Escrita en 1984. Estrenada en la Habana. Cuba, bajo la dirección de María Elena Ortega (1987)Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas bajo la dirección de José






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Rock para una Abuela

Virgen

De Rodolfo Santana



Escrita en 1984. Estrenada en la Habana. Cuba, bajo la dirección de María Elena Ortega (1987)Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas bajo la dirección de José Domínguez (1988) San Juan. Puerto Rico. Dirección de Gilberto Valenzuela. (1989) Compañía de Teatro Regional del Estado Bolívar (1993) Lima. Perú. (1997) Casa de América. Lectura Dramatizada. Madrid. España (1998).Llevada al cine (“Una abuela Virgen”) por Olegario Barrera con guión del mismo Barrera y Rodolfo Santana (1998)

Rock para una abuela virgen
PERSONAJES: Antonieta

Mónica

El Arcángel

Francisco

Roberto


ESCENA I
Música lúgubre. Aullido de perros en noche de acontecimientos funestos. En un apartado sector del escenario una luz cadavérica ilumina una tumba. Sobre la música se deja oír, sorpresivamente, la destemplada nota de un trombón.

Luego, una risa gigantesca. La desgastada lápida se abre poco a poco y asoma una mano, un brazo y, finalmente, el cuerpo de Antonieta que sale de su tumba un poco sorprendida. Viste un traje de principios de siglo muy bien confeccionado. No le queda nada mal a su figura de 18 años.

Recoge una maleta del interior de la tumba. Abre un pequeño paraguas y luego queda quieta, como decidiendo el camino a tomar. De nuevo la carcajada. Antonieta inicia la caminata sobre una plataforma al fondo del escenario. La luz de un farol derrama una luz amarillenta sobre sus pasos. Decrece luz sobre Antonieta.
ESCENA II
La luz aumenta en el sector del escenario correspondiente al hogar de Mónica. En el centro del escenario, dos breves butacas, un sillón, un bar, mesitas, una alfombra y algunas plantas decorativas. La música, de contornos siniestros, cambia a un jazz ácido. Voluptuoso. Mónica, con traje muy corto y ceñido, ensaya los inicios de un “strip- tease” La luz la ciñe. La estrecha. La música llega a su culminación. Por un lateral asoma Antonieta con cara de susto. Se acerca al borde del espacio de Mónica.
Antonieta: (Tocando una invisible puerta) ¡Tum! ¡Tum!
Mónica se detiene un poco. Prosigue con su ensayo.
Antonieta: (Tocando de nuevo un poco nerviosa) ¡Tum! ¡Tum! ¡Tum!
Mónica se acerca a lateral. Se enfrenta a Antonieta.
Antonieta: ¿Mónica?... ¿Es usted... Mónica Salas?
Mónica: (Sin dejar de ver la vestimenta de Antonieta) Soy yo... ¿Qué desea?
Antonieta: Claro que eres... El parecido es total...
Mónica: ¿Parecido?
Antonieta: A Marta... Marta cuando tenía tu edad...
Mónica: ¿Marta?
Antonieta: Salvo por el pelo y... (Mira la escasa vestidura)... el modo de vestir, bastante más recatado... (Retoma los parecidos) El pelo de Marta era más claro...
Antonieta observa todo con gran curiosidad.
Mónica: ¿Cómo lo sabes?
Antonieta: ¡Estoy tan emocionada!
Antonieta saca un pañuelito y seca una lágrima con ademán melodramático. Avanza un poco más en el recinto.
Mónica: ¿Y por qué?
Antonieta: Por, por... ¡Por todo!
Mónica: (Duda. No sabe cómo enfrentar la situación) Bien, pero... A mí “todo” no me provoca lágrimas... Estaba ensayando y...
Antonieta: ¡Por encontrarla!
Mónica: ¿A mí?...
Antonieta: ¡Dios mío, creí que me volvía loca...!
Mónica: ¿Y eso?
Antonieta: En fin, no sé si lo estoy...

