Paper La crisis económica de la Unión Europea: ¿Complejo de Saturno o Síndrome de Estocolmo? Parte I europa y sus propios problemas






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En términos de tamaño económico, Alemania es el centro neurálgico de Europa, seguido del Reino Unido, Francia e Italia, mientras que Malta es sin duda la economía más pequeña de la eurozona.

El Reino Unido se muestra en gris en el mapa porque no pertenece a la zona del euro, pero es fácilmente la mayor economía de la UE que no han adoptado el euro.

Si nos fijamos en los miembros de la eurozona en términos de PIB per cápita, la situación es distinta. Luxemburgo es de lejos el líder de la liga en este ranking. De hecho, es el país más rico del mundo según esta medida, con las Bermudas y Noruega en segundo y tercer lugar.

La economía de la eurozona representa más del 75% del PIB global de la UE. La UE en su conjunto compite con Estados Unidos por el título de la mayor economía del mundo: cada uno que representa alrededor del 20% del PIB mundial.



La zona del euro en su conjunto ha salido de la recesión mundial, pero la recuperación sigue siendo insuficiente y frágil, ya que algunos países todavía no han registrado un crecimiento renovado.

En las 16 naciones que han adoptado el euro, el crecimiento global para los tres primeros meses de 2010 fue de 0,2% con respecto al último trimestre de 2009, según la Agencia de estadísticas Eurostat.

Esa fue una buena noticia después de las contracciones agudas que sufren todos los países del área de la moneda durante el 2009. El Reino Unido, que no está en la zona del euro, se muestra en gris en el gráfico para fines de comparación.

Sin embargo, el panorama sigue siendo sombrío en la República de Irlanda, Grecia, Chipre y Luxemburgo, mientras que los temores de una “doble porción” de la recesión no se pueden descartar.



La recesión mundial ha cobrado empleos en la zona del euro. En marzo de 2010, la tasa de desempleo de la zona fue del 10%.

Pero aquí también hay evidencia de lo lejos que el club de divisas está de una convergencia económica real, con marcadas variaciones en los niveles de desempleo entre los 16 países miembros.

España está en la peor situación, con una tasa de desempleo que se ha duplicado desde 2008 - un hecho dramático tratándose de un país que fue uno de los mayores creadores de empleo de la UE. Y el panorama es aún peor para los jóvenes trabajadores en España, para quienes el nivel de desempleo es superior al 40%.

Por otra parte, Eslovaquia, la República de Irlanda, Portugal, Grecia y Francia tienen tasas de desempleo de dos dígitos que están por encima de la media de la zona del euro, mientras que Holanda es el menos afectado, con un desempleo de apenas 4,1%...

¿Una tragedia griega o una tempestad en un vaso de agua?

Para algunos, los temores del mercado de bonos que afligen a Grecia y otros países europeos brindan un motivo real para preocuparse. Sostienen que mientras los problemas de deuda ahora parecen contenidos, puede extenderse con facilidad. Grecia es sólo una de muchas economías -incluida la de EEUU- que soportan fuertes cargas de deuda como legado de la crisis financiera.



Incluso si los problemas de deuda soberana en países de la zona euro no causan un contagio global a gran escala, los pesimistas afirman que de todos modos el resultado probablemente serán costos más altos para los préstamos en Europa. Esto le restaría bríos a la recuperación económica tanto en el continente como en el resto del mundo.

Grecia “es un llamado de atención”, afirma Henry McVey, director de macroeconomía y asignación global de activos en Morgan Stanley Investment Management. Ahora que las instituciones financieras han reducido sus deudas, “los inversionistas se concentran en qué gobiernos están sobreapalancados”, señala. (The Wall Street Journal - 8/2/10)

Independientemente de si la reacción a Grecia se justifica, el revuelo de principios de febrero de 2010 refleja la naturaleza tenue del sentimiento alcista del mercado bursátil. Los inversionistas empezaron este año en general con optimismo, según las expectativas de una recuperación global “equilibrada” en la que el crecimiento mejoraría, pero a un ritmo lento que permitiría que las tasas de interés se mantuvieran bajas.

El primer problema surgió a mediados de enero, cuando China se movió con mayor rapidez que lo previsto para restringir los préstamos bancarios. En febrero, la crisis de deuda en Europa, que se viene gestando desde hace tiempo, dificulta aún más el proceso.

“Lo que hace un par de semanas parecía un escenario perfecto de recuperación económica ha desaparecido”, escribieron analistas de divisas de BNP Paribas.

