Intervención de José María Aznar en la inauguración del Programa faes de visitantes iberoamericanos 2007






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Intervención de José María Aznar en la inauguración del Programa FAES de visitantes iberoamericanos 2007
Salamanca, 15 de octubre de 2007
*Sólo serán válidas las palabras pronunciadas por el orador
Señor Alcalde de Salamanca, querido Julián Lanzarote;

Señor alcalde de Valladolid, querido Javier León de la Riva,

Señor Presidente de Caja Duero, querido Julio Fermoso,

Queridos amigos. Señoras y señores;
Ante todo quiero agradecer a mi buen amigo Julio Fermoso y a Caja Duero la ayuda que han brindado y que continúan brindando a este programa de Visitantes Iberoamericanos y el enorme interés con el que siguen su desarrollo. Os aseguro que es una excelente obra que empieza a dar sus frutos para el futuro de Iberoamérica.
Me alegra mucho volver a Salamanca. Y que sea esta ciudad, con tanta Historia y tanto futuro, la que acoja el inicio del Programa de Visitantes Iberoamericanos 2007. Gracias a todos los salmantinos por su hospitalidad.
Precisamente la Escuela de Salamanca -integrada por eminentes eruditos e intelectuales como Francisco de Vitoria o Francisco Suárez- hizo de la defensa de la libertad y de la dignidad del hombre el centro de su pensamiento.
Francisco de Vitoria, con su Derecho de Gentes, estableció que las relaciones entre Estados deben basarse en el Derecho y en la Justicia. Su legado es una inspiración constante para todos los que pensamos que el centro de la acción política debe estar en la dignidad y la libertad de la persona.
La teología escolástica de la Escuela de Salamanca comprendió que los hombres nacen libres. Y que la persona es titular de derechos inalienables como la vida, la libertad, la dignidad, y el derecho a la propiedad.
La idea central que ha movido mi vocación política y toda mi vida es la idea de la libertad. La libertad es la esencia del ser humano.
La idea de la libertad es también uno de los fundamentos de Occidente.
Occidente no es sólo una expresión geográfica. Es ante todo un sistema de valores universales que ha permitido los mayores avances de la humanidad. Valores que se basan en un concepto de la persona como ser libre y responsable, titular de una dignidad inalienable y de unos derechos fundamentales previos a cualquier sistema político.
Y hoy, un sistema político sólo puede considerarse legítimo si respeta esos derechos y esa dignidad.
Los valores occidentales tienen vigencia universal, aunque siempre ha habido quien pretenda negarlos, y hoy también hay quien busca eliminarlos.
La libertad no pertenece a unos pocos privilegiados. Y a todos nos afecta que la libertad sea negada en alguna parte del mundo. Soy de los que creen que nuestra libertad no podrá satisfacernos plenamente mientras no se respete la libertad de todos.
Queridos amigos,
Ésta es la quinta edición del programa de visitantes iberoamericanos. Parece que fue ayer cuando FAES inauguró esta red de amigos, unida por su compromiso con la libertad y con los valores de Occidente.
Aquí estamos de nuevo, un año más, con personas que comparten unos principios y valores. Y personas que trabajan para que esos valores estén vigentes en sus países. Que defienden la libertad y la dignidad individuales como valores esenciales; el mérito y el esfuerzo como motores de la prosperidad; y la división y el equilibrio de poderes como la mejor garantía del correcto funcionamiento de la democracia liberal.
Hoy en día no hay ningún régimen político que respete mejor los valores de la persona que la democracia liberal.
“Liberal”, dice mi amigo Mario Vargas Llosa, “es una palabra hermosísima, pariente sanguínea de la libertad y de las mejores cosas que le han pasado a la humanidad… No hay palabra que represente mejor la idea de civilización y que esté más reñida con todas las manifestaciones de la barbarie que han llenado de sangre, injusticia, censura, crímenes y explotación la historia humana” que la palabra liberal.
Queridos amigos,
La historia de Occidente no puede ser narrada sin América Latina porque Iberoamérica es parte sustancial de Occidente. El Derecho de Gentes, por ejemplo, tiene sus orígenes en las reflexiones de Francisco de Vitoria sobre la situación de los indios en América.
Porque América Latina es esencial para entender Europa y España, en la Fundación FAES elaboramos un informe con propuestas concretas que se basa en una convicción muy firme: ninguna sociedad está condenada al fracaso.
Por eso, América Latina, una agenda de libertad ofrece ideas para afrontar los principales problemas que amenazan a la región y que obstaculizan su desarrollo. Ideas que, estamos convencidos, fomentan la libertad, la prosperidad y las oportunidades para una vida mejor.
América Latina es una realidad incontestable, una comunidad cultural y humana de 22 naciones soberanas y más de 500 millones de personas, que en las últimas décadas ha ido asentando su personalidad política. Y eso nos sitúa en una innegable oportunidad para afrontar los retos, las dificultades y las posibilidades que ofrece el futuro.
