padecidas. Finalmente, el mayor impacto se produciría a nivel intelectual proveniente de la mano de los intelectuales que conformarían la Generación del 98 (Unamuno, Azorín, Baroja, Ramiro de Maeztu, Machado, etc...), y cuyo nexo común era la preocupación en torno al “problema de España”, de su definición como nación, de la búsqueda de sus señas de identidad y del alejamiento entre la España real y la España oficial.
2.- Idea principal e ideas secundarias

La intención principal es ratificar el acuerdo de paz entre España y EE.UU. tras la derrota de la primera en el conflicto por Cuba dónde la intervención de los EE.UU. se produjo tras los sucesos del Maine. De esta manera España pasaba a ser una potencia regional (puesto que había perdido todas sus colonias de ultramar a manos de los EE.UU, a quién cedía además de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam), tenía que pagar una fuerte indemnización del guerra, asumir el coste de la repatriación de sus soldados y finalmente dejar librres a los apresados en los enfrentamientos entre los rebeldes cubanos (mambíses), los rebeldes filipinos (tagalos) y los norteamericanos.

CONSTITUCIÓN DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA - 30 de junio de 1876 – Versión larga

DON ALFONSO XII, por la gracia de Dios, Rey constitucional de España; a todos los que las presentes vieren y entendieren, sabed: Que en unión y de acuerdo con las Cortes del Reino actualmente, hemos venido en decretar y sancionar la siguiente

CONSTITUCIÓN DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA

“(…) Art. 11. La religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado. La Nación se obliga a mantener el culto y sus ministros.

Nadie será molestado en territorio español por sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su respectivo culto, salvo el respeto debido a la moral cristiana.

No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado.

(…) Art. 13. Todo español tiene derecho:

De emitir libremente sus ideas y opiniones, ya de palabra, ya por escrito, valiéndose de la imprenta o de otro procedimiento semejante, sin sujeción a la censura previa.

De reunirse pacíficamente.

De asociarse para los fines de la vida humana.

De dirigir peticiones individual o colectivamente al Rey, a las Cortes y a las autoridades.

El derecho de petición no podrá ejercerse por ninguna clase de fuerza armada.

Tampoco podrán ejercerlo individualmente los que formen parte de una fuerza armada, sino con arreglo a las leyes de su instituto, en cuanto tenga relación con éste.

(…) Art. 18. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.

Art. 19. Las Cortes se componen de dos Cuerpos Colegisladores, iguales en facultades: el Senado y el Congreso de los Diputados.

Art. 20. El Senado se compone:

1°.- De senadores por derecho propio.

2°.- De senadores vitalicios nombrados por la Corona.

3°.- De senadores elegidos por las corporaciones del Estado y mayores contribuyentes en la forma que determine la ley.

El número de los senadores por derecho propio y vitalicios no podrá exceder de ciento ochenta.

Este número será el de los senadores electivos.

(…) Art. 27. El Congreso de los Diputados se compondrá de los que nombren las Juntas electorales, en la forma que determine la ley. Se nombrará un Diputado a lo menos por cada cincuenta mil almas de población.

Art. 28. Los diputados elegirán y podrán ser reelegidos indefinidamente por el método que determine la ley.

Art. 50. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey, y su autoridad se extiende a todo cuanto conduce a la conservación del orden público en lo interior y a la seguridad del Estado en lo exterior, conforme a la Constitución y a las leyes.

(…) Art. 75. Unos mismo Códigos regirán en toda la Monarquía, sin perjuicio de las variaciones que por particulares circunstancias determinen las leyes.

En ellos no se establecerá más que un solo fuero para todos los españoles en los juicios comunes, civiles y criminales.

Art. 82. En cada provincia habrá una Diputación provincial, elegida en la forma que determine la ley y compuesta del número de individuos que ésta señale.

Art. 83. Habrá en los pueblos alcaldes y Ayuntamientos. Los Ayuntamientos serán nombrados por los vecinos a quienes la ley confiera este derecho. (…) . ”
Tomado (Fuente): DE ESTEBAN, J. Las Constituciones de España.

Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid 1997, pp. 241-255
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