El misterio de la trinidad, misterio de comunióN, en el carisma y espiritualidad concepcionista






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EL MISTERIO DE LA TRINIDAD, MISTERIO DE COMUNIÓN, EN EL CARISMA Y ESPIRITUALIDAD CONCEPCIONISTA.

M. Mª Henar Yubero Soto

Marcilla, Septiembre, 2009
I.- EL MISTERIO DE LA TRINIDAD

El título sobre el que nos toca reflexionar este año lo podemos dividir en tres partes:


  • ¿Qué podemos decir del Misterio de la Trinidad?

  • Su influencia en el Carisma y espiritualidad concepcionista

  • Misterio de Comunión



1.- ¿Qué podemos decir del Misterio de la Trinidad?,
Comenzamos la primera parte y lo primero que a una se le ocurre es preguntarse ¿cómo puedo yo hablar de un misterio tan grande y tan profundo? ¿Cómo transmitir mi corta experiencia de este Misterio? Hay dos respuestas: una echarse atrás, otra intentarlo. Elegimos esta última y vamos a intentarlo. Si al final me decís que he despertado en vosotras el deseo de seguir profundizando y sobre todo amando este Misterio habré logrado mi objetivo.
Nosotras somos una pequeñísima parte de todos los que se han preguntado por este Misterio. La reflexión sobre este Misterio recorre toda la historia del pensamiento cristiano, cuando se quiere reflexionar sobre Dios. En su reflexión gastaron la mayor parte de sus vidas grandes Padres de la Iglesia primero y grandes teólogos después y junto a ellos los grandes místicos.
La revelación más clara la tenemos en el Nuevo Testamento, de él parte toda reflexión y en él se basan todas las experiencias místicas sobre este Misterio. ¿Cómo es nuestro encuentro con Dios? Siguiendo de alguna forma a Francisco Contreras, cmf1 en su último libro, que recoge la experiencia mística vivida en los meses de su última enfermedad, vemos que él describe que la relación de Dios con el hombre comenzó con el encuentro de ambos en un jardín, el Paraíso; continua en el jardín de la vida como recoge el “Cantar de los cantares”; y termina en el jardín del Huerto de Jerusalén, en la mañana de Resurrección, que es el encuentro que da sentido y plenitud a los otros dos. Profundizamos estos encuentros:
a.- Primer encuentro
La historia de la relación de Dios con el hombre comienza según Gen 1, 27, cuando Dios decide crear al ser humano y lo hace “a imagen suya, a imagen de Dios los creo, hombre y mujer los creo” y “tomó Dios al ser humano y lo dejó en el jardín del Edén”, Gen 2,15. El autor nos lo cuenta como una historia de amor. Por amor Dios crea al hombre y lo coloca además en un jardín en el que puede disfrutar de todo tipo de dones, de todo lo que puede necesitar o apetecer. Le concede hasta una compañera, de quien Adán mismo afirma que es igual que él. Dios los destina a ser felices los dos juntos y gozando, además, de su compañía, ya que nos sigue diciendo que Dios bajaba todas las tardes a pasear por el jardín con Adán y Eva. En este momento ni Adán ni Eva tuvieron problema para relacionarse con Dios, ya que no tenían que preguntarse por lo que ellos veían y contemplaban.
Pero surge el misterio del pecado, el hombre quiere ser igual a Dios y se equivoca, quiere serlo por sus propios medios y lo que consigue es romper esta amistad tan íntima de la que gozaban diariamente con Él. A partir de este momento, ya Dios no es un Dios que se muestre tan cercano al hombre. Éste es arrojado del jardín y Dios ya no baja a pasear con ellos. Es verdad, que la Sagrada Escritura nos sigue hablando de que el amor es más fuerte que el pecado, por eso nos muestra a un Dios, que no abandona al hombre a su suerte, Dios permanece fiel, sigue velando por el hombre y le promete un salvador.
