La casta de los banqueros ¿Los mejores talentos? (Historias de los “cienmanos”)






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SuperObama y la “compaña”… contra los banqueros (¿Could they do it?)

(De aquí en adelante, el subrayado de los artículos periodísticos es mío. Su objetivo es destacar los párrafos fundamentales o facilitar al lector -en su caso- una lectura más rápida)

- Reinventado Wall Street: Obama tiene que cambiar las reglas del juego si quiere que vuelva a funcionar (El Confidencial - 21/1/09)

(Por María Igartua)

Ahora empieza lo bueno, al menos eso dicen. A partir de esta tarde, Estados Unidos tendrá nuevo presidente y en esta ocasión la investidura del cuadragésimo cuarto ocupante del Despacho Oval genera una expectación especial dada la profunda crisis económica y financiera por la que atraviesa el país. Barack Obama viene con su “yes we can” bajo el brazo y el optimismo se respira en cada rincón del territorio. Lo que está por ver es si, finalmente, es capaz de devolver a los mercados la confianza por la que apostaban los analistas el mismo día de su elección el pasado 4 de noviembre.

El día de los comicios presidenciales que pasarán a la historia, Wall Street hizo un paréntesis tras los fuertes recortes registrados días antes y descontó la victoria de Obama antes de que se cerraran los colegios electorales. En esa sesión firmó la mayor subida durante una jornada electoral de los últimos 24 años gracias a los bancos y al sector energético. Los analistas veían en el cambio el revulsivo necesario para devolver la confianza a los inversores, un intangible crucial para el buen funcionamiento de los mercados financieros, algo que el nuevo presidente parecía irradiar por los cuatro costados.

Sin embargo, tres meses después de aquel día, la situación sigue prácticamente igual. Wall Street no continuó con la esperada remontada. No obstante, noviembre, diciembre y enero podrían considerarse un bypass. Irradiar optimismo no es suficiente mientras no se pongan medidas sobre la mesa, con lo cual desde mañana comienza la verdadera batalla del nuevo gobierno por sacar a Estados Unidos del atolladero.

Obama es la esperanza. Se han puesto sobre la mesa todas las medidas para salir del círculo vicioso” ha explicado a Cotizalia.com Jesús Sánchez-Quiñones. Ahora hay que ponerlas en marcha aunque “también es importante el cambio de mentalidad, de confianza, que puede traer este hombre”.

Se acabó la era de los bancos y llegó la de la regulación

Aunque los cambios son muchos y las propuestas del equipo de Obama alcanzan a todos los ámbitos de la economía, Wall Street es un foco de interés importante. No basta el “cuando se solucione el resto el mercado se solucionará”. Lo cierto es que el parqué neoyorquino necesita un giro de 180º. Obama va a tener que reinventar Wall Street tras dos siglos de historia.

En primer lugar, la bolsa de Nueva York, con todos los agentes que intervienen en sus operaciones, va a tener que conseguir mostrar una ética más sólida y acabar con los conflictos que existen entre los ratings de las agencias de calificación y los encargados de garantizar la seguridad de las inversiones, que son la base del sistema. De hecho, parte de la culpa de la crisis crediticia viene provocada por estas agencias que calificaron con triple A sin ver el peligro que suponían esos bonos.

Además, la mentalidad propia de Wall Street, vigente desde la reforma de Franklin Roosevelt en los años ´30, de ensalzar a los bancos por encima del bien o del mal, tiene que dar paso a la contratación de reguladores especializados que se ocupen, precisamente, de evitar que esos bancos se metan en problemas, como ha ocurrido en la crisis actual, donde los gigantes de Wall Street, tal y como se conocían, han pasado a mejor vida.

A esto hay que hay que sumar un cambio legislativo destinado a proteger a los inversores en fondos y hedge funds para evitar que se vuelva a producir un caso como el del Bernard Madoff. Acabar con el todo vale y limpiar la reputación de los mercados tan dañada por la crisis.