Mónica: ¿En qué puedo?..
Antonieta : No sé de qué se trata... ni cómo explicarlo...
Mónica: Perdona, pero... ¿Quién eres tú?
Antonieta: ¿Yo?... ¡Bromeas, Mónica...! (Piensa) No... ¿Por qué tendrías que bromear?
Mónica: No recuerdo haberte visto en toda mi vida.
Antonieta: ¡Pero si yo soy...! (Se detiene. La ve fijamente). Bueno, creo que soy...Casi estoy segura...
Mónica: ¿Quién?.
Antonieta: ¿No me nota cierto aire?... (Se muestra) ¿Algún rasgo?
Mónica: Sí, tu cara me resulta conocida... ¿Dónde?... ¿Alguna fiesta?
Antonieta: Tengo años sin ir a una fiesta.
Mónica: ¿Trabajas en...? (Atonieta niega) La verdad, me rindo...
Antonieta: (Reservada) Como le dije, soy... una amiga. Sí, eso... una amiga...
Mónica: ¿De quién?
Antonieta: De Marta.
Mónica: ¿Mi madre? (Antonieta afirma) ¡Pero si ella murió hace quince años!
Antonieta queda muda. Luego llora.
Mónica: ¿Qué pasa?
Antonieta: ¡Murió! ¡Murió Marta! ¡Qué horrible!
Mónica: (Asombrada) ¿Por qué lloras?... Me parece poco probable que puedas haber sido su amiga. Murió a los cincuenta y siete años...
Antonieta: ¡Tan joven!
Antonieta llora con desconsuelo. Mónica no encuentra qué hacer.
Mónica: Ese vestido...
Antonieta: (Sin prestar atención al comentario de Mónica) ¿Y... y Héctor?
Mónica: ¿Mi padre? (Antonieta afirma) Muerto también... (Antonieta llora con más entusiasmo) ¡Desde hace doce años!
Antonieta: ¡Pobre huerfanita! ¡Sola en el mundo!
Mónica: ¿Huerfanita?
Antonieta: ¡Presa de toda la modernidad diabólica! ¡Desamparada en los brazos de la mecánica!
Mónica ríe. Antonieta la mira con reproche.
Mónica: (Ríe) ¡Qué cómico! ¡En los brazos de la mecánica!... ¿No te parece que suena mejor “en los brazos de un mecánico”?
Antonieta: (Interrumpe reflexiva el comentario de Mónica) Todos... todos muertos... ¡Todo destruido! ¡El mundo ha cambiado!
Antonieta, agotada, se apoya en uno de los muebles.
Mónica: (Tratando de llegar a alguna parte)Ya está bien. ¿Si?... ¿Quién eres?
Antonieta: Me pregunto lo mismo.
Mónica: ¿Cómo llegaste aquí?
Antonieta: Encontré la dirección en mi cartera. En medio de todo me resulta... normal...
Mónica: A mí no. ¿Quién planeó la broma? ¿Quién te dio el nombre de mis padres?...
Antonieta: Nadie...
Mónica: ¿De dónde sacaste ese vestido?
Antonieta: ¿Qué tiene de raro?
Mónica: Mínimo ochenta años de raro. (Se detiene. Nota algo en el rostro de Antonieta) Pero... (Retrocede. Se percata) ¡Ya sé!... Eres... ¡Eres exacta!
Mónica comienza a buscar en gavetas. Saca papeles. Encuentra un álbum.
Mónica: Por aquí debe estar...
Antonieta: ¿Qué busca?
Mónica: (Hojeando el álbum) Una foto... muy antigua...
Antonieta: Con calma... mantenga la calma...
Mónica: Está por aquí... (Busca) Por aquí... (Tropieza con una foto y la contempla. Luego a Antonieta. Compara) ¡Increíble!... Esto sí es impresionante... ¡El vivo retrato de mi abuela cuando joven!
Antonieta: ¿Sí?
Mónica se acerca a Antonieta. Le muestra la foto.
Mónica: Mírala... ¿No te parece impresionante?
Antonieta: Un poco.
Mónica: ¡Exacta! (Le señala otra foto) Esta es de viejita
Antonieta: ¡Qué arrugada!
Mónica: Murió a los noventa y tres años.
Antonieta: (Se persigna) ¡Paz a sus restos!
Mónica: (Abandona el álbum) ¿De dónde sales?
Antonieta: Tengo escalofríos.
Antonieta se estremece un poco.
Mónica: Y con ese vestido...
Antonieta: (Un poco irritada) No encuentro nada anormal en mi vestido... Al suyo sí le falta mucha, pero mucha tela...
Mónica: Escucha, todo ha salido bien... ¿Sí? (Pausa corta) Me gustaría conocer al autor de la ocurrencia y...

