Escrita en 1984. Estrenada en la Habana. Cuba, bajo la dirección de María Elena Ortega (1987)Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas bajo la dirección de José






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títuloEscrita en 1984. Estrenada en la Habana. Cuba, bajo la dirección de María Elena Ortega (1987)Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas bajo la dirección de José
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ESCENA V
La luz se mitiga sobre el Arcángel. Antonieta permanece pensativa. Las manos en el pecho. Entra Mónica vistiendo una bata.
Mónica: (Estudia a Antonieta) ¿Practicando poses místicas para tu entrevista con los medios de comunicación?
Antonieta: (Con la mirada fija, como si le costara reponerse) Vino un arcángel...
Mónica: (Camina hierática, a lo monstruo Frankestein. Habla tétricamente) Esta puede quedar muy bien para cuando anuncies tu parentesco con Lázaro...
Antonieta: Examinó mi estado de salud. Hay una confusión terrible en las esferas celestiales...
Mónica: (Se arroja en el sillón. Patética. Tose) Y ésta... en el momento de narrar tu tendencia a la tuberculosis.
Antonieta: ¡Dios se ríe en el Limbo!
Mónica: (Normal. Se sienta) Es su balneario favorito.
Antonieta: ¡Los serafines cancelaron sus apuestas!
Mónica: (Toma una revista) Son pésimos jugadores.
Antonieta: ¡Todos quieren resucitar!
Mónica: (Leyendo) No me interesa.
Antonieta: ¿Cómo?... Pero si son los acontecimientos más espectaculares de la historia en los...!
Mónica: (Interrumpiéndola) ¡Coño, un poco de consideración, Nieta. ¿O crees que toda esta carrera entre cementerios, ángeles y trompetas del Juicio es normal para mí? ¡Estoy jodida!
Antonieta: Lo siento.

ESCENA VI

La luz se centra sobre las dos mujeres propiciando una atmósfera de intimidad. En otro lugar, preferiblemente en medio de las butacas, asoma Roberto, vestido a la usanza de principios de siglo. Es joven, usa mostachos y aparenta ser un hombre que toma las cosas con suma seriedad. Lleva una escoba en las mano.
Mónica: Háblame de otras cosas... no sé, más cotidianas... Nunca estuve en la onda de lo extraterrenal... aunque por el camino que voy es posible que logre un doctorado en espiritismo...
Antonieta: El arcángel me dijo que disfrutara lo presente.
Mónica: Te lo vengo diciendo.
Antonieta: (Con risita malévola) Me dará gusto sacarme a Roberto de los sesos.
Mónica: ¿El abuelo?
Antonieta: El mismo.
Mónica: Siempre me intrigó mi abuelo ... Los comentarios sobre su manera de ser...
Roberto carraspea para dar inicio a su conferencia.
Roberto: Buenas noches, señoras y señores...
Antonieta: Está tan lejos... parece que no fuera mi recuerdo...

Roberto: (Ante los espectadores) El aseo es la vida. No puede haber casa sin escoba, como no es posible baile sin música. Y esta ley natural a la que no prestamos mayor atención, rige en todo el universo...
Mónica: Cuéntame sobre él.
Antonieta: Me enamoré de Roberto una mala tarde en que me sentía enferma. Estaba anémica y sin ánimos para nada, pero mi madre se empeñó en llevarme a una conferencia que ofrecían en la casa parroquial. El orador era Roberto...



Disminuye luz sobre Mónica y Antonieta que permanecen quietas, observando a Roberto.
Roberto: Para que pueda existir el ser es indispensable ventilar, sanear, desinfectar. En una palabra: barrer... Y Dios, muchas veces, como cualquier moza criada se ve precisado a usar este adminículo... (Muestra la escoba al público) ...la escoba, vista generalmente con indigno desprecio por no saberse apreciar en su justo valor... ¡Pero, por supuesto que el Señor usa una escoba digna de su infinitud!... (Describe la escoba entre las manos) Su mango es la palanca de Arquímedes y sus pajas son hilos de luz con motas de estrellas... (Se desplaza ante el auditorio) Los astrónomos, que no tienen más vida que estar espiando los movimientos del Gran Arquitecto anuncian la catástrofe... (Se exalta) ¡Y aquí se arma la de San Quintín! ¡Las carreras, carreritas y carrerotas!... (Se detiene. Pausa corta. Muy bajo) Halley... (Pausa corta) Viene Halley... (Casi grita) ¡Viene el cometa Halley!... (Pausa. Se calma. Acomoda su corbata. Mira al auditorio) ¿Y qué?... (Pausa corta) ¿Qué significa? ¿Qué relación mantiene con la escoba?... (Pausa corta. Recorre el auditorio. Cargado de amenazas) Mucha, pues seremos barridos... (Eleva la escoba) ¡Arrojados al más profundo rincón del cosmos!... (Se enerva. Ya como fanático predicador) ¡Y sólo los puros, creyentes en Dios, rígidos en su moral, serán salvados! ¡De nada valdrá intentar lavar las conciencias con cal y lejía! ¡Las manos avaras no se blanquearán con creolina! ¡Y los maldicientes!... ¡Ay de los maldicientes!... Nada útil lograrán enjuagándose la boca con bicarbonato, Zenol o Dioxogén!... (Comienza a azotar el aire y el piso con la escoba, frenético) ¡Todos serán arrastrados! ¡Destruidos! ¡Pisoteados!.. ¡Por la escoba cósmica de Halley empuñada por Dios! (Eleva la escoba y el rostro en éxtasis furioso) ¡Por Dios!...
Abandona la sala. Apresurado. Sube un poco la luz sobre Mónica y Antonieta
Antonieta: ¡Lo amaba, Mónica!... Suspiraba por él. Guardaba las pequeñas cosas que desprendía. Acariciaba una flor y yo la recogía...
Mónica: Que romántica.
Antonieta: Años después, ya casada, encontraba los pétalos secos entre las hojas de mis libros y odiaba... sentía que odiaba... Me escribía poemas aleccionadores. Era serio. Nunca sonreía y esto captaba la admiración de mi familia... “¡Oh, qué empaque!. ¡Qué flema! ¡Parece inglés!”
Mónica: Tenía mucha personalidad.
Antonieta: ¿Personalidad?... Ese carajo no tenía el menor sentido del humor y detestaba mostrar sus dientes repletos de caries...
Mónica: ¿Y tú?
Antonieta: ¡Vivía la locura dentro mí! Miraba las estampas de las pirámides de Egipto, daguerrotipos de Paris, las nieves del Kilimanjaro...
Roberto entra al escenario. Serio y erguido. Con paso lento se acerca a la butaca doble.