En definitiva, la confianza no llega con el mero hecho de un cambio en el poder, la confianza se consigue demostrando que ese cambio es posible y Barack Obama va a tener que luchar por reformar profundamente los mercados si quiere que la máquina vuelva a funcionar de nuevo.

- Wall Street no será la misma después de Obama: tiene la oportunidad de rehacer el mercado (El Economista - 21/1/09)

(Por Ainhoa Giménez)

Bueno, pues Barack Obama ya es oficialmente presidente de EEUU, por si no se habían enterado. Más allá del batacazo con el que le recibió la Bolsa de Nueva York para recordarle que se enfrenta a la peor crisis económica y financiera desde la Gran Depresión, Wall Street se enfrenta a enormes desafíos durante su mandato.

Ningún presidente de la era moderna desde Franklin Delano Roosevelt ha tenido una oportunidad como ésta de rehacer prácticamente todos los elementos del mercado.

En efecto, Obama y su equipo tienen el poder absoluto para decidir quién vive y quién muere (como Bear Stearns y Lehman Brothers), así como las reglas que deberán cumplir los supervivientes. La reforma de Roosevelt ha durado casi 70 años. “Si la nueva administración, con la ayuda de Wall Street, puede construir algo que dure la mitad, creo que sería un gran éxito”, opina David Weidner en MarketWatch.

Habrá errores, claro. Algunos ya se han cometido: Weidner señala que un presidente que promete el cambio no puede montar un equipo con algunas de las caras más agotadas de Washington. Pero lo importante es el futuro, y ahí es importante la teoría de Kennedy de que la responsabilidad del poder no se limita al Despacho Oval, sino que también reside en las empresas.

Eso significa que Wall Street tiene que afrontar una regeneración ética, por ejemplo, eliminando los conflictos entre las agencias de rating y los emisores de valores que son los cimientos del sistema. Con un sistema que no prime los buenos tiempos sobre los malos, es decir, las tendencias alcistas sobre las bajistas. “El mercado necesita un giro de 180 grados respecto a un modelo que incentiva a los bancos a contratar antiguos reguladores de Wall Street con el único propósito de no tener problemas regulatorios, hacia una estructura que recompense a los bancos por obedecer las normas y ayudar a los reguladores”, opina este columnista.

Ahí entrarían los hedge funds, que deberían aceptar que los reguladores supervisen los riesgos no para los fondos en sí, sino para el conjunto del sistema. “Deben crearse nuevas leyes para proteger a los inversores en esos vehículos privados y el sector debe darles la bienvenida porque repararán su dañada reputación”.

Otro asunto capital es el de las retribuciones, donde ya empezamos a ver novedades. Hay nuevos bonus que se anulan -puede hacerse porque se mantienen en depósito o devolviéndose después de cobrados- si los beneficios de ayer se convierten en pérdidas hoy. Otros bancos están entregando a sus ejecutivos esos valores invendibles (tóxicos) que ellos mismos consideraron apropiados para los fondos de pensiones o para otros clientes. Ahora serán para ellos mismos. De momento, estas ideas se han aplicado sólo en Suiza, y habrá que ver si EEUU es capaz de adoptarlas.

Cambiar los reguladores

Pero las reformas no terminan en Wall Street. La estructura de los reguladores de Washington ha demostrado ser un desastre, así que hace falta cambiarla. Y no se trata sólo de la estructura: hacen falta personas honradas que la manejen. A juicio de Weidner, eso significa que ni Timothy Geithner puede ser secretario del Tesoro ni Mary Schapiro presidenta de la SEC, hasta que no cumplan sus obligaciones tributarias, incluyendo las multas. Además, la SEC que apoyar a su personal, que muchas veces ha visto bloqueadas sus investigaciones, y mantenerse al margen de las presiones del poder que libraron a Madoff de una investigación en serio.

Asimismo, este articulista opina que la protección del inversor debe recaer en Washington, que tiene que asumir los poderes de la Financial Industry Regulatory Authority, una entidad de autorregulación del sector y que debe ser pagada por la propia industria cuando pase a manos públicas.