Antonieta: ¡Estoy asustada! ¡Muy asustada! (Se sienta en un sillón. Se encoge) No termino de entender. Es fuerte. Muy fuerte. El miedo...
Mónica: Avanzaríamos un poco si te identificas...
Antonieta, tras una pausa, encogida, comienza a susurrar una canción de cuna.
Mónica: (Moviéndose lentamente alrededor de Antonieta) Esa canción... Cuando niña... Usaba lazos en la cabeza y vestiditos almidonados... Me la cantaba mi abuelita...
Antonieta: Nieta...
Mónica: (Pausa corta. Estudia intensamente a Antonieta) Yo le decía así, de niña... Antonieta, nieta... ¿Quién es la nieta? ¿Tú o yo?... Le preguntaba...
Antonieta: Apenas podía verte. Caminábamos por los parques. Supuestamente yo te llevaba, pero no era así. Apoyaba mi cuerpo débil sobre tu hombro... Me describías la gente, los patos en el estanque... (Mónica se paraliza. Antonieta se levanta y se le acerca) Nieta... Mónica...
Mónica: (Se recobra. Retrocede) ¡Coño, no te me acerques!
Antonieta: Abandona esa mirada de terror...
Mónica: ¡Aléjate o me arrojo por la ventana! (Mónica retrocede. Toma un cenicero grande) ¡Un paso más y me abro la cabeza con este cenicero!
Antonieta: ¡No quería asustarla, Mónica!
Mónica: ¡Explica tu naturaleza!
Antonieta: ¡Estoy aturdida!
Antonieta sigue a Mónica que retrocede por todo el espacio-
Mónica: ¡Saca... saca tu documentación y colócala allí!... ¡Sobre la mesa!
Antonieta: No tengo documentos.
Mónica: Habla pausadamente.
Antonieta: Bien... (Lenta) Lo haré, lentamente...
Mónica: ¡Sin matices escalofriantes!
Antonieta: ¡No tengo ningún matiz escalofriante!
Mónica: ¡Te participo!... ¡Te participo que voy a llegar!... (Se torna agresiva. Ahora es ella quien hace retroceder a Antonieta) ¡Llegar al fondo de todo esto!... ¡Y la pagarás, marrana! ¡Cerda!
Antonieta: (Herida) ¡Me insultas!
Mónica: ¡Te arrepentirás de esta broma macabra! ¡Tú y tus cómplices, desgraciada!
Antonieta: ¡Estoy más asustada que usted, mi pequeña!
Mónica: ¡Carajo, no me digas pequeña! ¡No soy tu pequeña para nada!
Antonieta: Le preparaba los dulces con forma de pajaritos. Los besitos de coco, canela y anís...
Mónica: (Rogando por un manicomio) ¡Una camisa de fuerza!
Antonieta: Los suspiros de crema... ¿Recuerda?
Mónica: ¡Quiero una camisa de fuerza!
Mónica se encoge con los ojos brotados por el terror.
Antonieta: Un día la salvé de morir tristemente ahogada en el Parque Los Chorros...
Mónica: ¿El Parque?... (Se encierra en sí misma) No escucho... estoy catatónica... ¡Soy sorda! ¡Sorda!
Mónica se tapa los oídos.
Antonieta: Resbaló en uno de los pozos... ¡Y aparecí yo, como una heroína de Tolstoi, a rescatarla de las embravecidas aguas!
Mónica: (Jugando a la incoherencia) Tin, marín, de dos perigué. Cúcara, mácara...
Antonieta: (Engarzando el trabalenguas que culmina con un saltito) ¡Títere fué!... (Ríe) ¿Ves? ¿Ya recuerdas?

