I- el tiempo histórico. Las Edades de la Historia






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fecha de publicación27.07.2016
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IES SIERRA DE GUADARRAMA

DEPARTAMENTO DE CIENCIAS SOCIALES

1º ESO

UNIDAD 2:

LA HISTORIA Y EL CONOCIMIENTO HISTÓRICO




I- El tiempo histórico. Las Edades de la Historia


Hasta ahora nuestra medida del tiempo ha venido marcada por los calendarios. Los calendarios decíamos habían surgido en las diferentes civilizaciones para establecer una medición del tiempo que sirviera tanto a sus necesidades económicas (los ciclos de la agricultura, los mercados) como a sus rituales religiosos (los domingos, viernes o sábados de oración, las pascuas, festivales y fiestas religiosas). Ese tiempo del calendario se había construido a partir del estudio de los astros, los ciclos de día y noche, el crecimiento y decrecimiento de las horas de día, los equinoccios, los solsticios y las fases de la luna. 

El tiempo de los historiadores sin embargo no ese, al menos por completo. Cierto es que la historia se refiere a fechas (que son posibles gracias a los calendarios; el 3 de febrero de 1623 es una fecha del calendario), y también se refiere a años (se cuentan los años de un suceso, los que dura una guerra, los de vida de un faraón…). Pero sobre todo el tiempo de los historiadores es un tiempo que se construye a partir de una idea que ya manejamos también, el acontecimiento, ese hecho que marca un antes y un después. De hecho los historiadores han creado un marco temporal muy amplio que está determinado por acontecimientos. A partir de ellos, los historiadores establecemos edades, y esas edades son el fundamento de la historia.

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El primero de los hechos, aunque no pueda datarse con seguridad completa y no corresponda a una fecha de calendario, es la aparición de la escritura. Esa aparición es un acontecimiento que marca la diferencia entre la Prehistoria y la Historia. 

Llamamos Prehistoria a toda la etapa anterior a la escritura e Historia a la que cubre desde esa aparición hasta nuestros días. 

La Prehistoria está unida de todos modos a las primeras sociedades humanas. A su vez está dividida en etapas.
Paleolítico – Corresponde a las primeros restos del ser humano desde la aparición de las herramientas y el género Homo (hace unos 2.000.000 de años) hasta alrededor de hace 12.000 años, cuando la humanidad comienza a variar sus formas de vida de cazadores y recolectores y comienza a acercarse a las técnicas de agricultura y ganadería propias del Neolítico. Paleolítico significa piedra antigua y esta etapa se divide en las siguientes.
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Paleolítico Inferior – Corresponde al tiempo de la mayor parte de las especies de homínidos primitivos y terminaría con la aparición en Europa del Hombre de Neanderthal. (Desde hace esos 2.000.000 de años hasta los 300.000 años)
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Paleolítico Medio – Corresponde al tiempo en Europa del hombre de Neanderthal, sus técnicas y su cultura, la Musteriense. Puede fecharse entre los 300.000 años y los 33.000 en los que desaparece.
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Paleolítico Superior – Sería la etapa del paleolítico unida a nuestra especie, el Homo Sapiens (el hombre de Cromagnon). Iría desde los 33.000 años hasta los 12.000 en los que comienza la siguiente etapa. Este es el tiempo de las pinturas de Altamira y el arte Paleolítico y el de desarrollo y extensión de nuestra especie.
Epipaleolítico – La etapa de transición entre el paleolítico y el neolítico, los seres humanos comienzan a abandonar la caza de grandes mamíferos (que son menos numerosos o desaparecen) y se especializan en la caza menor, el marisqueo (comer marisco de la costa) y la recolección cada vez más especializada de determinadas especies vegetales. El Epipaleolítico corresponde a la etapa de transición entre el paleolítico y el neolítico en las zonas del mundo donde el neolítico no surge, sino que es importado por imitación de otras zonas. Correspondería (según las zonas) a un tiempo entre el 12.000 y el 7000 ad C.
Mesolítico – Conocemos por mesolítico la etapa de transición en las zonas del mundo donde comienza el neolítico. Correspondería a la etapa en la que se seleccionan y se van haciendo pequeños ensayos que terminarán en la invención de la ganadería y la agricultura. Correspondería a un tiempo entre el 12.000 y el 8.000 aunque también varía según las zonas.
Neolítico – Corresponde al inicio de la agricultura y la ganadería. Significa piedra nueva y se relaciona con la aparición de unas hachas de piedra pulimentadas diferentes de las utilizadas hasta entonces. La extensión de esas técnicas no se produce en todos los lugares en el mismo tiempo y hay variaciones de casi cuatro mil años entre unas zonas y otras. En la zona del Medio Oriente (el neolítico que nos afecta a los europeos), el neolítico se inicia alrededor del año 8000 y sin embargo no llega a la Península Ibérica hasta más de dos mil años después. 

