La casta de los banqueros ¿Los mejores talentos? (Historias de los “cienmanos”)






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22/2/09)

(Por Jesús Cacho)

Pocas noticias han tenido un impacto tan demoledor en el inconsciente colectivo del homo oeconomicus hispano como el anuncio efectuado por el Banco Santander el pasado lunes, 16 de febrero, suspendiendo durante dos años los reembolsos de su fondo Banif Inmobiliario. Un tipo importante en este país entre los años 1996 y 2004, que algo tiene ahora que ver con Emilio Botín, aseguraba al día siguiente en privado que “el 16-F es el 23-F de nuestra historia económico-financiera. Un punto de inflexión de difícil vuelta atrás. Cuando un banco como el Santander prefiere afrontar el coste reputacional que supone el hecho de no devolver su dinero a los partícipes del fondo, es que las cosas están peor de lo que imaginamos”.

El 16-F de Banif Inmobiliario vino, además, acompañado por el reconocimiento oficial de la quiebra de Caja Castilla La Mancha, primera víctima del estallido de la burbuja inmobiliaria española en las filas de Cajas y Bancos, que ha obligado al PSOE y al Banco de España a orquestar una operación de salvamento con cargo a Unicaja. La Caja manchega, sin embargo, es apenas una anécdota, una gota de agua en el océano que representa el Banco Santander en nuestro sistema financiero. Fin de la grandeur de don Emilio Botín, el más listo, el más audaz, el hombre cuyo resplandor hacía palidecer los currículos de cualquiera de los banqueros del mundo occidental. Hace menos de 4 meses, el diario El País afirmaba que “Emilio Botín se ha convertido en los últimos meses en uno de los banqueros más admirados del mundo, pues la entidad que preside ha emergido como una de las ganadoras de la crisis financiera internacional”.

El relato escrupuloso de lo acontecido en los últimos meses en torno al Santander resulta demoledor. El 7 de febrero de 2008 (presentación de resultados ejercicio 2007) el banquero afirmó que “no necesitamos en absoluto hacer compras para crecer. Nos han llegado muchas propuestas, pero seremos más estrictos que nunca”. De manera específica descartó compras en Reino Unido, Estados Unidos o Francia. El 21 de Junio de 2008 (Junta General de Accionistas), aseguró que “para mantener el crecimiento de los ingresos, Banco Santander no necesita asumir riesgos complejos y de difícil control como los que están en el origen de los problemas a los que hemos asistido recientemente en la banca internacional (…) Nunca abordaremos adquisiciones por el simple hecho de aumentar nuestro tamaño”.

La realidad de lo ocurrido, sin embargo, se encargó de desmentir tales afirmaciones. En efecto, entre abril y octubre del año pasado, el Santander compró a Fortis las actividades de gestión de activos en Brasil por 209 millones de euros; firmó un acuerdo para comprar el negocio de crédito al consumo de RBS en Europa; anunció la compra de Alliance & Leicester por 1.575 millones de euros; adquirió (a través de Abbey) los canales de distribución y los depósitos de Bradford & Bingley por 612 millones de libras, y adelantó la compra del 75,65% de Sovereign que no controla por 1.400 millones de euros. Y todo ello sin necesidad de “asumir riesgos complejos”.

El 11 de julio pasado (entrega de los Premios Euromoney) don Emilio pronunció una de esas frases para la Historia, con mayúsculas, del esperpento bancario: “Si no conoces totalmente un instrumento financiero, no lo compres; si no comprarías para ti un producto específico, no lo vendas; y si no conoces muy bien a tus clientes, no les prestes ningún dinero”. Tres meses después se producía la quiebra de Lehman Brothers, y el Santander se veía obligado a anunciar que compensaría a los clientes afectados por dicha quiebra, a quienes vendió, a través de Banif, unos 500 millones euros en bonos estructurados a clientes, en muchos casos como si fueran productos asegurados.