Mónica: (Para si. Tratando de afianzar su razón. Se sienta en una butaca y efectúa un balance) ¡Soy cívica!... No boto papeles en la calle y tengo la detestable manía de guardar los fósforos usados en la cajita...
Antonieta: Impedí que Marta te diera muchos azotes...
Mónica: Tengo agenda y la uso con tenacidad. Me baño todos los días.
Antonieta: Eso afecta la salud. Un baño semanal es lo correcto.
Mónica: No me atormenta el tráfico.
Antonieta: ¿Te refieres a todos esos vehículos satánicos?
Mónica: Instalé un reproductor en mi carro y mientras los otros tocan corneta, se pegan e insultan, aprendo alemán y ruso con los métodos de casettes.
Antonieta: (Observando algún objeto. Refiriéndose a Mónica) Para mí usted siempre fue la elegida. Tiene mi mismo carácter.
Mónica: ¡Me casé felizmente hace cinco años!
Antonieta: ¿Sí? ¡Niña, qué sorpresa! ¿Y dónde está su cónyuge?
Mónica: Y me divorcié correctamente hace dos años, sin alharacas ni escenas de mal gusto...
Antonieta: ¿Divorciada? ¡Qué horror!
Mónica: Canto, modelo, hago strip tease en lugares de buen gusto... Artista... ¡Quiero ser artista!
Antonieta: ¿Cantante?... ¿Artista?... Mija, es una profesión un tanto liberal para una muchacha de buena familia...
Mónica: (Ya decidida) ¡Eso, artista! (Se levanta. Mira a Antonieta) ¡No quiero ser médium ni espiritista!
Antonieta: Me parece muy bien...
Mónica: No me interesa la brujería. No me gustan los diálogos con el más allá, ni pasos alucinantes en la dimensión desconocida.
Pausa corta. Detalla a Antonieta. Se le enfrenta con decisión
Mónica: ¡Soy carnívora! ¡Terráquea! ¡Práctica y egoísta!.. (Respira fuerte) Así que, lamentándolo mucho, querida Nieta, te me vas! ¡Esfúmate!
Antonieta: ¿Me... me botas?
Mónica: ¡Te ordeno que retornes a las sombras!
Antonieta: ¿Me rechazas?
Mónica: Para nada. Deseo que la pases muy bien en el más allá.
Antonieta: ¿No ve mi dolor? ¿Lo que estoy pasando?
Mónica: (Con mucho sigilo) Bien... entiendo. Si tienes pecados graves que te hacen penar, puedo ayudarte...
Antonieta se muestra ofendida.
Antonieta: ¡Nunca cometí graves pecados!
Mónica: ¿Qué tal diez misas?
Antonieta: ¡No estoy penando, Mónica!
Mónica: ¿Te parece poco? Bueno, que sean veinte. Aunque no me imagino qué tipo de perversiones has practicado para necesitar tanta indulgencia.
Antonieta: ¿Yo? ¿Perversa?
Mónica: Te veías sumamente decente.
Antonieta: ¡Cómo se le ocurre!
Mónica: ¡Que sean treinta misas! ¡Pero vete!
Pausa. Antonieta observa el gesto imperativo de Mónica indicándole la salida. Ofendida, toma su cartera, maleta y sale fuera del espacio del apartamento. Mónica respira profundamente y se sienta.
Mónica: Si lo cuento nadie me va a creer.
Antonieta retrocede espantada. Toca de nuevo.
Antonieta: (Golpeando la puerta invisible) ¡Tum, tum y túm!
Mónica se levanta. Se dirige a lateral enfrentando a Antonieta que entra apresurada. Pausa corta.
Antonieta: (Llorosa) No tengo a nadie en el mundo Sólo a usted, mi nieta...
Mónica: ¡Mierda, entiende!... ¡Estamos en dos planos distintos! ¿No captas? ¡Este diálogo es ultratúmbico !
Antonieta: ¡Estoy sola!
Mónica: ¡Me estás afectando la salud mental!
Antonieta: Desamparada...
Mónica: ¡El metabolismo! ¡Las caries!
Antonieta: (Cursi) Íngrima, como las flores en el páramo...
Mónica: ¡Te juro que si no te vas me va a dar un shock! ¡Coño, se me van a fundir las neuronas de la ecuanimidad!