Hasta el Neolítico podemos hablar de Prehistoria sin ninguna cuestión, sin embargo en las etapas siguientes van a aparecer las primeras grandes civilizaciones y con ellas los primeros restos de escritura. A partir de aquí hablamos de Historia y a esta primera etapa de la Historia la llamamos Edad Antigua. 

El concepto de Edad es fundamental en la historia, hablamos de edades para referirnos a grandes espacios de tiempo que están caracterizados por una cultura, una tecnología o unas formas sociales características. 

En cuanto a edades los historiadores dividimos la historia en Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea. Cada una de ellas corresponde a una especialidad histórica, por ello podemos hablar de Historia Antigua, Historia Medieval, Historia Moderna o Historia Contemporánea. Las edades tienen diferentes duraciones, no son como los años o los meses, y estas duraciones están determinadas por la permanencia de esas formas de vida que las caracterizan, por ejemplo la Edad Media duró más de mil años y sin embargo consideramos que la Edad Moderna sólo duró trescientos. 

Dentro de las edades y para concretar más los historiadores utilizamos el siglo como medida, los siglos tienen siempre la misma duración, 100 años. También, por supuestos, los historiadores fechan en función del calendario actual, los acontecimientos del pasado y para eso usan años, meses y días. Por ejemplo hablamos de que Julio Cesar subió al poder en el año 49 a. de C. Para ello utilizamos, siguiendo nuestro calendario, una sucesión de fechas que toman el año 0 (nuestro año 0 y así hablamos de años antes de Cristo – a. de C., o de años después de Cristo – en cuyo caso se pone el número de año a secas)

La Edad Antigua comenzaría con la escritura. Al tiempo que media entre el neolítico y la escritura los historiadores se refieren como protohistoria, aunque una vez más depende del lugar para tener una cronología cierta. 

La Edad Antigua está relacionada también con el comienzo de la utilización de los metales (Se habla de la Edad de los Metales) y en función de esto se divide en tres etapas. 

El Calcolítico – La etapa en la que se comienza a utilizar el cobre y algunos metales preciosos que no precisan fundición como el oro. En Oriente comienza a utilizarse en torno al 6000 a. de C, en Anatolia. Aunque su uso no se generaliza en la zona hasta casi dos mil años después.
La
Edad del Bronce – Comienza en Oriente Próximo en torno al año 3000 y en la zona termina alrededor del 1200, que da paso a la Edad del Hierro. La cronología varía según la zona, por ejemplo en España no se inicia hasta mil años después en torno al 1800. Se caracteriza por el uso de una aleación de estaño y cobre que recibe el nombre de bronce. A esta Edad está asociadas las grandes civilizaciones de la zona de Mesopotamia y de Egipto. Normalmente en historia se habla de estas civilizaciones, Egipto, Sumer…, antes que de Edad del Bronce. En primero aparecen referidas como las grandes civilizaciones fluviales pues surgieron en torno a los cursos del Nilo o de los ríos Tigris y Éufrates. A la Edad del Bronce se la divide en tres etapas, el bronce antiguo, el medio y el reciente (esta división se hace también con la Edad del Hierro). 

La Edad de Hierro – La edad del Hierro comienza en Oriente hacia el 1200, en la Península Ibérica el Hierro no llega hasta cerca del año 800 a. de C. Aunque también se asocia a esas divisiones del bronce (Antiguo, Medio, Reciente) normalmente asociamos como con el bronce, esta edad a determinadas civilizaciones, los Persas, los Egipcios de Imperio Nuevo o los Griegos de la época Clásica, los Celtas o los Romanos, son culturas de la Edad del Hierro y solemos referirnos a ellos por su nombre. 