Y falta lo más importante: “Si vamos a dar dinero a los bancos, deberíamos gestionarlos en nuestro propio beneficio. Y si los gestores actuales se oponen, deberíamos echarlos. Como gestores, nosotros no podríamos hacerlo peor”. Weidner va más allá y lanza una propuesta temeraria: “Si hay que rescatar a los bancos, ningún ciudadano americano debería ser llevado a la quiebra por un banco”.

- Obama arremete duramente contra Wall Street (Expansión - 30/1/09)

Les acusa de malgastar el dinero concedido por el Gobierno para ayudas empresariales.

En una declaración de una dureza sin precedentes escuchada de boca del presidente de Estados Unidos contra los banqueros de Wall Street, Barack Obama llamó ayer “sinvergüenzas” a los ejecutivos de las firmas financieras que se han vuelto a repartir millonarias primas después de que sus empresas recibieran enormes cantidades de fondos públicos para su salvación.

“Es el colmo de la irresponsabilidad. Es vergonzoso”, afirmó con rotundidad el recién llegado a la Casa Blanca. Obama ha dado ordenas a su Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, para que transmita esas opiniones a los empresarios en reuniones cara a cara.

El Jefe de Estado estadounidense ha asegurado que “ahora no es el momento” para que los directivos de Wall Street se apunten esas bonificaciones en plena crisis financiera y recesión económica. “El pueblo estadounidense entiende que estamos en un gran agujero del que tenemos que salir, pero no le gusta la idea de que haya gente que está cavando un agujero más grande”, ha advertido Obama.

El demócrata ha repartido responsabilidades ante el momento histórico al asegurar que “todos nosotros vamos a tener responsabilidades para conseguir que esta economía se ponga de nuevo en marcha”. Obama ha manifestado que la intención de su Administración será realizar un gran esfuerzo por salir del bache y regresar al crecimiento económico, por lo que pide al sector privado que realice el mismo esfuerzo.

- Obama abronca a Wall Street (Cinco Días - 30/1/09)

El presidente de EE UU dice que los bonus de unos18.400 millones de dólares (14.225 millones de euros) con los que los banqueros se han recompensado la labor en 2008 son “el colmo de la irresponsabilidad”

(Por Ana B. Nieto - Nueva York)

El interventor del estado de Nueva York hizo público que según los datos de su departamento, la banca de Wall Street ha concedido a sus empleados bonus por un valor estimado de 18.400 millones como compensación a su trabajo en 2008. Aún siendo una cantidad un 44% más baja que en 2007, es la sexta más alta en la historia y es similar a la de 2004, un año muy distinto económicamente. Según el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, la palabra que Obama utilizó para describir la situación fue “indignante”.

Pero el presidente tenía más que añadir. A última hora del día y tras una reunión con su equipo económico Obama recibió a los medios para reafirmar su confianza en la próxima puesta en marcha de un estímulo económico y un plan para que vuelva fluir el crédito. Aquello no fue más que un preámbulo del rapapolvo.

Enérgico y sin andarse con más rodeos, Obama dijo que los bonus le parecían “el colmo de la irresponsabilidad. Una vergüenza”. El presidente recordó que en 2008 la mayoría de las entidades estaban al borde del colapso y pidieron dinero a unos contribuyentes que se han encontrado en la difícil situación de prestar esa ayuda “para evitar que el sistema se les cayera encima”.

Aunque algunos responsables de banca ya han renunciado a sus bonus y se han rebajado el sueldo, Obama dijo ayer que el Gobierno “va a tener que hablar con la gente de Wall Street que están pidiendo ayuda para que muestren control, disciplina y algún sentido de la responsabilidad”.

De acuerdo con el nuevo inquilino de la Casa Blanca, los americanos “entienden que estamos en un gran agujero y tenemos que salir de él pero no les gusta la idea de que haya gente que esté cavando un agujero aún más grande cuando les estamos pidiendo que lo cierren”.