La bomba Madoff

El enganchón Lehman quedó pronto convertido en anécdota, porque el 14 de diciembre pasado a Botín le estallaba en las manos la bomba Madoff, el peor episodio que imaginar pudo su mayor enemigo: el “banquero más listo del mundo” había sido víctima de una vulgar estafa piramidal. Aquel día, el Santander reconocía haber generado a sus clientes pérdidas de 2.330 millones invertidos en fondos Madoff a través de su gestora Optimal, al tiempo que el yerno y el propio hijo resultaban gravemente cogidos en el mismo lance a través de Morenés & Botín. El banco, sin embargo, descartó aquel día compensar a los clientes afectados por el fraude, como había hecho con los de Lehman. Por poco tiempo, porque el 27 de enero de este año daba marcha atrás anunciando que lo haría, aunque solo a los particulares y por el importe de su inversión inicial -sin revalorización-. A cambio les obligaba a renunciar a ejercer acciones legales contra la entidad y a seguir siendo clientes.

La misma incoherencia, idéntica distancia entre dicho y hecho se advierte en el episodio de la ampliación de capital: el 28 de octubre pasado (presentación resultados III trimestre 2008) Alfredo Sáenz negó que el banco necesitara capital, asegurando que sus ratios eran los adecuados para el tipo de negocio que desarrolla. Apenas 12 días después, el Santander anunciaba una ampliación de capital de 7.200 millones, con un descuento del 46% sobre el precio de cotización, para hacer frente a tan agresiva política de compras y recomponer recursos propios. El espectáculo ha incluido también á los beneficios. En junio del año pasado (Junta General), don Emilio se comprometió ante sus accionistas a alcanzar los 10.000 millones de beneficio total del Grupo en 2008, compromiso renovado a lo largo del año tanto por él mismo -llegó incluso a sugerir unos beneficios para 2009 de 11.500 millones-, como por Sáenz. El 28 de enero pasado, sin embargo, el banco realizaba un profit warning anunciando por sorpresa que quedaban reducidos a 8.876 millones, un 2% menos que en 2007, con el mismo dividendo -también en contra de lo prometido- del año anterior.

Lo peor, con todo, estaba por llegar. Llegó el 16-F. Sonaron los clarines del miedo de una economía que se deshace cual azucarillo, en medio de la más aguda crisis política que haya conocido el país desde la muerte de Franco. Miles de clientes del Santander quedaban encerrados durante dos años, como poco, en Banif Inmobiliario. Es muy posible que, como el miércoles opinaba en este diario S. McCoy, hablar de “corralito” sea un ejercicio de demagogia y un error conceptual. Y es posible también que, en contra de la falta de diligencia mostrada en el caso Madoff, el banco tenga esta vez argumentos para defender la decisión adoptada. Si admitimos que el término corralito implica un ánimo confiscatorio que beneficia a quien lo impone, resulta difícil apreciar qué es lo que gana el Santander parando los reembolsos, cosa que, por otro lado, ha hecho la práctica totalidad de los fondos inmobiliarios abiertos europeos. La alternativa, la liquidación de la cartera con la merma consiguiente, sí hubiera supuesto, en cambio, un perjuicio notable para los partícipes. Es probable, por ello, que no cupiera otra solución y que el fallo esté en origen, en la negligencia de un regulador que autoriza la comercialización de fondos abiertos -que en buena lógica deberían ser cerrados- sobre activos que por su propia naturaleza son ilíquidos.

Sea como fuere, el cierre de Banif Inmobiliario ha tenido un efecto demoledor para el prestigio de la marca “Banco Santander”. Y ello porque la realidad incuestionable es que el partícipe que necesite su dinero no podrá disponer de él durante mucho tiempo, y porque, además, en la acera de enfrente hay un banco, el BBVA, que, en un caso similar, tiró de chequera comprando las participaciones de quienes deseaban salir del fondo. ¿Por qué no ha hecho el Santander lo propio? Tal vez porque no ha podido, sospecha que está en el epicentro de la oleada de pánico que el lunes pasado se apoderó del mundo financiero, aunque la entidad asegura disponer de liquidez para dar y tomar. Por primera vez un fondo de inversión suspendía pagos en España.