Antonieta se sienta en ella.

La luz disminuye sobre Mónica, que sale.
Antonieta: ¡Soñaba, soñaba, soñaba y algo me repetía la inminencia de una cercana esclavitud! ¡Me gritaba que huyera! ¡Que sufriera! ¡Qué atropellara!... El mundo girando lento en mi alma de quince años llena de miedo...
Roberto se sitúa tras la butaca.
Roberto: Antonieta..
Antonieta: (Enamorada) ¡Roberto! (Pausa corta) Venía a verme los miércoles y domingos a las ocho de la noche. Nos sentábamos en un mueble de madera, frente a mi madre que se dedicaba a tejer...
Antonieta se sienta.
Roberto: Deseo hacerle algunas preguntas, Antonieta...
Antonieta: Diga usted.

Roberto: Le advierto que pueden sonarle un poco extrañas, pero las considero de vital importancia.
Antonieta: Lo escucho.
Roberto observa el pie de Antonieta.
Roberto: (Bajo, con intensidad) ¡Por favor, le veo el tobillo!
Antonieta: (Oculta sus pies) Perdón...
Roberto: (Tras una corta pausa) Dentro de poco estaremos unidos por el sagrado vínculo matrimonial. A partir de allí compartiremos nuestras vidas sin que exista nada en la tierra que pueda separarnos...
Antonieta: Es algo que anhelo con toda mi alma.
Roberto se acerca curioso a observar el rostro de Antonieta.
Roberto: ¿Ha usado usted carmín?
Antonieta: (Con algo de temor) No... ¿Por qué lo pregunta?
Roberto: Sus mejillas poseen un rubor peculiar. Tal como si hubieran sido mancilladas con afeites.
Antonieta: Es mi emoción... Mi timidez.
Roberto: Sugeriría una sangría oportuna cada cierto tiempo. De esa forma se aquieta el temperamento sanguíneo y su rostro tendrá la transparencia del alabastro.
Antonieta: Lo consultaré con mi madre.
Roberto: Bien. (Pausa corta) Prosigo. (Pausa corta) Sobre el amor existen consideraciones morales, éticas, que hay que tomar en cuenta ya que de ellas depende el bienestar del tiempo que nos tocará vivir. (Pausa. Mira a Antonieta) ¿Sigue el alto vuelo de mi proceso mental?
Antonieta: Le presto toda mi atención.
Roberto: Soy rígido en mis convicciones. Lo sé. Pero justo. Una de ellas es la que me conduce a unir mi vida con una mujer absolutamente pura e intocada.
Antonieta: No entiendo la intención de sus palabras.
Roberto: Déjeme terminar para que no me malinterprete. (Ve los pies de Antonieta) ¡El tobillo de nuevo!
Antonieta: (Oculta sus pies) ¡Soy tan tonta! ¡Tan distraída!
Roberto: Sé que usted es virgen. Tengo absoluta confianza y daría mi vida por ello.
Antonieta: (Turbada) ¡Por favor!..
Roberto: No, no se altere, Antonieta... ¡Crezca! ¡Le pido que crezca esta noche y mantenga conmigo, su futuro esposo, la primera conversación adulta!...
Antonieta: Trataré...
Roberto: (Pausa corta) No basta la virginidad corporal. Eso es algo físico que las mismas circunstancias de esta vida agitada que llevamos puede eliminar sin intervención... ¡Ejem!... masculina...
Antonieta: Usted hace que me ruborice.
Roberto: Eso evidencia ante mí la inocencia de su mundo interior. (Pausa corta) Pero analice bien lo que le digo... Escuche: he sabido de casos en que muchachas de muy buena familia, blancas y hacendosas, por un acceso demoníaco de modernidad han manejado una bicicleta o tricicleta y perdieron la honra.
Antonieta: ¡Me sofoco!
Roberto: Es una verdad científica la que le estoy comunicando.
Antonieta: ¡Qué tremendo!
Roberto: Esos asientos de las bicicletas y tricicletas son de una seducción terrible. Sobre todo cuando las muchachas se internan en carreteras campestres en compañía de sus novios.
Antonieta: Y una que las ve tan inofensivas.
Roberto: (Exaltándose un poco) ¡El diablo oculta su faz tras cada manubrio! ¡En cada pedal y tornillo! ¡No nos engañemos!... Pero bueno, no es una discusión fisiológica-teológica donde quiero detenerme. Usted no me entendería ya que estas especulaciones intelectuales son para los hombres y se fastidiaría escuchándome...
