Escrita en 1984. Estrenada en la Habana. Cuba, bajo la dirección de María Elena Ortega (1987)Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas bajo la dirección de José






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títuloEscrita en 1984. Estrenada en la Habana. Cuba, bajo la dirección de María Elena Ortega (1987)Sala de Conciertos del Ateneo de Caracas bajo la dirección de José
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ESCENA X

Música celestial, de las comúnmente usadas para indicar la entrada de los arcángeles. Un rayo de luz asoma arriba y deja ver, de espaldas, la figura de uno de ellos, los brazos elevados. Se vuelve lentamente y constatamos con horror que su rostro es el de un gorila con mandíbulas abiertas y dientes sanguinolentos. Comienza un lento descenso. Llega hasta el sector de Mónica. Revisa todo con curiosidad. La música disminuye. Se escucha el canturreo de Antonieta y el arcángel se oculta tras el sillón. Entra Antonieta en jeans, franela y deportivos. Limpia con un plumero. El arcángel asoma y Antonieta grita. Luego la emprende a golpes de plumero contra el arcángel.
Arcángel: (Huyendo) ¡Tranquila! ¡Tranquila! (Se quita la máscara) ¡Soy yo!... ¡Reposo!
Antonieta: ¡Un... un arcángel gorila!... ¡Por poco me muero del susto!
Arcángel: ¿Sí?... Lamento no haber sido más expresivo...
Antonieta: ¿Qué quieres decir?

Arcángel: Nada... que me falta maldad...
Antonieta: ¿Celebran el carnaval allá arriba?
Arcángel: Es una respuesta paranoica... todos estamos volviéndonos paranoicos... (Mira a los lados) Los seres celestiales ocultan su identidad y se dedican a tramar las más tremendas conspiraciones de la historia...
Antonieta: ¿Conspiraciones?
Arcángel: (Súbitamente tenso) ¡Baja la voz!
Antonieta: Estoy sola...
Arcángel: ¿Sí?... ¿Y tu ángel de la guarda?
Antonieta: ¿Mi ángel?...
Arcángel: (Aliviado) Como lo sospeché... No está... (A Antonieta) Eso te muestra lo irregular que son estos tiempos...
Antonieta: ¿Que no está?
Arcángel: Ni por asomo en cinco millones de kilómetros a la redonda.
Antonieta: ¿Y dónde se encuentra?
Arcángel: Tramando algo en compañía de sus iguales.
Antonieta : Me fastidia andar por ahí, suelta, sin mi ángel de la guarda.
Arcángel: ¿Sí?
Antonieta: Me parece un abuso.
Arcángel: ¡Son abusadores y pendencieros!... Tal conducta, que posee una detestable referencia humana, la adquirieron a causa de tantos siglos vigilando vuestro comportamiento.
Antonieta: Pero... ¿Qué es lo que pasa?
Arcángel: Digamos que.. han surgido pequeños desórdenes.
Antonieta: ¿Y por qué tanto lío?... Ya se arreglarán.
Arcángel: ¿Tú crees?