El Santander como paradigma de la crisis española

Jaleado por una mayoría de los medios de comunicación que, con honrosas excepciones, experimentaba algo parecido a un orgasmo cada vez que el banquero anunciaba uno de sus golpes, la aventura de este hombre ha terminado por convertirse en epítome de la fortuna cambiante de esos millones de españoles que creyeron acostarse ricos y un día se levantaron pobres, engañados por el oropel de una economía que llegó a imaginar poder vivir ad aeternum del ahorro ajeno, insensible a la degradación de una democracia que se cae a pedazos carcomida por la corrupción. Don Emilio es ejemplo esclarecido de un Sistema que le permitió absorber bancos como quien colecciona corbatas, y que, por salvarle del trance penal de las cesiones de crédito, no dudó en privar a los ciudadanos de un derecho constitucional (Artículo 125) como es la Acusación Popular. El episodio ha quedado acuñado en los anales de la vergüenza colectiva de todo un país como la “doctrina Botín”.

La Justicia pervertida y la economía del revés. Las propias declaraciones del banquero sobre la crisis son paradigma de la gran mentira propalada desde la presidencia del Gobierno sobre la situación de la economía. En febrero de 2008 (Presentación de Resultados 2007), don Emilio aseguraba que “tras 14 años de crecimiento ininterrumpido, entramos en una fase de desaceleración, pero España va a crecer más que los países del entorno. Tenemos más fortalezas que los demás y hay que decirlo”. El 21 de junio pasado (Junta General de Accionistas), persistía en el discurso de que “La crisis es como la fiebre infantil, empieza fuerte y luego baja” (…) “Esta fase negativa de la economía no será larga”. El mismo discurso que ese indocumentado llamado José Luis Rodríguez Zapatero.

El Santander se enfrenta a un futuro complicado. Seguramente don Emilio se ha metido en camisa de once varas, lejos de las viejas tradiciones bancarias de su padre que sentaron la fortaleza de la marca: comprar y vender, y coger dinero con una mano y prestarlo con la otra. Como hace tiempo escribiera Walter Bagehot, “Las grandes crisis ponen al descubierto las especulaciones excesivas de muchas Casas de las que antes nadie sospechaba”. Lo peor que le ha ocurrido al Santander es que ha perdido la confianza que antaño inspiraba la marca en una mayoría de sus clientes. Si lo decía el Santander, tenía que ser verdad. Ahora no. Ahora resulta que, cuando vienen curvas, la culpa es del cliente, que no se leyó la letra pequeña del contrato que firmó. Lo ocurrido en los últimos meses pone también en evidencia la existencia de un equipo de gestión obsoleto, que no estaba preparado para el desfile por la Quinta Avenida de la banca mundial.

El relevo se antoja difícil. Botín junior ha quedado chamuscado, del brazo de su cuñado Morenés, en el caso Madoff. Como en Los Buddenbrooks, la genial saga que Thomas Mann relatara en 1901 sobre la vida de tres generaciones de una rica familia de comerciantes en Lübeck, que progresivamente se van distanciando del código de valores impuesto por el fundador, no va a ser fácil para los Botín retornar a las esencias. Con todo, es muy importante para el futuro de la economía española que el Santander supere sus problemas. Nos jugamos mucho en ello. España necesita un sistema bancario saneado, y también banqueros dinámicos, comprometidos no solo con la creación de riqueza, sino con el cumplimiento de una Ley igual para todos y con la mejora de la calidad de nuestra democracia. Bancos sólidos y banqueros demócratas.



- La cúpula del Santander ganó 149 millones en 2008 (El País - 28/2/09)

El Banco Santander repitió en 2009 como la firma española que mejor retribuye a su cúpula directiva. Los algo más de 40 consejeros y altos directivos del grupo percibieron 149,4 millones en concepto de sueldo, dietas, retribución fija y variable, opciones sobre acciones y aportaciones a pensiones de los consejeros. La cifra es un 19% mayor a la de 2007.