Antonieta: Aún no sé lo que quiere de mí.
Roberto: Deseo una unión perfecta.
Antonieta: Quiero lo mismo.
Roberto: Estoy orgulloso de mi rectitud. De la solidez de mis principios morales. ¡No encontrará en mí, amable novia, la más leve fisura espiritual!
Antonieta: Le creo.
Roberto: ¿Puede usted decir lo mismo? (La detiene con un gesto de la mano) ¡No!... No me responda aún. (Pausa corta) No quiero una respuesta apresurada. Cierre los ojos. Vamos, ciérrelos...
Antonieta cierra los ojos. Roberto se transforma, al no ser observado, en un decidido morboso que estudia con lujuria cada parte de Antonieta. Retuerce sus piernas. Respira el aroma de la novia. Llega, incluso, a levantar la falda amplia de Antonieta para mirarle los tobillos.
Roberto: (Rezumando morbosidad en el gesto mientras sostiene la voz severa) Le recomiendo el uso de trajes más severos. Los que lleva regalan demasiado las bajas pasiones de los hombres... ¡No! ¡No los abra!... Piense en mí pregunta...
Antonieta: Yo, pues... ¿Qué puedo decir?... Siempre he obedecido a mis padres. He seguido sus enseñanzas. Mi instrucción no ha sido empañada por nada turbio. Mis maestras, piadosas monjas al servicio de Dios, me han inculcado recogimiento y caridad...
Roberto: ¿Y sus fantasías?
Antonieta: ¿Fantasías?... (Pausa corta) Las pirámides de Egipto.
Roberto: (Brusco) ¿Las pirámides?
Antonieta: Sueño con viajar a Egipto.
Roberto: ¿Egipto? (Celosísimo) ¿Qué acompaña esa fantasía?
Antonieta: El Kilimanjaro.
Roberto: ¿De qué manera se trasladaría usted a Egipto?
Antonieta: No he pensado en eso.
Roberto: ¿Por barco o en caravana? ¿En camello o dromedario? (Con rencor) ¿Quién sufragaría los gastos de viaje, alojamiento y comida?
Antonieta: (Ya con los ojos abiertos) No he pensado en eso. Sólo en ver las pirámides y la esfinge.
Roberto: (Exasperado) ¡Los tobillos! (Antonieta oculta los pies) ¡Esas fantasías son tentaciones! ¡De aquí a las pirámides es un trecho muy largo lleno de emboscadas demoníacas!
Antonieta: ¡Quiero ser feliz! ¡Amar y fundar un hogar!
Roberto: ¿Amar a quién?
Antonieta: (Casi llorosa) ¡A usted! ¡Toda mi vida!
Roberto: ¿Y las pirámides? ¿Y el maldito Kilimanjaro?
Antonieta: Usted preguntó y...
Roberto: ¡El sol del desierto y el balanceo lujurioso encima de los camellos!...¡Bonita estampa!
Antonieta: Nunca pienso en camellos.
Roberto: ¿Ha corporizado en esos vuelos de la imaginación alguna personalidad masculina distinta a mí?
Antonieta : ¡No, por Dios!
Roberto: ¿Han anidado en su conciencia caminos campestres con el asiento terrible y deshonroso de una tricicleta de oscura procedencia?
Antonieta: ¡Nunca he visto a otro hombre!...
Roberto: ¿Seguro?
Antonieta: (Llora) Usted lo ha dicho, soy una niña...
Roberto: ¡Muy niña, con el Kilimanjaro adentro!¡Y las pirámides más adentro todavía! ¡Y aguante la respiración que su anatomía se conmueve y me conmueve! ¡Oculte el tobillo!...
Antonieta se levanta y se desplaza cerca de lateral. Roberto permanece quieto un momento. La luz declina sobre él y sale por lateral.
Roberto: ¡Malditas pirámides! ¡Malogrando la decencia!¡Pisoteando la honra!
Antonieta: (Algo ausente) Seré feliz... Sí... Mi vida transcurrirá por los cauces más perfectos de la condición humana. Nuestros hijos tendrán memoria intachable de nuestro recorrido. Crecerán rectos, limpios. (La luz se concentra en su figura. Rie con sarcasmo) Sin hacer concesiones a la modernidad... (Pausa corta) Todo era mentira.
La luz declina sobre Antonieta en la medida que asciende en la plataforma de foro y vemos entrar a Mónica y a Francisco. Antonieta sale. Francisco viste estrafalariamente. Lentes absurdos, franela y pantalón ajustado. Música rock. Ácida.
ESCENA VII