En cualquier caso la Edad Antigua, que quizás es la más difícil termina con la caída del imperio romano en el año 410. Ahí precisamente acaba el periodo de historia que nos toca estudiar en 1º de la ESO.

La Edad Media es la siguiente etapa histórica. Comienza en el 410 y termina en el 1492. Suele dividirse en dos etapas, la Alta Edad Media (hasta el siglo XII) y la Baja Edad Media (del siglo XIII al XV). En la Edad Media se utiliza con mucha frecuencia la referencia a los siglos. Por otro lado hay una gran diferencia entre la Alta y la Baja Edad Media, y es la cantidad de documentación disponible que es muy pequeña para la primera etapa y bastante numerosa para la segunda. En cualquier caso nuestro conocimiento de la Edad Media es muchísimo más intenso que el de la Edad Antigua (dejando a un lado a Grecia, Roma o Egipto). La Edad Media termina con el descubrimiento de América, que por primera vez en la historia permite tener a los europeos una idea completa del mundo.

La Edad Moderna corresponde a la etapa histórica que comienza en 1492 y termina en la Revolución Francesa 1789. Es la etapa de las grandes monarquías europeas y de la expansión de sus imperios por el mundo, la conquista de América, las colonias en Asia y algunos puertos africanos. Europa se convierte durante estos siglos en la región más desarrollada del planeta. La Edad Media y la Moderna son el objeto de estudio de la asignatura de Ciencias Sociales en 2º de la ESO. 

La Edad Contemporánea va desde la revolución de 1789 hasta nuestros días. Corresponde al tiempo del nacimiento de las teorías políticas y económicas que siguen rigiendo nuestro mundo, el capitalismo, la democracia parlamentaria, los regímenes representativos. Aunque esto es una versión muy feliz de ese tiempo, también es el tiempo de las mayores matanzas de la Historia, las dos Guerras Mundiales, el Holocausto, el Gulag…., y de dictaduras espeluznantes. A pesar de ello el desarrollo de la industria, la tecnología y la elevación de los niveles de vida, nos llevan al mundo de nuestros días. Esta etapa la estudiaréis en 4º de la ESO y en 1º de Bachillerato los que hagáis Ciencias Sociales.

En definitiva este es el cuadro de edades y la forma de organizar el tiempo pasado que utilizamos los historiadores. Es importante que conozcáis las principales divisiones y que situéis en el tiempo las civilizaciones, culturas y sociedades que empezamos a ver a partir del siguiente tema. 

II- La Historia y las fuentes históricas

¿Qué es la Historia?