La primera semana de febrero (2010), los inversionistas se apresuraron a volver a deshacerse de activos de riesgo, incluyendo materias primas y bonos corporativos. En tanto, el dólar se fortaleció a medida que los inversionistas abandonaban el euro. Para muchos inversionistas, el destino elegido fueron los bonos del Tesoro estadounidense.

Hay una amplia gama de temores, desde una simple desaceleración económica hasta escenarios más extremos como una nueva crisis de crédito en Europa en momentos en que los bancos afrontan pérdidas ligadas a su exposición a la deuda gubernamental, o un retiro de países como Grecia de la Unión Europea. El mayor temor es el contagio, que los problemas de las economías atribuladas se diseminen a medida que los inversionistas se apresuran a vender sus inversiones en mercados aún saludables más accesibles para compensar pérdidas en lugares como Grecia.

La caída en los mercados financieros mundiales ha intensificado las dudas de los inversionistas sobre los bancos que podrían tener exposición a la deuda de las economías europeas en apuros.

La preocupación es que las instituciones financieras, en especial las de Europa, enfrenten una nueva ronda de problemas debido a su exposición a la deuda soberana de Grecia, Portugal, España, Irlanda y otras economías con un mayor riesgo de declararse en cesación de pagos. Eso podría frenar una recuperación incipiente en un sector que tal vez no está preparado para afrontar una nueva crisis.

Buena parte de la deuda que desvela a los inversionistas estaría en las manos de las entidades locales de cada país, aunque hay indicios de que los bancos europeos podrían tener parte de estos activos. Incluso si los bancos no poseyeran montos importantes de deuda soberana, hay dudas sobre la exposición a los mercados en problemas de sus carteras de crédito. “Los efectos de esto son negativos”, manifestó Jon Peace, analista de Nomura en Londres. Peace, por ejemplo, redujo su recomendación del banco español BBVA debido a su exposición a la deuda soberana de España.

Según cifras del Banco Internacional de Pagos, los bancos franceses y suizos tienen una exposición de US$ 75.500 millones y US$ 64.000 millones a Grecia, respectivamente. Los bancos británicos, en tanto, tienen una exposición de US$ 193.000 millones a Irlanda y los alemanes tienen una exposición de US$ 240.000 millones a España.

Contagio financiero

El domingo 7 de febrero (2010), los ministros de Finanzas del grupo de las siete economías más industrializadas del mundo (G-7), trataron de disipar las dudas sobre la deuda griega en medio de los temores de que los problemas se diseminen a otros miembros de la zona euro.

Timothy Geithner, el secretario estadounidense del Tesoro, señaló que los países europeos y el G-7 manejarían la situación de Grecia con extremo cuidado. Otros asistentes al encuentro realizado en una remota localidad de Canadá subrayaron que, al ser un país relativamente pequeño, Grecia no constituía una gran amenaza al sistema financiero global.

Los mercados, no obstante, parecen concentrados en las repercusiones más allá de Atenas. “Nadie está tan preocupado por Grecia, sino por el contagio potencial”, afirma Axel Merk, presidente y director de inversión de Merk Mutual Funds.

Lo que más preocupa a las autoridades europeas es que las dudas de los mercados se traspasen desde los países altamente endeudados, como Portugal, Grecia, Irlanda y España, a los miembros de la zona euro con finanzas más sólidas. Los bonos de Bélgica y Austria ya se vieron presionados en la primera semana de febrero.

“Los trastornos en Grecia han reducido la liquidez del mercado”, indicó Mohamed El-Erian, presidente ejecutivo de la firma estadounidense de renta fija Pacific Investment Management Corp. “Como resultado, las economías vecinas se han convertido en coberturas parciales para exposiciones que no se pueden cubrir directa y totalmente”.

Países como Bélgica, Austria y Francia, en todo caso, deberían ser capaces de sortear un asalto contra sus bonos pese a su alto endeudamiento porque no dependen de los inversionistas extranjeros para financiar sus déficits, señala Sebastien Galy, estratega cambiario de BNP Paribas en Nueva York.

La transmisión de presiones especulativas desde un país, banco o moneda a otro, un fenómeno conocido como “contagio financiero”, ha sido el motor de algunas de las peores crisis financieras de los últimos años. A menudo, la presión se traspasa de un grupo de activos financieros a otros a medida que los inversionistas reaccionan a las pérdidas al liquidar otros activos en su portafolio.

Durante la crisis asiática de 1997, que partió con la devaluación de la moneda tailandesa, una serie de países con importantes déficits en cuenta corriente se vieron afectados. Esto es lo que parece ocurrir ahora con la zona euro, señala Ricardo Hausmann, profesor de la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard y ex ministro de Planificación de Venezuela.