Mónica y Francisco llevan algunas bolsas de mercado. Parecen discutir. Francisco se niega a avanzar. Mónica lo empuja. Francisco avanza un poco. Se detiene. Ve a su amiga. La música baja poco a poco su volumen.
Mónica: ¡Camina!
Francisco: (Con dudas) ¡Es que no sé!
Mónica: ¿Qué pasa?
Francisco: ¿Así que es tímida?
Mónica: Hasta el exceso. Tiene unos padres muy severos. Tu sabes, a la antigua.
Francisco: Provinciana...
Mónica: De Pejugal, un pueblito bien lejos. ¿Lo conoces?
Francisco: No.
Mónica: Los padres la educaron con todas las convenciones de principios de siglo.
Francisco: ¿Y por qué quieres que la conozca?
Mónica: Necesita amigos como tú, Francisco.
Francisco: ¿Por qué no le escribe a la “Doctora Corazón”? ¿Por qué no sale a discotecas, bares y restoranes?
Mónica: Es convencional. Tiene que oxigenar todos los baúles que almacena en la cabeza. Amistades que le muestren con cierta crudeza la época en que vivimos...
Francisco: ¿Y por qué yo?
Mónica: Eres crudo como una vaca recién desollada... (Lo empuja) ¡Vamos, avanza!...
Francisco: Creo que tu prima debe ser fea. Bien fea.
Mónica: No es así.
Francisco: Pequeñaja, gorda, con el pelo lleno de seborrea y caspa.
Mónica: ¡Asqueroso!
Francisco: Con mal aliento, uñas sucias, necia y con voz necia... (Remeda voz necia) “¿Ay, tú sí eres atrevido!” (Ríe como mongólico) “¿Tienes novia?”
Mónica lo empuja. Francisco se resiste. Discuten. La música salta de nuevo. Ahora sensual. Tóxica. La luz declina en bastante proporción sobre el sector donde se encuentran Francisco y Mónica. Un seguidor deja ver una pierna sensual que se agita en lateral. Antonieta, vestida con un traje mínimo, maquillada y con peluca, se desplaza como una seductora. Se mueve. Ondula. Se sienta en una silla. Eleva las piernas. Ríe. Mónica y Francisco se desplazan al espacio donde se encuentra Antonieta. La luz del seguidor se difumina y asciende en el sector poco a poco. La música declina. Antonieta, sensual, se sienta en una silla, dando la espalda al lugar por donde entran Francisco y Mónica.
Antonieta: ¿Eres tú, Mónica?
Mónica y Francisco se muestran impactados. Sobre todo Francisco deleitándose en las piernas que se elevan y juegan ardorosamente.
Antonieta: ¿No crees que podría ser una nueva Salomé?
Francisco: (Soltando los paquetes, por lo bajo) ¿Esa es tu primita tímida y provinciana?
Antonieta: ¡Cleopatra! ¡Lucrecia Borgia!...
Francisco avanza en dirección a Antonieta.
Antonieta: (Se levanta girando con la frase de modo que al terminar su rostro queda enfrentado al de Francisco) ¡Cien hombres arrastrándose tras mi huella!
Antonieta queda paralizada ante Francisco.
Mónica: ¡Nieta, qué cambio tan violento!... (Indica a Francisco) El es Francisco...
Francisco: (Morboseando el cuerpo de Antonieta) Encantado... Muy bella su interpretación.
Mónica: (Notando la rigidez de su abuela) ¿Qué te pasa? (Abandona las bolsas y se acerca alarmada a Antonieta) ¡Nieta!...
Francisco: Creo que está un poco petrificada.
Mónica: (Remueve a Antonieta) ¡Antonieta! ¡Antonieta!
Francisco: Aunque el petrificado debería ser yo.
Mónica: ¡Está mal!... ¡Date vuelta y no la veas!
Francisco: (Incrédulo) ¿Me pides que deje de morbosear a esta apetitosa criatura?
Mónica: (Hace girar a Francisco) ¡No la veas!
Cuando Antonieta deja de sentir la mirada de Francisco arroja un grito espeluznante y sale del espacio. Mónica y Francisco se encogen de miedo ante el grito. Se recobran.
Francisco: ¿Qué? ¿Se murió?
Mónica: Sí... Digo, no.
Francisco: Ese grito me puso la piel de gallina.

Mónica: Estaba apenada.

Francisco: Sí, claro. Desde el principio noté su candor.
Mónica: ¡No seas cínico!
Francisco: ¿Yo?... ¡Humor sangriento el tuyo!... “Mi prima es apocada, olorosa a naftalina... ¿Y qué veo? ¡Una coqueta redomada, cliente habitual, con toda seguridad, de los lugares más sórdidos de esta perversa ciudad!
Mónica: No sabía que estabas aquí.
Francisco: ¡La pobre!... Espero no haberla perturbado en sus meditaciones trascendentales.
Se escucha la voz de Antonieta.
Voz de Antonieta: ¡Mónica!. ¡Mónica, por favor!.


Mónica se dirige a lateral. Sale. Francisco la sigue un poco tratando de ver o escuchar algo. Nota que Mónica regresa y se lanza al sillón y descansa cómodamente. Entra Mónica
Mónica: Bueno, Francisco, te agradezco mucho la ayuda con los paquetes y... bueno, tenemos muchas cosas que hacer y...
Francisco: ¿Me estás sugiriendo, con el más burdo tacto, que me vaya?
Mónica: Ella... tiene vergüenza.
Francisco: Yo también.
Mónica: ¿Tú?
Francisco: Estoy quebrado. (Trágico) Rompió todos mis pudores con esa exhibición sicalíptica.
Mónica: Podemos vernos otro día.
Francisco: Condenó mi alma. (Se acomoda en el sillón) Estoy jodido y rejodido. Dile que no me voy.