Pero el hombre ya no siente a Dios de la misma manera. A partir de ahora lo va a tener que buscar, es un Dios que se muestra sólo a partir de sus obras, de los acontecimientos, de sus cuidados y de sus actuaciones en favor de su pueblo. Pero es un Dios escondido, el hombre ya no puede conocerle en su intimidad. Y eso lo experimentamos también nosotras.
b.- Segundo encuentro
Nos encontramos con un segundo jardín el del “Cantar de los cantares” en el que vuelve hablarse de Dios como el “amado” y del ser humano como de la “amada”, una amada que busca insistentemente al amado. Mientras éste juega a mostrarse y esconderse, ella no para de preguntar por él, aunque quizás no siempre lo haga adecuadamente y se entretiene con cosas. No permanece inactiva presa de su aflicción, corre, busca, pregunta...
Podemos decir que el autor recoge las búsquedas de Dios tanto por parte de la Iglesia como por parte de cada persona, en su vida espiritual. Cada una nosotras podemos confrontar nuestras búsquedas de Dios con esta historia de amor y quizás podamos vernos reflejadas en ella y al mismo tiempo debemos aprender, también, que es lo más necesario para encontrar al Amado que buscamos, y cómo no debemos entretenernos con personas y situaciones que más que acercarnos nos pueden alejar de Él.
Refleja la búsqueda insistente por parte del pueblo de Israel, primero, y por parte del pueblo cristiano, después. Una búsqueda que parte de la Escritura, de los profetas y sigue por los Padres Apostólicos, para pasar por los Apologetas a los primeros teólogos de la Iglesia. Búsqueda y reflexión a la que se han dedicado Concilios: Nicea, Constantinopla, Calcedonia…, sigue con Agustín, Ricardo de San Víctor, Tomás, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Isabel de la Trinidad y llega a nuestros días con Bart, Rahner y otros muchos teólogos y místicos actuales.
c.- Tercer encuentro
El último jardín le encontramos en Juan 20, 1-18, en él se vuelven a encontrar el hombre y la mujer, él es Jesús resucitado y ella es la Magdalena, que representa a la Iglesia. María en su noche oscura busca a Jesús y no lo reconoce, hasta que le llama por su nombre. Juan nos narra cómo Cristo se revelará al final a la Iglesia que sigue buscando a Dios sin descubrirlo plenamente, aquí Jesús nos manifiesta que Dios es “su Padre y nuestro Padre”, es la suprema revelación de nuestra fe cristiana. Esta escena se completará con la de la venida del Espíritu. Será el encuentro final, cuando le veamos cara a cara.
Pero mientras llega ese día del encuentro con Dios para nosotras, vamos buscando a ciegas, como la amada, como Magdalena, intentamos comprender un poco que es el Misterio de la Trinidad, muchas veces como ella no lo reconocemos hasta que no nos llama por nuestro nombre, pero al igual que para María Magdalena, también, para la Iglesia es muy importante esta reflexión trinitaria, esta búsqueda y esfuerzos de siglos por llegar a conocer un poco el interior de Dios y llegar a descubrir su presencia entre nosotros. También para nosotras tiene mucha importancia, quizás no lleguemos a altas reflexiones teológicas, pero todas podemos como Magdalena sentirnos llamadas por nuestro nombre y descubrir a la Trinidad que inhabita en cada una, y aprender de Ella.