Deuda soberana sin freno

La mayor recesión de la posguerra se ha cebado con las cuentas públicas europeas. La caída de la recaudación asociada al deterioro económico, el coste de las prestaciones por el creciente desempleo y los ingentes programas de gasto para contener la caída, han llevado a una situación cercana a la emergencia en un buen número de países. Las cuentas cerradas de 2009 arrojan en la mayoría de los casos niveles récord de déficit presupuestario. Son especialmente sonados los casos de Grecia, España e Irlanda, con desfases superiores al 11% del PIB, que, entre otros factores, les han llevado al foco de los ataques de los mercados. Pero igualmente lacerante es el 12,6% que sufre Reino Unido, otrora guardián de la estabilidad. Con esas referencias, el descuadre de Francia (7,9%) parece casi una situación desahogada, pero refleja un deterioro financiero preocupante.

La Comisión Europea se ha mostrado comprensiva con lo extraordinario de la situación y ha extendido hasta 2013 el plazo máximo para regresar al umbral del 3% del PIB que marca el Plan de Estabilidad y Crecimiento. Conscientes de las consecuencias financieras asociadas a la falta de credibilidad (extremo en el que Grecia ofrece un triste ejemplo), los Gobiernos europeos se han apresurado a presentar severos programas de ajuste encaminados a volver a la ortodoxia marcada por Maastricht.



Recuadro I: El “Círculo de Fuego” (EEUU + GB: padre y madre del tsunami financiero)

El gran agujero fiscal de EEUU

En 2001, Bill Clinton dejó la Presidencia de Estados Unidos sin déficit fiscal y la Oficina Presupuestaria del Congreso proyectaba un superávit de US$ 800.000 millones por año entre 2009 y 2012.

Hoy, la deuda pública federal estadounidense se acerca a los US$ 2 billones y el pago de sus intereses se ha convertido en uno de los cuatro grandes gastos gubernamentales. (BBCMundo - 1/2/10)

¿Qué pasó en estos años? ¿Cuánto de esta deuda se debe a las dos presidencias de George W. Bush? ¿Cuánto a las recesiones económicas (2001-2002, 2008-2009)? ¿Cuánto a los rescates de los bancos y a la inyección fiscal a una economía moribunda?

Según Josh Bevins, investigador del Economic Policy Institute de Washington, la mayor parte de este déficit se debió a decisiones políticas.

“En el período 2001-2008, el deterioro del déficit se debió a la política de reducción impositiva de 2001 y 2003 que explica un 50% del deterioro fiscal. Las guerras en Irak y Afganistán son una cuarta parte del déficit. En 2008-2009, el gran responsable es la recesión”, le indicó Bevins a BBC Mundo.

La recesión produjo una caída de la recaudación por menor actividad económica equivalente a unos US$ 800.000 millones.

A esto hay que sumar el paquete de estímulo fiscal de US$ 700.000 millones y el mega rescate de los bancos, cuyo costo final aún está siendo calculado, pero que Bevins estima en unos US$ 120.000 millones.

Escalera al infierno

Más allá del debate político, lo cierto es que la deuda que financia este déficit es un espiral ascendente que puede terminar en un infierno.

El pago de intereses se ha convertido en el cuarto rubro del gasto federal estadounidense después de Defensa, Seguridad Social y Atención Médica.

Esto, en momentos en que las tasas de interés están en un mínimo histórico amortiguando el impacto en las cuentas fiscales, un alza en las tasas cambiaría esta ecuación.

En un estudio muy debatido en EEUU, Alan J. Auerbach, de la Universidad de California, Berkeley, coincide con Bevins en que el origen del problema es la presidencia de Bush, pero señala que Barack Obama puede agravar la situación.

“Bush fue extremadamente irresponsable durante ocho años. Es injusto achacarle a Barack Obama el problema. Por otra parte, no lo está solucionando. Si no lo soluciona lo empeora”, opina Auerbach.

Según Bevins, del Economic Policy Institute, el problema del déficit es a mediano plazo y depende enteramente de la recuperación económica y del nivel de empleo.

“El gran problema es el empleo. Si logramos el pleno empleo en 2015 habría que plantear allí una reducción del déficit fiscal. Pero esto no está garantizado”, le señala Bevins a BBC Mundo.

El dilema de Obama es que, si la economía deja de crecer, la deuda aumentará porque habrá menos recaudación y más gasto social, pero si no hace nada, el peso mismo de la deuda puede resultar abrumador.