Los 19 miembros del consejo percibieron 38,97 millones, un 24% más que el año anterior. El incremento se debió en buena parte a que se ejecutaron planes de opciones de 2005 y 2006 por importe de 6,6 millones y a que hubo un nuevo consejero ejecutivo, Juan Rodríguez Inciarte, que ganó 3,8 millones. Sin esos dos factores, la retribución habría caído un 6%. Los consejeros recibieron además aportaciones para pensiones por 26,97 millones, un 25% más que en 2007.

Los altos directivos (23, según el último dato publicado por el banco) ganaron 83,49 millones, con un alza del 15% incluidas las stock options.

- El “banquero” de Botín recibió un bonus de 33.6 millones de Merrill Lynch (El Confidencial - 6/3/09)

(Por María Igartua)

Emilio Botín tiene un olfato especial para rodearse de talentos. No en vano, ha conseguido convertirse en uno de los grandes banqueros del mundo. Por eso, no es extraño que su hombre de confianza a la hora de ‘salir de caza’ sea un galáctico de Wall Street.

Andrea Orcel, presidente de banca global, mercados y gestión de patrimonios de Merrill Lynch, recibió la friolera de 33.6 millones de dólares de bonus en 2008, después de generar para la firma más de 550 millones en honorarios, según publica The Wall Street Journal.

Una cifra que, en comparación con los 25 millones de dólares que suelen conseguir este tipo de banqueros o los 40 millones que logran sólo las estrellas de Wall Street para sus respectivas firmas, habla por sí misma. Sin embargo, la polémica está servida cuando estos bonus millonarios los están recibiendo ejecutivos de las mismas entidades que han provocado la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión.

Los honorarios de Orcel contrastan con las pérdidas de Merrill Lynch en el cuarto trimestre de 2008, que ascendieron a los 15.840 millones de dólares, 500 millones más de lo esperado por Bank of America, que adquirió la entidad el pasado mes de enero para salvarla de la quiebra.

El sueldo de los directivos de Merrill Lynch también está restringido

Además, el montante ingresado por Orcel resulta más sangrante si se tiene en cuenta que Bank of America recibió 20.000 millones del fondo de rescate. Otro punto de consideración en toda esta historia si se tiene en cuenta la restricción impuesta por el Gobierno de Estados Unidos a los sueldos de los ejecutivos de entidades rescatadas.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, consiguió el pasado mes de febrero que el Senado aprobara una enmienda a su plan de estímulo que prohíbe los incentivos para directivos de entidades que hayan acudido al fondo de 787.000 millones.

Así mismo, la administración establece un salario límite de 500.000 dólares para los mandatarios de las firmas que soliciten ayuda de las arcas de Estado, con lo que conocer a estas alturas los bonus millonarios de los principales ejecutivos de Wall Street ha azuzado el fuego del debate, pese a que estás cifras están fuera de la ley que se aprobó tras el cierre del ejercicio.

De un lado, los bancos, que no quieren revelar los incentivos de sus trabajadores por miedo de que se los levanten otras firmas del sector -a más bonus, más talento- y, de otro, la opinión pública que clama por saber que se hace con el dinero de sus impuestos cuando ellos, a duras penas, llegan a pagar su hipoteca y muchos se han quedado sin trabajo.

Y Merrill Lynch, la casa de Orcen, está en el ojo del huracán. Ayer mismo, el fiscal general de Nueva York, Andrew Cuomo, llamó a declarar a los principales responsables de la entidad, que sólo el pasado año se embolsaron más de 10 millones de dólares en efectivo y en acciones cada uno de ellos, según publicaba The Wall Street Journal.

Precisamente Orcel es uno de los 10 directivos investigados por la justicia sobre el reparto de 5.800 millones de dólares tras el acuerdo alcanzado con Bank of America para su absorción.

La mano de Orcel en España

En el currículum de Orcel constan casi todas, por no decir todas, las operaciones llevadas a cabo por Emilio Botín. El cántabro no da puntada sin el banquero italiano, que se ha convertido en los últimos cinco años en su asesor casi particular.