Antonieta: Claro. Y más si son pequeños, como dices. Unas cuantas letanías y aleluyas y todo se encarrila.
Arcángel: (Se toma la cabeza con cierta desesperación) ¡Eso es lo malo de tratar con ustedes!... Son incapaces de concebir lo que implica un “pequeño desorden” en la armonía universal.
Antonieta: ¿Y qué implica?
Arcángel: ¡La destrucción de todos los equilibrios! ¡Se daña la perfección inmaculada y eterna!... (Se percata de su lapsus) Me corrijo, ya dejó de ser eterna... (Muestra su máscara) Observa nuestros nuevos derroteros: una máscara para evadir la confusión...
Antonieta: ¿Y yo?
Arcángel: (Pausa corta. La ve) Has sacudido los cimientos de la bienaventuranza.
Antonieta: Pero... pero eso es... ¡Un horror!
Arcángel: Te-rri-ble.
Antonieta: ¿Y?... Bien... ¿Qué puedo hacer para?...
Arcángel: ¡Morirte lo más pronto posible!
Antonieta: ¿Qué?... ¿Yo?...
Arcángel: Tu agonía aflojará las tensiones y conducirá las cosas a su lugar.
Antonieta: ¿Morirme?
Arcángel: Ajá. Se termina el motivo de la crisis y todos sonrientes y divinos. ¡Como antes!... Volverán a sonar las liras y coros gregorianos. ¡Todos serán de nuevo responsables de aquellas tareas que Dios les encomendó y han olvidado! ¿No te parece maravilloso?
Antonieta: ¿Quieres decir que... que caiga al suelo... así, sin respirar?
Arcángel: Lindo.
Antonieta: ¿Y el corazón detenido, como si tal cosa?
Arcángel: ¡Magnífico!
Pausa. Antonieta rehuye un poco.
Antonieta: Me... me da miedo.
Arcángel: Vamos, ni que fuera la primera vez que te mueres.
Antonieta: No sé cómo podría...
Arcángel: Deberías tomarlo con un poco más de soltura.
Antonieta: Me siento dinámica, fuerte, llena de energía...
Arcángel: ¡En la plenitud de la vida!...
Antonieta: ¡Eso!
Arcángel: ...Como se acostumbra a decir de aquellos que mueren jóvenes...
Antonieta: No veo cómo pueda... ser un cadáver de repente...
Antonieta se sienta, preocupada. El arcángel se le acerca y le toma las manos.
Arcángel: (Solemne) Se trata de llevar la paz a los millones de serafines.., los pobres... (Muestra las manos de Antonieta) En estas manos está la paz celestial...
Antonieta: ¿Sí?... Y yo aquí lavando platos...
Arcángel: ¡Asume tu destino!
Antonieta: (Camina un poco por el lugar. Piensa. Pausa) Suicidarme... ¿Es eso lo que quieres?
Arcángel: ¿Yo? ¿Yo animarte a un pecado tan horrible? ¿Cómo se te ocurre, desgraciada?
Antonieta: Perdona... Creí que sugerías...
Arcángel: El descuido.
Antonieta: ¿Descuido?
Arcángel: Sí, eso... atolondramiento, distracción...
Antonieta: Soy meticulosa y atenta.

Arcángel: ¡Eras!... La gente cambia. Hoy somos de una forma, mañana de otra... ¿Quién puede impedir que guíes autos?
Antonieta: ¿Guiar?
Arcángel: Autos de alta velocidad, por supuesto. Aquí los llaman fórmula 1.
Antonieta: ¡Me aterran los autos!
Arcángel: Baja escaleras, todas las que encuentres, corriendo y con los ojos cerrados.
Antonieta: ¿Para qué?
Arcángel: Es un excelente ejercicio de concentración.
Antonieta: ¡No quiero partirme el cuello!
Arcángel: Ve a la playa y diviértete...
Antonieta: Eso está mejor...
Arcángel: Escoge playas de oleaje fuerte, de corrientes violentas.
Antonieta: ¡No sé nadar!
Arcángel: ¡Mucho mejor!
Antonieta: ¡Quieres que...!
Arcángel: (Interrumpiéndola) ¡Escala despeñaderos! ¡Confunde los venenos con brandy! ¡Efectúa equilibrio en el borde de las azoteas! ¡Pero muérete! ¡Muérete y pronto! ¡Pronto!
Antonieta: ¡Nunca haré nada de eso!
Arcángel: ¿Qué?... ¿Te niegas a colaborar?
Pausa corta
Antonieta: Sí. Me niego.
Arcángel: (La estudia de arriba a abajo) Lo suponía. ¿Te capturó el deseo de vivir?
Antonieta: ¡Y bien fuerte! ¡Me agarraré con los dientes al último pedazo de vida que me toque!