España no puede entenderse sin América. Y hoy, que tanto se cuestiona el éxito de nuestra Transición, hay que reivindicar con fuerza uno de los grandes logros de la política exterior que se forjó desde entonces: Hacer una apuesta decidida por Iberoamérica.
Fiel a ese legado, nuestra tarea cuando tuvimos la responsabilidad de Gobierno, consistió en defender para los países de Iberoamérica lo mismo que queríamos para nosotros: Naciones de ciudadanos libres e iguales, un Estado de Derecho eficaz, una Justicia independiente, una democracia liberal sólida, una economía de libre mercado, la apertura económica como motor de desarrollo, y plena libertad de prensa. En definitiva, instituciones democráticas, sólidas y creíbles.
Nuestra política hacia Iberoamérica tuvo tres focos: asentar la libertad y la democracia en todas sus naciones; promover la apertura de la región a la economía global porque ése es el mejor método de crear prosperidad, bienestar y luchar contra la pobreza; e impulsar una comunidad de naciones que es una fuente de oportunidades inmensas.
También quisimos la libertad y la apertura para Cuba. En Cuba pervive el comunismo más anacrónico. Nuestra política fue promover la libertad y fomentar el cambio. Tuvimos claro que los disidentes eran y son la referencia moral para el futuro de libertad en Cuba.
Quiero expresar mi total apoyo al pueblo cubano. Los cubanos tienen el mismo derecho que nosotros a la democracia, tal como el formidable ejemplo de los disidentes nos muestra cada día. Hay quienes no piensan lo mismo. Es muy triste ver cómo el Gobierno de España les da la espalda y les ignora, mientras ayuda a la dictadura.
Queridos amigos,
Las personas no están condenadas a vivir en sistemas sin libertad, que dejen su futuro sometido a los caprichos del dictador de turno.
Vemos con preocupación que las libertades retroceden en algunos lugares de América Latina. Hay quienes desean que los valores occidentales caigan en el olvido. Bajo el disfraz del populismo o del indigenismo radical se extiende el “socialismo del siglo XXI”. Su afán es perpetuarse en el poder. Con ese fin, inventan enemigos para reabrir heridas y manipular los sentimientos de la gente.
Pero para América existe otra opción. Una opción que conduce al éxito y que todos vosotros estáis defendiendo en vuestros países. Una opción que tiene su expresión en sistemas políticos que garantizan los derechos de los ciudadanos, y no en aquellos que buscan imponer la ingeniería social.
Esa opción de libertad es la mejor oportunidad para América Latina. Y para que triunfe se necesitan personas dispuestas a trabajar por ella. Por eso es tan importante que jóvenes como vosotros trabajéis en equipo para mejorar vuestros países.
Para tener éxito en política hay que contar con buenos equipos y prestar una atención especial a los amigos de fuera. La ODCA (Organización Demócrata Cristiana de América) es una importante herramienta al servicio de la libertad y de la democracia en Iberoamérica que hay que utilizar a fondo.
Tendremos la suerte de que su Presidente, mi buen amigo Manuel Espino, nos acompañe en la clausura de este programa. A lo largo de sesenta años de existencia, la ODCA ha realizado una contribución positiva al fortalecimiento de las instituciones en cada uno de vuestros países y a unir a aquellos que comparten ideas, principios y valores.
Aunque algunos se empeñen en convertir América Latina en una reserva antropológica, sabemos que es una región insertada en el mundo, donde el juego político y las instituciones sociales son homologables a las de los países más avanzados. Aunque vemos también que hay quienes quieren acabar con esa normalidad al amparo del mito del buen salvaje o del buen revolucionario.
El futuro de América Latina no puede ampararse en ese mito del buen salvaje oprimido por Occidente, como tendréis oportunidad de comprobar durante el Programa de Visitantes en la presentación del libro de Carlos Rangel, Del buen salvaje al buen revolucionario.
El mejor futuro de Iberoamérica no está en el nuevo populismo autoritario, que cercena libertades e interviene en toda la vida de la sociedad. A vosotros os corresponde un papel protagonista para hacer que ese futuro se convierta en una realidad cierta.
Queridos amigos,
En España demostramos que la mejor manera de crear prosperidad está en devolver confianza e iniciativa a la sociedad. Que era posible crear empleo, ordenar las cuentas públicas, invertir en lo necesario y crecer con estabilidad. Por eso creemos que la libertad económica es la solución al acuciante problema de pobreza que azota a muchas zonas de Iberoamérica.
El Estado, sobre todo, tiene que garantizar las reglas del juego. Una economía fuertemente intervenida es una invitación a la corrupción. La fragilidad de las instituciones impide la normal interacción de los agentes económicos, que son los que crean crecimiento y empleo. Y entrega las instituciones en manos de grupos de intereses, de grupos casi criminales.