Antonieta: (Lánguida, comienza a retroceder en dirección al sillón) Sola, yo, la primera muerta en regresar a la vida... ¡Abandonada en el desierto!... (Cae al sillón) ¿Qué será de mí, oh cielos?
Antonieta se desmaya. Mónica se acerca. La ve.
Mónica: Hay que ignorarla... Leí en una revista de misterio que no hay nada que fastidie más a un fantasma que la indiferencia.
Jazz. La luz se concentra sobre Mónica que inicia vaivenes sugestivos con su cuerpo. Se desplaza cerca de Antonieta. . Le patea la pierna. Se asombra. Patea de nuevo. Baja la música. Antonieta se sobresalta.
Antonieta: ¿Por qué me patea?
Mónica: Eres.., eres... cor... corpórea...
Antonieta: ¡Claro!... ¿Y qué se creía?
Mónica: Deberías ser una masa amorfa. Gaseosa.
Antonieta: ¡Usted pateándome! ¡Qué triste!...
Mónica: Los espectros son masas inconsistentes. No tienen materia. ¡Estás contrariando todas las leyes fantasmales!
Antonieta: ¿Este es el trato que se le da a las personas mayores en esta época?
Mónica: ¿Eres una vampira?
Antonieta: (Se toca la frente) Me siento mal...
Mónica: ¿Una zombi? ¿Un íncubo?
Antonieta: Esta bendita jaqueca... ¿Tiene algo de ponche?
Mónica: ¿Ponche?
Antonieta: Algo de licor para recobrarme.
Mónica: Los espectros no comen, ni beben, ni sufren jaquecas.
Antonieta: (Irritada) ¡Ya me tiene hasta la coronilla con el cuento de los muertos! ¡Estoy viva! ¡Viva y aterrorizada y ni se preocupa lo más mínimo!
Pausa corta.
Mónica: Tengo.... tengo algo de ron.
Antonieta: El ron es muy fuerte.
Mónica: ¿Fuerte?
Antonieta: Bebida de hombres. ¿Dónde está?
Mónica: (Indicando el lugar) Allí, en el bar...
Antonieta espera que Mónica lo busque. Al ver la pasividad de su nieta se dirige al bar y toma la botella.
Antonieta: ¡Qué descortés me está resultando esta nieta, Dios mío! (Observa el bar) Dígame esto, un bar en el hogar...
Destapa la botella. Huele con repugnancia y luego la empina largamente. Tose. Mónica la estudia con detenimiento.
Mónica: Y tú, con ese... ese trajecito...
Antonieta : Bello modelo.
Mónica: (Toma el álbum. Busca. Ve) Exacta. El vivo retrato.
Antonieta: Por supuesto. Soy yo. (Bebe otro trago) Abuela revivida. ¿No tienes sales?
Mónica: ¿Sales?
Antonieta: Ajá. Estoy débil. (Bebe otro trago) Congestionada... (Mira la botella) Oye, esta bebida de hombres es una maravilla. Y yo que la odiaba...
Mónica: Mi abuelita Nieta murió a los noventa y tres años. Encogida, arrugada como una pasa y casi ciega...
Antonieta: Yo soy la primera en maravillarme...
Mónica: Había que atenderla en todo: asearla, cargarla de aquí para allá. Perdió la memoria...
Antonieta: ¿Sí?... No me acuerdo.
Mónica: Era casi un vegetal.
Antonieta: (Con cierta comprensible coquetería) Esa época tan desastrosa ya pasó. ¿No? Ahora no estoy tan mal...
Mónica: Los muertos no rejuvenecen.
Antonieta: (Enfrentando su pesadilla) Tengo un susto espantoso, Mónica!... Me levanté esta madrugada. Nubes negras y una lluvia espantosa. En medio del cementerio...
Mónica toma el teléfono y marca un número.
Antonieta: Lo último que recuerdo es el relámpago... Un relámpago intenso en medio de la vejez, la vejez creciente... La memoria que saltaba, venía, se perdía. El encogimiento de la piel... ¡Y el relámpago!... Sacándome el alma...
Mónica: (Al Teléfono) ¿Francisco?... Sí, sí. Todo bien... ¿Voz alterada? ¿Yo, voz alterada? ¡Qué cosas tienes! (Risita histérica) ¿Yo, risa histérica? ¡No tengo risa histérica!... ¡Coño, déjame hablar! ¡Quiero hablar, maldita sea!... (Pausa corta) ¿No has recibido la visita de algún pariente extraño?... Sí, eso dije, extraño...