Mónica: ¡Te vas!
Francisco: Necesito excusas, por lo menos...
Mónica: ¿Que ella se excuse?... ¡Por favor, levanta el culo y te vas al bar de la esquina! ¿Sí?... Nos vemos en media hora...
Francisco: Quiero reparaciones. Tu prima me pervirtió.
Mónica: (Forcejea con Francisco tratando de levantarlo) Déjate de cuentos. Eres un loco. ¡Levántate!
Entra Antonieta muy irritada vistiendo de nuevo su traje antiguo. Mónica y Francisco la ven y dejan de forcejear.
Antonieta: ¡Sepa usted, señor!... Señor...
Mónica: Francisco Silva.
Antonieta: ¡Señor Francisco Silva, que todo ha sido un mal entendido!
Francisco: (Ve el traje de Antonieta) ¿Qué es esto? (A Mónica) ¿De cuál baúl salió el modelito ?
Antonieta: No me enteré que llegaba con Mónica. Por eso fue testigo de la facha....inmoral, que vestía.
Francisco: Comparada con la que llevas ahora no resulta inmoral sino pornográfica.
Antonieta: Le pido reservar sus comentarios y otorgar a esta conversación el tono de altura que merece.
Francisco: ¿Tono de altura? (Se levanta sobre el sillón) Aquí estoy... ¡Bien alto!
Antonieta: (A Mónica) Este caballero es un insolente... (Pausa corta) Bien... ¿Quiere desagravio?... Le ruego me perdone los males ocasionados por... por mí...
Francisco: Vulgar exhibición.
Antonieta: Si usted lo dice... Pues bien, sí... “Mi vulgar exhibición”...
Francisco: Por nada, Salomé...
Antonieta: Mónica, dile al... caballero... que salga inmediatamente de esta casa...
Mónica: (Tratando de calmar la situación) Antonieta...
Francisco: No es para tanto, Cleopatra.
Antonieta: ¡Lárguese!...
Francisco: Escucha, muñeca...
Antonieta: ¡No soy muñeca!
Francisco: Preciosa, creo que...
Antonieta: ¡Guarde esos requiebros para las hetairas de mala muerte!
Francisco: ¿Hetairas?
Mónica: Es mi amigo.
Antonieta: Tienes mal gusto.
Mónica: El no quiso...
Antonieta: Un caballero habría cerrado los ojos desde el primer instante de la situación vergonzosa que protagonicé. ¡Enseguida se marcha, olvidando todo!
Francisco: ¿Y dónde guardo mi curiosidad malsana? ¿Ah? ¿Mis bajas pasiones?
Antonieta: ¡Patán, salga de aquí!
Francisco: ¿Querías que cerrara mis ojitos? ¡Estás loca!
Mónica: ¡Cállate, Francisco!
Francisco: ¿Que no diera rienda suelta a mis sucios instintos?
Antonieta: ¡Carajo, desaparezca o lo saco a foetazos!
Mónica: (A Antonieta) ¡Está bromeando!
Francisco se arroja al suelo, frente a Antonieta. Abre los brazos y gime.
Francisco: ¡Pégame! ¡Pégame, mi amor! ¡Eso es lo que siempre he querido!
Antonieta: (A Mónica, retrocediendo) ¡Este hombre es un demente!
Francisco: (La persigue arrodillado, arrastrándose) ¡Por fin alimentaré mis fantasías masoquistas!
Mónica: (Trata de contener a Francisco agarrándolo) ¡Déjate de payasadas!
Francisco: ¡Busca el fuete! ¡Sácame la sangre!
Mónica: ¡No seas ridículo!
Francisco: ¡Reviéntame los sesos con tu polizón!
Antonieta: ¡Enfermo!
Mónica: ¡Vete!
Francisco: ¡Estrangúlame con tu enagua!
Antonieta: ¡Delincuente!
Antonieta retrocede ante el avance de Francisco que repta sobre butacas, mesas y el piso, persiguiéndola.
Francisco: ¡Busca un baúl y pártemelo en el occipucio!
Mónica: ¡Coño, la asustas!
Francisco: ¡Desparrama mis tripas!
Antonieta: ¡Aléjese, sifilítico!
Francisco: ¡Tortúrame con un perchero!
Antonieta: ¡Inmundo!¡Perro!
Francisco: ¡Más! ¡Insúltame más! ¡Dime coyote! ¡Caballo! ¡Grítame ornitorrinco!
Mónica: (Zarandea a Francisco que se retuerce) ¡Mierda, fuera de aquí!
Francisco: (Elevando los brazos en supremo éxtasis) ¡Soy el peor de los canguros! ¡Un hijoeputamo!
Antonieta nota el aspecto bufo de la situación y comienza a reír. Mónica y Francisco la ven. Detienen las acciones. La risa de Antonieta cesa. Hay una pausa y luego ríe de nuevo. Es una risa extraña, medio histérica y necia. Repentinamente deja de reír.
Mónica: Bueno, me alegro. Ya iba a llamar a la policía ¡Qué enredo! ¿No?...
Nueva risa de Antonieta. Breve.
Francisco: (Levantándose, sin ubicar la nueva situación) Sí... este... mucho enredo...
Mónica: (Presentando) Antonieta... Francisco...
Francisco: ¿Qué tal? (Responde risita) Espero... no haberte molestado...
Antonieta se escabulle acompañada de la risita.

Francisco: (A Mónica) Lo que necesita es un buen sanatorio. ¿De dónde es que viene?
Mónica: De Pejugal. Un pueblito perdido en la provincia.
Francisco: Y en el tiempo. ¿No crees?
Mónica: Allá son bastante conservadores.
Francisco: Les debe encantar una radio galena y las pianolas. Seguro que Carlos Gardel debe estar causando furor.
Mónica: Gardel es demasiada vanguardia.
Francisco: (Pausa corta) Es bella.
Mónica: ¿Quieres un trago?
Francisco: Desde que la conozco no tengo vicios. (Se sienta) Ron seco, con hielo y limón. Sólo por cumplir.
Mónica: (Saliendo) Ya regreso...
Sale Mónica por un lateral y entra Antonieta por el otro. Ignora a Francisco, aparentemente. Trae un gran abanico en las manos. Se sienta en una de las butacas, un tanto alejada. Ve rápidamente a Francisco que está como embobado. Suelta la risilla estúpida de siempre.
Francisco: ¿Por qué te sientas tan lejos?
Antonieta no responde. Inicia una serie de movimientos con el abanico. Lo agita con calor. Se oculta la cara.

