La trama






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¿Solo o en compañía de otros? Esta pregunta podría resumir el espíritu de este trabajo y, por extensión, de la trama que siempre envolvió al caso Ummo. Porque, aunque ha quedado demostrado que el artífice principal de este puzzle fue el psicólogo José Luis Jordán Peña, lo cierto es que siguen faltando piezas y hay otras que no terminan de encajar. Cuarenta años después, MÁS ALLÁ ha hablado con los protagonistas de este affaire.Sus palabras encierran algunas claves del enigma.

En abril de 1993, el psicólogo industrial y entonces vicepresidente de la Sociedad Española de Parapsicología, José Luis Jordán Peña, onfesó ser el autor material de
toda la trama Ummo (MÁS ALLÁ, 75 y 235). La decepción fue enorme entre los protagonistas directos del caso, es decir, los receptores de las célebres cartas ummitas, fieles depositarios de supuestos mensajes procedentes de una civilización extraterrestre localizada en torno a la estrella Iumma –en nuestras tablas astronómicas, identificada provisionalmente con Wolf 424–, situada a 14,6 años luz de la Tierra, según revelaban las misivas (mecanografiadas y remitidas por vía postal). No obstante, jóvenes ufólogos como Javier Sierra, José Juan Montejo y Manuel Carballal ya venían pisando los talones a Jordán Peña desde unos años atrás. Y es que existían claros indicios de su implicación directa en el caso y así lo manifestaron en más de una ocasión. Estos investigadores descubrieron que Jordán Peña y Vicente Ortuño, testigos del caso Aluche (uno de los avistamientos sobre los que se sustentaba el affaire Ummo), ya se conocían antes del incidente, algo que ambos habían negado siempre. Además, resultaba sospechoso el estilo similar de los dibujos realizados por Jordán Peña para ilustrar su libro Casas encantadas (1982) y el de los que acompañaban algunos informes umitas. Por su parte, Cuadernos de Ufología publicaba en septiembre de 1988 un demoledor artículo titulado Ummo: 20 años de paranoia compartida, cuyo autor, Carlos Berché, señalaba a Jordán Peña como posible promotor del fraude. Aun así, ¿han quedado resueltas todas las incógnitas? ¿Hay todavía piezas sueltas en este complejo rompecabezas? ¿Actuó Jordán Peña solo o tuvo colaboradores?