La bronca de Obama coincide con la preparación por parte del gobierno de una estrategia para dinamizar el crédito algo que se concretará en una nueva ronda de ayudas a la banca con los 350.000 millones de dólares del TARP, el Plan de Henry Paulson de ayuda a las entidades financieras. La profundidad de la crisis económica y el aumento del paro además de la gestión previa del TARP han hecho que este plan sea cada vez más impopular. Los bonus no son más que leña a este fuego.

“Habrá tiempo para tener beneficios y para tener bonus, pero ese momento no es ahora”, sentenció Obama quien además añadió que el secretario del Tesoro ha tenido que llamar la atención a una institución para que no comprara un jet privado justo cuando estaban recibiendo dinero del TARP. Se trata de Citigroup, un banco que negociaba la compra de un avión de 50 millones de dólares cuando ha sido uno de los mayores receptores de dinero público. “Nosotros no deberíamos hacer esto porque ellos deberían saber lo que tienen que hacer”, explicó el presidente

- Obama quiere “domar” a Wall Street (El Mundo - 1/2/09)

La regulación del nuevo presidente de EEUU controlará la remuneración de las entidades rescatadas.

(Por Pablo Pardo)

Wall Street ha logrado que Obama, no drama -como le llamaban los asesores del presidente durante la campaña electoral por su sangre fría- pierda su eterna amabilidad. Ha bastado para ello una cifra: 20.000 millones de dólares (15.200 millones de euros). Es la cantidad que los banqueros de Wall Street se han dado a sí mismos en concepto de bonus en 2008. Y es la cantidad que ha hecho que el presidente de Estados Unidos lanzara un rotundo “es vergonzoso” al valorarlo el jueves por la noche, en una reunión con los medios de comunicación en la Casa Blanca, acompañado del secretario del Tesoro, Tim Geithner, y del vicepresidente, Joe Biden.

Es una cifra espectacular. No sólo por su magnitud, sino también porque el año pasado las empresas de Wall Street perdieron 47.200 millones de dólares (36.000 millones de euros), según desveló el viernes el alcalde de Nueva York (y ex empleado de Salomon Brothers, un mítico broker que ahora es parte de Citigroup), Michael Bloomberg. En otras palabras: la retribución variable de Wall Street equivale al 47,2% de las pérdidas de los bancos.

Con semejantes cifras, el argumento de que esa remuneración es necesaria para que los bancos atraigan el talento, queda por los suelos. No sólo porque queda claro que no hay relación entre resultados y salarios, también porque los talentos de Wall Street se han hecho multimillonarios mientras sepultaban al mundo en la mayor crisis económica de las últimas siete décadas. Obama censuró a las empresas financieras por autoconcederse esas cantidades “en un momento en el que la mayor parte de esas instituciones estaban al borde del colapso y estaban pidiendo a los contribuyentes que les ayudaran a sostenerse en pie”. Y concluía: “Es el colmo de la irresponsabilidad”.

Fue un ataque “calculado y preciso”, según The New York Times. Y un mensaje directo a la comunidad financiera de EEUU. Los banqueros deben “mostrar cierta contención” dijo Obama. Pero, con el nuevo presidente y con la arrolladora mayoría demócrata en el Congreso, la contención les va a ser impuesta. Se acabó el culto a la autorregulación que siguió George W. Bush. Obama está a punto de lanzarse a una drástica reforma de su sistema financiero. Su plan es cerrar el proyecto antes del 2 de abril, cuando viaje a Londres para tomar parte en la cumbre del G-20 en la que deberán continuarse las discusiones iniciadas en Washington el 20 de noviembre para reformar el sistema financiero internacional.

La reforma de Obama tiene ya un borrador. Se llama Un marco para la estabilidad financiera, y es un documento elaborado, precisamente, por el presidente del Consejo Asesor para la Recuperación de Obama y ex máximo responsable de la Reserva Federal, Paul Volcker. El informe es un documento de trabajo del G-30, un grupo de expertos presidido por Volcker, y entre cuyos miembros están Geithner, el Nobel de Economía Paul Krugman y los españoles Jaime Caruana y Guillermo de la Dehesa. Si se suman las propuestas de Volcker a las que la Administración está filtrando, quedan claros los ejes del plan de Obama para domar a Wall Street:

- Regulación de las agencias de calificación de riesgos, para que sean independientes de sus clientes.