La primera toma definitiva de contacto entre los dos elefantes de las finanzas fue con la compra de Abbey y tras esta se asentó el “matrimonio Botín-Orcel”. Alliance and Leister, ABN Amro, o Sovereign Bank son algunos de los últimos ejemplos en los que se puede apreciar la mano del directivo de Merrill Lynch y que le ha reportando a las dos entidades -la uno por convertirse en uno de los grandes supervivientes de la crisis y la otra por las comisiones recibidas por los servicios prestados- grandes beneficios.

Pero no han sido las únicas hazañas de Orcel relacionadas con empresas españolas, también estuvo involucrado en la defensa de Endesa frente a Gas Natural o la venta de Amena y Auna valorada en 12.800 millones de euros a France Telecom y ONO por parte de Santander, Endesa y Unión Fenosa. También, echando la vista atrás, entre las transacciones de las que se vanagloria en su perfil de la web de Merrill Lynch destaca la fusión de BBV con Argentaria.

- Santander ofrece una nueva forma de pago a los afectados por Madoff que protege su identidad (El Economista - 11/3/09)

Santander estaría ofreciendo a algunos de sus clientes relacionados con las pérdidas en Madoff una nueva forma de compensación, según Bloomberg. La agencia, que señala que ha visto uno de los nuevos contratos ofrecidos, explica que el banco ofrece certificados a 30 años emitidos bajo la ley suiza.

Con ellos, omitiría la cláusula en la oferta anterior en la que decía que el banco informaría a las autoridades sobre quiénes eran los inversores. Con ello, conseguiría atraer a los inversores que utilizaron paraísos fiscales para invertir.

Los certificados rentarían un 2%, y serían un “equivalente económico” a las preferentes ya ofrecidas y son más fáciles de usar en algunos países, según un portavoz anónimo de Santander. Eso sí, no son transferibles, clasificados como deuda junior y se tienen que mantener hasta el vencimiento, y en caso de fallecimiento, el heredero los tiene que mantener hasta el final.

- La siguiente es la historia de otro de los “amos del universo” - Un miembro del “Hall of Fame”: El “maestro vitalicio”

- El ascenso y caída de un amo de Wall Street (The Wall Street Journal - 15/2/09)

(Por Scott Patterson y Serena Ng)

La caída de Boaz Weinstein, alguna vez uno de los corredores de bolsa más cotizados de Wall Street, ilustra a la perfección la razón por la que las firmas financieras siguen sufriendo los efectos del colapso de los mercados globales.








Como uno de los operadores bursátiles más importante de Deutsche Bank AG, Weinstein hizo grandes apuestas usando instrumentos financieros complejos, generando grandes retornos para el banco y obteniendo una remuneración de unos US$ 40 millones anuales. Pero en 2008, el grupo que dirigía dejó al banco con US$ 1.800 millones en pérdidas, borrando más de dos años de ganancias bursátiles.

El 5 de febrero, el gigante bancario alemán reportó pérdidas de US$ 5.000 millones en 2008, su primer resultado anual en rojo en más de cinco décadas y un recordatorio de que las firmas financieras no están fuera de peligro. En una conferencia telefónica, el presidente de la junta directiva, Josef Ackermann, describió el panorama del mercado como “una serie de terremotos con epicentros en constante movimiento”.

Las pérdidas del banco ponen de relieve los retos que enfrentan las instituciones en el nuevo orden financiero. Las firmas de Wall Street dependieron por mucho tiempo de ganancias conseguidas por corredores agresivos, quienes hicieron apuestas muy arriesgadas con el dinero de la propia firma. Ahora que ese juego ha quedado descartado, las firmas están luchando por conseguir nuevas fuentes de ingresos.

Pero antes deben estabilizarse y reparar los agujeros heredados de antiguos “amos del universo”, como se conocen a los supuestos genios de Wall Street. En enero, Deutsche Bank cerró la operación de Weinstein y liquidó muchas de sus posiciones. El corredor dejó el banco hace unas semanas, con planes de abrir un fondo de cobertura.

Weinstein, de 35 años, se situó a la vanguardia de las operaciones en las que los bancos apostaban grandes sumas de su propio capital, algo que se conoce como proprietary trading. Ackerman, hablando con analistas el 5 de febrero, dijo que para ganar US$ 1.500 millones en proprietary trading, el banco debía arriesgar varias veces esa cantidad. “Puede perder fácilmente entre dos y tres mil millones de dólares. Eso es lo que vimos en 2008 y algo que no queremos volver a ver”, agregó.