Francisco: Es un abanico muy hermoso. (Pausa corta) ¿Es español? (Pausa corta) ¿Tienes calor?
Antonieta envuelve el abanico y se golpea levemente en la barbilla, como si meditara decisiones profundas.
Francisco: La tarde me parece fresca. (Pausa corta) Bueno, yo soy friolento. Me meten en un horno y necesito frazadas.
Regresa Mónica con una hielera repleta. Se dirige al bar y comienza a preparar tragos.
Mónica: ¡Qué silencio!.. Pensaba que estaban aprovechando el tiempo...
Antonieta: (Llamando a Mónica) Mónica, por favor.
Mónica sirve un trago. Se lo entrega a Francisco que se levanta y comienza a caminar por el lugar prestando atención simulada a las dos muchachas.
Antonieta: (Confidencial) Ese joven que has traído esta casa...
Mónica: ¿Qué pasa con él?
Antonieta: Es un poco raro... ¿No te parece?..
Mónica: Rarísimo, diría yo...
Francisco se acerca. Antonieta se levanta y conduce Mónica a otro sector.
Antonieta: Debo decirte que... a pesar del desagradable encuentro inicial... lo hallo, pues... simpático... (Ve a Francisco y suelta la risilla) No sé por qué me sale esta risa tan necia... Bueno, sí lo sé... Me ocurre cuando estoy acalorada... sofocada... entusiasmada... (Toma a Mónica por un brazo. Vehemente) ¡Estoy entusiasmada, Mónica!
Mónica: Ya veo. ¿Por qué no hablas con él?
Antonieta ve que Francisco se ha desplazado cerca y con di simulo se traslada, junto a Mónica, a otro sector.
Antonieta: (Decepcionada) Lo hice y no me dio ninguna respuesta.
Mónica: ¿Sí? ¡Qué extraño! (Mira a Francisco que muestra una cara plena de arrobamiento) Mírale esa cara. Parece un toro viendo a su vaca favorita. (Intrigada) ¿En qué momento hablaste con él?
Antonieta: Con el abanico.
Mónica: ¿Abanico?
Antonieta: ¿No has escuchado sobre el lenguaje del abanico?
Mónica: Nunca he tenido un abanico en las manos. Tú sabes, la maldita modernidad con sus ventiladores y aires acondicionados.
Antonieta: ¿Tú crees que no entendió nada de lo que le dije?
Mónica: Sabe inglés y francés, pero es un tarado con eso del lenguaje de los abanicos. Estoy segura.
Antonieta: ¡Qué decepción!
Mónica: ¿Por qué no te comunicas utilizando el más rancio y silvestre español?
Antonieta: No sé si pueda...
Se trasladan cerca del bar, huyendo de la cercanía de Francisco.
Mónica: ¡Claro que puedes!
Antonieta: Mi timidez. ¿Qué hago con ella? Además, necesitaría una chaperona.
Mónica: (Ríe un poco) ¡Qué exagerada!
Antonieta: Es la fuerza de la costumbre, Mónica. No pretenderás que comparta con una conquista sin que alguien de confianza esté presente.
Mónica: ¡Una chaperona!... Eso es como buscar un brontosaurio. ¿Dónde la conseguirás?
Antonieta: (Le da un golpecito con el abanico) Tú.
Mónica: ¿Qué? ¿Yo? ¡Yo no soy chaperona!
Antonieta: Debes cuidarme. Soy virgen.
Mónica: Lo haré. Te dejo con Francisco y regreso en cinco horas.
Antonieta: (Toma a Mónica que intenta salir). ¡Te quedas!
Mónica: Es un maldito capricho.
Francisco: Este... ¿Hay algún problema?
Mónica: No, ninguno... (A Antonieta) ¿Qué pretendes que haga?
Antonieta toma un libro. Conduce a Mónica a una de las butacas. La sienta.
Antonieta: Te quedas sentada, muy seria, y lees mientras yo hablo con él.
Mónica: ¡Ya leí esta novela!
Antonieta: Memorízala... (Le abre el libro y se lo coloca ante los ojos) Te mantienes atenta, pero sin que él lo note. Eres el muro de contención frente a cualquier comportamiento mal intencionado. Si expresa una frase fuera de tono toses con gravedad, sin mirarlo... Vamos, lee...
Mónica, a regañadientes, lee.
Francisco: ¿Te vas a poner a leer?
Antonieta: A ella le gusta la lectura.
Mónica: Sí, mucho.
Antonieta: (Indicándole el sillón a Francisco) Joven. ¿Por qué no se acerca y conversamos?
Francisco, apresurado, se sienta en el sillón.
Mónica: (Por lo bajo, a Antonieta) No le digas “Joven”. Se supone que él es mayor que tú.
Antonieta: (Se arregla el pelo) Tienes razón... (Se sienta cerca de Francisco. Se abanica) ¡Qué calor! ¿No le parece?