Al recorrer la Historia de la Teología, se comprueba que en todas las épocas hay personas que han intentado profundizar y conocer un poco más este gran Misterio para luego explicarlo a los demás. Todos han llegado a la misma conclusión que se hace Agustín y que nos hacemos nosotros, tenemos un lenguaje muy rico en vocabulario y sin embargo, se queda muy corto a la hora de poder explicar lo que es la Santísima Trinidad y lo que cada uno va experimentando de este Misterio.
2.- Presencia de la Trinidad en nuestra vida
La historia de la reflexión sobre la Trinidad la podríamos situar en el segundo encuentro, ya que por parte de Dios es un hacerse presente en algunas ocasiones, mientras que en otras se esconde y oculta. Por parte del hombre es un deseo de llegar a conocer lo más intimo de Dios y comprobar lo pequeña que resulta nuestra capacidad de comprensión ante la grandeza divina.
Muchas veces nos encontramos con un contra sentido, ya que la Trinidad está muy presente oficialmente en la vida de los cristianos: en su nombre somos bautizados, la recordamos al hacer la señal de la cruz, en la Eucaristía y demás sacramentos, en las oraciones..., está representada en nuestros templos en retablos y cuadros...La Trinidad ocupa un lugar central en la liturgia, en la que las doxologías trinitarias son frecuentes, con ellas concluyen oraciones y plegarias y, sin embargo, esto no impide que para muchos cristianos se quede en un misterio incomprensible, es decir, se quede en el campo teórico e intelectual, en los aspectos teológicos y especulativos que muy poca influencia ejercen en la vida del creyente medio que después no vive su presencia ni su experiencia, no influye en la manera de vivir nuestra fe. Por eso tanto Karl Rahner como Bruno Forte, en la segunda mitad del siglo XX pueden hablar del exilio de la Trinidad hasta en la misma Teología y desde luego en la vida cristiana.
Con motivo del cambio de milenio, Juan Pablo II hizo un gran esfuerzo por recuperar el valor y la influencia de este Misterio en nuestra vida y en la vida de la Iglesia. Para ello dedicó los cuatro últimos años del siglo XX a reflexionar sobre cada una de las tres personas y el año 2000 a reflexionar sobre el Misterio de la Trinidad. Parece que no se consigue gran cosa, muchas veces decimos que asistimos a cursillos, reflexionamos sobre temas, y después los guardamos y ya no sirven para nada. Algo parecido ha podido suceder a muchos con estos años de reflexión trinitaria, sin embargo, algo ha cambiado en la Iglesia y podemos adelantar como luego veremos que mucho ha cambiado en nuestra Congregación durante estos años con relación a la Santísima Trinidad.
Si miramos a la Teología, os puedo decir que me ha tocado vivir las dos etapas: la primera cuando yo estudie, teníamos una asignatura que era “Misterio de Dios” y los temas a tratar eran sus atributos: Dios creador, omnipotente, omnipresente, todopoderoso..., y lo que opinaban de Dios teólogos católicos, protestantes, anglicanos... Pero no había una profundización sobre cada una de las Personas ni sobre Dios, Uno y Trino.
La segunda etapa me ha tocado ahora, cuando me pidieron explicara el “Misterio de Dios”, que podía ser como aún hacen algunos basándose en el Dios de los filósofos y los teólogos, o bien desarrollando “Dios, Uno y Trino”, que es por lo que se opta en la Facultad de Teología de Granada, intentado conocer un poco a este Dios que se deja entrever pero que al mismo tiempo es demasiado profundo para nosotros. Conviene conocer un poco el Misterio para después experimentarlo.
3.- Conocimiento del Misterio Trinitario: Axioma de Karl Rahner
¿Podemos conocer el Misterio de Dios uno y Trino?