El corredor solía restarle importancia a la complejidad de sus negociaciones, diciendo que usaba sentido común y matemáticas simples. Y sigue teniendo sus seguidores. Importantes inversionistas que han trabajado con Weinstein esperan que se recupere de sus pérdidas. “Si cometió un error, aprenderá mucho de ello”, dijo William Ackman, gerente del fondo de cobertura Pershing Square Capital Management LP, en Nueva York.

Weinstein llegó a alcanzar el título de “maestro vitalicio” de ajedrez a los 16 años, y a los 20 ya era un as en el conteo de cartas en black jack. A los 24 años, cuando se unió a Deutsche Bank, Weinstein se convirtió en un jugador en el esotérico mundo de los derivados de crédito. Según varios ex empleados y actuales corredores de Deutsche Bank, Weinstein llegó a la cima de la operación de crédito del banco alemán usando tácticas relacionadas con los seguros contra cesaciones de pagos (credit-default swaps).

Camino a la cima

Su grupo, que llamó Saba (que en hebreo quiere decir sabiduría de abuelo), generó ganancias de US$ 900 millones en 2006 y US$ 600 millones en 2007. En un lapso de siete años, el grupo registró pérdidas en sólo cuatro trimestres, dijo una persona familiarizada con el tema.

Weinstein contrató a corredores que compartían su interés por las apuestas. Los viernes, luego del cierre del mercado, los empleados de Saba se reunían para jugar póquer con Weinstein. Cada uno tenía que poner US$ 100 por el derecho a sentarse en la mesa.

La estrategia insignia de Weinstein era una basada en la diferencia de precios entre varios títulos de una misma compañía. Por ejemplo, si creía que los bonos tenían un valor muy bajo en relación a las acciones, podía asumir varias posiciones en bonos con la esperanza de que subieran y apostar a la caída de las acciones, esperando a que la disparidad se contrajera o desapareciera.

A principios de 2008, su grupo había crecido a unos US$ 30.000 millones en posiciones y US$ 10.000 millones en capital. Su control también se extendió a las negociaciones bursátiles para clientes particulares.

A principios de 2008, Wall Street creía que la crisis hipotecaria en Estados Unidos había sido contendida, aunque había algunas restricciones en los mercados de crédito a corto plazo, algo que redujo los precios de los bonos corporativos. Weinstein compró bonos corporativos o préstamos, así como seguros contra cesaciones de pagos en empresas como Ford Motor Co., Lyondell Chemical Co. y General Electric Capital Corp.

Los canjes resultarían rentables si la deuda entraba en mora. Y el costo de esta protección era menor que los ingresos generados por los bonos. Weinstein creía que la deuda era barata comparada con el costo de protegerla contra la cesación de pagos. Los precios de los bonos corporativos se dispararon, generando grandes ganancias para el grupo de Weinstein, quien amplió sus posiciones en los meses siguientes.

A medida que la crisis financiera se desataba, Weinstein se mantuvo calmado, dicen corredores. El valor de los activos en bonos y préstamos corporativos del grupo empezó a desplomarse a medida que otros inversionistas en necesidad de capital vendían este tipo de valores.

Al mismo tiempo, la posibilidad de comprar seguros contra cesaciones de pagos se redujo debido al temor por parte del mercado de negociar con bancos que podrían quebrar en cualquier momento. Esto dejó al grupo de Weinstein cada vez más desprotegido contra pérdidas en bonos y préstamos corporativos, ya que usaba estos instrumentos para asegurar dichos valores. Posiciones similares en manos de otros bancos y fondos de cobertura en todo Wall Street también se estaban desplomando.

En tensas conferencias telefónicas, gestores de riesgo en Deutsche Bank le dieron la orden a Weinstein de vender casi todas sus posiciones, lo que implicó el cierre efectivo de su operación.