Francisco: ¿Sí?... No lo había notado.
Antonieta: Con tal que no sea un infierno como el año ocho...
Francisco: (Extrañado) ¿El año ocho?
Antonieta: En 1908, señor Francisco, se podían freír huevos en las aceras. La gente se derretía. Se perdieron las cosechas de café y azúcar y disminuyeron las exportaciones de pluma de garza, sencillamente porque resultaba imposible salir al llano a cazarlas...
Francisco: Llámame Francisco.
Antonieta: Favor que me hace.
Francisco: Y dime, Antonieta... ¿Cómo te enteraste de esos detalles tan peculiares del año ocho?
Mónica: (Interrumpiendo) ¡Es que ella es una fanática de la historia!...
Antonieta: ¿Cómo?... Pero si yo estaba...
Mónica: (Corta de nuevo) Le fascinan los detalles. Es capaz de hablar de sucesos de principios de siglo tal como si los hubiera vivido...
Antonieta: Sí, eso... claro...
Francisco: ¿Tienes novio?
Antonieta: ¿Yo?... ¿Novio?... (Risilla) ¿No le parece una pregunta apresurada?
Francisco: Para nada. ¿Lo tienes?
Antonieta : Pues... No.
Francisco: Menos mal. Ya me veía como un potencial asesino.
Antonieta: ¿Asesino? ¡Qué horror!
Mónica: Es una broma.
Antonieta: ¿Sí?... No necesito que me la interpretes. Concrétate a leer.
Francisco: Eso. Dedícate a la lectura que buena falta te hace. ¡Analfabeta!
Antonieta: Sé reírme sola.
Francisco: ¡Instrúyete!
Mónica, enfurruñada, prosigue leyendo.
Antonieta: Y, dígame... ¿Cuál es su profesión?
Francisco: Ingeniero aeronáutico.
Antonieta: ¿Aeronáutico?
Francisco: Ajá.
Antonieta: ¡Qué maravilla!
Francisco: ¿Te parece?
Antonieta: Siempre fui admiradora de los aeronautas.
Francisco: Estoy sin empleo.
Antonieta: Claro, eso de volar es una industria sin mucho futuro... Pero le digo que seguí paso a paso las proezas de los hermanos Wright. ¡Me parecen unos aventureros increíbles! ¿Y Montgolfier con su globo? (Risilla) Creo que por la cabeza de todos pasa alguna vez hacer las locuras que ellos hicieron. ¿No cree? ¡Esos artefactos voladores violando todas las leyes de la naturaleza!
Francisco: (Carraspea Incrédulo) Sí, por supuesto... ¿Y qué me dices de los Idus de Marzo?
Antonieta: ¿Idus?
Francisco: Ajá. De Marzo.
Antonieta: Pues yo... (Desconcertada) No sabría...
Francisco: Me parece... y es una opinión particular... que vienen muy, pero muy cargados de presagios... Si yo fuera César no iría al senado...
Antonieta no entiende.
Antonieta: ¿César?
Francisco: ¡Nuestro buen Julio César!... (Confidencial) Me temo que varios senadores quieren rasgarle la toga con sus puñales.
Antonieta: No le entiendo...
Francisco: Claro, me imagino que estás de acuerdo con Bruto. ¿No? Es un político simpático. Tiene imagen...
Antonieta: (Como solicitando ayuda) Mónica...
Mónica: Estoy leyendo...
Francisco: No puedo negar sus atractivos. Lo que pasa es que prefiero las acciones concretas. ¡La autoridad! ¡La capacidad de correr riesgos!
Antonieta: (Con cierta urgencia) Mónica...
Mónica: No me interrumpas la memorización.
Francisco: Eso estimo en Julio César... (Se levanta. Explica muy serio mientras se desplaza) ¿Que te pareció el Plan Quinquenal que presentó al oráculo?
Antonieta: (Sonriente. Tratando de seguir el hilo) Excelente...
Francisco: ¿Excelente? (Asombrado) ¿Te lo pareció?...
Antonieta: Si... bueno, yo le haría ciertas modificaciones...
Francisco: ¿Sí? ¿En qué renglones? ¿Modificarías el reglamento de importación con los fenicios? ¿Subirías el arancel de la púrpura?
Antonieta: (En el hoyo, pero sonriente) Sí, por allí van mis objeciones...
Francisco: (Recostandose en el sillón) Pero abandonemos la política...
Antonieta: (Aliviada) Como digas. Es agotadora y solivianta las pasiones. (Tratando de tomar la iniciativa) Así que no tienes empleo...
Francisco: Por poco tiempo.
Antonieta: ¡Qué bien! ¿Tiene alguna oferta?
Francisco: Mañana me entrevisto con el Faraon Cheops. Ese seguro que me da una mano y me ofrece una plaza de capataz en la construcción de su pirámide.
Mónica ríe. Antonieta se levanta y la fulmina con la mirada.
Antonieta: (A Francisco) Suponía que era una conversación seria. Adulta... (Se dirige a lateral con intenciones de irse) Pero veo que usted no tiene remedio...
Francisco: (Sigue tras ella y la detiene) Espera... (Antonieta gira y lo ve) En realidad no sé cuándo conseguiré empleo. Las cosas están difíciles hoy. Y mañana no serán mejores. Malos tiempos para un ingeniero aeronáutico...
Antonieta: (Se sienta de nuevo en el sillón) Eso significa que usted no puede sostener un hogar...
Francisco: Claro que puedo. Ya lo hice en dos oportunidades.
Antonieta: ¿Dos?
Francisco: Me he casado dos veces.
Antonieta: (Con tremendo choque moralista) ¿Bígamo?
Francisco: Divorciado dos veces.
Antonieta: Tan joven...
Francisco: Gracias.
Antonieta: Y tan irresponsable. ¡Dos hogares destruidos!
Francisco: ¡Ellas fueron las irresponsables!
Antonieta: (Dramática) ¡Me imagino a los pobres, pobres niños!
Francisco: ¿Qué niños?
Antonieta: ¡Sus hijos! ¡Viéndolo abandonar el hogar desde la ventana, aferrados a la bata casera de una madre anegada en llanto!
Francisco: ¡Ellas! ¡Ellas me abandonaron en las dos ocasiones!
Antonieta: ¡Una mujer nunca haría eso!
Francisco: ¡Pues lo hicieron!... ¡Y no tengo niños!... Usaban píldoras anticonceptivas.
Antonieta: ¿Píldoras?
Francisco: Sí, benditas píldoras.
Antonieta: (Se traslada cerca de Mónica) Mónica... píldoras...
Mónica: Anticonceptivas.
Antonieta: ¿Evitan los niños?
Mónica: Totalmente.
Antonieta: (Para si) Como diría el arcángel... ¡Aleluya!
Francisco: ¿Quieres hacerme creer que no conoces la píldora?
Antonieta: (Evadiendo la pregunta)¿Así que te abandonaron?
Francisco: (Afirma, trágico) Dos veces quedé frente a la ventana viéndolas partir, con mis ojos anegados en llanto.
Antonieta: ¿Qué clase de mujeres se buscó?
Francisco: Normales, típicas...
Antonieta: ¡Qué experiencia tan avasallante!
Francisco: La primera resultó ser bisexual.
Antonieta: ¿Cómo es la guarandinga?
Francisco: Bisexual.
Antonieta: ¡No puede ser!
Francisco: Eso me lo repetí durante dos años... (Se golpea la cabeza) “No puede ser. No puede ser”.
Antonieta: Qué tragedia para su hogar.
Francisco: Bueno, tampoco era para sacarse los ojos.
Antonieta: ¿Y... usted lo notó desde el primer momento?
Francisco: Pasaron varios meses.
Antonieta: Perdone que resulte escabrosa, pero... ¿Cómo pudo ocultarlo?

