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Revista Jurídica de LexJuris

Volumen 2 Verano 2000 Núm. 2



CULTURA Y MEDIO AMBIENTE

ELEMENTOS PARA UNA AGENDA DE INTEGRACION

EN EL CARIBE CONTEMPORANEO*



Por Dr. José Seguinot Barbosa

Departamento de Salud Ambiental

Escuela Graduada de Salud Pública

Recinto de Ciencias Médicas

Universidad de Puerto Rico

 

INTRODUCCION

 

Este trabajo tiene como objetivo central establecer una reflexión sobre la relación entre la cultura, la sociedad civil y el medio ambiente en la región del Caribe. Además, intenta profundizar sobre los mecanismos y elementos existentes y los que son necesarios para ampliar la cooperación e integración del Caribe tanto insular como continental. Esta presentación es el producto de la experiencia caribeña vivida por el autor tanto en su carácter individual, como en sus funciones de coordinador de la Red de Información Geográfica del Programa Atlantea. Las visitas e intercambios han ayudado a conocer los confines de esta región desde Belice a Santa Lucia, desde Gonaive en Haití hasta los "bayous" de Lafayette en Louisiana.

 

Una parte fundamental del trabajo va dirigido a ofrecer una perspectiva histórica de la integración de la problemática del medio ambiente caribeño desde su colonización hasta el presente, desde la implantación de la economía minera y de plantación hasta el turismo. Hay una historia común que nos une en la transformación del medio geográfico. Es por ello que los problemas ambientales actuales del Caribe son derivados de las acciones humanas que sobre la ecología caribeña tuvieron nuestros ancestros y hoy día perpetuamos nosotros.

 

Utilizamos los conceptos de cultura, Caribe, medio ambiente, integración y sociedad civil en su acepción más amplia. Para nosotros la cultura además de un concepto antropólogico constituye un proceso de creación, comunicación e integración de los seres humanos en la busqueda de soluciones a problemas comunes. Dicho de forma más simple es parte vital en la consecusión de un mayor bienestar colectivo.

 

Cuestionar la existencia del Caribe como una región cultural y funcional sería negar la existencia de las teoría más avanzadas dentro de la geografía regional. El Caribe constituye una región formal fundamentada en la cohesión de los factores climáticos, oceánicos, litorales, geológicos, biogeográficos y topográficos.

 

* Ponencia Presentada en el taller de Integración e Identidad Cultural en el Gran Caribe, Centro Juan Marinello, La Habana, Cuba, junio de 2000.

 

 

Si a ello le añadimos la idiosincracia humana que nace de ese sincretismo fundado por el indio, legado por el negro y matizado por el europeo tenemos una región de caracter único. Pero, ¿ Hasta donde se extiende la región? La respuesta es hasta los confines donde sus habitantes llevan la cultura Caribeña. Modernamente el Caribe es una región que tiene una morfología física y cultural muy concreta, no obstante su radio cultural de acción es una abstración geográfico espacial, pues puede extenderse hasta donde llegue el Regae o se escuche la salsa.

 

Si se desea hablar de medio ambiente en el contexto de la integración es necesario precisar su contenido cuando nos referimos a ambos conceptos. Para mi "medio ambiente" es un término cuya composición explicitamente explica de lo que se trata el asunto. "Medio" se refiere a la naturaleza fisico-biológica en su forma prístina y ambiente se refiere a la transformación humana de esas condiciones naturales. Desde antes del Homo Erectus venimos cambiando el planeta Tierra hasta llegar al individuo moderno, apartado y distanciado del resto de las especies que le rodean.

 

Para integrarnos en el marco de la colaboración y el intercambio de información e ídeas es necesario concientizarnos de aquellos elementos que nos unen. Entre ellos la historia, la geografía, la cultura y los problemas ambientales. También se hace inminente buscar soluciones comunes en la tecnología, la educación, el derecho, la informática y la investigación. La integración es la comunicación abierta entre dos naciones, entre sus ciudadanos y homólogos para buscar en el saber científico la solución a los problemas comunes que enfrentan.

 

La sociedad civil es parte integrar de la conformación de una cultura ecológica caribeña. Los grupos de acción comunitaria, las organizaciones no gubernamentales, las múltiples asociaciones, fundaciones y clubes ambientales constituyen hoy día la máxima expresión de lo que es definir una integración cultural sobre la base de una unidad sistémica de nuestra sociedad. El sistema ecológico es hoy para muchas personas tan importante como el sistema económico. A pesar de que como sistema aún no alcanza una total autogestión y que aún sigue sometido a los vaivenes del sistema económico y político, son precisamente los grupos de la sociedad civil los que cada vez más van logrando independizar al medio ambiente de las fuerzas atropellantes a las que lo expone el estado y los grupos con intereses privados sobre el territorio.