El libre comercio genera un círculo virtuoso que fortalece las instituciones y da oportunidades a todos, en especial a los que más las necesitan. Frente al delirio intervencionista de los socialistas del siglo XXI, el libre comercio fomenta la transparencia y, con ella, la seriedad fiscal y presupuestaria de los Estados.
El mundo libre, y en particular Europa y los Estados Unidos, tenemos una responsabilidad con América Latina. Por eso creo que es esencial la conclusión de los Tratados de Libre Comercio de Colombia, Perú y Costa Rica con los Estados Unidos.
Porque la integración económica regional es una oportunidad innegable para los países de América Latina. Y un instrumento para afianzar la libertad y la democracia.
No deja de ser paradójico decir que apoyamos la apertura de Iberoamérica y, a la vez, cerrar nuestros mercados a sus productos.
El caso de Colombia es particularmente preocupante. Una democracia que está amenaza por los narcoterroristas merece todo nuestro apoyo. También el de la apertura comercial. Soy partidario de la conclusión del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos, y creo que los senadores estadounidenses tienen una clara responsabilidad en ello.
El terrorismo es una lacra que conocemos en España desde hace muchos años. Quiero expresar mi apoyo a la democracia colombiana y a mi buen amigo el presidente Álvaro Uribe en su lucha democrática contra el terrorismo.
Queridos amigos,
El terrorismo es una de las principales amenazas a la libertad en el mundo. El martes pasado una bomba de los terroristas estuvo a punto de segar la vida de un joven escolta.
Quiero expresar todo mi apoyo a Gabriel Giner, escolta y militante del Partido Popular, que protegía con su trabajo a Juan Carlos Domingo, concejal socialista del País Vasco, que, como tantos otros, vive y hace política bajo la coacción del terrorismo.
Este último atentado demuestra que todos estamos amenazados por el terror. Y que sólo derrotaremos a los terroristas y triunfará la libertad para todos en España si retomamos la determinación de luchar contra ellos sin descanso y sin desmayo.
Teníamos esta determinación. Había un Pacto de Estado -el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo- que tenía arrinconada a la banda criminal.
Hubo quienes firmaron ese Pacto y luego no fueron leales a él. Públicamente, lo traicionaron cuando llegaron al poder. Pero la deslealtad empezó antes. Según hemos sabido, ya estaban en tratos con los terroristas cuando se sentaban con el Gobierno de la nación que lo presidía para pactar cómo derrotarlos.
Hemos soportado la infamia de ver cómo a los terroristas se les llamaba “hombres de paz” y se les abrían las puertas de las instituciones democráticas. Hemos sufrido cómo se esquinaba a las víctimas. Hemos visto cómo se propugna una aplicación arbitraria de la Justicia o cómo la ley se aplica a conveniencia y según las circunstancias. Y todo ello fue posible mientras la banda terrorista quiso mantener viva la ficción de eso que llamaron proceso de paz.
La libertad no puede permitirse que el Estado de derecho se aplique según decida quien gobierne, que la Justicia se tenga que amoldar a los intereses de los gobernantes, o que los terroristas salgan o entren en la cárcel según convenga a la jugada, o que el Estado de Derecho esté vigente dependiendo de que los terroristas decidan actuar o no.
Creo que es urgente volver a la aplicación estricta de la ley y creo que la ley debe aplicarse siempre, sin cesiones, sin desmayo. Ya sabemos las dificultades que algunos tienen con la ley y el terrorismo. Unas veces por actuar al margen de ella y otras por utilizarla a conveniencia. Cuando eso sucede, como ha sucedido, el Estado de Derecho se debilita, la legitimidad democrática sufre y las posibilidades de derrotar al terror se reducen.
Yo reafirmo que tenemos la obligación moral de derrotar al terror y creo sinceramente que una nación que se respeta a sí misma y que quiere acabar con el terror, tiene que aplicar siempre la ley, siempre, sin trampas, sin atajos, sin sombras de duda y sin escaparse por la puerta de atrás.
Fortalecer la unidad y no generar división; generar confianza y no incertidumbre, crear un futuro compartido y no mirar a un pasado de división, impulsar la cohesión y no la disgregación, garantizar el progreso y no gastar sin tino; educar para saber y no para adoctrinar; aplicar la ley y no la arbitrariedad.
Juntos hemos hecho muchas cosas y juntos podemos hacer muchas cosas. Por eso yo creo que hace falta recuperar un gran impulso nacional sólido, solidario y constructivo. Creo que es posible hacerlo, creo que es necesario hacerlo y creo que es imprescindible hacerlo.
Queridos amigos,
Este programa de visitantes tiene un objetivo: trabajar por el mejor futuro de Iberoamérica. Estoy convencido de que, con vuestro esfuerzo, será posible.
Un futuro en el que espero y deseo que esta gran nación que es España os sepa acompañar de nuevo para que triunfen los valores de la libertad y de la democracia.

Muchas gracias.

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