- Obligación de los hedge funds de registrarse en la SEC (regulador de la Bolsa de EEUU). Hasta ahora, lo decidían voluntariamente.

- Control de la remuneración de las empresas financieras, al menos de las que recibieron ayuda pública.

- Supervisión de los derivados, en particular de los credit default swaps, unos productos que equivalen a seguros contra suspensiones de pagos y que causaron parte de las turbulencias del pasado otoño.

Es una agenda ambiciosa, pero ambigua. Por ejemplo, el G-30 propone la consolidación de las agencias reguladoras, algo en lo que también trabajaba el Gobierno Bush, pero ahora no está claro si Obama va a seguir por ese camino. También queda en el aire, al menos por ahora, la regulación de los fondos de capital riesgo. Pero, dejando al margen los detalles, está claro que Obama quiere meter en cintura a Wall Street.

La inversión más ruinosa posible no ha sido dar el dinero a Bernard Madoff, sino inyectar capital público en los bancos estadounidenses. Ese es el resultado del análisis llevado a cabo por el semanario Time, al constatar la caída del valor de los 8 mayores bancos del país, en los que el Estado ha invertido directamente 165.000 millones de dólares (126.000 millones de euros) desde noviembre. El resultado es que, en tasa anualizada (es decir, proyectando los resultados actuales al conjunto del año) el contribuyente ha obtenido una rentabilidad negativa del -1.096%. Esto se debe a que, pese al dinero público (y a los más de 400.000 millones de dólares de garantías del Estado sobre sus activos, que no han sido incluidas en el cómputo de Time), las acciones de esos bancos han seguido desplomándose.

Esas cifras son el mejor resumen de una situación marcada por dos factores. Uno, la banca de EEUU está en quiebra. Y dos, el programa de rescate de las entidades no ha servido de mucho hasta la fecha. Así que ahora la nueva Administración está debatiendo nuevas medidas, que le van a costar muchísimo más a los contribuyentes. Una de ellas es nacionalizar los bancos, algo a lo que se opone Robert Rubin, que fue secretario del Tesoro con Bill Clinton y es el mentor de todo el equipo económico de Obama, menos Volcker. La otra, que en los últimos días parece que ha ganado posibilidades, es crear un banco malo que compre todos los activos tóxicos de los bancos -es decir, los bonos que no pueden vender porque nadie quiere- y así permita a las entidades sanear sus balances.

El problema es que crear un banco malo tiene casi tantos riesgos como nacionalizar las entidades. El más obvio, el coste para el contribuyente. Los activos que el Tesoro podría comprar ascienden a unos tres billones de euros, es decir, el PIB de Alemania y Francia juntas. No sólo eso, lo más probable es que, aunque al final la Administración logre vender todos esos títulos, lo haga con unas pérdidas que podrían rondar el billón de euros (es decir, el PIB de España). Si esas cifras acaban haciéndose realidad, acaso los contribuyentes de EEUU recuerden con nostalgia la rentabilidad negativa del 1.096% de su primer paquete de rescate.

> El nuevo gobierno

Tim Geithner: “La gente cree que el Plan Paulson ha hecho mucho por las grandes entidades financieras y muy poco por el pequeño negocio y las familias que sufren para llegar a fin de mes”.

> Los escándalos

15.200 millones de euros recibieron el año pasado los ejecutivos de Wall Street en concepto de “bonus” según el informe del fiscal de cuentas del estado de Nueva York, Thomas DiNapoli.

1,2 millones de dólares se gastó el ex consejero delegado de Merrill Lynch, John Thain, en reformar su despacho.

- Obama limitará a 500.000 dólares el sueldo de directivos de empresas rescatadas (Expansión -
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