 

En síntesis, esta presentación discutirá la integración cultural como parte de un proceso histórico que no está aislado del crecimiento económico y en consecuencia de su impacto negativo sobre el ambiente. La integración se concibe como una alternativa positiva que, acompañada de una política pública ambiental sensible a los ciclos ecológicos, puede contribuir a un mejor estado de la naturaleza. Esto, a su vez, debe estar acompañado de una conciencia regional y global de los problemas ecológicos y de las respectivas acciones que la comunidad y los grupos ecologistas llevan a cabo.

 

ANTECEDENTES COMUNES

 

Antes que ningún humano ocupase las islas que hoy comprenden el archipiélago caribeño, cuando no existía ninguna necesidad de defender la naturaleza, estas tierras eran lo más cercano al paraíso terrenal. Paraíso que se formuló en teoría en la mente de muchos exploradores y que culminó con el descubrimiento de la isla de San Salvador, hoy conocida como Watling, en las Bahamas, por el Almirante Cristóbal Colón.

 

Cuando los primeros pobladores llegaron al Caribe, cerca de 2,000 años A.C.1[1] debieron encontrar una geografía sólo mancillada por los embates de alguna forma esporádica de contaminación natural entre las que podemos mencionar la combustión espontánea y el salitre. Después de los Arcaicos, llegaron los Huecoídes de Vieques (definidos como una primera fase agroalfarera) y luego los Igneris (170 A.C. y 1545 D.C.). La segunda migración agroalfarera la constituyen aquellos grupos conocidos como Taíno inicial, Siboneyes hasta el Taíno. Estos grupos llegaron entre el año 460 D.C. y el año 1492. Finalmente, los grupos guerreros definidos como Caribe, debieron llegar después del año 1400 D.C.2[2]

 

Sin lugar a duda, todos estos grupos indígenas tuvieron un impacto ecológico sobre la naturaleza. A través de la pesca, la caza, la recolección y posteriormente la agricultura, modificaron módicamente su hábitat. El consumo de algunas especies como alimento para la fabricación de herramientas y adornos puso en disminución animales como la hutía, el manatí, la cotorra y las palomas y tortugas, entre otros.3[3]

 

El trasfondo social que regía las relaciones de estos grupos con la naturaleza encaja de manera sorprendente con los marcos conceptuales del naturalismo que venía desarrollándose en Europa. Sólo la naturaleza imponía límites y de forma autoregulada los aborígenes respondían a estas restricciones. Sólo así las poblaciones originales pudieron alcanzar un crecimiento sistemático que posiblemente alcanzó cerca de los seis millones al momento del descubrimiento.4[4]

 

España incursionó en el nuevo mundo como parte del proceso de la Reconquista y de la expulsión de los árabes. Tras romper con su herencia feudal, la España de 1492 buscaba por el contrario la unificación del estado español. Ese sentimiento de renovación fue acompañado según Carlos Fuentes5[5] por un sentido de expansión y descubrimiento que culminó en una sola palabra: El Renacimiento.

 

Previo al renacimiento, el derecho imperante constituía un mosaico de leyes por uso y costumbre que habían legado los árabes, judíos y señores feudales. Ese derecho fue consolidado más tarde gracias a la compilación por Alfonso el Sabio, de las Siete Partidas, que a su vez sirvieron de marco para revitalizar la tradición romana del derecho. Con ese trasfondo legal llegaron los españoles al Caribe. No cabe duda que con la confusión jurídica reinante en España y el impulso que proveyó el mercantilismo y el renacimiento los conquistadores sólo estaban dispuestos a regirse por el derecho de conquista. En sí, las leyes de la India fueron un intento por controlar el saqueo, la usurpación y la sobreexplotación indígena y de la naturaleza que produjo la conquista de América. La búsqueda de riquezas junto a las instituciones del repartimiento y la encomienda exfoliaron los dos recursos principales: cultura y naturaleza.

 

Inicialmente en la relación social con la naturaleza los conquistadores veían en la tierra el principal recurso a explotarse. Es por ello que la minería representó la actividad dominante durante los primeros cincuenta años de la conquista del Caribe. Una vez escaseado el oro, la agricultura y la ganadería pasaron a dominar. La relación ambiental de entonces, se regía por los principios aristotélicos y cristianos de "Haced parir a la tierra", refiriéndose a la agricultura y a la ganadería y "la tierra a merced del hombre", refiriéndose a la recolección de la riqueza minera. Esta concepción transformó la ecología caribeña a través de la introducción de nuevas especies de plantas y animales tales como el café, la caña de azúcar, las palmas de coco, el caballo y el perro, entre otros. Además, trastocó los cimientos de las culturas indígenas de tal forma que a finales del siglo XVI apenas quedaban indios en las Antillas Mayores.