La trama



Hemos entrevistado a varios personajes que vivieron toda aquella historia de cerca para conocer sus impresiones sobre unos acontecimientos ya lejanos en el tiempo. En su día, asistieron a las célebres tertulias de La ballena alegre, local situado en los sótanos del madrileño café Lyon. En aquellos encuentros, surgidos en los años sesenta, un tal Fernando Sesma Manzano –el primer receptor de informes ummitas–leía en voz alta los supues- tos mensajes extraterrestres, entusiasmando al público (desde 1962 ya venía manteniendo contacto con Saliano, un supuesto ser procedente del planeta Auco). De allí surgió el “grupo de Madrid”, un colectivo formado por simpatizantes de los ovnis y receptores de documentos de Ummo (más tarde, en 1970, formarían parte de la asociación Eridani A.E.C., fudada, entre otros, por Jordán Peña y Félix Ares de Blas, actual presidente de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico). Con algunos de los involucrados en el caso pude reunirme recientemente en la capital española, incluido el propio Jordán Peña, para saber cómo están las cosas en estos momentos respecto a una historia que tanto interés mediático despertó, sobre todo tras la observación de un presunto ovni ummita en los cielos de San José de Valderas (Madrid) el 1 de junio de 1967. En compañía del jurista José Juan Montejo, uno de los investigadores mejor informados sobre Ummo –al que agradezco su asesoramiento y colaboración–, y del joven periodista David Cuevas, director del programa radiofónico La sombra del espejo, tuve la oportunidad de entablar encuentros inolvidables con Enrique Villagrasa, Juan Aguirre, Pepe Atín, José Ariznavarreta, Juan Ignacio Cuesta y el ya citado Jordán Peña, entre otros. Con este último mantuvimos una reunión de más de cuatro horas en su propio domicilio, donde respondió amablemente a la batería de preguntas que le formulamos, algunas ciertamente incómodas. Reconstruir la ramificada historia del caso Ummo no es tarea fácil. Hablamos de sucesos acaecidos hace varias décadas, y no siempre vinculados estrictamente a lo ufológico. Los protagonistas –algunos octogenarios– ya olvidan detalles concretos, confunden fechas e interpretan los hechos en función de sus creencias y de su apego afectivo al tema. Eso lo sabe muy bien el experimentado investigador José Juan Montejo, quien, pacientemente y a base de contrastar al máximo cuanta información le llega, intenta ensamblar las piezas de este puzzle en una tarea casi más detectivesca que ufológica. En este sentido, el affaire Ummo resulta fascinante, en principio porque si se trató de un montaje perfectamente urdido sería interesante conocer las motivaciones e implicaciones de ciertos personajes en esta historia, averiguar si sirvieron para algo positivo las aportaciones de reconocidos ufólogos (o añadieron, si cabe, más confusión) y considerar si han merecido la pena el tiempo y el empeño que muchos dedicaron a los emisarios de Ummo, que incluso convirtieron en el eje de sus vidas (generándose finalmente lo que el doctor Berché diagnosticó como un “delirio compartido”). Como vemos, la cuestión no es baladí. Por eso, el presente artículo –una mera pincelada en el enorme lienzo ummológico no tiene mayor pretensión que exponer la opinión de algunos protagonistas de una historia sobre la que aún quedan muchos interrogantes por desentrañar. Como he señalado anteriormente, ya se barajó en su día la posibilidad de que Jordán Peña fuese el artífice del affaire Ummo tras comprobar su participación en los casos de Aluche y San José de Valderas, fraudulentos según las investigaciones más convincentes. Sin embargo, hay que reconocer también que desde su autoinculpación apenas ha aportado evidencias que avalen su autoría en esta historia. Eso ha llevado a ciertos ummólogos a poner en cuarentena sus declaraciones, señalando que miente para confundir. “Con Jordán Peña nos hemos llevado una gran decepción. Tras su primera confesión esperábamos que antes o después aportara pruebas más o menos claras de su implicación, pero lo que ha aportado ha sido paupérrimo y escaso”, apunta Montejo, que ha descubierto muchas contradicciones en las sucesivas declaraciones de Jordán Peña en función de sus conveniencias y del entrevistador. No es de extrañar, pues, que el ufólogo Juan José Benítez, que ha tenido la oportunidad de entrevistar a Jordán Peña varias veces, se fíe muy poco de él: “Jordán es un mentiroso patológico. En mi caso, al menos, no resulta cómodo comprobar cómo un individuo va cambiando de criterio y modificando los hechos conforme transcurren los meses y los años”, advierte en su libro El hombre que susurraba a los ummitas (2007).

Llegamos puntuales a la cita con Enrique Villagrasa Novoa y su encantadora esposa,
Elena. Nos acomodamos en un elegante salón de su hogar para realizar la entrevista, ante varios carpetones con informes ummitas originales que amable-
mente extrajo de sus archivos para nuestro deleite. Enrique, ingeniero de obras públicas hasta su jubilación, fue uno de los asiduos a las tertulias de La ballena alegre. Tuvo ocasión de mantener extensas conversaciones telefónicas con los supuestos ummitas. Charlaban de asuntos muy diversos, preferentemente científicos, y días después recibía informes mecanografiados –estampados con el signo ummita– sobre todas aquellas cuestiones que a él le interesaban. “Una de las veces estuve dos horas y media hablando por teléfono con un ummita. Hablábamos de muchos temas y me contestaba a todo lo que preguntaba. Solía telefonearme un señor que se llamaba Dei-98”, recuerda. Él llegó a las tertulias antes de que surgiera el tema Ummo. Era la época en la que Sesma leía los extravagantes mensajes de Saliano, que tanta risa despertaban entre los contertulios. “Fue en los años 50. Leí en un periódico que había unas reuniones en La ballena alegre sobre el tema de los platillos volantes. No recuerdo si eran los martes. Cuando yo asistí estaba de moda el caso de la piedra de Sanmartín Luego empezó lo de Saliano y más tarde, en 1966, lo de Ummo”.
–¿Recibió usted muchas cartas ummitas?
–Muchas, pero no sé precisar el número. Las cartas me llegaban con una frecuencia semanal, a veces cada tres días. Luego se leían en público en las tertulias y se fotocopiaban.
–¿Qué le parece la autoinculpación de Jordán Peña?
–Es imposible que Jordán Peña haya podido hacer todos esos informes.
–¿Qué le lleva a estar tan seguro?
–Los ummitas advirtieron de que si en alguna ocasión tenían dificultades tratarían de desacreditar todo lo de Ummo. Esto lo tenían previsto ellos. Jordán Peña actuó por indicación de los de Ummo.
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