Arcángel: (Como viendo algo en Antonieta) Pero... si tú... ¿Qué es esto?... ¿Tan rápido?...
Antonieta: ¿Qué pasa?
Arcángel: Estás enamorada.
Antonieta: Sí, lo estoy...
Arcángel: Nunca conocí a una resurrecta tan voluble. ¿Y los trasportes místicos a los que pensabas entregarte?
Antonieta: ¡El amor es un trasporte místico!
Arcángel: ¡Qué cursi!...
Antonieta: ¡Volví a vivir, arcángel!... Quiero meterme en el mundo. Tratar de hacerlo mejor... Hay mucha injusticia ¿No crees que es bueno quedarme y meter el hombro?... ¡Mi otra vida fue tan inútil que me da vergüenza!..
Arcángel: No quiero escuchar manifiestos feministas...
Antonieta: Así estamos. Me quedo pegada a la tierra.
Arcángel: Debo suponer entonces... que he fracasado en mi misión...
Antonieta: Totalmente.
Arcángel: Llevaré al cielo tu negativa.
Antonieta: Y mis saludos más cordiales. Besos a todos.
Arcángel: (Un poco cruel) No creas que va a ser tan fácil para ti, pequeño y retorcido cadáver andante.
Antonieta: Cadáver andante, quizá... ¡Pero sabrosón, para que sufras!
Arcángel: (Despectivo) ¡Estás viva por un trombón!
Antonieta: (Se muestra) ¡Y mira el resultado! ¿Ah? ¡Ni Beethoven lo hubiera hecho mejor!
Arcángel: Debes enterarte, pedazo de barro, que una comisión de alto nivel, compuesta por dignos representantes de la celestialidad, toca insistentemente las puertas del Limbo en procura del Señor... El único ruego que formularán conlleva la muerte de cierta persona que conozco...
Antonieta: (Asustada) ¿Mi... mi muerte?
Arcángel: ¡Cuán rápida eres para capturar los infortunios, querida!
Antonieta: ¡No... no quiero!
Arcángel: (Riendo siniestramente) ¡Cuando tenga la orden llegaré con mi espada, feliz a cortarte en pedacitos como si fueras un chorizo!
Antonieta: (Enfrentándosele) ¡Lo disfrutarás cuando muera! ¿Escuchas? ¡Cuando muera!...
Arcángel se dirige a las zonas altas.
Antonieta: (Gritándole) ¡Mientras tanto voy a gozar hasta el último!... ¿Oíste bien?... ¡El último segundo que me toque vivir!
Arcángel: Humano es humano y su apellido, desvergüenza.
Antonieta: ¡En plena agonía, con los ojos torcidos y la pata estirada, respiraré dichosa por ser humana y vivir!...
La luz se concentra sobre Antonieta, exaltada y el ángel que se retira.

Arcángel: (Retirándose) ¡Ya te pisaré, cuando seas un mezclote de polvo fúnebre!
La luz disminuye sobre el arcángel que sale.
Antonieta: ¡Si Dios quiere! ¡Y ojalá no les abra nunca las puertas del Limbo!...
La luz se mitiga sobre Antonieta.
Antonieta: ¡Viviré lo que me toque! ¡Lo que nunca viví!
ESCENA XI