Lo que la diosa Gea de los griegos era para la geografía lo es Cronos para la Historia. No podemos hablar de historia sin pensar en que esta siempre se refiere al tiempo, evidentemente al tiempo pasado.
Pero la palabra “historia” tiene más sentidos. Hablar de “me han contado una historia” no se refiere por lo general a la historia como disciplina académica, no es normalmente el estudio de ningún periodo del pasado, ni de héroes ni de civilizaciones perdidas. La historia a menudo aparece en nuestras conversaciones como un pequeño engaño “¡No me cuentes historias!” o a un cuento, a un pequeño relato.
Los hispanohablantes utilizamos la misma palabra para hablar de historia como cuento e historia como disciplina (la historia que estudiamos). Los ingleses, sin embargo utilizan la palabra “story” (o “tale”) para una narración o un cuento y dejan la palabra “History”, para la disciplina. Así parece más fácil de distinguir pero también se pierde un poco una relación entre la palabra y el objeto que es fundamental, y es el que la historia es una narración.
Pensad siempre en la historia como narración, pero no como cualquier narración, pues esto la acercaría a la ficción (a la novela, a los relatos, a los cuentos) y la apartaría de la ciencia que sin embargo es. Y es que la narración de la historia se escribe siempre sobre datos fidedignos, sobre pruebas directas o indirectas, sobre indicios, sobre documentos, pruebas materiales, arqueológicas, sobre obras de arte. En definitiva la historia narra sobre una base cierta, sobre unas pruebas a las que podemos llamar de manera muy vaga las fuentes de la Historia.
Cuando hablamos de recopilar pruebas, indicios, fuentes…., estamos intentando reconstruir con algunos restos algo sobre lo que no tenemos normalmente todas las piezas a nuestra disposición. Los historiadores reconstruimos y narramos hechos del pasado. Cuanto más hacia el pasado nos encaminamos nuestras pruebas son menores, son menos expresivas, son más difíciles de interpretar, más incompletas. Si pensamos en nuestra propia vida y tuviéramos que reconstruir la historia de nuestra familia, sobre nosotros mismos tendríamos muchísimos datos. - Si hablamos en historia, sería de nuestra propia sociedad y en el tiempo más cercano -. Conservamos fotos, objetos que podemos explicar, grabaciones, escritos…., casi todo, nuestras habitaciones guardan muchísimos “recuerdos” que nos hablan de nuestra vida. Tendríamos más problemas para reconstruir la historia de nuestros padres. - En historia, sería alejarnos en el tiempo, hablar por ejemplo de la sociedad española pero en los años 60 o en los años 70, ya tendríamos que explicarnos algunas cosas, habría objetos extraños, maneras de vestir incomprensibles, elementos que no sabríamos definir…- Con nuestros padres nos ocurriría lo mismo, habría detalles que nos faltarían, no conoceríamos a todos los personajes que salen en sus fotos, no los podríamos relacionar, ya no habría tantas grabaciones, ni tantas fotos, ni tantos objetos conservados, ni tantos escritos. Empezaríamos a echar de menos muchas piezas. Ahora imaginad que nos alejamos aun más, que nos vamos hasta la época de nuestros abuelos o de nuestros bisabuelos, según nos alejásemos en el tiempo las pruebas serían menores, los testimonios más vagos, los objetos más incomprensibles. Pensad en la cantidad de cosas que podéis decir de vosotros, de vuestros padres, de vuestros abuelos y de vuestros bisabuelos…., en este sentido la historia funciona igual. Cuanto más nos alejamos más esfuerzo tenemos que hacer por reconstruir y por comprender lo que pasó.
La historia estudia el pasado, como hemos dicho, pero ¿qué interés tiene el pasado para nosotros? A menudo el pasado se utiliza como ejemplo para destacar determinados valores, el valor, la astucia, la perseverancia, el esfuerzo. Las primeras historias tenían ese objeto recordar el pasado, las hazañas de los héroes del pasado para que sirvieran de ejemplo de cómo actuar en el presente. Damos valor a lo que resultó costoso de conseguir (los griegos decían que sólo lo difícil vale la pena) o el genio particular de alguien, su capacidad para hacer determinada cosa.
Cuando Herodoto escribió en el siglo V a.d.C “Los Nueve Libros de Historia” (que fue el primer libro de Historia) se convirtió en el padre de esta disciplina que los hombres han cultivado desde entonces. En su primer párrafo Herodoto explica las razones para escribir Historia, hoy como ayer, las razones son esencialmente las mismas.
“Heródoto de Halicarnaso presenta aquí las resultas de su investigación para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones de los hombres y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido; da también razón del conflicto que puso a estos dos pueblos en la lid”

En definitiva, recordar las acciones de los hombres, sus empeños, sus empresas, sus obras y desde luego algo muy importante…., buscar las razones de porqué ocurrieron las cosas. (Herodoto se preguntaba por las razones de la guerra entre Persas y Griegos, que era el sentido de su historia, hoy podemos alargar esa búsqueda a otros muchos hechos).
Para los historiadores recordar y explicar los hechos del pasado no se concibe como una mera colección de curiosidades, ni siquiera hoy el peso de servir de ejemplo es muy importante, sin embargo el de intentar explicar el “porqué” de las cosas ha ido ganando fuerza.
Cuando intentamos explicar el pasado lo que en realidad queremos explicar es cómo hemos llegado hasta aquí, si lo pensáis bien lo que tratamos de hacer es explicar el presente y es que la historia siempre se hace desde el presente. Decimos esto porque las preguntas que le hacemos al pasado las hacemos desde el presente (las hacemos nosotros que estamos aquí y ahora y sobre planteamientos de aquí y ahora) y porque cuando intentamos conocer el pasado lo que intentamos de verdad saber es de qué forma aquello que sucedió nos sirve para explicar el mundo que nosotros conocemos.