Antonieta estudia el teléfono.
Antonieta: El que yo tenía era de madera, con manivela...
Mónica: Sí, ya sé que los parientes no son extraños. (A Antonieta) ¡Aléjate, vampira!... (Al auricular) ¡No te estoy gritando!... (Grita) ¡No estoy gritando!... ¡Francisco! ¡Francisco, por favor!... ¿El mundo sigue igual?... (Pausa. Escucha) ¡No me hables de política!... Francisco, escucha... ¿Qué harías si se te aparece tu abuelita?... Eso, tu abuelita... (Pausa corta) ¿Hola? ¿Le dices hola?... (Recordando) Perdona, olvidé que vives con tu abuela... Pero ponte en mi caso... ¡Mierda, no estoy borracha!... (A Antonieta que circula cerca) ¡Apártate de mi vista!... (Al auricular) ¡No es contigo, Francisco!... Sí. Tú en mi caso. Tu abuela. No, la mía. Que murió a los noventa y tres. Encogida como un auto chocado...
Antonieta: Siempre tuve mis encantos, para que lo sepas. Aún de vieja podía levantarle la... la moral a tu abuelo...
Mónica: Y llega... Eso, llega... ¡No, nada de silla de ruedas!... Aspecto de veinte años.. con un vestido horroroso, tapado hasta la nariz...
Antonieta: (Viendo su traje) Mi atuendo es de lo mejor, no así tu disfraz sicalíptico...
Mónica: (Al teléfono) ¿Qué?... ¿Yo?... ¿Drogada?... ¡Ni heroína ni cocaína ni hongos!... ¡Vete al carajo, Francisco!...
Mónica cuelga el teléfono.
Antonieta: Qué forma de expresarse, niña. ¿Qué personaje era ése que tratabas con tanta liberalidad?
Mónica: Un... amigo...
Mónica disca otro número.
Antonieta: ¿Te atreves a hablar de esa manera con alguien que no es de la familia?
Mónica: (Al teléfono) ¿Policía? ¿Se acabó el mundo, señor policía? ¿Se acabó?... ¡Dígamelo!... ¿Están resucitando los muertos?
Antonieta: En el cementerio no vi a nadie más.
Mónica: (Al teléfono) ¿La tierra va a explotar? ¿Llegó el día del juicio?
Mónica cuelga el receptor. Permanece paralizada y con la mirada fija.
Antonieta: (Toma a Mónica por el brazo y la conduce a un sillón. La nieta actúa como una autómata) Venga, venga... Usted está un poco perturbada, Mónica...
Mónica: Sí, un poquito...
Antonieta: Y no es para menos...
Mónica: Quiero comerme un kilo de raticida..
Antonieta toma la botella de ron y hace que Monica beba.,
Antonieta: Esto es mejor... así... a sorbitos... (Abandona la botella en manos de Mónica que bebe como una desesperada) La verdad es que... (Se contempla un poco en un espejo) Apartando lo inexplicable, no me disgusta verme de nuevo así... ¿Veinte años dijo usted mi niña?... Yo opino que son como dieciocho... (Notando que Mónica bebe de continuo) Traga poquito a poco, no quiero que te enfermes... (Se toma el pelo) Tengo el pelo vuelto un desastre. Fue ese viento del cementerio. Y la lluvia. Voy a tener que darle un remojón con ceniza, aguacate y clara de huevos. Es lo mejor para la salud del pelo. Y si los huevos son de gallina clueca el cabello queda como una seda...
Mónica: Shampoo...
Antonieta: ¿Cómo?
Mónica: Existe el shampoo. Especial para cabello seco... normal o grasoso... (Ríe medio borracha) O cabello de tumba... Con olores a hierbas, limón y esencias de todo tipo...
Antonieta le quita la botella a Mónica
Antonieta: ¿Y para qué sirve?
Mónica: Para el cuidado del cabello. Millones de mujeres y hombres usan shampoo...
Antonieta: ¿Hombres usando cosas para embellecer el cabello?
Mónica: Así es.