Música de piano. Suave. Aumenta luz sobre Francisco, cerca del banco de parque.
Francisco: Desde que te conozco viajo en una máquina del tiempo. Lenguaje, costumbres, nostalgia... todo lo refieres a ochenta años atrás. Casi podría jurar que el pueblo de donde provienes se quedó estancado en el principio del siglo....
Antonieta se traslada de su sector hasta el banco. Se sitúa tras Francisco y lo abraza.
Francisco: ¿Y la emoción?... ¡Aún me duelen los apretones de anoche, con esa película de terror tan estúpida que vimos!
Antonieta se separa de Francisco. Mira ante si.
Antonieta: Observa esa ciudad.
Francisco: Millones de habitantes. Un meadero de anhídrido carbónico.
Antonieta: Peleando, conociendo, amando.
Francisco: Todos mordiendo un sueño.
Antonieta: Yo tengo tantos... ¡Exploto de sueños!
Francisco: ¿Cuáles?
Antonieta: Conocer... meterme en revoluciones, protestar, sentirme en paz...
Francisco la abraza.
Francisco: Y amar...
Antonieta: Un sueño es amor. Lo buscas y creces en amor. De nada vale vivir si no peleas los sueños día a día...
Francisco: ¿Y yo?
Antonieta: Formas parte.
Francisco: Me gustaría compartir todo.
Pausa corta.
Antonieta: No puedes. Deberías entenderlo mejor que yo.
Francisco: Eso suena a egoísmo.
Antonieta: El mundo es el egoísta. Hay que cambiarlo y volverlo generoso.
Francisco: Es una tarea un poco pesada. ¿No te parece?
Antonieta: jLa mejor tarea!... Vivir no tiene otro objeto que mejorar el mundo... Eso...eso es lo más importante que he aprendido... Más importante que el miedo a la muerte...
Francisco: ¿Muerte?... (Ríe un poco) ¿Tú, tan joven?
Antonieta: Una delegación toca las puertas del Limbo.
Francisco: ¿Cómo?
Antonieta: Dios se ríe tras la puerta. La delegación espera que abra para exigir mi muerte inmediata.
Francisco: En la guillotina, supongo.
Antonieta: O un ángel rencoroso, ansioso de picarme con una espada...
Francisco: Bueno, entiendo. (Pausa corta) Cada ser humano puede morir en cualquier instante, pero mientras no ocurra...
Antonieta: Te tragas la vida a dentelladas.
Francisco: Con cierta tranquilidad, amor. ¿No crees? Hay que evitar los infartos.
Antonieta: Hay que motivarlos. (Francisco le besa el cuello) ¿Por qué me trajiste aquí?
Francisco: Me parece un bello lugar para feos propósitos.
Antonieta: ¡Abrázame fuerte! (Francisco lo hace) ¡Así, bello! ¡Rómpeme las costillas!...
Antonieta se separa.
Francisco: Estoy cachondo, bellaco, caliente...
Antonieta: (Adoptando pose sensual en el banco) Casi podríamos decir que estamos en el campo...
Francisco: Casi... Aquí salió la cancion... “Quiero acostarme contigo en la hierbita En la hierbita, en la hierbita”...
Antonieta: Y el traslado lo efectuamos en mo-to-cicle-ta.
Francisco: (Casi sobre Antonieta) Ajá...
Antonieta: (Acuesta a Francisco sobre el banco. Lo acaricia mientras explica) Una joven de hogar decente no debe ir a paseos al campo. Debe rehuir las acechanzas de tricicletas, bicicletas y motocicletas...
Francisco: ¿Acechanzas?
Antonieta: Sabido es que esos perversos medios de transporte han contribuido a la deshonra de innumerables doncellas.
Francisco: ¿Sí?... Tendré que usar la mía con más frecuencia.
Antonieta: Por eso le di tantas largas a venir contigo al campo. Me frenaba el temor de las seducciones diabólicas de tu motocicleta.
Francisco: ¿Te practicaste un exorcismo antes de venir?
Antonieta: Algo de eso...
Francisco: ¡No me digas!...
Antonieta: Hay cosas inevitables. ¿No crees?... Días atrás fui a un ginecólogo. Me examinó y determinó mi virginidad...
Francisco: (Asombrado) ¿Virgen?
Antonieta: Aplaudió mi estado de salud y me recomendó unas excelentes pastillas anticonceptivas...
Francisco: ¿Pastillas?... ¿Es que no quieres?... Bueno, un niño es la cosa más bella del mundo...
Antonieta : Cuando lo deseas. De resto es un camión que te cae encima.
Francisco: Bueno... Yo creo que estamos listos... ¿No?..
Antonieta le toma la mano. Lo hala.

Antonieta: Ven.
Francisco: ¿A dónde?
Antonieta: Vamos a sentarnos sobre la motocicleta.
Francisco: (Siguiéndola) ¿No te parece mejor aquel claro que está por allá...

Antonieta: La motocicleta. Es una obsesión que quiero quitarme...
Francisco: (La sigue y canta) “Quiero acostarme contigo en la hierbita... En la hierbita, en la hierbita”...
Se dirigen a la motocicleta que se encuentra tras ellos. Se besan y besan. Disminuye luz mientras suenan los fabulosos acordes de: “Quiero acostarme contigo en la hierbita, en la hierbita, en la hierbita”.
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