Así que hay tres elementos esenciales que forman parte de la historia. El primero de los elementos es que la historia es una narración. El segundo es que se trata de una narración de hechos (de sucesos que han ocurrido, de personas que han existido, de circunstancias que se han dado). En tercer lugar de que esa narración de hechos se refiere al pasado, a lo que ocurrió.
Hay otra cosa que no debemos olvidar y es que la historia se refiere normalmente a “sociedades” o al menos no puede dejar de considerar, aunque se refiera a cuestiones aisladas a las sociedades que las acogieron. Nosotros somos como somos porque vivimos en una sociedad determinada, hablamos un idioma por esa razón, vestimos de una determinada manera, entendemos unos conceptos que en otras culturas serían incomprensibles, o manejamos una tecnología que está inscrita en esa sociedad. Nuestra lengua, nuestra cultura, nuestras costumbres, ideología, religión o tecnología están dentro de una sociedad concreta, por eso la historia siempre ha de hacer una referencia a la sociedad.

¿Cómo trabajan los historiadores?

Hemos visto cómo los historiadores escriben una narración de hechos del pasado y que para ello precisan de datos, de pruebas, de elementos que les permitan “reconstruir” una historia, saber qué pasó, en qué orden pasó, qué razones hubo para que aquello ocurriera. 

El problema es que los historiadores no tienen todos los datos. Nos faltan informaciones (ocurre sobre todo cuando nos vamos muy lejos en el tiempo) o a veces hay demasiada (por ejemplo hoy en día, multitud de periódicos, de documentos, de objetos). El historiador tiene que hacer un esfuerzo muy grande para gestionar esa información, para completar la que le falta, para ordenarla y para jerarquizarla. ¿Qué fue más importante? ¿Qué dato me demuestra más cosas?

Podemos decir que el historiador se enfrenta siempre a dos trabajos, el primero el de hacer acopio de información, ordenarla, filtrarla, jerarquizarla, estudiarla. Y el segundo trabajo que sería el de con todos esos datos escribir una historia (una narración) que explique, contando con los datos recopilados, lo que pretendiera conocer. 

El principal problema suele estar en la información con la que dispone, a veces las informaciones son muy pequeñas, en otras son contradictorias, en otras las informaciones son falsas (mienten, ocultan, disimulan). Hay que saber siempre de dónde proceden esas informaciones, quien las generó en su día (fue un rey, fue un esclavo que se escapó…,) porque a menudo esto es muy importante y nos ayuda a entender lo que ocurrió, que es al fin y al cabo lo que pretende el historiador. Quizás el peor de los problemas sea no tener informaciones, es lo que nos ocurre por ejemplo con las etapas más antiguas de la historia humana, ¿Dónde surgió el ser humano? ¿Cómo evolucionó?, tenemos algunos restos pero nos faltan muchísimos datos (no tenemos esqueletos enteros) hay cientos de miles de años en los que no tenemos fósiles de los que echar mano, el estado de conservación de los huesos es muy malo, no hay relatos, hay muy pocos restos materiales (nada de ropa, muy pocas herramientas). 

Quizás sea precisamente cuando faltan muchas informaciones cuando se ve más claramente la necesidad que los historiadores tienen de “inferir”. Tienen que sacar deducciones lógicas y científicas con muy pocos datos, imaginar que ocurrió pero sin perder de vista las pruebas. Pueden pensar por ejemplo que el hombre utilizaba el fuego…, pero hasta que no hay restos de carbón quemado junto a los restos humanos y materiales encontrados no puede decirse con seguridad, podemos pensar que el hombre surgió en África, pero para ello necesitamos pruebas, necesitamos que los fósiles más antiguos de homínidos estén allí. La deducción y la inferencia son fundamentales en la labor de los historiadores, hay que pensar con lógica, hay que imaginar, hay que establecer teorías, establecer formas en las que creemos que ocurrieron las cosas. Pero sobre todo hay que estar muy atentos a las nuevas fuentes, a lo que se va descubriendo, día a día, año a año, para revisar lo que pensábamos. Por eso se escribe tanta historia, hay que revisar a menudo lo que sabemos, cada día tenemos más datos, cada día nuestras historias son mejores, están mejor fundamentadas y explican más cosas. La historia no es algo estático que pasó y ya está, la historia se escribe todos los días a partir de esas investigaciones. 