Antonieta: ¿Dónde he llegado? En el trayecto hacia acá tropecé con hombres extrañisimos... Cabellera larga, camisas de flores y miriñaques... ¿Son hombres?
Mónica: Algunos.
Antonieta: En mis tiempos un hombre salía así a la calle y lo llevaban al calabozo por...
Mónica: ¡Maricón!
Antonieta: Afeminado, niña...
Mónica: Esta no es tu época.
Antonieta: Bueno, cariño, pero lo mínimo que uno puede saber es dónde están los hombres y dónde las mujeres. ¿O no?
Mónica: Eso se confunde cada vez más.
Antonieta: Si usted hubiera conocido a Roberto, su abuelo, comprendería lo que le digo... (Ve un reloj digital) ¿Y qué bicho es éste?
Mónica: Un reloj digital.
Antonieta: (Con cierto desprecio) ¡Ah... un artefacto!... (Con tono supersticioso) Hay que tener desconfianza de las tentaciones, Mónica.

Mónica: Yo las busco todo el tiempo.
Antonieta: Roberto me lo repetía y llevaba razón. Todos esos artilugios de metal, tornillos y resortes son incitaciones al pecado...
Mónica: ¿Se puede seducir a un reloj digital?
Antonieta: ¡La ociosidad tienta!... La mujer fue creada para ocuparse del hogar, su marido y los hijos. Para conformar el recinto familiar con sus manos. Lavar, limpiar y cocinar. (Señala el reloj digital y la atmósfera que la rodea) Si permitimos que estos infernales aparatos se internen entre las paredes del hogar cual serpientes insidiosas... ¿A dónde iría a parar la esencia femenina?... ¡Se dedicaría a holgazanear, a inventar ideas fuera de su naturaleza!... (Un tanto predicadora) Vendría el chisme, la soledad, la prepotencia... ¡Hasta pretendería invadir los terrenos propios del hombre!...
Mónica: (Negando con cierto asombro) Abuela, tú estás jodida.
Antonieta: (Con cierto rubor) ¿Cómo?
Mónica: La mujer ha cambiado muchísimo.
Antonieta: ¡No lo creo! (Huele su vestido) ¡Uf, este vestido huele a tumba!
Mónica: (Se encoge ante la última frase) ¡No digas esas barbaridades!... Me... me estrangulan el estómago... ¿No entiendes?... (Amenaza) Si abres la boca... cuando no te toque... me trago un kilo de clavos que tengo en la cocina...
Antonieta: ¡Qué horror!
Mónica: ¿De acuerdo?
Antonieta: Bien... Lo que digas.
Mónica: Cuéntame, sin rodeos, los acontecimientos de las últimas horas.
Antonieta: (Reservada) No veo por qué tienen que atraerte esas situaciones espeluznantes.
Mónica: Soy masoquista.
Antonieta: (Con extrañeza) ¿Y eso? ¿Una nueva religión?
Mónica: Sí. Uno comulga a las patadas.
Antonieta: ¿Un cisma? ¡Qué catástrofe! Yo comulgaba a hostias.
Mónica: Habla.
Antonieta: (Angustiada) ¡Mónica, me da terror!... Siempre fui muy sensible a las cosas... del más allá. Pánico a los fantasmas y sustos... Y ahora, aquí de nuevo, en este mundo loco, humoso... (Pausa corta)Bueno, una no tiene por qué seguirlo...
Mónica: Es loco, sí, pero buen mundo...
Antonieta: ¡Lucharemos juntas contra esta época asquerosa y disoluta!
Mónica: ¡Es mi época!
Antonieta: Lo sé, pero eres inocente en medio de este resurgir de Sodoma, Gomorra, Babilonia y Estambul.
Mónica: ¡Me gusta lo que vivo!