A Rahner se debe un axioma fundamental que se ha llegado a hacer famoso y es la base de toda reflexión posterior: “la Trinidad económica es la Trinidad inmanente y viceversa”. Rahner desarrolla la primera parte que no es conflictiva, porque realmente todo lo que es la Trinidad económica es la Trinidad inmanente, pero no explica lo de viceversa. Traducido a nuestras palabras afirma que el ser interno de Dios se manifiesta en su relación con el hombre, en la medida que la Trinidad decide manifestarse y que nosotros podemos recibir esta comunicación gratuita de Dios.
La Comisión Teológica Internacional acepta este axioma y lo traduce así: “La Trinidad que se manifiesta en la economía de la salvación es la misma Trinidad inmanente, y la misma Trinidad inmanente es la que se comunica libre y graciosamente en la economía de la salvación”. Quedan un poco más claras ambas partes, pero sobre todo aclara la segunda como veremos ahora.
Bueno, vamos a explicar un poco estas definiciones. Tanto Rahner como la Comisión Teológica Internacional, lo que nos quieren transmitir es que a la vida íntima de Dios no podemos llegar nosotros con nuestra limitada inteligencia humana. Nos puede pasar a nosotros lo que cuentan de Agustín y el Niño que quería meter el agua del mar en un pequeño hoyo que había hecho en la playa... Entonces ¿no podemos conocer nada de Dios? Sí, gracias a la reflexión y profundización llevada a cabo por tantos Padres, teólogos y místicos, podemos llegar a conocer un poco de esa rica vida interior de la Trinidad.
Para que lo conozcamos, Dios se nos revela en: la creación, en su Palabra escrita y en Jesucristo que es quien nos le da a conocer conjuntamente con el Espíritu, según el querer del Padre. Esta revelación de Dios llevada a cabo en la historia salvífica es lo que llamamos economía. Es decir, lo que Dios obra fuera de Él mismo, lo que le es exterior. Rahner decía que la Trinidad económica es la inmanente, ya que lo que Dios nos revela no son sus acciones sino que éstas nos comunican a Dios mismo, a su ser. Luego no puede ser distinto su ser y su obrar. Todo lo que Dios nos revela pertenece a su vida íntima, nada se opone, ni es diferente al ser de Dios. Pero Dios se nos manifiesta según nuestra capacidad, como muy bien le explicaba a Teresita de Lisieux su hermana, según es el tamaño del vaso así es la cantidad de agua que recoge pero siempre están llenos.
En cuanto a la segunda parte está un poco más complicada en Rahner, ya que “no toda la Trinidad inmanente se revela en la económica”, Dios es mucho más inmenso que nuestro pequeño conocer. Esta distancia la salva la Comisión Teológica Internacional, diciendo: “La Trinidad que se manifiesta en la economía de la salvación es la misma Trinidad inmanente”, es decir, la Trinidad nos va manifestando lo que Ella ve más necesario que conozcamos sobre su ser íntimo. Y no pone viceversa, sino que dice, “y la misma Trinidad inmanente es la que se comunica libre y graciosamente en la economía de la salvación”, es decir, todo lo que la Trinidad nos comunica es Ella misma y lo hace libre y gratuitamente, pero no quiere decir que se nos comunique totalmente, ya que la Trinidad económica no es total ni plenamente la inmanente, por eso, no se puede decir como afirmaba Rahner: “y viceversa”. Ni quiere decir que al comunicarse, disminuya o se perfeccione Dios en su ser íntimo, precisamente podemos decir que su mayor cercanía significa que nos descubre su mayor grandeza, por lo que se mantiene siempre su misterio2.
No son dos Trinidades distintas sino una única y misma Trinidad que tiene una vida interior muy rica. Vida que ha querido comunicarnos y hacernos partícipes de ella. La Trinidad inmanente es el fundamento y razón de la Trinidad económica y ésta a su vez nos revela que hay una riqueza inmensa en Dios, el cual nos ha querido crear y después hacerse uno de los nuestros.
4.- Revelación de Dios
Hemos dicho que Dios se nos revela, se nos da a conocer por la creación, así les pregunta Pablo a los romanos ¿cómo es posible que no hayan llegado a conocer al verdadero Dios en todo lo que les rodea? Les dice: “Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista, Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde que el mundo es el mundo, lo invisible de Dios, es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre su obra...”3 Es verdad que la naturaleza nos habla de estos Dios, un paisaje, el mar, las montañas, los pájaros, las flores..., por eso dicen que Francisco de Asís e Ignacio de Loyola decían a las flores que callasen, por lo que de Dios les hablaban y les descubrían. Pero, es verdad, que esta revelación nos habla de la presencia de Dios en todas las cosas, de su poder y su gracia, pero sólo nos revela que hay un solo Dios... nos manifiesta su amor y cercanía... De aquí es difícil pasar al Dios que es Uno y trino, aunque después muchos Padres de la Iglesia acudan a la creación y a símbolos de la naturaleza para explicarnos la Trinidad de personas.
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