A esas pruebas las llamamos las Fuentes de la Historia. De alguna manera es de donde los historiadores sacan las informaciones que necesitan para trabajar, para escribir…, para narrar. Hay muchas clasificaciones de fuentes históricas, quizás la más sencilla se la que divide las fuentes en Escritas y No Escritas, y a su vez la que las divide en Directa e Indirectas. 

Fuentes no escritas serían todos aquellos objetos, restos materiales, arquitectónicos, obras de arte, fósiles que nos permiten conocer las sociedades del pasado. Una pintura paleolítica, los restos de una herramienta de piedra, una espada, una escultura, las ruinas de un edificios…., todas ellas son fuentes no escritas. Nos hablan del pasado, pero no nos cuentan nada directamente. Por otro lado estarían las escritas, los relatos, las crónicas, las listas de reyes, las escrituras que encontramos en los monumentos, los documentos antiguos, los periódicos, los diarios personales, …., en definitiva, todo aquello que se haya escrito y que nos habla de una manera o de otra de la sociedad que lo escribió o de quienes lo escribieron. Evidentemente cuanto más nos alejamos las fuentes escritas son más raras, incluso se da el caso de conocer escritos pero no poder leerlos por tratarse de lenguas desconocidas por nosotros o por símbolos que no somos capaces de reconocer. (Los egipcios escribían pero la mayoría de nosotros somos incapaces de leer nada en egipcio…)

En cuanto a la división entre directas e indirectas nos referimos a que los documentos, los objetos o los restos nos hablen de manera directa de la sociedad que los generó, a los individuos que investigamos o a los hechos que estamos tratando de aclarar, o que por el contrario, sean referencias lejanas o relatos hechos por otros para explicar esos hechos. Una cosa es investigar la ciudad de Troya en las ruinas de Troya con escritos de los troyanos…., y otra que leamos lo que pasó en Troya a través de lo que escribió sobre ella un griego de 500 años después, o un viajero persa que escuchó relatar la historia de un viejo en una aldea perdida de Anatolia. Cuanto más directa es la fuente, más verificable y más fiable es, cuanto más nos alejamos…., de nuevo, más nos desviamos de la posibilidad de escribir una narración certera sobre lo que ocurrió. 

La división entre fuentes escritas y no escritas es esencial para entender la primera de las formas en las que los historiadores dividimos la historia. Curiosamente la etapa más larga en la historia de la humanidad, pensad en hace dos millones de años... hasta más o menos el año 3500 a.d.C, una etapa en la que no había escritura y en lo que todo lo que tenemos es información material, es lo que conocemos como la Prehistoria. De hecho hablamos en general de Prehistoria refiriéndonos a la etapa de la humanidad anterior a la aparición de la escritura. A partir de la aparición de la escritura hablamos de Historia (aunque a menudo en esta etapa muchas de las sociedades que estudiamos no tengan escritura propia, pero ya hay referencias escritas a ellos o a sucesos en los que estuvieron involucrados con sociedades que escribían). 

Los prehistoriadores no pueden más que acudir a la “cultura material” a todos esos objetos que se conservan de las civilizaciones antiguas y a partir de ahí deducir costumbres, creencias o su manera de organizarse. Los historiadores cuentan con los relatos antiguos, donde a menudo se hace referencia directa a las creencias, a las formas de organizarse de esas sociedades, a sus protagonistas con los nombres que tuvieron en vida. Evidentemente las informaciones escritas nos facilitan enormemente el trabajo, nos permiten estar más seguros de las afirmaciones que hacemos y rellenar muchos más huecos de ese enorme puzzle que es el pasado. 

Para ayudarnos a entender lo que sucedió en el pasado y reconocer las pruebas de manera correcta los historiadores se ayudan de otras ciencias y disciplinas. 