Antonieta: Me resisto a pensar que has sido vencida por las sugerencias de Lucifer, los oropeles de la máquina de vapor, los chismes siniestros de Grahan Bell... ¡Y el motor sicalíptico de Henry Ford!...
Mónica: ¡Carajo! ¿Resucitaste para amargarme la vida?
Antonieta: (Disimula. Tose) ¡Ay, me mareo! (Se recobra)Es la maldita debilidad en los pulmones. Soy propensa a la tuberculosis... Y esa nochecita en el cementerio fue fatal...
Mónica: Ya nadie se muere de tuberculosis...
Antonieta: ¿Nadie?
Mónica: La medicina está muy adelantada.
Antonieta: ¿No hay palúdicos?
Mónica: No.
Antonieta: ¿Ni tiñosos, ni enfermos de tifus, gripe española, peste bubónica?
Mónica: Esas enfermedades aparecen sólo en las películas de época...
Antonieta: (Se encoge un poco) Estoy asustada... Igual a los momentos en que mi abuelita contaba sobre los fantasmas que penaban en las plantaciones de caña. El descabezado.. el carretón fantasma... estoy... estoy asustada de mí misma.. de verme aquí...
Mónica: ¡Imagínate cómo estoy yo!
Antonieta: ¡Quiero mi tumba! (Llora) Mis gusanitos... mi tierrero encima... ¡No tengo a nadie!...
Mónica: Estoy yo... ¿No?... (Pausa corta. Antonieta la mira. Se le acerca) Tu nieta.
Se abrazan.
Antonieta: Llegar así, a tu casa, después de años de muerta...
Mónica: Y con ese vestido...
Antonieta: (Se separa un poco) Está bien hecho... Puede que Dios no este a la moda, pero de que es buen sastre, lo es... ¿Puedes darme cobijo?
Mónica: (Pausa. Lo piensa) Eres mi abuelita, Una no bota a su abuelita a la calle.
Antonieta agradecida oprime las manos de Mónica. Se separa un poco.
Antonieta: Me dedicaré a la oración. A la meditación.
Mónica: ¿Cómo?
Antonieta: Esperaré el momento en que sea llamada de nuevo.
Mónica: (Con emoción) ¡ Si estás aquí es porque quieren que vivas! ¿No te das cuenta?
Antonieta: No me gusta este mundo de ahora.
Antonieta se dirige al sofá grande. Se sienta.
Mónica: Debes asumirlo. Vivirlo.
Antonieta: Roberto, tu abuelo, el hombre que amé, que amo aún, está muerto. Todo está muerto. Me rodea un cementerio...
Antonieta se reclina. Mónica se sienta en el sillón y la acompaña muy cerca.
Mónica: ¡Naciste de nuevo!
Antonieta: Cargo todos los recuerdos...
Mónica: ¡Que no te sirvan de lastre!... ¡Usalos para ser feliz! ¡Mucho más feliz de lo que algún día fuiste!...
Antonieta: Estoy tan cansada...
Inicia música sugerente de pianola. Por la parte superior asoma el fantasma de Roberto que camina con aire altivo. La luz se centra sobre él muy penumbrosa mientras decrece sobre Mónica y Antonieta.
Mónica: Duerme... Duerme. Mañana el deseo de vivir correrá de nuevo por tus venas...
Sube la música. Roberto se desplaza a lateral y comienza a escucharse un poema en la voz de Antonieta
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