A fines de 2008, las pérdidas del grupo sumaban US$ 1.800 millones. Deutsche Bank dijo que perdió US$ 6.200 millones tan sólo en el cuarto trimestre, afectado por pérdidas de US$ 1.294 en negociaciones con capital propio en el mercado de crédito. También registró pérdidas de su exposición a aseguradoras de bonos en problemas y de valores respaldados por hipotecas que perdieron valor. El banco dijo que había moderado el riesgo en sus negociaciones en bolsa y que había reducido su tenencia de activos ilíquidos, y espera tener un mejor desempeño en 2009.

Weinstein anunció a principios de febrero que dejaría el banco para fundar un fondo de cobertura. Algunas fuentes dicen que probablemente se llamará Saba.

- Los que se ríen… de Janeiro (No están todos los que son, pero son todos los que están)

- Los responsables de la hecatombe financiera, rescatados por los contribuyentes de EEUU

Mientras el gobierno federal tendía de nuevo la mano a la aseguradora AIG, con un salvavidas de 30.000 millones de dólares, y el Dow Jones cerraba por primera vez desde 1997 por debajo de los 7000 puntos, muchos de los ex consejeros delegados de Wall Street siguen disfrutando de enormes beneficios gracias al dinero de los contribuyentes.

Cuando parecía que la administración Obama había frenado los pies a los altos ejecutivos a la hora del uso de aviones privados, costosas estancias o lujosas oficinas, además de los indiscretos salarios, resulta que las cláusulas firmadas entre algunas de las compañías financieras más importantes del país y sus antiguos capitanes han provocado que los ciudadanos tengan que lidiar con los caprichos de figuras que ya ni siquiera forman parte de las compañías rescatadas.

Al menos así lo demuestran los informes presentados por distintas compañías ante la Comisión de Mercados y Valores de EEUU (SEC, por sus siglas en inglés).

Fondos para costear los caprichos

Así, por ejemplo, E. Stanley O'Neal, ex consejero de Merrill Lynch, sigue recibiendo fondos de Bank of America para costear el alquiler de la oficina que el ejecutivo posee en la Gran Manzana. Además el banco, que compró Merrill por 50.000 millones de dólares, también está obligado a pagar el salario del asistente de O'Neal hasta 2010.

Otro caso sorprendente es el de Charles Prince, ex consejero delegado y presidente del consejo de Citigroup. Mientras el banco consigue sobrevivir a duras penas y gracias a las ayudas federales, Prince sigue recibiendo dinero para financiar una oficina en Nueva York, secretaria, así como un coche y su respectivo conductor. Citigroup está obligado por contrato a lidiar con estos costes hasta 2012.

El banco también cuenta con la responsabilidad de cubrir las mismas necesidades de su ex consejero delegado, John S. Reed hasta que éste cumpla los 75 años de edad.

JP Morgan también se ha visto forzado a hacer algo similar con William B Harrison, ex consejero delegado y presidente del consejo, a quien le debe oficina y personal administrativo hasta que el ejecutivo cumpla los 70.

Como ven, buena parte del dinero de los contribuyentes estadounidenses no va destinado a solventar el desaguisado financiero en el que buena parte de los bancos se encuentran inmersos si no que está dedicado a atender las caprichosas exigencias de un sector que ahora paga los platos rotos.

- Jubilaciones de lujo a costa de los contribuyentes (El Confidencial - 7/3/09)

(Por A. I. Gracia)


De izquierda a derecha.: Charles K. Gifford, E. Stanley Oneal y Charles O. Prince

Los despidos multitudinarios son el pan nuestro de cada día y tampoco se han salvado de la quema grandes ejecutivos que parecían completamente a salvo. Pero hay quienes se pasean ajenos por el barrizal levantado por la crisis. Esta historia no va con ellos. Si las cuentas de las compañías hablasen, se quejarían del constante chorreo de dinero que reciben ex consejeros delegados que viven, porque así lo firmaron, una jubilación de lujo, desenfreno y derroche a costa de los bancos para los que trabajaban, todos ellos rescatados por el Gobierno estadounidense y un dinero que pagan todos los ciudadanos como contribuyentes.