En cuanto a las fuentes escritas, la lingüística nos permite reconocer y entender idiomas del pasado, la epigrafía nos ayuda a leer las inscripciones antiguas en monumentos, en piedras y en bronces (los romanos y los griegos escribieron muchas de estas inscripciones), la paleografía, nos permite conocer las letras antiguas y poder entenderlas (fijaros en los documentos medievales y en la difícil letra que tienen). Por otro lado la diplomática contribuye a que comprendamos el sentido de lo que se escribía en documentos oficiales antiguos. 

Cuando hablamos de fuentes materiales son también muchas las ciencias que nos ayudan. La paleontología, que nos permite conocer especies perdidas, la paleobotánica (que nos permite saber de las plantas extinguidas o antiguas), la antropología que nos sirve para conocer y comparar culturas modernas y antiguas, la medicina forense, que a menudo nos sirve para conocer las circunstancias de la vida y de la muerte de los restos humanos que encontramos. Sin embargo por encima de todas estas y facilitando el que estas ciencias nos pueden ayudar hay una ciencia muy importante para la historia, la Arqueología
La Arqueología
La arqueología estudia los restos materiales dejados por las sociedades antiguas, los recupera y los estudia. Sin duda es la ciencia más importante para la investigación histórica de las etapas más antiguas pero se utiliza también en el conocimiento de sociedades más modernas (hay alguna especialidad muy curiosa como la arqueología industrial, los restos de las industrias modernas que podemos estudiar a partir de los restos que nos han dejado cuando se han perdido el resto de la referencias). 

La arqueología tiene que deducir muchísimas cosas en el estudio que hace de las sociedades del pasado y para ello es muy importante el orden y el modo en el que obtiene los restos de ese pasado. Por todo ello la arqueología tiene una técnica muy depurada que sirve tanto para recuperar en el mejor estado posible los restos del pasado, como para poder datarlos (poner fecha al momento en el que se produjeron o quedaron enterrados). La arqueología está muy especializada, aunque tiene una técnica que vale para cualquier época, los arqueólogos se suelen especializar en una época determinada, eso les permite tener un conocimiento más intenso de esas épocas estudiadas.


Los arqueólogos basan sus estudios en el hecho de que el suelo se forma en capas y que en esta formación, las capas más superficiales son más modernas y las más profundas son más antiguas. Esta estructura de los yacimientos arqueológicos en capas permite fechar los hallazgos con bastante seguridad. Por ello cuando los arqueólogos excavan deben ir levantando capa a capa, como si de las hojas de un cuaderno se tratara, y localizando, dibujando y detallando lo que en cada capa van encontrando. Además de esta organización en “profundidad”, la superficie del yacimiento se suele cuadricular, de ese modo, la cuadrícula sirve como eje de coordenadas que permiten localizar de manera exacta todo lo que se vaya encontrando. Esa cuadrícula sirve también para organizar la excavación que suele seguir la propia cuadrícula como guía. 

En cualquier caso los arqueólogos no se ponen a excavar en cualquier sitio. A veces las fotografías aéreas nos permiten ver estructuras antiguas que están escondidas (la tierra que está encima es menor y tiene un color distinto que se ve desde la altura). En otras ocasiones un relato antiguo nos permite pensar que en una determinada localización hay un resto arqueológico. Otras veces las ruinas son evidentes y muy a menudo una obra moderna, una carretera, un edificio o una línea de ferrocarril destapan yacimientos escondidos. Por eso las grandes obras suelen hacer trabajos previos de excavación arqueológica que permita saber con antelación si en la zona hay algún yacimiento que convenga preservar o excavar antes de realizar la obra. Esto es especialmente importante en ciudades con una larga historia, y en cuyo subsuelo se sabe que descansan los restos de épocas pasadas. En Roma, por ejemplo, en Atenas, en Alejandría,… o aquí en Madrid, en Alcalá de Henares. 

El estudio del arte antiguo también nos permite saber mucho de las sociedades del pasado, ya no sólo es excavar los restos o las ruinas, sino comparar los estilos, ver las similitudes entre el arte de lugares más o menos distantes nos permite reconocer relaciones entre esas sociedades, influencias o conquistas. A menudo una pintura de un tiempo pasado, como una fotografía nos permite conocer de un modo muy claro la manera de vivir de aquellas sociedades. Un templo o una tumba (pensad en las pirámides) por sí mismas son muy expresivas.

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