Francisco: Ser bisexual no significa ser exhibicionista.
Antonieta: Claro... el pudor... Usted evitaba mirar... apagaba la luz en los momentos, digamos... de intimidad...
Francisco: Sí, estaba un poco ciego.
Antonieta: Ya que ésta es una época de tremendos adelantos científicos... ¿Por qué no se sometió a una operación?
Francisco: ¿Operación?
Antonieta: Desprenderse de eso... de ese bulto.., de otro género...
Francisco: ¿Cuál bulto?
Antonieta: ¡La prominencia!
Francisco: ¿Prominencia?
Antonieta: ¿No has dicho que tu primera esposa era bisexual?
Francisco: ¡Aún lo es!
Antonieta: Me parece un horror andar por el mundo con... con eso colgado en la barriga.
Francisco: ¿Eso?
Mónica: (Gritando y riendo) ¡Un pene! ¡Un pene!
Antonieta: ¡Concéntrate en la lectura, grosera!
Francisco: ¿Que mi primera mujer tenía pene?
Antonieta: Bisexual. Dos sexos. Lo dijiste. ¿No?
Francisco se ríe junto a Mónica.
Antonieta: ¿Por qué se ríe?... ¿Nervios?... Me muero de la curiosidad... ¿Dónde lo tenía? ¿Era pequeño o grande? (Francisco y Mónica ríen) ¡Espero que no se estén burlando de mí!...
Francisco: ¡Impresionante!...
Antonieta: Debió sentirse muy incómodo con una mujer que le planteara competencia. ¿No?

Francisco: A ella le gustan los hombres.
Antonieta: ¿Te traicionó?
Francisco: Y le gustan las mujeres.
Antonieta: (Pausa corta) La presencia femenina es mucho más estética: sus trajes, su caminar... yo también soy receptiva a las cualidades femeninas...
Francisco: Ella ama a las mujeres. Hace el amor con mujeres. Le encanta.
Antonieta: (Pausa corta) Entiendo.
Francisco: Se enamoró de una bailarina de danza contemporánea y me abandonó sin explicaciones.
Antonieta: ¡Qué papelón!
Mónica se remueve inquieta.
Mónica: ¿Puedo ir al baño?
Antonieta: No.
Mónica: Tengo ganas de orinar.
Antonieta: Permanece quieta y valiente.
Francisco: ¡Aguante hasta el final, carajo!
Mónica: Me estoy reventando.
Francisco: ¡Sea fiel a su espíritu amazónico!
Antonieta: ¿Y su segunda cónyuge?
Francisco: ¡Ah, esa! Se casó conmigo para cumplir con las leyes pertinentes a toda señorita de familia que se estime...
Antonieta: Me parece un buen proceder.
Francisco: Enseguida me pidió el divorcio. Quería ser divorciada. A las divorciadas nadie les pide cuentas ni horarios...
Mónica: Esa es una opinión machista.

Francisco: ¡Claro que es machista! ¡Y si fuera un canguro te daría una opinión canguresca!
Antonieta: Mónica, no le estás prestando la debida atención a la lectura.
Mónica: (Se levanta y dirige a latera!) ¡No aguanto más!
Mónica sale.
Francisco: (La sigue gritándole) ¡Cobarde, te dejas vencer por una vejiga! ¡Eres una meona! (Se dirige al sillón. Se sienta y toma las manos de Antonieta) Te invito a una excursión.
Antonieta: (Con risilla sacando las manos) Pues... (Risilla) Le ruego que modere sus ímpetus...
Se levanta situándose frente al escenario. Francisco se sitúa tras ella y le toma las manos. Hay cierto forcejeo.
Francisco: Es en el campo. Una bella hacienda antigua, con cultivos de caña, olor a bosta de vaca, peones con mal olor del sudor y paseos a caballo...
Antonieta: (Ilusionada y forcejeando) ¿Y luna llena?
Francisco: Gorda como una tortilla de huevos con papas, a la española...
Antonieta: Acepto... Con una condición...
Francisco: ¿Cuál?
Antonieta : Que el traslado no sea efectuado en bicicleta ni en tricicleta...
Francisco: Ni en patineta ni ferrocarril...
Francisco hace girar a Antonieta y la besa sorpresivamente en los labios. Antonieta forcejea y Francisco insiste. Antonieta lo golpea en el bajo, muy bajo vientre y Francisco cae redondo al piso.
Francisco: ¡Coño!
Antonieta: ¡Grosero! ¡Impertinente!
Entra Mónica. Francisco se queja.
Antonieta: (A Mónica) ¡Ese hombre es un vándalo!

Mónica: ¿Ya pelean? (Se frota las manos) Van por buen camino.
Antonieta: ¡Me besó!...
Antonieta sale enfurecida. Mónica ayuda a Francisco.
Francisco: ¡Me machucó las bolas!...
Mónica: Te dije que es un ser que hay que tratar con mucha delicadeza.
Francisco: (Adolorido. Casi no puede respirar ni hablar) Me dio.. ahí... (Reposa en el sillón) Casi... me puso a hablar como una soprano... (Se recobra) La amo...
Mónica: Te vas a encontrar con muchas sorpresas...
Francisco: ¿Más?
Mónica: Tus experiencias anteriores son un baño de rosas.
Francisco: La amo. No importa que me pase un tractor por encima...
Disminuye luz.
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