Algunas compañías han llegado a desaparecer; otras están entre el suicidio y la muerte; incluso todavía existe más de una a las que la crisis asfixia pero no ahoga. Sin embargo, lo acordado va a misa. Portfolio.com describe los honorarios que le permiten a nueve ex directivos vivir con todo lujo de detalles gracias al contrato de despedida que firmaron con su compañía. No se sabe cómo, pero muchas empresas siguen pagando los aviones privados, los coches de empresa y hasta las secretarias a demasiados ex dirigentes que ya no están a los mandos de las compañías.

Edward E. Crutchfield, ex presidente y consejero delegado del banco estadounidense Wachovia, recibió 1,8 millones de dólares (1,4 millones de euros) para poder disfrutar de un “especial retiro” hasta el resto de sus días. Por si no fuera suficiente, el acuerdo también le concedía el derecho de contar con una oficina propia (incluida secretaria personal), así como del avión corporativo durante los diez primeros años de la jubilación, aunque fuentes de la entidad revelaron que Crutchfield dejó el avión corporativo hace ya cinco años.

Tras la salida de Crutchfield subió a la presidencia del banco G. Kennedy. Fue sacado a la fuerza del Consejo en junio del año pasado. Eso sí: continuará teniendo acceso a una oficina y a un asistente personal hasta junio de 2011. Incluso después de que Wells Fargo se hiciera con Wachovia, fuentes de la compañía confirman que el acuerdo sigue en pie incluso después del cambio de mandos en Wachovia.

David Sambol es ex director de operaciones de Countrywide Financial, la compañía hipotecaria número uno de EEUU. Se le concedió 20 millones de dólares del Bank of America cuando adquirió la hipoteca de la entidad crediticia en enero de 2008. Recibió la mitad del dinero cuando se cumplió el primer aniversario de la firma del acuerdo. Fuentes de Bank of America no declararon si los diez millones restantes se pagaron o no. Lo que sí se sabe es que Sambol tenía derecho a un avión corporativo, un coche de compañía, y servicios de orientación financiera hasta finales de 2009.

Bank of America compró el banco de inversión Merrill Lynch en septiembre por cerca de 44.000 millones de dólares, algo más de 30.500 millones de euros. Fue entonces cuando Bank of America se hizo cargo de la jubilación que firmó E. Stanley O´Neal, ex presidente y consejero delegado de Merrill Lynch: su oficina en Manhattan y el salario de su asistente hasta octubre de 2010.

Otro coste que se sumó a las arcas de Bank of America fue la jubilación Charles K. Gifford, ex consejero delegado de Fleet Bank. Hace cuatro años, el banco le proporcionó un avión corporativo. Y eso que ya contaba con una oficina en Boston y una secretaria personal.

Charles O. Prince, ex presidente y consejero delegado de Citigroup, firmó recibir, hasta noviembre de 2012, servicios de secretariado, una oficina y otros beneficios que le llegan desde el banco estadounidense. La misma compañía aguanta los costes de jubilación de John S. Reed, otro ex consejero delegado. Cuando firmó el acuerdo de salir del banco en julio de 2000, la empresa también le puso una oficina con secretaria incluida, un coche con conductor (también incluido) el tiempo que le fuera necesario. Incluso, cuando Reed salió del área de Nueva York, Citigroup le buscó una oficina con secretaria hasta la vuelta.

William B. Harrison Jr. renunció a su puesto de consejero delegado de JP Morgan Chase en diciembre de 2005 y como presidente un año después. Harrison, de 65 años, cuenta con una oficina y soporte administrativo hasta los 70.

El ex presidente ejecutivo del North Fork Bank John A. Kanas recogió 212 millones de dólares cuando vendió Norht Fork Bancorp a Capital One en marzo de 2006. Año y medio después abandonó Capital One, pero no se fue sin antes firmar que podía seguir accediendo a la suite de la oficina en Long Island. En el acuerdo firmado, Capital One dijo que la oficina de Long Island sería construida fuera de las especificaciones del ejecutivo. Capital One también proporciona a Kanas con un asistente administrativo y un vehículo con chófer hasta finales de este año.
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