 

De toda esta convergencia surgió un experimento ecológico único en su contenido ambiental y demográfico: la economía de plantación. Los negros suplantaron a los indios como fuerza laboral y la agricultura reemplazó a la minería como actividad económica dominante. Aunque cronológicamente el desarrollo de las plantaciones de las Antillas Españolas comenzó en el siglo XVI, éstas alcanzaron mayor desarrollo en las Antillas Inglesas y Francesas durante los siglos XVII y XVIII. La caña de azúcar se convirtió en el nuevo oro caribeño. Barbados exportó cerca de 7,000 toneladas de azúcar en el año 1655 y 12,000 en el año 1700. Guadalupe exportó más de 2,000 toneladas en el 1674 y Martinica exportó 10,000 en el 1700. Durante el mismo período Jamaica y Surinam aportaron cerca de 4,000 toneladas cada una.6[6]

 

El nuevo modelo del desarrollo caribeño se basó en la utilización de mano de obra esclava. Los negros constituían en sí mismos una mercancía que generaba riqueza al explotar la tierra. Alrededor de quince millones de negros fueron traídos al caribe a través del Atlántico en los tres siglos que perduró el tráfico de esclavos. El sistema de plantación desarrolló un modelo clásico de dependencia colonial entre las islas y su metrópolis. Además de caña las Antillas exportaban café, gengibre, huevos y productos derivados del ganado, frutos menores y sales e importaban trigo, arroz, maderas, telas, pescado, carnes y productos procesados.7[7]

 

La transformación del ambiente natural bajo la plantación fue inminente. Los cultivos de la plantación requerían extensas cantidades de tierra, así como una abundante fuerza laboral. Esto produjo la utilización de los extensos valles costeros e interiores para la producción de caña de azúcar. Las montañas fueron deforestadas para cultivar tabaco y en aquellas áreas de mayor altura y precipitación se introdujo el café. Los cultivos fueron adaptados a las variaciones pluviométricas de la región llegando a establecerse una diferencia de productos para consumo en la misma plantación, de aquellos que eran para la exportación.

 

Culturalmente, la economía de plantación creó un sistema de casta basado en la raza. Los europeos blancos se distinguían de los administradores, capataces, criollos, mestizos y negros. El sistema era uno centralizado y estructurado. Tanta rigidez y explotación desmedida confligía con el desarrollo de las ideas liberales que circulaban en Europa en los albores de la Revolución Francesa y del desarrollo de un capitalismo en Inglaterra y Estados Unidos. En el Caribe los movimientos emancipadores de esclavos se dieron a la par con la lucha de una liberación y rompimiento de las estructuras coloniales.

 

El siglo XIX vio emerger una nueva realidad donde convergieron el desarrollo de un capitalismo incipiente con la liberación de los esclavos. Esto produjo una nueva clase de "colonos" que comenzaron a cultivar la tierra intensamente. Como no existía un derecho ambiental, el derecho vigente era el de la tierra. Esta se dividió en pública del Estado o la Corona y la tierra de las antiguas plantaciones. La redistribución de la tierra en pequeñas parcelas produjo nuevas formas de transformación ecológica por medio del cultivo de bananos, cocoa, vegetales, especies, cocos, cítricos, algodón, café y caña de azúcar.8[8]

 

El siglo XIX concluyó con el amplio desarrollo del modelo de plantación transformado en un sistema capitalista de producción donde el monocultivo de caña, café y tabaco continuó dominando en las Antillas Mayores y el desarrollo de los colonos agrícolas caracterizó a las Antillas Menores. Este fue el cuadro económico que prevalecía cuando los Estados Unidos comenzaron a ejercer un papel dominante en las relaciones internacionales del Caribe. A partir del 1898, Cuba y Puerto Rico se convirtieron en un protectorado de Estados Unidos. No obstante, este hecho no transformó la trayectoria económica que llevaban ambas islas. No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial, que ocurre una reestructuración del orden global asignándole a las Islas del Caribe unas nuevas funciones económicas dentro del dominante mercado norteamericano. Cuba siguió siendo el principal proveedor de azúcar, Puerto Rico tomó el camino hacia la industrialización, Curazao y Trinidad comenzaron a beneficiarse de la explotación de sus recursos petroleros, Jamaica inició la explotación de la bauxita, Santo Domingo del oro y Haití de sus recursos forestales. Otras islas como las Bahamas y las islas de Sotavento, se convirtieron en centros turísticos.

 

Esta diversificación económica de las islas rompió con los patrones tradicionales que impusieron las plantaciones creando de paso una serie de problemas ecológicos y ambientales que varían de isla en isla. Durante los últimos treinta años hemos visto un grado heterogéneo de desarrollo. Cuba optó por el camino del socialismo y en el caso de Puerto Rico nos transformamos de una economía agrícola a una industrial de tipo liviano, luego a una de tipo pesado con las petroquímicas y más recientemente a una industria dominada por las farmacéuticas, industrias químicas y de electrónica. Las formas de degradación ambiental que han producido este modelo de desarrollo son muy serias e impactantes.

 

En un mundo donde la economía está globalizada, la degradación ambiental se globaliza con ella. Es por eso que el Caribe contemporáneo posee unos problemas ambientales a nivel local, nacional y regional que van dirigidos a reducir el equilibrio ecológico que requiere el planeta para nuestra propia supervivencia. Para tener un cuadro más claro, veamos los principales problemas ecológicos del Caribe y el marco geográfico social que les acompaña.

 

 
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