Obama bate el récord histórico de gasto y déficit público de EEUU

Obama persiste en su receta de estimular la economía con dinero público. El presupuesto del año 2010 llega a los 3,8 billones de dólares, un nuevo récord que hace aumentar el déficit. (Libertad Digital - 1/2/10)

El crecimiento del 5,7% en el último cuatrimestre de 2009, que probablemente se deba a un espejismo provocado por la reposición de inventarios en la industria, ha animado al presidente Barack Obama a abrir la espita del gasto en un año decisivo para la recuperación económica mundial.

El presidente enviará a las cámaras un presupuesto federal de 3,8 billones de dólares. Obama sigue empeñado en medidas de estímulo económico para salir de la crisis. La principal preocupación en Estados Unidos actualmente son las alarmantes cifras de desempleo, que ha superado la barrera psicológica del 10% por vez primera desde 1983.

Gasto en Defensa, empleo y sanidad

Casi la mitad de los parados norteamericanos han engrosado las listas del desempleo en los últimos dos años, en los que se han destruido siete millones de puestos de trabajo. Obama va a destinar a ayudas a la contratación cerca de 100.000 millones de dólares, que se suman a los 800.000 millones que el Estado dedicó en 2009 para paliar el desempleo. Sin efecto alguno, tal y como se ha podido comprobar.

El paquete de incentivos al empleo que pretende sacar adelante Obama incluye una ayuda de 5.000 dólares por empleado contratado a las pequeñas empresas. Este programa tiene una dotación de 33.000 millones de dólares, que saldrán íntegramente del Gobierno federal.

Algo menos, 25.000 millones de dólares, irán destinados a los estados para que financien los gastos del programa de asistencia Medicaid, destinado a la gente de bajos recursos.

La parte del león se la lleva el gasto militar. Para 2010 Estados Unidos dedicará 708.000 millones de dólares en sufragar los cuantiosos gastos de sus Fuerzas Armadas. 161.000 millones se irán directos a las guerras de Irak y Afganistán de donde, a pesar de las promesas electorales del entonces candidato Obama, los soldados norteamericanos no van a retirarse. En términos relativos, el presupuesto de defensa básica crece un 1,8%, mientras que el departamento de seguridad interna (Homeland security) crece un 2%.

Subida de Impuestos

Un ritmo de gasto semejante precisa de mucha gasolina fiscal. Las bajada de impuestos que George Bush aplicó a las rentas superiores a 250.000 dólares (170.000 euros) se acaba y, según Obama, eso reportará a las arcas estatales 678.000 millones frescos. Una nueva tasa que gravará a las firmas financieras conseguirá arrancar otros 90.000 millones, y la eliminación de las reducciones fiscales a la industria del carbón y el petróleo otros 40.000 millones más.

Congelación de gastos

A cambio, y para cubrir esa riada de dinero público que va a derramarse sobre la economía en ese año (2010), la administración propone congelar el gasto durante los tres próximos años en algunos programas gubernamentales. Esto le ahorrará al Estado 15.000 millones de dólares durante este año.

Una miseria en comparación con el creciente capítulo de gasto. En 2009 el gasto no militar ascendió un 5%, este año lo hará un 7%. Eso sin incluir los paquetes de estímulo. Incluyéndolos el incremento de gasto se iría al 17% este año y un 11% el año pasado.

El gasto público en Estados Unidos se ha duplicado en sólo nueve años. De los 1,8 billones que se gastaron en 2001 a los 3,8 que muy probablemente se gastarán en este ejercicio fiscal.

Más déficit

Con la propuesta de gasto en la mano, la administración Obama espera llevar el déficit público hasta los 1.6 billones de dólares, complicando aún más la pesada carga de la deuda soberana, que supera ya los 12 billones de dólares, es decir, el 90% del PIB, una cifra histórica sobrepasada sólo durante la 2ª Guerra Mundial.

El plan de Obama es empezar a reducir déficit a partir de 2011, cuando espera dejarlo en “sólo” 1,3 billones, que irán a engrosar la abultada deuda pública estadounidense, la mayor del planeta.

La Casa Blanca prevé un déficit para el año fiscal 2011 de US$ 1,267 billones

Estados Unidos registrará un déficit presupuestario de US$ 1,267 billones (millones de millones) en el año fiscal 2011, señaló el lunes la Casa Blanca, en un presupuesto de US$ 3,834 billones que busca alcanzar un equilibrio entre fomentar la creación de empleo en el corto plazo y hacer frente a los problemas fiscales de la nación durante la próxima década. (The Wall Street Journal -
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